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La conjunción de los avances científico-tecnológicos con la transmisión y gestión de la información y comunicación ha ocasionado, entre otros hechos, un cambio en el paradigma laboral. Al igual que sucediese con el desarrollo tecnológico de la Revolución Industrial, en donde gran cantidad de artesanos (los autónomos y microempresarios de la época) y obreros manufactureros tuvieron que reinventarse al ser expulsados de sus puestos de trabajo por las nuevas máquinas; ahora, tanto trabajadores, de muy diferente cualificación, como autónomos y empresarios van a verse obligados a redefinir su papel a la hora de desarrollar su actividad profesional.

Tradicionalmente, en los países llamados desarrollados, el precio del trabajo asalariado, y en buena medida el de los trabajadores autónomos y las micropymes, se ha basado la venta de un trabajo intensivo medido en horas y a cambio de una retribución económica. Alrededor de estas horas y retribuciones se ha organizado un sistema de vida y ocio que ha generado lo que se podría denominar como zona de confort para los individuos citados. Sin embargo, a día de hoy y por las razones ya mencionadas, a las que hay que añadir la crisis económica, el nuevo paradigma está expulsando a los individuos de la zona de confort

Sin entrar en las causas, ni en valorar el impacto, se constata que el sistema de relaciones laborales y de la configuración de las figuras del autónomo y del empresario, herederos de la Revolución Industrial, han cambiado.

Lo anterior está motivando una situación en que tienen que convivir el sistema ya existente con el nuevo paradigma laboral. Con la peculiaridad de que en un futuro no muy lejano el sistema tradicional cada vez alcanzará a menos personas.

Ante este panorama, y su avance imparable, diferentes profesionales y aquellos que se incorporan al mercado laboral deben plantearse cómo afrontar el futuro. Pocos van a ser los que buscando ser asalariados encuentren un trabajo de por vida, lo mismo que los autónomos y empresarios que inicien una actividad y se jubilen en ella. Ante lo cual se puede optar por quedarse cruzado de brazos y ser mecido por la corriente o por intentar tomar las riendas y marcar su propio camino.

El hecho de salir de la zona de confort conlleva asumir internamente la predisposición al cambio. Siendo conscientes de la necesidad de aceptar nuevos retos, con independencia de que se trabaje por cuenta propia o ajena. Se trata de una cuestión de supervivencia, si como especie el hombre se ha adaptado a los cambios para sobrevivir, como individuos también debe  hacer lo mismo, va en nuestra genética.

En el nuevo paradigma ya no se contratan horas de trabajo, sino resultados. Quien contrate un servicio profesional no va a negociar el precio en función de las horas trabajadas sino del problema que le pueden resolver. Lo cual hace que haya que plantearse el coste del resultado que se obtenga en función de cuán útil sea este para el cliente.

Para poder desenvolverse en el nuevo paradigma el individuo debe poner en juego las cualidades personales que posea de cara al empleo, es decir: “su talento”. Que partiendo de la definición del término por la Real Academia Española se puede definir como la “capacidad para el desempeño o ejercicio de una ocupación”. Es decir aquello que mejor sabe hacer y para lo que se posee una aptitud destacable.

Desarrollar el talento personal no siempre es fácil, y menos en un país que de unos itinerarios reglados y formativos nada flexibles en los que no se ha potenciado la creatividad y sí en cambio el recitar las lecciones de memoria. Por eso es muy necesario asumir este nuevo papel con independencia de la formación previa que se posea, basándose en hacer y formarse en lo que el individuo está a gusto. Aquí se halla la clave para poder desarrollar el talento: hacer lo que a uno le gusta y para lo que vale.

Lo anterior equivale a enfocarse a conseguir resultados con una alta dosis de especialización. Muy en la línea marcada por la Unión Europea en la estrategia de crecimiento Europa 2020 que está ocasionando, entre otros hechos, la redefinición del sistema de competencias profesionales bajo el enfoque mencionado.

Aclarar también que cuando se habla de talento ha de entenderse en un sentido amplio, tanta validez tiene el talento para la agricultura como para diseñar software.

El desarrollo del talento personal va a permitir alcanzar otra clave que es importante en el nuevo paradigma: “la excelencia”. Hacer lo que a uno le gusta, por lo que se siente pasión, permite aflorar mayor creatividad, acumular más conocimientos en la materia, volcarse con gusto en la tarea encomendada, y buscar la diferenciación a través de la impronta personal. Todos estos factores configurarán la marca personal del individuo a la hora de definir qué problemas pueden resolver.

Evidentemente asumir el nuevo papel no es fácil, existe una gran dosis de riesgo y en este país no se educa para aceptar los fracasos como parte del proceso de aprendizaje. En general se estigmatiza a la persona que ha fracasado en los negocios arriesgando lo que posee, curiosamente por aquellos que nunca han arriesgado nada.

¿Notas los cambios que trae el nuevo paradigma? ¿Has pensado en desarrollar tu talento para abrirte un hueco? ¿Qué actitud crees te resultará más ventajosa en este contexto?