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Es parte de las discusiones más acaloradas e interesantes sobre la actividad económica local. Para bien o para mal, tratar sobre la marcha de cualquier negocio local es también hablar de su personal, y en este punto el punto de partida de la conversación viene muy condicionado por el empresario que lo exponga y su visión de las cosas. En este sentido, lo que está claro es que el personal de una empresa es una de sus principales inversiones, en ocasiones incluso la principal, tanto en lo que significa de gastos en su cuenta de resultados como en conocimientos y habilidades necesarias para desarrollar la actividad de aquella. Cuanto más especializada sea la prestación del servicio proporcionado por la empresa, o el proceso productivo que lleve a cabo, más pesará la valoración que se haga del personal, mientras que en el otro extremo, en las empresas que requieren trabajadores de baja cualificación, será más normal centrar la atención en la rentabilidad de la actividad y en lo que el personal influye en la misma. De todas formas, no hay regla escrita para todo esto, e incidimos en que en última instancia depende del grado de valoración e implicación que con sus recursos humanos tenga el empresario; no hay más.

Sea como fuere, el hecho es que el personal es un recurso clave para todo negocio local, así que, sin ánimo de generalizar y con todas las salvedades que siempre podrán objetarse, vamos a analizar algunos de los aspectos más recurrentes respecto a la gestión y disponibilidad del personal en un negocio local.

En principio, y como una de las ventajas a destacar, suele llamarse la atención sobre el hecho de que el tamaño de la empresa incide directamente en la cercanía entre responsables del negocio y empleados. Las fronteras entre la relación laboral y personal suelen ser más difusas, y esto favorece la sensación de compartir algo común, “navegar en un mismo barco”, lo que en definitiva redunda en una mayor identificación con la empresa y con dar lo mejor de sí, así como en una reducción de la conflictividad laboral.

Por otro lado, el carácter “local” del negocio en cuestión suele ser un aspecto bastante determinante, pues dependiendo de la naturaleza y características del mismo será más o menos sencillo encontrar personal técnicamente adecuado, y en ocasiones incluso determinará la misma existencia de la actividad. En un entorno urbano costará más encontrar personal cualificado, dado que usualmente suele estar ya ocupado con otras empresas, mientras que en un entorno rural en no pocas ocasiones costará incluso contar simplemente con personal, tal cual. Podrá parecer paradójico, dada la actual situación, pero son ese tipo de cosas que pasan en un país como el nuestro, tan dispar y desequilibrado en cuestiones socioeconómicas.

Sin embargo, si lo anteriormente expuesto está solventado, normalmente cuenta con la ventaja adicional de que facilita la compatibilidad entre lo que la empresa ofrece al trabajador y lo que éste espera de su trabajo. En los negocios locales es usual que se valoren otros aspectos que van más allá de la percepción salarial, como es la cercanía del puesto de trabajo, la flexibilidad en determinados tiempos, la manutención en el tiempo de trabajo, la participación en determinadas ventajas, los incentivos a la productividad, etc. No todo es salario; estos aspectos cuestan poco al empresario y facilitan mucho la vida del trabajador, pudiendo marcar la diferencia entre que éste sea más o menos productivo, o incluso en que decida quedarse con nosotros, lo que para determinados negocios puede ser determinante, dada la falta de personal disponible en el entorno, dada la escasez de mano cualificada, por poner unos ejemplos.

Si nuestro negocio es familiar, lo anterior puede complicarse; depende mucho de la buena sintonía existente, y en este caso las barreras entre lo personal y profesional simplemente no existen, lo que puede ser bueno, pero también una auténtica bomba… En todo caso, conviene que existan unas normas y responsabilidades claras, dejando lugar para la implicación personal de cada cual; se trata de evitar roces innecesarios y de centrar la atención en la marcha adecuada y armonía del negocio, que es en definitiva lo realmente importante. Recuerda que el ambiente que exista es el que percibirá el cliente, así que en este caso es especialmente crucial tratar cualquier diferencia de forma sosegada, paciente y seria, fuera del horario de trabajo.

Otro aspecto recurrente en los negocios locales, sobre todo los de pequeño tamaño, es el hecho de que éstos vienen determinados en no poca cantidad por la personalidad del propietario/gerente. La forma de trabajar, relacionarse, trato con el cliente, con los proveedores, etc., son todas variables en las que el gerente imprime una personalidad, lo que no está mal siempre y cuando no afecte negativamente tanto interna como externamente. Ser una persona abierta, con la que se pueda hablar de todo de forma constructiva, es siempre el primer y fundamental pilar para gestionar adecuadamente un negocio. Si tienes dificultades en tal sentido, realizar actividades puntuales de convivencia con tus trabajadores (tales como una comida de empresa, jugar juntos a la lotería, compartir una promoción con el conjunto de la plantilla, etc.) facilitará la necesaria e imprescindible comunicación.

Seguramente podríamos señalar muchos más aspectos, pero en definitiva se trata de poner en valor lo que no es sino el activo más valioso de cualquier negocio: su personal. Si logramos que éste esté bien alineado con la actividad de la empresa, muestre cohesión, autonomía, compañerismo, entendimiento y buen ambiente, habremos logrado quitarnos gran parte de la carga que supone cargar con la responsabilidad de la misma. Obviamente, esto no es fácil, pues como se ve, no todo son ventajas y hay que poner voluntad en hacer bien las cosas. Vale la pena, ¿no crees?

En tu caso ¿qué aspectos relativos al personal han sido más fáciles y difíciles de gestionar? ¿existe algún aspecto que te resulte especialmente importante y no hayamos tratado?