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Hace unos días, leyendo un artículo sobre el suspenso de las principales entidades bancarias españolas en materia de derechos humanos, pensé sobre en qué medida las pequeñas y medianas empresas integrarían principios similares a su actividad, pues la verdad, aquellos no son normalmente un tema de tratamiento explícito en la actividad cotidiana de éstas; “aquí se viene a trabajar y punto”, es la tan común sentencia que, aplicable al día a día, me vino inmediatamente a la cabeza cual si con ella se pretendiera centrar al trabajador en su tarea productiva aislándole de todo lo que rodea a ésta.

Pues bien, tan importante es lo que estamos tratando, y tan presente está en la escena internacional, que las Naciones Unidas editaron en 2011 una guía que, titulada “Principios rectores sobre las empresas y los derechos humanos“, pretende ser un marco práctico para “proteger, respetar y remediar” en dicha materia, dado “el papel de las empresas como órganos especializados de la sociedad que desempeñan funciones especializadas y que deben cumplir todas las leyes aplicables y respetar los derechos humanos“. En dicha guía se dicen cosas como que las empresas “deben respetar los derechos humanos. Eso significa que deben abstenerse de infringir los derechos humanos de terceros y hacer frente a las consecuencias negativas sobre los derechos humanos en las que tengan alguna participación“, estableciendo como marco de referencia de mínimos la Carta Internacional de Derechos Humanos y la Declaración de la Organización Internacional del Trabajo relativa a los principios y derechos fundamentales en el trabajo. La ONU, además, editó una guía interpretativa para la puesta en práctica de los Principios rectores señalados.

A priori podría pensarse que velar por el respeto de los derechos humanos pudiera ser una tarea achacable únicamente a las multinacionales, dadas las implicaciones profundas de su actividad, tanto en lo referente a aspectos internos de gestión y producción, como a los efectos en la sociedad de su actividad; tanto es así, que raro es el mes en el que no se produce alguna noticia al respecto. No obstante, y aunque aquellas sean el principal foco de atención en esta materia, el respeto de los derechos humanos es una tarea que nos concierne a todos, también a las pequeñas y medianas empresas. La lógica extensa de todo esto parte del hecho del papel del estado como primer garante en cumplir y hacer cumplir los tratados internacionales que en materia de derechos humanos ha suscrito, lo que por extensión se aplica en el conjunto de la sociedad donde aquél actúa, siendo un imperativo para todos y cada uno de los ciudadanos, y por ende para todas las organizaciones, por lo cual llegamos a la conclusión de que el respeto de los derechos humanos es tarea que no solo atañe a las grandes empresas, sino a cualquier empresa independientemente de cualquier especificidad que tuviere. Por supuesto, dejando esto de lado, lo ideal es que todo esto parta del compromiso personal que como persona y empresario se tiene con la sociedad y sus principales valores.

Como empresa vamos a tener siempre la opción, desde su nacimiento, por optar en centrarnos únicamente en sus resultados en mercado o, por el contrario, por integrar valores que acompañen toda su actividad. Es un hecho constatable que el respeto de los derechos humanos es un aspecto que la sociedad en su conjunto monitoriza cada vez más, lo que refleja un cada vez más estrecho compromiso de la ciudadanía con este tipo de cuestiones, y ello incluye la percepción que sobre nuestra actividad pueden tener nuestros clientes, lo que se deja notar en lo que éstos solicitan y exigen. Muchas empresas, de hecho, hacen del respeto de los derechos humanos un instrumento de marketing, mientras que otras, al contrario, integran este tipo de aspectos de forma natural en el conjunto de su actividad, en armonía con ésta y con lo que sus clientes esperan de la empresa. Por lo tanto, existe una razón profundamente humana en todo esto, si, pero también es constatable que velar por el respeto de los derechos humanos es, cada vez más, rentable para las empresas.

