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En anteriores ocasiones hemos hablado de cuánto han cambiado en los últimos lustros las organizaciones y de cuáles son las tendencias que van definiendo las organizaciones del mañana. Fundaciones, asociaciones, empresas… todas las organizaciones tendrán que adaptarse a un nuevo tiempo marcado por el cambio de modelo productivo que ya esbozábamos entonces.

También entonces advertíamos que ello iba a afectar también al mercado de trabajo, pues la minoración del tamaño humano de las empresas va a llevar necesariamente a desarrollar modalidades de trabajo más colaborativas, con un peso específico mayor del trabajador (que es de prever será desigual dependiendo del ámbito que se trate), y con una modalidad de éste, el freelance, que será prevalente. Como todo cambio de ciclo (y sin que esta transición responda exactamente a un cambio de ciclo económico, sino a la forma en que éste se desarrolla), siempre habrá algo a lo que renunciar (estabilidad laboral, precariedad, determinados empleos, etc.), y alguna oportunidad o reto que aprovechar (mayor preparación, creatividad, adaptabilidad, nuevos nichos, etc.). Cabe plantearse si lo que es una necesidad de mercado responde a lo que realmente necesita la sociedad, pero ése es otro tema al que no atenderemos hoy.

Este panorama deja entrever una serie de características que el trabajador del futuro tendrá que tener para ejercer su rol adecuadamente; una serie de habilidades, destrezas y actitudes que, total o parcialmente, van a ser determinantes para desenvolverse en el escenario laboral en ciernes. Recuerda, hablamos de futuro, pero en realidad queremos decir “a la vuelta de la esquina”.

En general, el escenario laboral que se vislumbra contiene grandes diferencias respecto a lo que hoy conocemos y hasta ahora generaba certezas; los cambios en ciernes suponen, en la lógica señalada de renuncia-oportunidad, un cambio fundamental en la forma en cómo concebiremos el trabajo y la percepción de nosotros mismos como trabajadores. La clave está aquí, pues si en algo destaca el trabajador del futuro es en que tendrá que hacerse a sí mismo. Si hasta ahora la norma era que, para promocionar en una empresa, cada trabajador tuviera que pacientemente ir desarrollando su labor para ir ocupando estadios superiores (y ello en medio de una enorme casuística), en lo sucesivo dependerá más de cada trabajador y del rol que esté dispuesto a adoptar en la empresa, que recordamos irá reduciendo su tamaño. Del mismo modo, igual que en el pasado la opinión del trabajador solía contar poco o nada en el seno de su empresa, asistimos a un naciente proceso de horizontalización en el que las opiniones de todos contarán cada vez más, y en donde muchas personas tendrán la oportunidad de desarrollar su faceta como líder. Además, el trabajador decidirá más y mejor sobre su formación y aprendizaje, el cual estará orientado a la adquisición de competencias, pero que se desarrollará en un entorno mucho más adaptativo, democrático y universal.

Como segunda característica a destacar, y enlazando con lo anterior, es de señalar que las condiciones en que se desarrollará el trabajo del futuro estarán definidas por una gran flexibilidad. De esta forma, se pasará de tener un trabajo predefinido a algo más versátil en lo que el mismo trabajador tendrá mucho que decir. La información pasará de ser un privilegio de unos pocos a ser algo compartido, y el foco del trabajo pasará a orientarse a resultados, en vez de procesos, como viene siendo muy usual hasta ahora. La versatilidad señalada también se manifestará en la esfera instrumental, pues se pasará de usar equipamiento de empresa a la utilización de dispositivos comunes o compartidos, y se tenderá a contar con trabajadores capaces de utilizar varios de aquellos más que con personas que solo trabajan con una máquina o dispositivo, salvo casos muy especiales.

Lo anterior da pie a exponer la tercera y última característica, que se refiere al entorno de trabajo, conceptualmente mucho más abierto y amplio. Recuerda, el freelance será la especie laboral del futuro por excelencia. Se acabaron los horarios de trabajo y la oficina, en lo sucesivo la disponibilidad tendrá que ser total y adaptativa a las necesidades que vayan surgiendo, y la ubicación del trabajo podrá ser cualquier lugar. El trabajador, en principio, podrá disponer de mayor capacidad para decidir sobre los tiempos y movimientos que emplea, pero habrá de ser muy eficiente, dado que se insertará en pequeños grupos o incluso trabajará en la distancia con gente que no conoce. La oficina y sus utilidades, tal y como la conocemos hoy, estará en la nube, lo cual facilita todo lo expuesto.

Así las cosas, podemos concluir que el horizonte laboral se muestra mucho más incierto que el actual, y que será el propio trabajador el que tenga que coger las riendas de su propio destino y afrontarlo de la mejor forma posible. Todo ello abre importante interrogantes, dado que no todas las personas tienen dicho potencial y capacidad, al tiempo que ofrece un panorama más proclive al esfuerzo real de cada cual. Sea como sea, no queda más que afrontarlo en las mejores condiciones ¿estas preparado?

¿Percibes ya algo de lo expuesto en tu trabajo o en tu entorno próximo? ¿cómo crees que deberían conciliarse las condiciones futuras de empleo con las necesidades reales de las personas?