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En torno a los cambios en el paradigma económico-laboral se están generando muchos e interesantes debates; unos criticando los efectos que se prevén a medio y largo plazo, y otros para alabar sus virtudes en base a las posibilidades que abren. Sea como fuere lo que está claro es que a nadie que tenga conciencia de este fenómeno y lo que va a significar le deja indiferente.

Parece como que el cambio de paradigma per se tenga que ser bueno o malo. Algunos blogueros y tertulianos tratan de relativizar el cambio de paradigma y valorarle en función de alguno de sus aspectos individuales. Cómo que un cambio de paradigma fuese algo monolítico. Se olvidan de la multitud de aspectos que conforman un fenómeno tan complejo.

Hoy me gustaría centrarme en uno de los aspectos, que a nivel personal me parece más interesante, y que es la pugna entre la “titulitis” frente a los conocimientos autodidactas. Tradicionalmente venimos de una sociedad en donde si no posees una determinada titulación no puedes desempeñar una actividad determinada porque se presuponen unos conocimientos inferiores frente a aquel que posee un diploma determinado.

No hay que confundir esto con el desempeño de profesiones que exigen un itinerario académico-profesional determinado. Y si alguien no está de acuerdo con esto le invito a que se busquen un cirujano que haya aprendido el oficio a través de videotutoriales y sin ninguna formación reglada. Ni tampoco me refiero a los requisitos administrativos y legales que se exijan para llevar adelante un determinado proyecto con sus correspondientes firmas; por mucho que yo sepa de diseñar edificios o los conocimientos para el cálculo de estructuras no puedo legalmente avalar una documentación (lo cual no quita que pueda participar en estos procesos avalados por quien sí tiene firma).

A lo que me refiero es a ese pensamiento equivocado que dice que como se posee un diploma  ya sabes hacer esto o lo otro. Me explico con un hecho real: En una ocasión una mujer me comentaba que le parecía injusto que a su hijo, que se había especializado en marketing en una prestigiosa institución, no le hubiesen contratado en una agencia de publicidad y en cambio sí lo hubiesen hecho con otro que no tenía estudios. El otro candidato había aprendido por su cuenta y a ella le había costado su buen dinero. Lo que esta persona no entendía es que el talento y la creatividad no se obtienen aprobando exámenes.

El pensamiento que manifestaba esta mujer parte de un error muy común y que consiste en considerar la formación como una finalidad en sí misma. Cuando la realidad es que un título, no necesariamente universitario, es un medio que posibilita tener unos conocimientos de base pero que dista mucho de ser plenamente un profesional en una materia determinada. Para poder desempeñar una determinada actividad hay que tener, entre otras cosas, talento para la misma. Yo puedo aprenderme de memoria un determinado corpus legislativo pero sí mi mente no es capaz de reproducir los esquemas mentales que lo relacionan a la hora de componer un caso práctico nunca podré ejercer con éxito de abogado.

Cada día es más habitual a la hora de buscar empleo que te pregunten “¿qué problema me resuelve eso que dices que sabes hacer?”. Ya conocen tú curriculum, ya han visto los títulos y diplomas que posees subrayados en negrita, ahora el planteamiento cambia. El empresario busca resultados, de hecho cada vez son más las pruebas prácticas que se realizan. Y si estás en la tesitura del autoempleo la pregunta anterior suena así “¿qué problemas resuelvo a los demás?, ¿qué resultados les puedo ofrecer?”. Aquí no valen los diplomas, aquí valen los hechos. No quiere decir esto que no haya que adquirir conocimientos, todo lo contrario. Hay que coleccionar conocimientos en lugar de diplomas.

Cuando estudiábamos enfocaban nuestros esfuerzos a obtener títulos, la famosa “titulitis”, lo cual es nefasto para desarrollar la creatividad. El sistema educativo se orienta a superar unos exámenes, no a saber desenvolverse de manera rápida y efectiva en las mil y unas vicisitudes de la vida diaria. Y es que a nadie se le escapa que la creatividad no es algo que se aprenda en la formación reglada. Podemos aprender mucha teoría cobre la creatividad, pero no a ser creativo. Tenemos un sistema que premia los aciertos, en vez de dejar probar y permitir analizar resultados por sí mismo.

Una vez que tenemos una formación de base lo importante es adquirir conocimientos, ya sea en procesos reglados ya sea de forma autodidacta, pero siempre enfocados a que nos permitan resolver algún asunto que se nos pueda plantear. Como ya he dicho cuando nos entrevisten para un trabajo u ofrezcamos nuestros servicios quieren saber que problemas les resolvemos.

 

¿Consideras que estamos llegando al final de la “titulitis”? Si eres autodidacta nos cuentas si lo que has aprendido a hacer te es de utilidad. 

 

Fotografía: Por  jarmoluk CC0 Public Domain. [http://pixabay.com/es/service/terms/#download_terms], vía http://pixabay.com/