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Todos los años suelen iniciarse con algún cambio que afecta en mayor o menor grado a la actividad de las empresas, sea en materia laboral, fiscal, seguridad, etc. No es algo nuevo en consecuencia que en estas fechas toque ponerse al día; cualquier pequeño cambio que el legislador imponga supone en no pocas ocasiones un gran esfuerzo para adecuarse al nuevo marco, y este año no va a ser menos que en anteriores ocasiones.

Este año comienza, pues, con una importante reforma fiscal que nos afecta en varios órdenes. Quizás lo más significativo de la misma sea lo relativo a los cambios que plantea respecto a lo que cada ciudadano pagaremos en base al impuesto de la renta, y de los que en resumen saldrán beneficiadas las rentas más bajas y las más altas, mientras que en las rentas medias sólo se benefician sus tramos más elevados. No obstante, nos centraremos en lo que en materia de pymes y autónomos compete, dado que algunas medidas son realmente significativas. Lo más destacado de la reforma respecto a aquellas es que pretende simplificar y uniformar los tipos impositivos para empresas, al tiempo que se produce una importante limitación de las deducciones.

De esta forma, por un lado, se incorporan varias modificaciones que afectan a las pequeñas y medianas empresas que, recordamos, a efectos fiscales son aquellas que facturan menos de 10 millones de euros al año. Estas modificaciones afectan sobre todo a los tipos impositivos que han de afrontar y a las deducciones que pueden aplicar.

Respecto a los tipos impositivos, una de las reformas más significativas es la relativa al impuesto de sociedades, que baja del 30% aplicado hasta ahora a un 28% en 2015 y 25% a partir de 2016. Se iguala así, de esta forma y con pocas excepciones, el tipo nominal de sujeción para todas las empresas, que se equiparan a lo que hasta ahora pagaban las pymes. Como única posibilidad de inclusión de tipo reducido tenemos el caso del 15% que prevé la Ley de Emprendedores para empresas de nueva creación, que aplica durante dos años sobre la base imponible positiva hasta 300.000 euros; el exceso sobre dicha cantidad tributaría a un 20%.

En lo que respecta a las deducciones, se eliminan las de reinversión de beneficios y las de inversiones ambientales, al tiempo que la deducción por atenciones a clientes se limita al 1% de la cifra de negocio. La deducción por reinversión se sustituye por la reserva de capitalización, que supone que las empresas no tributen por el 10% de sus beneficios siempre y cuando se destinen al capítulo de reservas. Ésta, de hecho, es prácticamente la única ventaja a la cual pueden acogerse las pymes para tributar por debajo del 25%. Otras deducciones importantes se dirigen a beneficiar a las grandes corporaciones, por lo cual no insistiremos en ello.

Por su parte, en lo que respecta a los trabajadores autónomos, y considerando que éstos tributan por el IRPF, la principal novedad de la reforma es que adelanta un año la reducción de las retenciones sobre su facturación, que será de un 19% en 2015 y un 18% en 2016. Y si, no se volverán a ver los niveles de 2011, que entonces estaban situados en el 15%. El único supuesto que permitirá llegar a este porcentaje ya se introdujo en la reforma de julio, que posibilita dicha retención en los casos en que las rentas sean inferiores a 15.000 euros y supongan al menos el 75% de los ingresos del contribuyente.

Un cambio significativo en lo que al régimen de autónomos atañe es el relativo a las actividades que tributen por el sistema de módulos pues, por un lado, no podrán acogerse al mismo ni aquellos que facturen menos de un 50% a personas físicas, ni aquellos con actividades relacionadas con la construcción, lo que implica a un buen número de profesionales (carpinteros, fontaneros, pintores, cerrajeros, albañiles, etc.). Además, se limita el techo para poder acogerse a esta modalidad, situándose en 150.000 euros tanto para ingresos como gastos, lo que supone un cambio de paradigma realmente distinto al hasta ahora existente. Única excepción destacable en este capítulo es el régimen de módulos para actividades agrícolas, que eleva el techo a los 250.000 euros.

En otro orden de cosas, la reforma fiscal traerá algunos pequeños cambios que podrían afectar a algunas pymes y autónomos. Así, por ejemplo, no se producirá un incremento del tipo de IVA del 21%, y ello pese a que la Comisión Europea está insistiendo en dicha línea. Respecto al tipo aplicable por actividad, se incrementa del 10% al 21% en actividades intermedias de elaboración de medicamentos y equipos sanitarios y farmacéuticos. En contra, actividades relativas a las flores y plantas ornamentales reducirán su tipo del 21% al 10%.

Por último, destacaremos que en materia de financiación la reforma fiscal pretende impulsar el mecenazgo, donde se incrementa con carácter general la deducción por donativos en hasta diez puntos, al tiempo que se procura ampliar la participación social en el mismo, para lo que se introduce una deducción del 75% para los donativos inferiores a 150 euros.

En resumen, toca ahora revisar nuestras operativas y previsiones para ajustarlas al nuevo marco legal. Si usted gestiona alguna actividad económica, esperamos le beneficie.

En su caso, ¿qué experiencias tiene de la aplicación de anteriores reformas legislativas? ¿cuál le ha resultado más beneficiosa? ¿cuál más perjudicial?