Algunas cuestiones, tanto referentes al funcionamiento interno de la empresa como en la forma de operar en mercado que tiene, pueden surgir fácilmente si pensamos en términos de derechos humanos. Por ejemplo, en clave interna, ¿tienen las mismas oportunidades y trato los hombres y las mujeres que trabajan en la empresa en cuestión? ¿existe la debida consideración y respeto de los directivos por sus trabajadores? ¿se perjudica de alguna forma a parte de la plantilla por cuestiones de edad, sexo o etnia? ¿se favorece la libertad de expresión y sindicación? ¿existen criterios salariales homogéneos y que dignifiquen el trabajo? ¿qué diferencia salarial existe entre la persona que más cobra y la que menos en la empresa? ¿se favorece la conciliación real de la vida familiar? ¿se vela por la seguridad en el trabajo? Como puede constatarse, podríamos seguir con una diversidad de preguntas tal que, tratadas individualmente o en su conjunto, podrían darnos muchas pistas sobre los valores y prácticas de la empresa en cuestión. En clave externa no nos quedaríamos cortos, pues de hecho los efectos de la actividad de una empresa en la sociedad son, a priori, más fácilmente identificables, aunque esto no quiere decir que sea una tarea siempre sencilla. En esta línea, podríamos realizarnos preguntas como ¿sabemos como se producen los productos que vendemos? ¿tenemos certeza de que no utilizan mano de obra infantil? ¿se elaboran en entornos laborales no discriminatorios? ¿contribuyen a mejorar las condiciones de vida de las personas y comunidades involucradas? ¿aplican criterios de justicia redistributiva con todas las partes implicadas, sobre todo los productores y trabajadores? ¿se elaboran en países donde se respetan los derechos humanos? ¿produce algún menoscabo sobre el medio ambiente, tanto en la obtención de materias primas como en su transformación y comercialización? El etcétera podría alargarse mucho, como puede verse. En el caso de que la empresa en cuestión lleve a cabo servicios, las cuestiones serían similares, aunque con un mayor enfoque en los procesos.

Ahora bien, podrá pensarse, todo esto es fácilmente imaginable de aplicar en grandes empresas, pero ¿tiene tanto sentido integrarlo en una pyme? ¿de qué forma se hace? No son preguntas baladíes, dado que la lógica globalizadora actual complica mucho esta tarea, y la capacidad de una pequeña y mediana empresa, podrá siempre argüirse, es limitada. Para responder a ello, un buen punto de partida puede ser la guía “Mi empresa y los derechos humanos“, un material elaborado por la Comisión Europea específicamente para pymes, en la cual se trata de forma sencilla y amena sobre las razones, beneficios, instrumentos, situaciones, etc., que aconsejan a que toda pyme integre en su cultura organizativa y empresarial el respeto por los derechos humanos. En principio, a través de este material accederemos a todas las claves que necesitamos para llevar a cabo esta tarea.

Para concluir, vamos a incluir algunas claves para gestionar este tipo de cuestiones en nuestra actividad:

  • Integrar el respeto por los derechos humanos no es una cuestión únicamente comercial, sino esencial y principalmente de coherencia personal y humana. Si bien como empresario tienes un papel primordial, haz partícipe de ello a tu equipo, entre todos es más fácil identificar los valores y riesgos que pueden rodear tu actividad. Además, entre todos se genera una cultura empresarial con pilares mucho más sólidos.
  • Centrarnos en que nuestra actividad integre valores fácilmente identificables; hacer sentir al cliente que el proceso de compra no se limita a adquirir un producto, sino que a través de ello se está contribuyendo a una causa.
  • Integrar esos valores en el ADN de la empresa.  Se trata de adherir dichos valores en la cultura de empresa, lo que posibilitará no solo dotar de coherencia con aquellos al conjunto de la actividad, sino también posibilitar que el esfuerzo por integrarlos en los distintos procesos sea mucho menos costoso.
  • En clave interna, la coherencia en el respeto de los derechos humanos se ve favorecida en aquellas empresas que integran un modelo organizativo de filosofía horizontal, es decir, participativa, integradora y colaborativa. Es un hecho conocido que este modelo se está imponiendo cada vez más, pues además cohesiona e incrementa la productividad de las personas implicadas en la empresa.
  • En clave externa, conviene saber (y preguntar) sobre todos los detalles de producción y tratamiento de aquello que vendemos. Si subcontratamos algún servicio, igualmente deberíamos saber en qué condiciones se realiza y si se ajusta a nuestros valores. Muchas preguntas y demandas de nuestra clientela vendrán por esta vía.
  • No descuides la atención de tus valores, pues de ello depende en gran medida tu marcha como empresa. Procura atender a todo lo que al respecto involucra a tu empresa (realiza seguimiento de ello), y comunica, de la forma que estimes oportuna en base a vuestra cultura empresarial, tanto interna como externamente.

Si lo pensamos detenidamente, lo que hacemos y lo que otros hacen para que nosotros podamos hacer puede tener implicaciones profundas en materia de derechos humanos. Pensemos en ello y actuemos, pues conlleva una responsabilidad que cada vez involucra más al conjunto de la sociedad y a nuestra empresa como parte de la misma. Lo que hacemos desde nuestra actividad puede contribuir a hacer de éste un mundo mejor.

En tu caso ¿con qué valores se identifica tu empresa? ¿tienes alguna experiencia que pueda ser significativa sobre todo lo expuesto? Envíanos tus valoraciones, ideas e inquietudes.

Imagen: Mural de Diego Rivera en el Detroit Institute of Arts. Fotografía de VasenkaPhotography, en Flickr.