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Año nuevo… nueva reforma fiscal vigente.

Año nuevo… nueva reforma fiscal vigente.

Todos los años suelen iniciarse con algún cambio que afecta en mayor o menor grado a la actividad de las empresas, sea en materia laboral, fiscal, seguridad, etc. No es algo nuevo en consecuencia que en estas fechas toque ponerse al día; cualquier pequeño cambio que el legislador imponga supone en no pocas ocasiones un gran esfuerzo para adecuarse al nuevo marco, y este año no va a ser menos que en anteriores ocasiones.

Este año comienza, pues, con una importante reforma fiscal que nos afecta en varios órdenes. Quizás lo más significativo de la misma sea lo relativo a los cambios que plantea respecto a lo que cada ciudadano pagaremos en base al impuesto de la renta, y de los que en resumen saldrán beneficiadas las rentas más bajas y las más altas, mientras que en las rentas medias sólo se benefician sus tramos más elevados. No obstante, nos centraremos en lo que en materia de pymes y autónomos compete, dado que algunas medidas son realmente significativas. Lo más destacado de la reforma respecto a aquellas es que pretende simplificar y uniformar los tipos impositivos para empresas, al tiempo que se produce una importante limitación de las deducciones.

De esta forma, por un lado, se incorporan varias modificaciones que afectan a las pequeñas y medianas empresas que, recordamos, a efectos fiscales son aquellas que facturan menos de 10 millones de euros al año. Estas modificaciones afectan sobre todo a los tipos impositivos que han de afrontar y a las deducciones que pueden aplicar.

Respecto a los tipos impositivos, una de las reformas más significativas es la relativa al impuesto de sociedades, que baja del 30% aplicado hasta ahora a un 28% en 2015 y 25% a partir de 2016. Se iguala así, de esta forma y con pocas excepciones, el tipo nominal de sujeción para todas las empresas, que se equiparan a lo que hasta ahora pagaban las pymes. Como única posibilidad de inclusión de tipo reducido tenemos el caso del 15% que prevé la Ley de Emprendedores para empresas de nueva creación, que aplica durante dos años sobre la base imponible positiva hasta 300.000 euros; el exceso sobre dicha cantidad tributaría a un 20%.

En lo que respecta a las deducciones, se eliminan las de reinversión de beneficios y las de inversiones ambientales, al tiempo que la deducción por atenciones a clientes se limita al 1% de la cifra de negocio. La deducción por reinversión se sustituye por la reserva de capitalización, que supone que las empresas no tributen por el 10% de sus beneficios siempre y cuando se destinen al capítulo de reservas. Ésta, de hecho, es prácticamente la única ventaja a la cual pueden acogerse las pymes para tributar por debajo del 25%. Otras deducciones importantes se dirigen a beneficiar a las grandes corporaciones, por lo cual no insistiremos en ello.

Por su parte, en lo que respecta a los trabajadores autónomos, y considerando que éstos tributan por el IRPF, la principal novedad de la reforma es que adelanta un año la reducción de las retenciones sobre su facturación, que será de un 19% en 2015 y un 18% en 2016. Y si, no se volverán a ver los niveles de 2011, que entonces estaban situados en el 15%. El único supuesto que permitirá llegar a este porcentaje ya se introdujo en la reforma de julio, que posibilita dicha retención en los casos en que las rentas sean inferiores a 15.000 euros y supongan al menos el 75% de los ingresos del contribuyente.

Un cambio significativo en lo que al régimen de autónomos atañe es el relativo a las actividades que tributen por el sistema de módulos pues, por un lado, no podrán acogerse al mismo ni aquellos que facturen menos de un 50% a personas físicas, ni aquellos con actividades relacionadas con la construcción, lo que implica a un buen número de profesionales (carpinteros, fontaneros, pintores, cerrajeros, albañiles, etc.). Además, se limita el techo para poder acogerse a esta modalidad, situándose en 150.000 euros tanto para ingresos como gastos, lo que supone un cambio de paradigma realmente distinto al hasta ahora existente. Única excepción destacable en este capítulo es el régimen de módulos para actividades agrícolas, que eleva el techo a los 250.000 euros.

En otro orden de cosas, la reforma fiscal traerá algunos pequeños cambios que podrían afectar a algunas pymes y autónomos. Así, por ejemplo, no se producirá un incremento del tipo de IVA del 21%, y ello pese a que la Comisión Europea está insistiendo en dicha línea. Respecto al tipo aplicable por actividad, se incrementa del 10% al 21% en actividades intermedias de elaboración de medicamentos y equipos sanitarios y farmacéuticos. En contra, actividades relativas a las flores y plantas ornamentales reducirán su tipo del 21% al 10%.

