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A la hora de analizar los condicionantes de los negocios locales, uno de los temas “estrella” que siempre sale a colación es el de la financiación. Y es que, a diferencia del resto de elementos que estamos analizando en la serie “Ventajas y Desventajas de los Negocios Locales“, en este particular la condición local del negocio no será tan relevante, ya que serán su tamaño y solvencia los elementos que condicionarán de forma determinante dicho aspecto. No obstante, lo que también es verdad es que la condición local suele traducirse en negocios de tamaño medio o, lo más usual, pequeño, con lo cual al final sí existe una determinación, aun siendo ésta indirecta.

Sea como fuere, lo que está claro es que el problema que la falta de financiación plantea en los pequeños negocios es objeto de recurrentes críticas y reivindicaciones por parte de las pymes. Esto es especialmente crucial si de lo que tratamos es de la fase de lanzamiento de un negocio. El ámbito local, en este contexto, ve recrudecido el fenómeno, dado que suele estar ubicado en la periferia de los circuitos económicos o, en el mejor de los casos, abarcando mercados muy restringidos.

De forma resumida, podríamos decir que las vías de financiación tradicionales se pueden categorizar en propias y ajenas. Las primeras corresponden, muy genéricamente, a aportaciones de capital, saldos positivos y subvenciones (éstas, condicionadas). Las segundas, por su parte, incorporan todo tipo de préstamos y créditos, fundamentalmente con entidades bancarias, e instrumentos de inversión y participación de terceros, como es el caso del capital semilla, que son menos usuales en los negocios de que tratamos.

Los negocios locales tradicionalmente han acudido a vías de financiación bancarias con montos usualmente llevaderos, así como a las vías de financiación propia (capital propio y préstamos de particulares, fundamentalmente, y otras fórmulas, como los fideicomisos), pues son tipos de negocio que normalmente tienen facilidad para acceder a este tipo de recursos, lo que constituye una de las pocas ventajas que aquellos tienen en esta materia. La restricción al crédito que la actividad económica lleva sufriendo desde hace unos ocho años ha reforzado, para bien o para mal, la dependencia de este tipo de financiación.

Como curiosidad, es común señalar la financiación que el emprendedor local recibe de particulares con las tres efes de “Family, Fools and Friends” (familia, tontos y amigos), lo que da idea del compromiso financiero que se realiza en los círculos más cercanos de aquél.

Precisamente por el hecho de la dificultad actual de encontrar financiación bancaria al uso, y por el hecho de que contar con dinero ajeno puede ser la vía más rápida para perder familia y amigos, es especialmente importante incidir en el análisis de viabilidad del negocio en cuestión, y no aventurarse en proyectos cuyo resultado pueda depender más de una idea preconcebida que de un estudio realista del mercado al que se dirige.

En los últimos años, al socaire de las dificultades por encontrar financiación bancaria, así como la enorme restricción sufrida en instrumentos poco recomendables pero muy populares, como es el caso de las subvenciones públicas, han cobrado fuerza o surgido nuevas vías de financiación, muchas de ellas propias de la economía social, que bien pudieran representar una alternativa viable para diversos negocios locales, dado que además sus cuantías suelen ajustarse al promedio de las necesidades reales de aquellos. Todas requieren por lo general que el Plan de Empresa esté muy detallado y bien planteado, y que el negocio demuestre que puede ser realmente viable. Algunos de estos instrumentos son:

  • Business Angels o Ángeles Inversionistas. Son inversores dispuestos a apoyar proyectos emprendedores a cambio de un margen de interés o una participación accionarial. Suelen ubicarse en el entorno de incubadoras de negocios, y normalmente abordan las primeras fases de financiación.
  •  Préstamos participativos. Se trata de un tipo de préstamo ideal para acometer proyectos de inversión en las pymes, y que se caracterizan por la participación de la entidad prestamista en los beneficios de la empresa financiada. Suelen contemplar el cobro en dos partes, una en interés fijo y otra en variable, la cual puede supeditarse a diferentes supuestos.
  •  Fondos de capital riesgo. En este caso hablamos de la aportación de capitales permanentes por una sociedad inversora (pública o privada), que participa temporalmente en la sociedad receptora hasta que ésta se desarrolle y aumente su valor. Una vez logrado esto, la sociedad inversora se retira procediendo a la venta de su participación.
  •  Microcréditos. Son préstamos normalmente de hasta 25.000 euros dirigidos a personas que no disponen de avales personales, y que cumplen una finalidad social, ya que están concebidos para luchar contra la exclusión financiera. Ello explica que se dirijan a personas que no pueden presentar avales personales.
  •  Crowdfunding. Es el instrumento de moda, también llamado micromecenazgo. Es un sistema de financiación colectiva a partir de la cual muchos financiadores realizan pequeñas aportaciones a una empresa o proyecto, y por el que perciben una recompensa previamente estipulada. Funciona a través de plataformas en internet.

Si bien hay una tendencia muy marcada en todos estos instrumentos de apostar por modelos de negocio de base tecnológica, también es verdad que existe una diversidad de alternativas tal que podrían servir a un amplio espectro de negocios, siempre y cuando éstos demuestren su viabilidad y potencial rentabilidad.

Otros instrumentos posibles son el Venture Capital, Private Equity, el Mercado Alternativo de Renta Fija (MARF), el Mercado Alternativo Bursatil (MAB), los Bonos de Internacionalización… entre otros. Son éstos, sin embargo, casos con características que escapan en términos generales al modelo de negocio local que tratamos en estas líneas.

También durante la última década se han venido desarrollando determinados instrumentos que, sin ser financieros, pueden ofrecer un apoyo fundamental a muchas empresas jóvenes. De esta forma, para apoyar a emprendedores que apuesten por materializar un proyecto empresarial viable existen las Incubadoras de Startups, mientras que si el interés es consolidar una empresa ya constituida, una buena opción podrían ser las Aceleradoras de Startups.

Por último, no podíamos olvidarnos de determinados productos financieros que han tenido igualmente un desarrollo muy interesante, y que encajan muy bien tanto en negocios locales con forma de pyme como si éstos son desarrollados por autónomos. De esta forma, encontramos productos para la adquisición de bienes de inversión como el leasing (alquiler a largo plazo para adquirir por lo general bienes de equipo, con opción a compra), o el renting (alquiler de bienes de inversión sin opción a compra), o la clásica compra a plazos. También, aunque encajan peor con este tipo de negocios, podemos encontrar productos para la financiación de facturas pendientes, como puede ser el confirming (gestión de los pagos de una empresa cliente a sus proveedores, que pueden cobrar sus facturas antes del vencimiento a cambio de un interés), o el factoring (cesión o venta de los derechos de cobro de una empresa a cambio de un precio, normalmente en cantidades importantes), aunque éste último caso difícilmente podría encajar en los tipos de negocio que tratamos.

En resumen, el largo periodo de crisis de financiación que sufren muchas actividades locales ha visto cómo alternativamente ha favorecido el surgimiento o fortalecimiento de otras alternativas que, sin compensar este hecho, bien podrían constituir una opción a considerar. Son opciones, eso si, que requieren que un análisis serio y profundo sobre lo que queremos y cómo pretendemos lograrlo; no obstante, esto en último término sólo beneficia al empresario local. ¿Te animas a sondear alguna alternativa?

En tu caso, ¿has tenido en estos años alguna situación financiera que ha puesto en peligro tu negocio? ¿cómo lo has solventado?