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Sin duda la innovación es la palabra que el mundo empresarial y de los negocios se ha convertido en el mantra más repetido, siendo algo así como el Santo Grial de la Clave del Éxito. Y no falta razón en este enfoque a la hora de producir bienes y servicios, en especial dentro del gran cambio de paradigma económico que estamos viviendo, ya que puede significar la diferencia entre nuestro negocio sea rentable o no.

No debemos caer en el error de pensar que la innovación es sólo cosa de las grandes empresas y para grandes proyectos  altamente tecnológicos. La innovación debe estar presente también en los negocios del ámbito local, incluso en los más pequeños, ya que marca la diferenciación con nuestros competidores. La innovación tiene mucho que decir para el desarrollo socioeconómico, tanto en su vertiente de actividad social como económica. Aunque ahora dedicaremos unos artículos enfocados a lo económico, más adelante abordaremos la innovación en su vertiente social.

Pero antes de profundizar en el tema es necesario preguntarse ¿qué es la innovación? Si acudimos al diccionario hallaremos, en su segunda acepción, la escueta definición de: “Creación o modificación de un producto, y su introducción en un mercado”. Aunque esta definición a priori nos vale no hay que olvidar que existe una amplia literatura académica sobre el emprendimiento y creación de empresas desde el mismo momento que se identifica al emprendedor como protagonista del crecimiento y cambio económico, allá por el siglo XVIII.

De hecho la literatura académica ha puesto y está poniendo el énfasis en los últimos años en la existencia de innovación para diferenciar a quienes pueden ser definidos como “emprendedores” de quienes comienzan una actividad económica al uso; evidentemente sin restar méritos a unos y otros en su afán de crear su propia empresa.

Aunque en un artículo no podemos profundizar en todo lo que se ha escrito sobre la innovación, sin embargo no se puede dejar de citar a dos autores, considerados por muchos los principales referentes cuando se habla de innovación.

Por un lado tenemos a Joseph Alois Schumpeter (1883-1950) quien confería  a la innovación radical el poder de generar cambios revolucionarios que ocasionaban el “desarrollo económico”, a diferencia del “crecimiento económico” que no es más que una reasignación de recursos y volúmenes de producción.

Por otro esta Peter Ferdinad Drucker (1909-2005), considerado uno de los padres del management o función gerencial. Drucker es de los primeros en darse cuenta y desarrollar la importancia que la gestión del conocimiento tiene en las organizaciones. Considera la innovación como la “herramienta específica de los empresarios innovadores”, lo que les posibilita encontrar oportunidades de negocio diferentes a las ya explotadas. Drucker concebía la innovación como algo sistemático que consistía en “la búsqueda organizada, y con un objetivo, de cambios, y en el análisis sistemático de las oportunidades que ellos pueden ofrecer para la innovación social o económica”. Quien además de una manera más encilla definía innovar como: “encontrar nuevos o mejorados usos a los recursos de que ya disponemos”.

La amplia literatura académica y en especial la obra de Schumpeter fructificaron en el llamado Manual de Oslo, llamado Libro Blanco sobre la innovación, subtitulado Guía para la recogida e interpretación de datos sobre innovación. Esta obra se elaboró en 1992, aunque se ha ido revisando y ampliando para darle un toque más generalista y poder ser utilizado multisectorialmente. El Manual de Oslo es fruto del trabajo conjunto de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) y de la Oficina Estadística de la Comisión Europea (Eurostat). Este manual ha venido a dotar de un significado común a la innovación y a sus formas de manifestarse, además de ser referente para definir la misma de cara a los instrumentos públicos, entre ellos las subvenciones, que en el ámbito europeo y nacional existen.

El Manual de Osolo usa dos definiciones de innovación, en sentido amplio y en el restrictivo, para el propósito que nos ocupa nos quedamos con el amplio donde la innovación es “la introducción de un nuevo, o significativamente mejorado, producto (bien o servicio), de un proceso, de un nuevo método de comercialización o de un nuevo método organizativo, en las prácticas internas de la empresa, la organización del lugar de trabajo o las relaciones exteriores”.

El Manual de Oslo diferencia cuatro tipos de innovación; de producto, de proceso, de mercadotecnia (citada en otros manuales como marketing) y de organización. En posteriores artículos desarrollaremos los mismos con enfoque local.

 

Antes de finalizar una reflexión que debemos tener siempre presente, y es que si la innovación no es aceptada por el mercado no nos sirve de nada, pensemos en la innovación, pero enfoquémosla al cliente.

 

¿Consideras la innovación como un factor de supervivencia de tu empresa? ¿Crees que las empresas que innovan tienen más posibilidades de crecer en el mercado?

 

Fotografía: Por  jarmoluk CC0 Public Domain. [http://pixabay.com/es/service/terms/#download_terms], vía http://pixabay.com/