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El voluntariado es una de las más valiosas expresiones de participación de la sociedad civil en asuntos de interés general. Siempre se ha dicho que cumple una función esencial en la sociedad, dado que compensa a través de labor desinteresada gran parte de los desequilibrios que ésta genera; hoy día esta aseveración podría matizarse y ampliarse mucho. En todo caso, no abordaremos hoy la naturaleza del fenómeno, el cual comprende un amplio rango de posibilidades y modalidades, pudiendo realizarse en organizaciones de todo tipo y con misiones de muy diversa naturaleza. Centraremos pues el presente artículo en el proceso de creación de estructura voluntaria en organizaciones del Tercer Sector u organizaciones no lucrativas, que son las que tradicionalmente se asocian con este fenómeno.

Normalmente las organizaciones que trabajan con voluntarios nacieron en su momento con la intención de crear la estructura y espacios de participación específicos para llevar a cabo la actividad definida en su misión. Otras organizaciones, sin embargo, no nacieron con tal vocación, y han terminado creando estructura voluntaria de forma sobrevenida, tras plantearse la conveniencia de contar con este instrumento en su acción. Es un fenómeno que no encaja con la forma de trabajar de todo tipo de organización, pero lo que es indudable es que, para aquellas en que sí lo hace, genera un doble valor que condiciona la actividad de la organización. Este doble valor es, por un lado, de naturaleza interna, ya que genera una cuota de actividad que de otra forma no sería posible llevar a cabo, al tiempo que obliga a crecer a la misma, por no hablar de los valores que impregna en el conjunto de la organización. Por otro lado, genera valor en la sociedad, ya que pone en contacto directo al ciudadano con problemas que, como sociedad, nos afectan a todos, haciéndolo además desde un plano proactivo, de implicación solidaria.

El voluntariado, en resumen, hace mejor al conjunto de la sociedad, aunque también es verdad que es un recurso que puede utilizarse mal. No nos extenderemos más en estas líneas sobre esta figura, que dará mucho para próximos y diversos contenidos. Hoy centraremos la atención en cómo construir la estructura voluntaria en nuestra organización, analizando varias de las claves que hemos de considerar desde un inicio para que ésta pueda cumplir su cometido en las mejores condiciones.

Obviamente, el primer paso es plantearse para qué queremos contar con una estructura voluntaria. ¿Nos permitirá realizar una actividad fundamental para nuestra organización que de otra forma no podría desarrollar? ¿quizás posibilita que la actividad que ya realizamos multiplique el impacto hasta ahora alcanzado? Sea como fuere, en este punto hemos de considerar dos aspectos fundamentales. Por un lado, el voluntariado es una actividad regulada por ley (Ley 6/1996, de 15 de enero, de Voluntariado, y la regulación de desarrollo con que cuentan en la práctica totalidad de Comunidades Autónomas), y en tal sentido tiene contemplados unos límites y responsabilidades que hemos de asumir escrupulosamente. Por otro, su implementación implica para la organización una carga de trabajo y obligaciones equiparables a la que podríamos tener con nuestro personal remunerado, si no más; si estás pensando en contar con voluntariado únicamente por su carácter “gratuito” mejor replantéatelo, no te saldrá barato, sólo piensa en términos de costes de oportunidad y ya te harás una idea aproximada de lo que puede suponer para tu organización. Si, en cambio, piensas en ello en términos de potenciales resultados sociales y de gestión de estructura, felicidades, pues estarás enfocando tu atención a las dos dimensiones que formarán parte de tu día a día, y que además merece reiterarse que gestionarás bajo la asunción de un enorme compromiso y responsabilidad.

En dicha lógica, el siguiente paso será establecer los proyectos o áreas en que queremos insertar la actividad voluntaria. De ello se derivarán aspectos tan cruciales como el tamaño de estructura que queremos alcanzar, perfil de los candidatos, definición y contenido de las tareas que desarrollarán, dónde se inserta dentro de la estructura general de la organización, quién y cómo se encargará de gestionarlo y coordinarlo, etc. De nuevo acudiremos a lo que la ley señale en estos momentos, pues dependiendo del caso será obligatorio o potestativo el inscribirse en un censo de organizaciones voluntarias, contar con un seguro de cobertura de la actividad de los voluntarios, articular un marco normativo interno específico para el voluntariado, contar con una carta de derechos y deberes, articular planes formativos para aquellos, etc. La idea clave en este punto es que contar con voluntariado altera, modula y/o condiciona totalmente todo lo que hagas en tu organización; una actividad no se concibe, planifica y ejecuta igual contando sólo con personal técnico que involucrando voluntarios.

