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La semana pasada abordábamos el estado de la cuestión de la economía sumergida, ahora toca buscar posibles soluciones para que pueda aflorar y contribuir al esfuerzo económico que nos toca realizar a todos los ciudadanos.

Intentar que la economía sumergida florezca no es fácil ya que las múltiples situaciones que la componen no tienen un patrón común más allá de escapar del control fiscal. En primer lugar habría que diferenciar entre actividades legales e ilegales. Todas aquellas actividades legales de cara a nuestra legislación pueden florecer encauzándolas administrativamente; sin embargo la pregunta es ¿qué hacemos con aquellas que tienen un carácter ilegal?

Dentro de las actividades ilegales podemos encontrar aquellas que son susceptibles de ser legalizadas, como por ejemplo la prostitución y el consumo de cannabis. Con independencia de los debates que, con mayor o menor moralina, se puedan dar ambos hechos están legalizados en otros países. Y como inciso decir que de esta manera se combate también a las mafias que controlan estas actividades. Y por otro lado están las actividades que no son susceptibles de legalizar, no veo a ningún gobierno legalizando la venta de los robos, ni el tráfico de cocaína, y muchos menos el mercado de los asesinatos por encargo.

Ciñéndonos a las actividades legales y susceptibles de ser legalizadas la solución, como ya se ha mencionado, pasa por encauzarla por la vía administrativa para qué salga a la luz. Sin embargo esto no es nada fácil por la reiterada característica de la economía sumergida, la multiplicidad de formas en que se manifiesta. No se puede buscar una solución general que no contemple los casos particulares, que hasta ahora es lo que se ha hecho. No obstante para los legisladores esto es lo más fácil porque ponen la pelota en el tejado del ciudadano y le dicen “si no hace las cosas legalmente es porque no quiere usted, no porque no le demos oportunidades, pedazo de insolidario”. Ante lo cual sólo queda el recurso de la palabra, porque el de la legalidad le controla la otra parte, respondiendo algo así como “me parece muy bien que estos meses sólo pague 50 € de Seguridad Social, pero con los poco más de mil que facturo y el IRPF que recaudan en unos meses no llego ni al Salario Mínimo Interprofesional; ese que a sus Señorías les parece suficiente para vivir y que algunos de ustedes multiplican por diez”.

Como estaba diciendo las soluciones que se ofrecen son generalistas y no abordan las causas que motivan la economía sumergida. Así como en ocasiones restrictivas, como por ejemplo la “compatibilización por los menores de 30 años de la percepción por desempleo con el inicio de una actividad por cuenta propia”, esto suena muy bien, pero ¿los menores de 30 años son los que más emprenden? ¿Los menores de 30 años son los que han generado derechos de prestación? Al final son medidas que sobre el papel se venden muy bien pero de alcance efectivo muy limitado.

Si tuviésemos que agrupar estos múltiples casos que conforman la economía sumergida podríamos empezar por aquellos que realizan una actividad económica legalizada pero no declaran todos los ingresos que obtienen. Lo habitual es que digan que están hartos de pagar por impuestos y más desde las diferentes subidas que hemos padecido. Sólo recordar que una menor presión fiscal siempre beneficia una mayor actividad económica. Evidentemente la alta presión fiscal no exonera de cumplir con hacienda, pero también es evidente que si presionas de impuestos a los profesionales y pymes es más probable que busquen cómo engañar al fisco.

Respecto a quienes están en una situación incompatible con la realización de una actividad económica, los perceptores de algún tipo de prestación o subsidio, la situación es compleja. Legalizar su situación conlleva suspender automáticamente su fuente de ingresos. Pongamos un ejemplo, una persona que percibe 800 euros de prestación y que, por ejemplo, imparte clases particulares o pinta pisos y que obtiene mensualmente 300 euros ¿va a renunciar a los 800? Además que la característica principal de este tipo de ingresos es su carácter complementario.

Continuando con el párrafo anterior, lo anterior sólo es una muestra de la rigidez de nuestra legislación. Legislación que se mueve por opuestos, o estás en un situación o estás en otra, lo inteligente tanto para el ciudadano como la administración es la yuxtaposición de situaciones bajo el requisito de que entre ambas situaciones no superasen una determinada cantidad de ingresos.

Muy similar a la situación de incompatibilidad están quienes estando desempleados o trabajando por cuenta por cuenta ajena realizan una actividad económica. Aunque habría que analizar cada caso individualmente podemos afirmar, con carácter general, que si esta actividad económica permitiese unos ingresos dignos, tras afrontar sus obligaciones con Hacienda y con la Seguridad Social, mayoritariamente se desarrollaría en condiciones de legalidad.

A lo largo del texto se ha hecho mención varias veces a ingresos dignos o suficientes para vivir, y he aquí una de las claves para hacer florecer la economía sumergida, que la actividad legal facilite un resultado monetario adecuado. El problema está en que mientras el legislador piense que con 654,30 € es suficiente para que viva un individuo yo su familia la gran dimensión de la economía sumergida no va a disminuir. Por eso nuestros gobernantes deberían descender a la sociedad y no sólo conocer, también comprender las inquietudes y necesidades reales  de los ciudadanos.

En casos como estos serían muy útiles marcadores de ingresos complementarios donde las aportaciones a la Seguridad Social y a la Hacienda Pública fuesen por tramos con una tarifa plana de contribución al común previamente tasada. Para armonizarlo con el concepto el sistema de la Seguridad Social generaría unos derechos aunque con las limitaciones que le confiere el importe ingresado, pero serían derechos a fin de cuentas.

Por último, también comentábamos en el artículo anterior las maniobras financieras basadas en vacíos y triquiñuelas legales para no cumplir con las obligaciones tributarias de las que sí participan la mayoría de sus clientes de un país determinado. Aquí la solución está en manos de los legisladores, y pasa por hacer bien su trabajo; conocen las artimañas que usan, pues como poseedores del poder de cambiar la normativa para evitarlo que lo hagan.

Con esto y otras medidas, una vez que el individuo tenga las opciones más beneficiosas en su mano para desarrollar una actividad económica, la persona que participa de la economía sumergida “legal y/o legalizable” ya no tendría ninguna excusa para no  hacer las cosas correctamente.

Lo deseable sería que al aumentar la capacidad recaudatoria de la hacienda pública se redujese la presión fiscal sobre los ciudadanos y pymes. Existen muchas más ideas, pero siempre deberían formularse desde la proposición y no desde la imposición que las mayorías absolutas o los pactos “ad hoc” facilitan.

¿Te parecen adecuadas las propuestas? ¿Consideras que la legislación debe alejarse más a la realidad social o que ya la refleja? ¿Crees que legalizar la economía sumergida contribuiría al desarrollo socioeconómico?

 

Fotografía: Por  193584 CC0 Public Domain. [http://pixabay.com/es/service/terms/#download_terms], vía http://pixabay.com/