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El Gobierno de España, los gobiernos regionales, e incluso las Administraciones Locales de cierta entidad publican anualmente sus diferentes líneas de apoyo económico al emprendedor y/o de consolidación y mantenimiento de empresas ya existentes. A lo que hay que sumar las convocatorias de los diferentes Grupos de Acción Local que jalonan la extensa ruralidad española. Aunque actualmente se están articulando sistemas de subvenciones reembolsables la abrumadora mayoría siguen el patrón tradicional.

El discurso oficial habla de lo fácil que es conseguir acceso a las mismas y de la adecuación a las necesidades de cada emprendedor. Ante este panorama el emprendedor, falto habitualmente de medios económicos para cubrir el coste completo de su idea, se plantea el solicitar las subvenciones. De hecho la cultura de “¿Cuánto me van a dar?” ha estado tan arraigada que hasta los profesionales de las gestorías y de las entidades financieras contaban con estos importes a la hora de realizar los planes de empresa, como si se tratase de un dinero real y presente. Nada más lejos de la realidad.

Antes de proseguir hay que aclarar que no se deben confundir las subvenciones con las bonificaciones en las cuotas de la Seguridad Social ni con los beneficios fiscales.

No obstante hay que ser consciente de que es dinero público y que está sometida a una serie de requisitos, recogidos en sus convocatorias, y que principalmente encuentran sus límites en la Ley 38/2003, de 17 de noviembre, General de Subvenciones. No es un dinero que se regale, sino que está sometido a cumplir con la finalidad para el que se concede y con los requisitos pactados. A efectos prácticos  tiene carácter contractual.

Existen una serie de características comunes, que salvo algunas excepciones, son de aplicación a todas las subvenciones, las cuales deberían ser tenidas en cuenta por todo emprendedor o empresario que opta a ellas. Dichas características se van a desarrollar en los párrafos siguientes.

Las partidas de gasto que se realicen han de ajustarse a lo solicitado. Y en caso de no hacerlo se minorarán en función del importe originalmente solicitado. Hay que recordar que el tope máximo a financiar es en función del proyecto original, con independencia de que los gastos reales realizados sean más o menos.

Exigen cofinanciación, es decir no cubren el 100% de la inversión que se necesite, y el emprendedor tendrá que aportar un porcentaje variable de la inversión necesaria para poner en marcha su idea.

Hay que acreditar el pago del gasto realizado antes de cobrar la subvención, con independencia de que en un momento dado puedan existir anticipos.

Los plazos para percibir la subvención, una vez justificada la misma pueden dilatarse en el tiempo. Hace unos años, cuando las arcas públicas estaban más boyantes no solían tardar más de medio año desembolsar el importe; pero en los tiempos actuales se están produciendo retrasos de más de dos años en el cobro de alguna de ellas.

Conllevan, tanto para solicitarse, concederse y  consolidarse, entre otros requisitos, hallarse al corriente en el cumplimiento de sus obligaciones tributarias o frente a la Seguridad Social. Impagos de cuotas de autónomos o de obligaciones tributarias pueden conllevar la pérdida total de la subvención incluso hasta el último día de su consolidación.

Por otro lado, se debe realizar la actividad subvencionada sin interrupción temporal. Esto significa que si la actividad que realizamos está sometida a temporalidad esto puede conllevar no cumplir continuamente en el tiempo los compromisos adquiridos, el más habitual el de mantener las contrataciones.

El incumplimiento de las condiciones, que motivaron la concesión y que regulan la subvención en concreto, conllevan no sólo la devolución del importe íntegro concedido, sino el reintegro de intereses sobre esa cantidad. Y ello con independencia de la causa que motivase el cese de la actividad.

Lo anterior no quiere decir que no haya que utilizar este recurso que se pone a disposición del emprendedor y del empresario, sino que hay que pensar en todos los condicionantes que existen antes de solicitar la subvención.

Hace más de una década, en una mesa de trabajo que moderé, el entonces joven emprendedor D. Alfonso Jiménez Rodríguez Vila, Presidente y Cofundador del Grupo Cascajares, a la pregunta sobre qué opinaba de las subvenciones, respondió que no hay que contar con ellas a la hora de “hacer cuentas”, que “si te la conceden hay que aprovecharla y al principio mirarla como un préstamo y que una vez consolidada mirarla como un regalo”. Finalizó dando un consejo: “el negocio tiene que ser rentable por sí mismo, no deben salir las cuentas en base a las subvenciones”.

 

¿Eres emprendedor o empresario y te has visto condicionado por las subvenciones? – ¿Cuál es tu experiencia con ellas?