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Durante los años que profesionalmente estuve vinculado al desarrollo local en el Camino de Santiago no fue infrecuente ver peregrinos a caballo, no es que abundasen pero tampoco es que vieses uno de trimestre en trimestre. El caballo no deja de ser, junto con el  caminar, un medio de transporte originario en la ruta jacobea. Históricamente los más humildes a pie, y los más pudientes (alto clero y nobleza) en sus cabalgaduras. Conversando con algunos jinetes, que buscaban más acomodo para sus cabalgaduras que para ellos, te percatabas de lo poco desarrollado que está el turismo orientado hacia quienes les gusta disfrutar de sus cabalgaduras, ya sea como jinetes o como conductores de un carro.

Cuando profundizas en el tema te percatas no  sólo de que es un recurso turístico poco desarrollado, sino también de las oportunidades que ofrece para el medio rural. Estamos hablando por un lado de instalaciones y servicios para atender las personas (alojamiento, restauración, comercio local); y por otro para atender a los animales (cuadras y comida), que además va a permitir poner en valor recursos ociosos e infrautilizados existentes.

Evidentemente de todo lo expuesto hasta aquí ya ha habido quienes se han dado cuenta. En las últimas dos décadas conozco casos de picaderos, centros de pupilaje y doma, que empezaban a diversificar su actividad económica organizando rutas de dos o tres días a caballo. Más recientemente podemos hablar, entre otros, del proyecto de cooperación transnacional de entidades de desarrollo local de España, Francia, Hungría y Portugal que ha buscado la creación de una red europea de posadas ecuestres, contando además con la cooperación de la Real Federación de Hípica Española. En la actualidad, fruto del proyecto anterior, se han homologado una serie de itinerarios. No quiere decir esto que sean estos y sólo estos los únicos itinerarios que pueden realizarse. Por ejemplo, en Castilla y León este tipo de actividades se consideran de turismo activo, donde los titulares de estas actividades recabando los permisos pertinentes pueden desarrollar diferentes rutas.

Aunque cada día este tipo de actividades se han democratizado más, lo cierto es que mayoritariamente siguen siendo quienes las practican personas de poder adquisitivo medio-alto, en especial cuando hablamos de aquellos que son propietarios de los caballos. Este argumento puede posibilitar en gran medida animar a los particulares a realizar las inversiones necesarias para ir creando las infraestructuras necesarias.

Y es que cuando de turismo ecuestre se trata, estamos hablando de todo un microcosmos de actividad económica que se generará a su alrededor. En el segundo párrafo ya se ha mencionado el alojamiento de personas y animales pero también hablamos de: mantenimiento y recuperación de caminos, instalación de toda la señalética informativa, edición de material turístico y promocional, y/o complemento económico para veterinarios y herreros. Donde ahora podemos traducir todo esto en puestos de trabajo que puede ayudar a generar o, más fácilmente, a mantener los ya existentes. Teniendo en cuenta que todo ello conlleva procesos de formación para la especialización del personal.

Lo que tampoco se debe perder de vista es la alta conjugación del turismo ecuestre con otros recursos turísticos ya existentes, como el ejemplo inicial del Camino de Santiago; el turismo ecuestre no necesariamente debe discurrir por escarpados montes ni profundos desfiladeros. Todos los paisajes de nuestra geografía rural tienen su encanto, la cuestión está en saber venderlos. Ni tampoco olvidar que la gastronomía es una buena compañera de camino, igual que encontrarse monumentos.

Por supuesto que desarrollar el turismo ecuestre requiere de la complicidad de todos aquellos que tienen intereses en el territorio, desde las Administraciones Públicas a los ciudadanos particulares, pasando por las asociaciones de empresarios y los grupos de acción local. Respecto a las Administraciones Públicas no debemos olvidar competencias sobre tránsito de animales y alojamiento de los mismos, competencias sobre los propios caminos, sobre el propio turismo, etc. Tampoco hay que perder de vista el papel de los grupos de acción local a la hora de buscar y promocionar los itinerarios más adecuados en su territorio y de realizar una formación acorde a las necesidades de las personas que quieran trabajar en este tema y en las diferentes actividades que pueden darse. Nunca hay que descartar la colaboración entre particulares. El dueño de cualquier establecimiento de turismo rural puede perfectamente convenir con alguno de sus vecinos que mientras él aloja a las personas el otro cuide de los caballos. Siempre que se reúnan los requisitos, que puedan ser exigibles por cada administración regional o las ordenanzas municipales, el turismo ecuestre puede ser un complemento de renta para economías familiares agrarias.

Aunque sobre el papel parece fácil, ahora toca que los valientes den un paso al frente.

Si conoces algún itinerario existente ¿consideras que conjuga todos los elementos mencionados? ¿Mejorarías algo? Si estás pensando en desarrollar uno ¿nos cuentas las claves que lo hacen más vendible?

 

Fotografía: Por Rudy2006  CC0 Public Domain. [http://pixabay.com/es/service/terms/#download_terms], vía http://pixabay.com/