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El mundo organizativo ha cambiado enormemente en los últimos veinticinco años. Es tan evidente que a veces asusta. La rapidez con que la sociedad se ha transformado en este periodo ha convertido a las empresas y organizaciones de entonces en modelos inviables en el ahora. Tal ha sido el impacto que la revolución en las tecnologías de la información han tenido en el comportamiento social y en las organizaciones.

Pensemos. Reuniones virtuales, documentación digital, almacenaje en la nube, la oficina en el móvil, bases de datos informáticas, conexión y comunicación en cualquier lugar, plataformas de pago, CRM, ERP, redes sociales… etc. Todo esto ha dejado obsoleto, o en el mejor de los casos en un segundo plano, los movimientos de trabajo, el listín telefónico, las reuniones presenciales, las agendas, las reuniones con proveedores, la atención presencial al cliente, etc. Es más, y fundamentalmente, ha afectado profundamente a los procesos de trabajo y en cómo éstos son abordados. Vamos a ver varios casos; toma nota, pues estos cambios marcan una tendencia que se plasmará en la organización del mañana.

Una primera dimensión objetivamente verificable de todo lo expuesto es la referente al tamaño humano de las empresas. Un análisis sobre los datos del INE durante los últimos quince años señalan una bajada general sobre todos los estratos de asalariados, acentuada en especial en las pequeñas y medianas empresas; sólo se salva el estrato entre uno y dos asalariados. Esto significa simple y llanamente que, primero, las empresas requieren y requerirán cada vez menos mano de obra y, segundo, la tendencia de la microempresa por estar más presente en la economía española. Todo esto, más que ser un producto del momento de crisis económica que vivimos parece ser responde a un cambio en el modelo productivo que ha venido para quedarse y que se acentuará en los próximos años. Algo tan a priori complicado puede ser fácilmente entendible si se explica con ejemplos cercanos y comprensibles; Marc Vidal lo demuestra en su blog, en un artículo que por sencillo es simplemente genial.

Lo anterior explica también en parte el auge de las microempresas, dado que las grandes empresas, en un intento por adaptarse al nuevo contexto y por ganar en eficiencia, suelen subcontratar muchos procesos que antes tenían incorporados. Es el tiempo del freelance, de las empresas especializadas en tareas y procesos muy concretos y, normalmente, vinculadas con lo tecnológico.

En este contexto, el mercado laboral es quizás el sector en el que la percepción de cambio ha sido mayor. Hace unos años la expectativa de cualquier trabajador era la de hacer carrera en una empresa y mantenerse en ella todo lo posible. Pues bien, hoy la inestabilidad laboral es una realidad, y ello plantea la necesidad de que todo trabajador se plantee su futuro profesional en términos de adaptarse, reinventarse, reciclarse y ubicarse allá donde haga falta. Ello obliga a estar a la última y a tener cierta continuidad en la formación personal. Sólo los trabajadores realmente talentosos y generadores de valor podrán optar a cierta continuidad en las organizaciones, pues cotizan cada vez más al alza; de hecho, algunas empresas han generado ecosistemas laborales específicos para retener este tipo de trabajadores.

Lo anterior también tiene su situación equivalente a nivel de organización. Hace unos años el entorno en el que operaban las organizaciones, sobre todo las empresas, era relativamente estable. De vez en cuando llegaba un periodo de recesión y reconversión, los famosos ciclos económicos, que obligaba a llevar a cabo determinados ajustes para reencontrar el hueco esperado en mercado. Hoy el entorno en el que se mueven las organizaciones es extremadamente cambiante, rápido, inestable, tanto que en ocasiones completar una adaptación supone empezar otra. Ello obliga a que las organizaciones deban adecuarse a tal circunstancia, lo que conlleva una apuesta por los modelos de gestión creativos y de corresponsabilidad, e implica también una estructura menos jerarquizada.

Esta agilidad que demandan las organizaciones, esta necesidad de adaptación rápida a un entorno cambiante, se tiende a afrontar mediante equipos de trabajo más pequeños y dispersos, unidos tecnológicamente. Incluso en determinados sectores se ha impuesto el trabajo en casa, algo para muchos impensable hace pocos años. Y, por supuesto, la presencia de la mujer es cada vez más importante. En todo este marco, el entorno de trabajo por excelencia es virtual, en especial todo lo relacionado con la nube, que posibilita múltiples ventajas en términos de costes, accesibilidad, integración y flexibilidad, una realidad que sin duda señala que la oficina del futuro estará en internet.

Otro de los cambios más significativos y relevantes se deja entrever en el hecho de que hoy en día la ubicación física de la organización, el peso de contar con instalaciones, se ha desvalorizado dando paso a un modelo colaborativo que ya no es exclusivamente endógeno, sino que aglutina la actividad de varias empresas distintas. Esta realidad se está imponiendo incluso ¡entre empresas competidoras! Además, la innovación hoy es obligada. Hace años era una parcela vinculada a un Departamento específico; sin embargo hoy se tiende a integrarla en el conjunto de la organización.

Por lo tanto, los cambios producidos en el mundo de las organizaciones durante los últimos veinticinco años resultan en un contexto más difícil y complejo de trabajo, en el cual aquellas han tenido que adaptarse mediante procesos de horizontalización y creatividad como medio por el cual adaptarse a una realidad cambiante. Ello marca el sendero que lleva a la organización del mañana, ¿estás en disposición de afrontarlo?

¿Qué cambios en tu forma de trabajar han sido más destacables en las últimas décadas? ¿y en las organizaciones en las que has trabajado?