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Vale que uno no ha sido nunca un deportista de élite. Incluso muchas veces he dicho “mens sana in corpore insepulto” en vez del “mens sana in corpore sano” que nos dejaron los romanos cuando a golpe de lanza obligaban a medio mundo a declinar el latín. Vale que en las fiestas patronales del pueblo no acudiésemos al tradicional partido de solteros contra casados, no fuese que se lesionase alguno de los jugadores y nos tocase sustituirle. Pero cuando estás en pleno emprendimiento, sentado todo el día, con la cabeza cargada de las mil y una cosas que por ella nos pasan,  llega un día en que de pronto echas de menos algo de lo que nunca has sido especialmente fan: la vida sana. Que aunque mayormente se suele asociar con hacer deporte lleva aparejado desde una dieta equilibrada hasta aquello que ayuda al bienestar mental.

Tanto por mi experiencia personal como por mis conversaciones con unos cuantos emprendedores es curioso que en algún momento echamos de menos realizar un poco más de actividad física. Para unos puede ser recuperar rutinas de paseo y para otros machacarse en el gimnasio, cada uno en función de cómo haya sido anteriormente. Pero todos acabamos necesitando tanto sudar un poquito como buscar pautas que nos relajen el estrés, ya sea real o incipiente.

Lo anterior no es más que reflejo de los cambios que se producen en la vida del emprendedor. Cuando el tiempo parece contraerse, al día le faltan horas, la mente está tan activa que te agota, o cuando surge la frustración al ver que no llegamos a todas las cosas que nos gustaría; o cuando sentimos que nuestros ojos y la pantalla del ordenador, y/o que la silla y la espalda son un solo ente junto con nuestro cuerpo, etc. Entonces estamos en el momento adecuado para reflexionar sobre cómo estamos antes de que el estrés nos lleve a un punto que nos complique la existencia.

El emprendimiento consume muchas energías y cuando nos centramos en emprender solemos perder de vista el necesario equilibrio de cuerpo y mente que debería ser obligatorio en nuestras vidas.

Y no es tontería empezar a afrontar el estrés viendo los síntomas del mismo y por supuesto las consecuencias dañinas que puede conllevar. A modo de ejemplos. Sufrimos alteraciones físicas (se dispara la tensión o las palpitaciones, y surgen ataques de acidez en el estómago), mentales (desde obcecarnos en pensamientos carentes de lógica a pérdidas de memoria), emocionales (asaltándonos fobias que hace unos meses nos parecerían absurdas) y fuertes cambios de carácter (mal humor y una facilísima habilidad para irritarnos por las cosas más nimias). En fin: juzguen ustedes mismos. Y como dice mi amigo Goyo: “Y no te extrañe que un día sin venir a cuento se te rompa un hueso”.

A lo largo de estos años he ido coleccionando diversos artículos en la materia. Así que me gustaría comentar algunas de las pautas que pueden ser interesantes, aunque no las únicas, para poder proclamar el “Mens sana in corpore emprendedor” que titula el artículo.

En primer lugar cuida el sueño. Los trastornos del sueño son habituales cuando se está en fases de excitación y es necesario tener unos mínimos de calidad en el mismo para funcionar bien al día siguiente. No se trata de dormir mucho ni poco, se trata de dormir lo suficiente. Da igual si utilizas técnicas respiratorias o cuentas ovejitas para relajarte y alcanzar el sueño. Y si te has visto en la necesidad de utilizar fármacos para dormir pásate a las infusiones.

En segundo lugar cuida tu dieta alimenticia. No se trata de ponernos a régimen sino de comer con moderación huyendo del exceso de grasas y de la ingesta de grandes cantidades de alimentos. Es muy importante hacer las cinco comidas diarias, teniendo especial cuidado en aumentar el consumo de frutas. Si ya sé que no siempre es fácil, que el cuerpo unos días nos pide no comer mucho y otras llenarnos. Pero recuerda que la clave está en dar al cuerpo lo que necesita.

En tercer lugar realiza ejercicios físicos de manera moderada. No es necesario convertirnos en deportistas olímpicos, pero sí de alcanzar un mayor bienestar corporal. Las opciones son muchas y variadas: ir al gimnasio, practicar deportes de equipo, salir a correr, o andar a buen ritmo entre 6 y 8 kilómetros, etc. Se trata de que cada cual busque aquellos que se ve capacitado para hacer. Tampoco hay que hacerlo todos los días, pero al menos dos días a la semana hay que intentar sacar ese ratito. Y si el estrés te agobia en demasía recuerda que el yoga también es un buen complemento para la actividad deportiva.

En cuarto lugar combate el desgaste físico y mental que supone pasarse horas y horas sentados al ordenador. Estamos enfrascados en nuestro proyecto, meditando sobre una idea y buscando valiosa información por Internet, y sin darnos cuenta han pasado cuatro horas sin levantarnos de la silla. Ese es el minuto en que nos empieza a quebrar todo el cuerpo; las tres horas y cincuenta y nueve minutos anteriores no lo habíamos notado, pero este minuto es mortal de necesidad. Ligeros masajes en los ojos, movimientos de cuello y levantarnos para hacer estiramientos pueden ser buenos aliados  para que el cuerpo no se nos agarrote.

También es recomendable separar el tiempo personal del  tiempo para el emprendimiento. Ya sé que cuando desarrollas tu idea ésta te absorbe, pero hay momentos en que debes centrarte en quienes están a tu alrededor. Estoy seguro que hay muchas personas que te aprecian (bueno y si no es así siempre hay alguien dispuesto para tomar una caña; o puedes apuntarte al club parroquial). Hay que relacionarse, cambiar de tema y reírse, aunque sea apuntándote a unas clases de risoterapia. Y no hay que olvidar moderar el consumo de tabaco y alcohol, pero también de café y otros excitantes.

Casi todo lo anterior pasa por establecer unas rutinas de conciliación en nuestras labores como emprendedores y las pautas que queremos desarrollar. Sé que no es fácil (soy un ejemplo). Tampoco se trata de aplicar de golpe y en bloque todas estas pautas a a la vez.  Si así lo hacemos lo más probable es que con las misma radicalidad con la que empezamos la usemos para desistir. Algo así como de un “¡A por todo!” pasamos a un “¡A paseo todo!”.

Contado así parece muy fácil, aunque la realidad es que exigen una gran fuerza de voluntad. Ahora les invito a marcarse unas pequeñas pautas e intentar cumplirlas. Yo prometo intentarlo.

 

¿Has sentido ese deterioro físico y mental? ¿Qué pautas has usado para combatirlo? Si te ha gustado comparte.