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Todavía, a día de hoy, cuando hablamos de una franquicia  la mayor parte de la gente le viene a la cabeza la imagen de alguna una gran marca de dimensión internacional,  en especial del sector alimentario. A esta imagen le vendrá asociada un gran desembolso económico para ser franquiciado, y un establecimiento en el centro de una ciudad de cierta consideración, o al menos capital de provincia, o en un centro comercial. Es decir una realidad urbanita y de zona comercial centralizada. Poca gente asociará una franquicia orientada a un mercado rural o de barrio. Sin embargo la realidad es distinta.

Es cierto que hasta hace unos años pocas eran las empresas que operaban como franquicia, sin embargo en las dos últimas décadas el fenómeno ha crecido exponencialmente. Y es que lo que hace tiempo podría resultar muy complejo no es más que una suma de factores que cada vez están al alcance de más empresas. Y donde hace años sólo había cabida para negocios de una dimensión considerable ahora hay espacio para todo tipo de negocio, con mucha o poca inversión, con establecimiento abierto al público o desde casa, y en casi todos los sectores de actividad económica.

Precisamente estos cambios en el sector de las franquicias son los que están posibilitando su aplicabilidad en el medio local como una herramienta más al servicio de los emprendedores locales y de la actividad socioeconómica. No sólo en cuanto a ser una fuente generadora de empleo; también porque algunas de estas actividades económicas vienen a dotar socialmente de  servicios que son inexistentes o incompletos en el ámbito local.

Para acercarnos a este tema hay que explicar que la esencia de las franquicias se mueve en torno a dos figuras. No trata este artículo de profundizar en el mundo de las franquicias ni de las complejas relaciones que se establecen entre ambas partes; para el tema que tratamos nos basta con conocer unas pinceladas. Por un lado está la figura del franquiciador que la titular del bien o servicio que se ofrece en esta modalidad contractual. Y por otro la persona del franquiciado, la persona que decide regentar por su cuenta y riesgo ese negocio del que hemos hablado.

El franquiciador, ya sea persona física o jurídica, por un lado es quien tiene un negocio de rentabilidad probada; que posee posibilidades de comercialización reales; y finalmente, que es capaz de ser reproducido en diferentes lugares. Y por otro lado posee la capacidad para hacerle transmisible y para prestar asistencia técnica actualizada a los franquiciados. Todas estas características son susceptibles de ser desarrolladas por múltiples actividades económicas, especialmente gracias a la gran capacidad de la transmisión de la información está facilitando actualmente el potencial de desarrollo de estos negocios.

Entre las ventajas de ser franquiciador están por ejemplo: la posibilidad del rápido crecimiento del negocio; bajar los costes de inversión; y la posibilidad de elevados ingresos en márgenes, cánones y royalties. Entre los inconvenientes encontramos, entre otros: dejar la imagen de la marca en manos del franquiciado; perder el control sobre el conocimiento del saber hacer que ha convertido el negocio en exitoso; y la imposibilidad de tener otros canales alternativos de venta para su producto.

Por su parte el franquiciado asume la gestión de una determinada actividad económica bajo los parámetros y la tutela que le ofrece el franquiciador. Las principales ventajas para el franquiciado radican en: formación inicial tanto sobre el bien o servicio concreto como sobre; desarrollar un modelo de negocio y implantado; asesoramiento de todo tipo, incluida la innovación, ofrecido por e franquiciador que a nivel individual sería muy costoso de asumir. Pero también hay inconvenientes, entre los que destacamos: dependencia exclusiva del franquiciador; contratos renovables que pueden no serlo a voluntad del franquiciador; y que si el franquiciador no acierta con su estrategia para gestionar la marca el franquiciado por mucho que haya acertado a nivel local se verá arrastrado por aquel.

Respecto a los negocios en sí que conforman las franquicias nos interesa mencionar los principales tipos de franquicia: Franquicia de producción: en que el franquiciador fabrica los productos que ofrece a sus franquiciados para su venta, normalmente bajo una marca ya consolidada o conocida. Franquicia de distribución: donde el franquiciador hace las veces de una central de compras. Franquicia de servicios: donde el franquiciador cede al franquiciado la prestación de unos servicios prestados por el mismo ofreciendo para ello su saber hace, mensajería. Franquicia industrial: donde el franquiciador dota de la tecnología y del derecho a usar su nombre y su marca  al franquiciado.

Para finalizar debemos hacer un inciso respecto al requisito de la población que exigen algunas franquicias. En los diferentes portales sobre franquicias que existen en Internet y en las guías por escrito se establecen los requisitos poblacionales para establecerse la franquicia. Por experiencia persona puedo decir que no son criterios cerrados. Así que si estás pensando en una franquicia que no reúne este requisito, salvo que sea unas distancias insalvables, ponte en contacto con ellos.

En el siguiente artículo te daremos algunas pautas para ayudarnos a elegir una franquicia en el medio local.

¿Consideras que en tu medio local puede implantare una franquicia? Si desarrollas tu actividad económica a través de una franquicia con carácter local ¿cuál es tu experiencia?