Seguramente que en alguna ocasión hayas escuchado alguna historia sobre la vida y obra de personas que, dedicados a la ciencia o al mundo de los negocios, se muestren como un ejemplo de cualidades extraordinarias poco comunes y que en definitiva marcaron en su momento el éxito de su trayectoria. Ptolomeo, Galileo, Leonardo, Miguel Ángel, Newton, Edison, Curie, etc., por el lado de la ciencia, y Buffet, Disney, Ford, Chanel, Bezos, Jobs, etc., por el lado empresarial, son sólo algunos ejemplos de lo expuesto.

Todas esas personas, utilizando un conocimiento profundo de su materia y la observación directa de su entorno, supieron ver y entender más allá de lo establecido en su tiempo, y fueron capaces de transformar con su visión lo que la sociedad pensaba y quería, modificando la consideración de lo que nos rodea, necesitamos y preferimos. En términos actuales, esas personas fueron capaces de innovar con un enfoque hacia lo humano. Pues bien, ése el fundamento del Design Thinking o Pensamiento de Diseño.

El Design Thinking es una metodología de generación de ideas innovadoras cuyo fundamento está en entender y solucionar problemas reales de las personas.

La metodología hunde sus raíces a finales de los años sesenta, momento a partir del cual se desarrolló paulatinamente, principalmente desde métodos y enfoques de diseño en los campos de la ingeniería o la arquitectura. En los años ochenta, en el seno de la Universidad de Stanford, se reorientó como un método de acción creativa, y a principios de los noventa, y a través de la empresa IDEO, fue cuando se adaptó al campo de los negocios, ámbito en el que hoy en día se aplica fundamentalmente, aunque puede ser extensible al más amplio de las organizaciones.

El Design Thinking conjuga la solución a necesidades de las personas con la factibilidad tecnológica y la viabilidad del negocio en cuestión, y puede aplicarse tanto en el desarrollo de productos o servicios como en el diseño de modelos de negocio, el diseño de estrategias, o la mejora de procesos y organizaciones. Se trata de actuar como un diseñador en pos del objetivo que persigamos. Es una metodología muy versátil, y actualmente muy popular, siendo utilizada por varias de las principales empresas y universidades del globo.

Ahora bien, el Design Thinking es una metodología esencialmente colaborativa, cuyo desarrollo requiere la conformación de equipos lo más heterogéneos posibles, formados por personas de diversa especialización que puedan aportar distintos puntos de vista sobre el asunto tratado. Estas personas han de contar con una buena dosis de empatía, dado que se trata de entender retos y problemas de terceros con enfoque a su satisfacción, todo ello en un ambiente lúdico y mediante la utilización de técnicas visuales. La actitud debe ser constructiva; caminar, desandar lo andado, girar, volver a un punto anterior, etc., todos los puntos de vista han de considerarse. Por el resto, y a semejanza del resto de técnicas colaborativas requiere de un espacio amplio, material de oficina y, sobre todo, una actitud abierta y creativa. El objetivo es generar un prototipo sobre aquello que estamos trabajando.

El desarrollo de la metodología se caracteriza por su flexibilidad. Consta de cinco fases de desarrollo que no necesariamente han de desarrollarse ordenadamente, aunque conviene de inicio seguir la secuencia que ahora os mostraremos. Lo ideal es hacer un planteamiento general de cada parte, para a partir de ello alternar y retomar su tratamiento según se considere, normalmente por el surgimiento de algún dato, detalle o idea que lo aconseje. No se trata en definitiva de seguir un proceso lineal, sino de garantizar que se cumple el objetivo deseado. ¡Lo importante es experimentar! Las cinco fases de desarrollo son las siguientes:

  • EMPATIZAR. Si de lo que estamos tratando es de dar soluciones a determinados problemas o realidades, parece lógico que haya que ponerse en lugar de las personas afectadas/implicadas para procurar entender cómo alcanzar aquellas. No obstante, empatizar no es fácil, requiere un elevado grado de abstracción y no dejarse influir por valoraciones propias. Existen varias herramientas que pueden ayudarte a trabajar este aspecto desde una perspectiva más técnica y “objetiva”, como es el caso del Mapa de la Empatía, que ya abordamos en su momento.
  • DEFINIR. Aquí caben hacerse varias preguntas. ¿Cuáles son los problemas reales que hemos de abordar? ¿qué alternativas de solución tienen? ¿qué resultados pueden obtenerse por cada una de dichas alternativas? ¿cuál de todas las opciones analizadas aporta mayor valor? ¿qué tipo de valor? Se trata en definitiva de, en base a la información con que contamos, tener una visión amplia y valorativa sobre todo aquello relativa a nuestro foco de atención.
  • IDEAR. En esta fase se trabaja sobre las alternativas identificadas en el punto anterior, profundizando en su planteamiento y en las formas en que éstas pueden materializarse. Se trata de tener visión amplia y sondear todas las posibles variantes y opciones para materializar estas alternativas, incluso aunque parezcan en principio descabelladas. Han de evitarse los juicios de valor y analizar todas las opciones.
  • PROTOTIPAR. Éste es el punto focal de toda la metodología, pues tiene como objetivo precisamente diseñar prototipos que respondan a nuestras hipótesis de trabajo. Una vez contemos con uno o varios prototipos, hemos de diseñar un método de valoración estándar para compararlos y establecer el calendario y recursos necesarios para hacer las métricas correspondientes.
  • TESTAR. Esta fase, consustancial a la anterior, consta de probar los prototipos y realizar las métricas que nos orienten a valorar su utilidad, problemas, fallos, potencialidades, carencias, etc. Se trata de, comparativamente, ir definiendo qué modelo de idea es el más adecuado para solventar el objetivo propuesto, así como la forma en que ha de desarrollarse, etc.

En otros artículos iremos tratando sobre varias de las diversas herramientas y técnicas que pudieran utilizarse en cada fase. En realidad, el abanico de posibilidades es enorme, por lo cual queda en tu mano determinar qué técnicas utilizar en tu caso. No olvides prever técnicas alternativas, por si pudieras necesitarlas en un momento dado; recuerda que el Design Thinking es una metodología muy flexible, y como tal has de prever ¡que pueda pasar de todo!

¿Has tenido ocasión de aplicar el Design Thinking en tu empresa u organización? En tal caso, ¿con qué resultado? ¿cómo valoras esta metodología?