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Seguramente seas una de esas personas que muchas veces ha escuchado hablar de “la nube” y todavía no tengas muy claro a qué se refiere, o que algo así te haya ocurrido en el pasado. Empezó como quien no quiere la cosa, “no, yo guardo mis archivos en la nube”, “voy a descargarme el documento desde la nube y lo vemos”, “por favor, haz una copia de los archivos en la nube antes de irte”, etc., y a partir de ahí se ha ido convirtiendo poco a poco en parte del lenguaje de tu entorno laboral y personal.

El hecho es que, cuando hablamos de “la nube”, en realidad lo estamos haciendo del cloud computing, una forma genérica de denominar a los servicios que se prestan a través de internet utilizando aplicaciones y/o plataformas e infraestructuras externas. En resumen, se refiere a realizar a través de internet todo aquello que hasta hace poco llevábamos a cabo a través de una instalación o almacenamiento en nuestro ordenador.

Para darnos cuenta de lo que para una actividad económica puede significar, vamos a caracterizarlo en los procesos de una empresa promedio en nuestro país, con un tamaño no superior a nueve personas, y que además coincide tiene un ámbito de actuación eminentemente local. Pues bien, tareas como escribir un documento, realizar una hoja de cálculo, llevar al contabilidad, realizar gestiones bancarias, generar albaranes y facturas, almacenar toda la documentación fiscal y de gestión, reunirnos con nuestro socio de Palencia, guardar y catalogar todos nuestros archivos profesionales, gestionar los procesos de trabajo, planificar proyectos, realizar talleres grupales, garantizar la seguridad de nuestros archivos… entre otras muchas opciones, no requieren hoy en día que las realices guardando o utilizando un programa instalado en tu ordenador, sino que pueden llevarse a cabo directamente a través de servicios en la nube.

Los requisitos para utilizar la nube son sencillos, pues sólo se requiere de una conexión a internet y de un dispositivo a través del cual navegar en la red. Lo primero podría complicarse para empresas ubicadas en determinados enclaves rurales, pues aunque se haya avanzado mucho en este sentido, todavía estamos en una España con varias velocidades en lo digital, en la cual es posible encontrar lugares con muy deficiente servicio, lo que obviamente podría entorpecer cualquier acción emprendedora que pudiera requerir de un acceso adecuado a la red. Respecto a lo segundo, si bien todavía hoy en día el ordenador es un imprescindible, también es verdad que cada vez más los servicios en red se orientan a dispositivos móviles de diversa naturaleza, prevaleciendo los teléfonos y tabletas (algunos, incluso, vaticinan en un futuro no muy lejano la sustitución misma de los ordenadores por este tipo de dispositivos, lo que hoy por hoy al común nos parece algo difícilmente imaginable).

Desde una perspectiva técnica, conviene distinguir entre las modalidades de servicio disponibles en la nube y las categorías de servicio existentes. Entre las primeras podemos contemplar la existencia de nubes públicas (orientada a todo tipo de individuos y grupos, que comparten determinados servicios que no controlan), privadas (orientada a clientes que requieren un elevado nivel de prestación de servicio y protección de datos, y que controlan el servicio), híbridas (una mezcla que posibilita el control de algún tipo de servicio y compartir otros), y comunitarias (de naturaleza sectorial, normalmente privadas). Entre las segundas, contaríamos con servicios de distinta naturaleza, como el SaaS (software), PaaS (plataforma) y HaaS (hardware), así como otras categorías que prácticamente son modalidades de éstas y que suelen denominarse genéricamente como XaaS, refiriéndose a “otros servicios”. Todo esto es relevante para una empresa cualquiera, pues si por ejemplo no quiere contar con servidores propios contratará un servicio privado de hardware en la nube (HaaS), o si lo que quiere es un entorno de trabajo parcialmente compartido contratará un servicio híbrido de plataforma (Paas). Para los negocios locales, que no cuentan con los recursos financieros y humanos de las medianas y grandes empresas, ni con las necesidades de aquellas, lo usual y más interesante será utilizar la nube pública o ampliar/contratar el servicio con carácter privado, tanto en forma de software (Saas), como de entorno (PaaS), como de almacenamiento (HaaS). Sobre este supuesto vamos a basar lo que comentemos continuación.

Vamos a lo realmente interesante, las ventajas y desventajas que para una empresa local supone utilizar servicios en la red. Sin duda, la ventaja fundamental y más obvia es el ahorro en costes. Imaginemos por un momento lo que para nuestra empresa puede suponer disponer de un software: compra de licencias, instalación, mantenimiento, actualización, en ocasiones reparación, copias de seguridad, etc. Si hablamos de una empresa con red propia, esto se traduciría además en un entorno propio, gestión del mismo y de su seguridad, etc. Normalmente, aparte de los gastos derivados de todo lo expuesto, es relativamente normal contar con un servicio técnico para contingencias y, en los casos más extremos, con personal propio (el típico “informático”). Pues bien, todo esto son un conjunto de ventajas derivadas del soporte y garantía por el proveedor del servicio en la nube; no hemos más que elaborar una sencilla comparativa de costes entre lo que para nuestra empresa significa tener o no el servicio en la nube para darnos cuenta de si nos es realmente ventajoso. Además, hemos de considerar los intangibles, como es el hecho de la tranquilidad que supone el que el proveedor nos garantice copias de seguridad de nuestra información o la estabilidad y/o seguridad del sistema, por ejemplo.

Para empresas muy pequeñas normalmente será suficiente el poder contar con servicios públicos en la nube en forma de, por ejemplo, aplicaciones de ofimática, edición de imagen, edición web, analítica, gestión, marketing, herramientas colaborativas, bases de datos, etc. (SaaS), entornos de trabajo, redes sociales, comunicaciones, etc. (PaaS), o espacios de almacenamiento (HaaS). En internet hay una amplia gama de este tipo de servicios que, de forma gratuita, pueden ser más que suficientes para cubrir nuestras necesidades; a lo sumo, podríamos necesitar algún servicio adicional privado, como un hosting para nuestra web o una ampliación de los anteriores, con un coste normalmente muy ventajoso y completamente asumible. Las empresas un poco más grandes requerirán normalmente estos servicios y coberturas adicionales (normalmente en forma de servicios premium), que en todo caso podrán resultarnos totalmente ventajosas en base a lo expuesto; de hecho, el comportamiento más adecuado para nuestra empresa y que cada vez más proveedores ofrecen es probar primero el servicio de forma gratuita durante un tiempo para, probándolo y valorando su rendimiento, apostar por su contratación.

Como desventajas únicamente señalaremos las derivadas de no prestar atención suficiente a las características del servicio que estemos en un momento dado dispuestos a utilizar y/o contratar. Hay proveedores que ofrecen una serie de garantías y rendimientos que otros no están en disposición de hacer, o determinadas particularidades de lo que necesitamos que es necesario aclarar previamente (por ejemplo, que necesites incorporar videos en tu web y que tu proveedor de hosting limite el tamaño y cantidad de los mismos, por poner un caso). Hazte una lista de los detalles técnicos y contingencias que quieres tener claras antes de decidirte a contratar algo, y valora en consecuencia.

Sea como fuere, la nube ha llegado para quedarse, y será cada vez más importante en nuestra actividad laboral y personal. ¿No crees que vale la pena adaptarnos a ella cuanto antes?

En tu caso, ¿utilizas en tu empresa algún servicio en la nube? ¿qué utilidad y resultado obtienes?