Espacios de coworking, trabajadores freelance, o proyectos colaborativos, no son más que manifestaciones de los cambios que se están produciendo en este cambio de paradigma laboral; a la vez que un signo más de la llamada economía colaborativa. Como ya publiqué en sendos artículos en octubre y diciembre la economía colaborativa cada vez está ganando más dimensión y adeptos tanto en lo formal-legal como en lo informal-alegal.

Hoy me gustaría hablar sobre las posibilidades que ofrecen los tres elementos con que se inicia el texto del párrafo anterior brevemente caracterizados. Por un lado los trabajadores freelance. Freelance, palabra cuyo origen tiene unos orígenes un tanto románticos al evocar a aquellos caballeros medievales y renacentistas que errantes alquilaban su lanza al mejor postor. Por otro los espacios de coworking, lugares en que se alquilan por días o incluso por horas un sitio para trabajar con unas dotaciones comunes mínimas (línea de ADSL, fax, fotocopiadora, sala de reuniones, etcétera; aunque cada espacio tiene sus servicios y sus normas de obligado cumplimiento), en contacto con otros profesionales y con gran importancia de las relaciones informales y contactos que surgen en ellos. Y por último, aunque no menos importante, los proyectos colaborativos en los que varios profesionales buscando el carácter multidisciplinar se unen para desarrollar un proyecto determinado al que de otro modo no podrían concurrir.

Los tres elementos están inmersos en el ya citado contexto que ofrece el nuevo paradigma laboral. Una de cuyas características básicas es la temporalidad. No sólo los tiempos cambian, las necesidades a la hora de desarrollar la actividad económica también. Los equipos profesionales que desarrollan los proyectos en las empresas o que les realizan asistencias técnicas también. Por poner un ejemplo, hace unos años las consultoras estaban pobladas de economistas y algún que otro sociólogo para dirigir el trabajo de campo. Actualmente los perfiles han variado y el pensamiento en clave de desarrollo sostenible ha propiciado que medioambientalistas, expertos en lo social, ingenieros, arquitectos y otros múltiples profesionales hayan ido cambiando la conducta grupal de las consultoras. Donde antes se hacía un determinado encargo buscando la máxima optimización de los resultados económicos, ahora se busca el respeto y la mejora ambiental tanto como el beneficio a la sociedad implicada (o al menos así debería ser en teoría).

El ejemplo anterior viene a colación porque en este panorama es cuando los trabajadores freelance tiene la oportunidad de aliarse para la ejecución de un proyecto colaborativo, pudiendo utilizar los espacios de coworking. Que una empresa, organización o administración necesitan un determinado apoyo técnico para lo que se requieren unos profesionales concretos; pues se crean las alianzas ad hoc necesarias para satisfacer al potencial cliente. Soy consciente de que estoy hablando de una ecuación cuasiperfecta; evidentemente habrá profesionales que tendrán sus propios medios e infraestructuras físicas y no necesiten los espacios de coworking. Pero no por ello hay que desdeñar las posibilidades que estos ofrecen, en especial a nivel de las relaciones que se pueden establecer en un espacio de coworking y la cantidad de información que se puede obtener de tus casuales colegas de mesa o de tomar un café con otros compañeros.

Los cambios de paradigma propician el trabajar de esta manera colaborativa. Y aunque como todo cambio de pensamiento suponga un esfuerzo, para unos más que otros, de adaptación a los nuevos tiempos va a ser necesario mutar para no extinguirse. Y el primer cambio debe de pasar por ser conscientes que en la colaboración todos tenemos el mismo peso y responsabilidad. Lo que en primer lugar extrañará a quien sea nobel es esta modalidad de trabajo es la falta de jefes, aunque exista alguien que coordine el equipo. Las principales cuentas sobre la profesionalidad y calidad del trajo realizado se las debe rendir uno en primer lugar a sí mismo.

Y lo anterior se produce por las dos principales características que deben regir a las personas que componen esta ecuación cuasiperfecta: la voluntariedad y el compromiso. Sin la conjunción de ambos factores el trabajo colaborativo estaría abocado al fracaso. La voluntariedad representa el deseo, las ganas de hacerlo y la libertad de elección; mientras que el compromiso representa la palabra dada, la ética y la firmeza de cada una de las partes.

En todo esto también no hay que olvidarse de reivindicar el papel que las tecnologías de la información y comunicación ofrecen. La existencia de Internet y el desarrollo de sus capacidades y herramientas ofrecen unas posibilidades que hace unos años pocos años eran impensables. Almacenamiento de gigas y gigas en la nube, posibilidades de trabajar sobre un mismo documento en tiempo real desde diferentes ubicaciones, conectarse por audio y video con casi cualquier parte del mundo, o la obtención de los últimos datos fidedignos y actualizados que necesitemos para un proyecto en un click son algunas de las características de los nuevos tiempos.

En definitiva. Este artículo no pretende ser más que un llamamiento a todos los profesionales, trabajen o no por cuenta propia, para recordarles que es necesario ir cambiando de mentalidad para adecuarse a los tiempos que vienen. Es necesario conocer qué talento podemos ofrecer y con qué talento podemos casar para desarrollar proyectos en común, y luego buscar a quienes lo poseen.

Y tú ¿crees que es necesario cambiar de mentalidad para adaptarse? Tienes alguna experiencia colaborativa similar ¿nos la cuentas?