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En mis años trabajando promoviendo el desarrollo socioeconómico local trabajando con los futuros empresarios y emprendedores he podido observar un hecho muy común.  Las pequeñas obsesiones que a veces nos quitan el sueño. Y digo “pequeñas” porque son aspectos de menor trascendencia en el global de la idea que desarrollamos. Vistas desde la distancia arrancan una pequeña sonrisa al observador pero a quien está dentro en un momento dado le provocan incertidumbre y le quitan el sueño.

No obstante estas pequeñas obsesiones son algo muy humano y nos pueden alcanzar a cualquiera con independencia de que incluso, antes fuese quienes esbozásemos la sonrisa cuando son otros los que nos lo cuentan. Poco tienen que ver con el grueso de la idea que pretendemos desarrollar, pero en un momento dado les magnificamos y a veces llegan a ser el centro de nuestras preocupaciones. Algunos de ellos a modo de ejemplo, porque pueden  existir tantos como empresarios y emprendedores, son los siguientes.

La necesidad de contar con recursos informáticos de última generación. No necesitas tener el ordenador personal más potente, ni la mejor impresora láser multifunción del mercado. Lo importante es poseer unos medios informáticos adecuados a tus necesidades. Pregúntate qué uso vas a dar al mismo. Necesitas emitir facturas, enviar correos electrónicos y buscar información; pues entonces no compres el último superordenador, salvo que te dediques al diseño gráfico. Recuerda: que no por tener el mejor equipo del mundo las cosas se iban a realizar por sí solas. Somos nosotros los que tenemos que poseer los conocimientos para manejar el equipo.

La necesidad de contar con grandes instalaciones para desarrollar funciones accesorias mi negocio. Céntrate en tu actividad económica: reparación de vehículos, venta al por menor de productos alimenticios, instalador de agua caliente sanitaria, etc. Para esto no necesitas un espacio anexo de oficinas y sala de reuniones, necesitarás tener un pequeño espacio donde poder realizar estas tareas con tranquilidad y con cierta discreción en el caso de las reuniones.

La obsesión con saber de marketing, contabilidad, liquidación de impuestos, etc. Tú de lo que tienes que saber es de tu negocio, si reparas automóviles tendrás que saber equilibrar la dirección. Claro que es importante tener conocimientos  sobre muchas materias, pero no por eso debes de ser un experto en todas ellas; o ¿es que vas a dejar de vender en tu tienda para estudiarte un libro de 600 páginas para conocer los principios del marketing? Para ello no dudes en buscar profesionales de estas materias para que te asesoren y/o contratar sus servicios si te son necesarios.

No tienes porqué hacerlo todo. Evidentemente el núcleo de nuestra actividad principal, en la producción de bienes o servicios, es cosa nuestra. Pero no debemos descartar subcontratar cuando la situación lo requiera. Pequeños profesionales de oficios a veces acaban pillándose los dedos al comprometerse con los clientes en algo que es accesorio a lo que hacen y no pueden hacer. Hace unos días me contaba un profesional de la decoración que por hacer un pequeño favor a un cliente ha perdido dinero. “Son sólo unos taladros profundos en este punto de la pared” (y el agua salía a chorros por una bajante). Como me decía: “La próxima vez sólo hago los taladros que yo necesite”.

Frente a todas estas inquietudes sólo dos reflexiones, sobre lo material busca lo estrictamente necesario y sobre los conocimientos piensa que lo importante no es saber todas las cosas, sino conocer a quién tienes que dirigirte a preguntarlas en cada momento.

 

¿Conoces o padeces otras pequeñas obsesiones que te desvían de tu objetivo? ¿Nos las cuentas?

 

Fotografía: Por RyanMcGuire  CC0 Public Domain. [http://pixabay.com/es/service/terms/#download_terms], vía http://pixabay.com/