Una vez definidos el alcance y contenido de la estructura que soportará y gestionará el personal voluntario conviene definir los canales y estrategia de reclutamiento de voluntarios. Hoy día las redes sociales son una puerta fantástica para que personas interesadas en ofrecer su tiempo y capacidades en causas solidarias tomen contacto con nuestra organización y tengan la oportunidad de acceder a nosotros. En todo caso, sea cual sea nuestra estrategia de captación, conviene que elaboremos un protocolo de acceso que favorezca el proceso de entrada de nuevos voluntarios en nuestra organización, te ahorrará muchos dolores de cabeza. Ubicar a las personas en nuestra filosofía y actividad, informar sobre las normas y pautas de funcionamiento, encajar a los candidatos en las áreas en las que tengan mayor interés y capacidad, transmitir con absoluta certeza las fases de trabajo y formación que habrán de afrontar, etc., constituyen pasos necesarios para valorar junto al candidato si encaja en la organización y su actividad, evitando a ambas partes posibles malentendidos y fuentes de problemas. Con todo, asume dos cosas; por un lado, gestionar personal voluntario supone un esfuerzo organizativo muy importante, tanto que puede ocupar gran parte de la agenda de actividad de tu organización; y por otro, ten claro que, pese a la inversión en tiempo y recursos que hayas llevado a cabo preparando personal voluntario, su vida útil en tu organización seguramente sea corta (la media en España es de un año y medio, según el informe más reciente de la Plataforma del Voluntariado de España). Todo esto obliga a que los esfuerzos que dedicas a tener voluntarios formados y capaces sean constantes, y a que debas reiterar acciones preparatorias periódicamente.

El siguiente aspecto con el que conviene cuentes es el relativo al modelo de gestión de la estructura voluntaria. Es crucial, si no quieres pasarte el día lidiando con pequeños problemas derivados de la tenencia de voluntarios en tu organización, por no hablar de conflictos con áreas y personas de carácter profesional. Algunas organizaciones se apoyan en la propia estructura humana para autogestionar el voluntariado, pero también es cierto que pocas son las que se han planteado esta posibilidad como un verdadero modelo de gestión. Lo usual es utilizar la figura de la delegación, un modelo que encaja bien con todo tipo de estructura y tamaño de organización, y que bien desarrollado puede incrementar el grado de implicación del voluntariado con aquella. Eso si, no es sencillo, y habrás de tener en cuenta aspectos como la definición de responsabilidades, habilidades y capacidades necesarias, establecimiento de objetivos claros y delimitados, contar con certezas en lo relativo a normas y procedimientos, y ser ecuánime en el trato y valoraciones. Por último, piensa que a nadie le gusta que le deleguen partes de un segmento de responsabilidad; entrega el conjunto.

Para terminar, y como colofón a lo expuesto, es necesario plasmar todo ello en la estructura de gestión de la organización. Legalmente, aparte de lo señalado, hay otras obligaciones, como las derivadas de la protección de datos personales. Considera además la conveniencia de generar mecanismos de vida asociativa, a partir de los cuales el voluntariado de tu organización pueda fortalecer sus lazos de pertenencia e identidad con la misma, así como participar en las propuestas y evaluaciones que necesariamente habrás de abordar. Por último, no estaría de más considerar un sistema de reconocimiento de la labor voluntaria, algo que ahonda en la apuesta por cohesionar tu organización; eso si, con criterios de ecuanimidad y proporcionalidad, no generes problemas donde no los hay.

En resumen, iniciar una estructura de personal voluntario en nuestra organización nos costará dinero, tiempo y recursos, pero a cambio nos posibilitará dar una dimensión nueva a la actividad que podemos desarrollar, ya que su oferta de valor hacia la sociedad es significativamente mayor. Considerar los límites y pautas legales, establecer el modelo de gestión de esta estructura, las áreas de intervención donde actuará, y establecer los mecanismos para que las personas puedan desarrollar su labor voluntaria con todas las garantías y condiciones adecuadas, será el trabajo a grandes rasgos por desarrollar. El voluntario, no lo olvides, es el embajador de tu organización, tu marca allá donde ésta opera, por lo tanto desarrollar bien todo lo expuesto es una decisión estratégica para ti; empléate a fondo.

En tu caso, ¿tienes alguna experiencia en la generación de estructura voluntaria en tu organización? ¿qué elementos, aparte de los señalados, destacarías como importantes?