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Cuando abordamos por primera vez la economía colaborativa dijimos que ésa se clasificaba en cuatro grandes grupos o tipos: la producción contributiva; las finanzas P2P; el conocimiento abierto; y el consumo colaborativo. Hoy, continuando con el tema, vamos a describir cada uno de ellos.

La producción contributiva es la vertiente de producción de bienes materiales y tangibles del la economía colaborativa. Se basa en la cultura del “hágalo usted mismo” (do it yourself, en inglés, conocido también como movimiento maker). Pudiendo ser promovida tanto para fines particulares como comerciales. A través del software que ponen las empresas fabricantes a disposición del público éste consigue su producto. Un ejemplo, Fab Lab nos permite imprimir en 3d una invención que diseñemos, además de poner conectar con personas que pueden ayudar  a desarrollar el mismo antes de materializarlo. Pero no sólo es producción lo que implica la producción contributiva, el producto es el fruto; previamente hay un intercambio de ideas e información, de aprendizaje de todas las partes implicadas, y de confianza entre las partes.

Tres son las ideas que están presentes en la producción contributiva. La primera, la existencia de herramientas digitales para los procesos de fabricación y diseño adecuadas para un usuario convencional. La segunda, la aparición de los medios digitales colaborativos, lo que permite mejorar las ideas e innovar en los diseños que originariamente se idean; también se incluye el crowdfounding para financiar los proyectos. La tercera, y última, es el alquiler de las fábricas, tanto para comercializar una inversión como para materializarla para la “autoutilización” existen opciones para su fabricación; el primero se los supuestos conlleva un gran avance en las relaciones tradicionales de producción, ya no es necesario montar una fábrica para producir y comercializar en masa.

Para ampliar información, conocer la ubicación de estas iniciativas, seguirlas y ver lo hitos que se van consiguiendo es interesante acercarse a: Fab Lab Foundation, Hackerspaces  y Makerspaces.

Las finanzas P2P, o finanzas participativas son los llamados préstamos entre particulares, tanto para conceder créditos a proyectos de corte empresarial, como entre particulares. Se utilizan desde financiar nanotecnología hasta musicales de Broadway. El punto fuerte de este tipo de préstamos es que permiten conseguir financiación en base al propio proyecto, por lo general sin papeleos ni avales. El prestamista evalúa el riesgo y negocia con el solicitante del préstamo cómo devolverlo y qué interés puede obtener. En la parte negativa se señala que se puede producir morosidad al no poder el solicitante dar el interés prometido.

El futuro de las finanzas P2P es incierto, el debate de hasta dónde los gobiernos deben regular este tipo de relaciones económicas entre particulares está servido. Por otro lado la idea originaria está sufriendo variaciones al existir prestamistas que empiezan a pedir avales con bienes sobre el préstamo que hacen.

El conocimiento abierto, u open knowledge, y significa dar visibilidad con las mínimas barreas posibles para su acceso a contenidos de todo tipo (incluyendo libros, películas, música, etc.), a de trabajos científicos, de investigación histórica, y a la información que poseen los gobiernos. En las posturas más radicales conlleva el acceso total a toda la información y conocimiento. En algunas de sus vertientes se topa con los derechos de propiedad intelectual de los autores o con el secretismo de los gobiernos hacia sus ciudadanos, esto último también se da en los países democráticos (por si acaso se nos había olvidado). En otras se encuentran proyectos de colaboración mundial para desarrollar formación por parte de universidades, compartir nuevos conocimientos tecnológicos, o desarrollos legales.

El mundo del conocimiento abierto, es muy complejo por la cantidad de ámbitos que toca. Así nos encontramos que un gobierno que no le gustaría que saliesen secretos de estado a luz, como por ejemplo el británico, por otro lado desde este año da acceso libre y gratuito a todas las publicaciones financiadas con dinero público.

Como curiosidad decir que el software en sí no se considera conocimiento abierto aunque sí es la herramienta principal para su transmisión.

El consumo colaborativo, último de las cuatro vertientes que componen la economía colaborativa.  La más conocida de todas y la que en la actualidad está generando mayor número de informaciones son aquellas en que existe una vertiente de lucro. Iniciativas para el transporte como Uber o para el alojamiento como Airbnanb están dando un vuelco a formas tradicionales de realizar este tipo de actividades económicas. Fuera de la legalidad o no de las mismas porque un gobierno determinado haya reglado sobradamente ambos sectores económicos, lo que sí es indudable es que son fenómenos que cada vez ganan más adeptos. Pero también las hay  que simplemente consisten en compartir los gastos realmente generados.

Este último fenómeno ha llamado la atención positivamente del Comité Económico y Social Europeo, el cual ha emitido el DictamenConsumo Colaborativo o participativo: un modelo de sostenibilidad para el siglo XXI. En dicho dictamen se destaca el carácter innovador del fenómeno; las posibilidades de generación de empleo; que va a favorecer el crecimiento inteligente, y un largo etcétera. Aunque si hay una frase de todo el documento que resaltaría, por su importancia para el medio local, es cuando proclama que: “frente a la actual situación económica y financiera, (el consumo colaborativo) puede ofrecer respuestas a las incertidumbres crecientes que provoca la crisis económica. Puede representar una oportunidad para retomar la senda de un desarrollo sostenible en lo económico, humano en lo social, y armónico con el planeta en lo medioambiental”.

En fin, estas son las cuatro vertientes, en el tintero quedan otros muchos aspectos que tocar y desarrollar de la economía colaborativa. Unos creen ver el ella una alternativa al sistema económico, otros más variantes al mismo. Sea como fuere lo que está claro es que asistimos al nacimiento de un fenómeno con muchas potencialidades.

Y tú ¿qué piensas? ¿Crees que se seguirá desarrollando la economía colaborativa de forma libre? O por el contrario ¿crees que los gobiernos legislarán para encuadrarla en normativas de corte más conservador? Tu opinión nos interesa.

 

Fotografía: Por geralt CC0 Public Domain. [http://pixabay.com/es/service/terms/#download_terms], vía http://pixabay.com/