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Cualquier persona que forme parte de una organización, sea ésta empresa o Tercer Sector, y tenga cierto recorrido en el “mundillo” organizacional, podrá percibir con toda seguridad, y en el peor de los casos intuir que es así, que estamos en un momento de cambio que afecta profundamente a la misma esencia de las organizaciones. Todo es tan rápido y súbito que es difícil no considerarlo. En un artículo publicado el pasado mes de febrero ya avanzábamos varias de las razones que explican este fenómeno, entre ellas, quizás la más importante, el cambio de modelo productivo, un proceso que lleva gestándose desde hace varios años impulsado por la revolución tecnológica y de la comunicación, y en el que estamos actualmente plenamente involucrados.

Todo proceso de cambio es confuso, hay que tener unas buenas dotes de observación, conocimiento del sector donde se opera y sentido común como para poder responder a las nuevas demandas. El trabajo colaborativo es una de las mejores herramientas con que podemos contar para poder detectar aquellas. Sin perjuicio de ello, hemos indagado en las principales tendencias de las organizaciones, lo que presumiblemente marcará su identidad en los próximos tiempos, lo cual te mostramos en las siguientes líneas. Ten en cuenta que todas, de alguna u otra forma, tienen alguna relación entre sí ¿Te identificas con alguna de ellas?

– Deslocalización. Los tiempos en los que se trabajaba en una ubicación concreta, con las mismas personas y condiciones, se están acabando. La organización tiende a ser más pequeña y a trabajar allá donde esté la información, los equipos, las tareas, etc. Se rompen las fronteras organizativas y se gana en flexibilidad, lo que viene muy favorecido por los avances tecnológicos. Los equipos de trabajo no tendrán porqué estar físicamente conectados, pero sí tenderán a ser mejores, más eficaces y eficientes.

– Interconexión. Es una consecuencia lógica de lo anterior, o para algunos el origen de ello. Las tecnologías posibilitan la comunicación independientemente de la ubicación del trabajador. Todas las herramientas y conocimiento necesario estará en la “nube”, en el entorno virtual de trabajo en que internet se está convirtiendo. Cada vez será más fácil trabajar con gente a la que nunca conocerás físicamente.

– Gestión del conocimiento. Ésta será una de las principales características de la organización del mañana. El conocimiento se generará y orientará a resultados concretos. La adaptación al cambio, la innovación, sólo será posible trabajando colaborativamente. Fenómenos como el intraemprendimiento surgen en esta lógica.

– Horizontalidad. Consecuencia directa de lo anterior, las organizaciones tenderán cada vez más a ser menos jerárquicas y a trabajar colaborativamente, lo que implicará la toma de decisiones más democráticas. El éxito ya no se medirá sólo en términos de ingresos, sino también en los intangibles que la cultura organizacional genere. Las empresas necesitarán más a los trabajadores que éstos a aquellas, lo que llevará a velar más por el trabajador y por el valor que proporciona; además, tendrán que esforzarse cada vez más por generar las condiciones que fidelicen la fuerza de trabajo, incluso por crear “ecosistemas” específicos de trabajo. El trabajador, además, necesitará apropiarse de la Misión organizacional, con lo que los esfuerzos internos de comunicación serán mayores. Empero, el trabajador del futuro por excelencia será el freelance. La mujer será cada vez más decisiva y las empresas se convertirán en espacios de equidad.

– El cliente/usuario, cada vez más importante. Esto lo llevamos oyendo toda la vida, que si “el cliente siempre lleva la razón”, que si “estamos para servirle”, etc. Sin embargo, y debido a la enorme posibilidad de encontrar alternativas a nuestros productos/servicios, la relación empresa-cliente se está transformando desde lo que aquél necesita a lo que aquél quiere. Obligatoriamente deberemos entender a nuestro cliente/usuario. Esto tiene sus implicaciones en campos como el marketing, pues ya no podremos centrarnos en explicar el producto/servicio, sino en el mismo cliente/usuario; o la comunicación, dado que la tendencia virtual a socializar introduce la necesidad de abordar nuevas estrategias de fidelización de aquellos.

– Flexibilidad. Menos es más. El tamaño importará, pero a la baja, lo que afectará también a las grandes corporaciones, que deberán estructurarse celularmente para evitar complejidad al tiempo que crecen. Funcionar como una pequeña empresa hará ganar eficacia, rapidez, agilidad, lo que será fundamental dado el cada vez mayor entorno cambiante. La flexibilidad será la clave de la adaptación de las organizaciones.

En resumen, éstas son las claves que harán de tu empresa o entidad una organización plenamente del siglo XXI. Requiere un plano de pensamiento estratégico, a largo plazo, que conecte interna y externamente con las personas implicadas y que genere vínculos emocionales con éstas. ¿Está tu organización preparada para ello?

En tu caso, ¿en qué medida ya percibes lo expuesto como realidad en tu organización? ¿incluirías alguna clave más que a tu juicio sea relevante?