El pasado sábado día 14 de marzo el Presidente del Gobierno anunció que “en las próximas semanas vamos a presentar el proyecto de ley de actualización del Estatuto de Trabajo Autónomo y Fomento de la Economía Social”. El escenario no podía ser mejor: II Foro de Autónomos y Emprendedores de ATA (Asociación de Trabajadores Autónomos); Córdoba en plena campaña de las elecciones andaluzas; y un presidente de ATA, según cuentan las crónicas, entregado al del Gobierno de España. Es decir, los aplausos no iban a faltar y ya sabemos que los presidentes de cualquier gobierno necesitan su público, para subirles el ego (o eso supongo).

Entre las nuevas medidas que se van a establecer el Presidente del Gobierno citaba el no tener que renunciar a la tarifa plan de 50 euros para cubrir la cuota de Seguridad Social del Régimen Especial de Trabajadores Autónomos cuando contratasen trabajadores; y la que desde las notas oficiales de comunicación parece la medida estrella: que los futuros autónomos u emprendedores de cualquier edad puedan podrán capitalizar el cien por cien de la prestación por desempleo o si lo prefieren compatibilizar la prestación con el inicio de una actividad emprendedora entre otras medidas”.

No hay duda de que este y el próximo año se aproximan varias e importantes citas con las urnas. Tras un par de años afrontando una subida del Impuesto del Valor Añadido hay que desempolvar la bandera de la libertad de comercio y de la baja presión fiscal para afrontar las elecciones generales del 2016. Como señalan en diferentes medios de comunicación especializados y foros las medidas van a llegar un poco tarde. Opinión que a la luz de varias experiencias recientes de autoempleo que conozco muy de cerca son más que acertadas.

No hay duda de que a la capitalización por desempleo puede ser una herramienta muy valiosa a la hora de contribuir a generar actividad económica. Sin embargo el planteamiento utilitarista y cortoplacista que se le da por parte de quien gobierne pervierte la eficacia de la misma.

Es utilitarista porque responde a exceptivas de los Gobiernos para anunciar grandes medidas; y es cortoplacista porque se concibe para situaciones muy concretas. Ejemplo, como existe una preocupación por el desempleo juvenil se permite la capitalización al cien por cien sólo a jóvenes menores de 30 años. El alcance real de las medidas no importa. Salvo casos concretos de personas muy emprendedoras o de sucesión en negocios familiares ¿cuántos jóvenes menores de 30 años conocemos que se hayan lanzado a montar su empresa? Normalmente están todavía desarrollando su profesionalidad para más tarde poder ser independientes. Y sin embargo al colectivo que está en mayor disponibilidad de emprender, alrededor de los cuarenta años, no se le facilitan igualmente las cosas.

Si realmente los gobiernos se creyesen todas las medidas que anuncian deberían tener en cuenta el principio de la igualdad. Que es la única forma de generar universalidad en las medidas. En cambio adecuan las medidas a la finalidad pretendida y lo que debería ser un derecho consolidado se convierte un algo otorgado. Y esto es contraproducente porque genera discriminación y falta de certeza entre quienes están desarrollando una idea de negocio. El futuro emprendedor debería percibir claramente con que puede contar o podría haber contado ayer, hoy y mañana. Y máxime cuando la capitalización por desempleo es por unos derechos generados a su nombre. No salen de otras partidas económicas, ya que dependen de lo que tanto el trabajador por cuenta ajena como su empresario han cotizado por su persona.

Como alternativa a la situación existente desde distintos medios se vuelve a desempolvar la vieja bandera de la mochila austriaca, matizada en función de lo que cada uno le gustaría que fuese. Y digo “vieja bandera” porque aunque ahora el partido político Ciudadanos haya vuelto a hablar de ella, ya en las dos legislaturas del Presidente Aznar se propuso como modelo a estudiar por economistas y tertulianos afines a su partido.

La mochila austriaca básicamente consiste en que cada trabajador se lleve el acumulado que para el concepto de desempleo, que es del que se nutre la capitalización, se ha cotizado a lo largo de su vida laboral con la finalidad de que puede disponer discrecionalmente de él.  La idea es interesante, supongamos que tengo 30.000 euros acumulados y necesito 15.000 para montar mi negocio; pues les cojo de mi acumulado, pero como también necesito comer y pagar la hipoteca retiro otros 1.500 euros. Enfocado así es más útil, práctico, y eficiente que los engorrosos expedientes que se generan en los servicios públicos de empleo.

Puede haber quien critique que el disponer discrecionalmente del dinero no es adecuado porque a lo mejor es utilizado para “malos vicios” o “de manera inadecuada”. Pues yo  les respondería que “sí así lo hiciesen que es su problema y que a mí ni me va ni me viene”. Y es que ya está bien de justificar la injerencia de lo público en lo privado en base al tufo a moralina que impregna tanto a las llamadas izquierdas como derechas. Lo mismo que los citados “engorrosos expedientes” que sólo se justifican como instrumentos de control administrativos y la existencia del personal funcionario que los gestiona. Se les olvida que cada individuo ha de ser responsable de sus actos, y que mientras obre dentro de la legalidad no debe dar más explicaciones.

Y simplemente esta es mi opinión, se puede compartir o no. Pero creo que los que generamos o queremos generar actividad económica tenemos algo que decir cuando el tema nos afecta a nosotros.

¿Has capitalizado el desempleo? ¿Te ha parecido un sistema ágil o burocratizado? ¿Qué opinas de cambiar el sistema de capitalización por desempleo?

 

Fotografía: Por  angelolucas   CC0 Public Domain. [http://pixabay.com/es/service/terms/#download_terms], vía http://pixabay.com/