Por último, destacaremos que en materia de financiación la reforma fiscal pretende impulsar el mecenazgo, donde se incrementa con carácter general la deducción por donativos en hasta diez puntos, al tiempo que se procura ampliar la participación social en el mismo, para lo que se introduce una deducción del 75% para los donativos inferiores a 150 euros.

En resumen, toca ahora revisar nuestras operativas y previsiones para ajustarlas al nuevo marco legal. Si usted gestiona alguna actividad económica, esperamos le beneficie.

En su caso, ¿qué experiencias tiene de la aplicación de anteriores reformas legislativas? ¿cuál le ha resultado más beneficiosa? ¿cuál más perjudicial?

Cómo enfocar nuestras metas para el próximo año

Cómo enfocar nuestras metas para el próximo año

Una de las sensaciones más comunes en las fechas en que estamos es la de que en Nochevieja acaba “algo”, una etapa marcada por el año que finaliza y que inicia algo nuevo. A veces dicha sensación es un alivio, pues se percibe como el fin de un periodo más o menos negativo personal y/o profesionalmente, o al menos como la oportunidad de reconducir positivamente dicha situación; otras veces genera desasosiego, pues posiblemente el balance del periodo sea bueno y se tema puedan cambiar las tornas, en cuyo caso se piensa en mantener, cuando no incrementar, todo aquello que nos genera seguridad y bienestar, y que posiblemente constituya aquello que comúnmente se denomina nuestra “zona de confort”. En otras ocasiones, incluso, esta sensación puede generar incertidumbre, pues sabemos que en un momento determinado del año entrante algo cambiará y no tenemos muy claro cómo nos irá después.

Por supuesto que dicha sensación no es real, o al menos no lo es objetivamente, pero lo importante es que nuestro cerebro sí que lo siente así, y ello ya es un primer dato al que deberíamos prestar atención. Es, gráficamente, como si sintiéramos que nuestra vida fuera un libro que, año tras año, pasa página; en estos momentos estaríamos precisamente terminando las últimas líneas del año en curso y nos dispondríamos, con ilusión y curiosidad, a palpar la hoja con la intención de moverla y empezar a saber qué nos depara el próximo periodo.

El hecho es que éste es un momento en el que tenemos la sensación de poder cambiar, reconducir o canalizar las cosas hacia donde nos interesa y, lo más importante, una predisposición a orientarnos hacia ello que deberíamos aprovechar. Usualmente, solemos utilizar las “metas para el próximo año” como la abstracción más común a la hora de enfocar dicha predisposición. En este punto, una vez en curso el nuevo año, pueden pasar tres cosas:

  • Primero, que terminemos a corto plazo totalmente desencantados con las expectativas generadas al finalizar el año, pues todo sigue igual, sino peor. Es una bofetada de realidad cuyo origen está en confiar en que las cosas se hagan solas, en dejarnos llevar en espera de la concatenación de una serie de hechos afortunados que cumplan con nuestras expectativas, y que lo normal es que acaben en frustración. Si tu actitud ante la vida es adoptar un papel pasivo, seguramente todo esto te habrá ocurrido en más de una ocasión.
  • Segundo, que terminemos a medio plazo desencantados con la expectativa generada, pues habiendo intentado llevarla a cabo, hemos tenido que desistir en un momento dado de tal esfuerzo. Es producto de un mal planteamiento, de querer concebir una carrera de fondo como una de cien metros lisos. Aspectos como una deficiente determinación, constancia, análisis de la realidad, medios utilizados, estrategia, etc., o incluso otros como una excesiva autosuficiencia o mala actitud, pueden ser elementos que minen nuestro ánimo en un momento dado y den al traste con nuestra aventura. Si sueles quedarte a medias con todo, sabes de qué estamos tratando.
  • Tercero, que terminemos a largo plazo satisfechos con la expectativa generada en su momento, pues hemos sido capaces de cumplirla en mayor o menor grado e, incluso, si no hemos sido finalmente capaces de haberla cumplido, ¡seguramente estaremos también satisfechos! Esta situación es la que viven aquellas personas que determinan bien aquello que quieren lograr, los cauces y tiempos que quieren utilizar, los medios para llevarlo a cabo, y que además ¡lo llevan a cabo! Se trata de convertir la predisposición de estos días en actitud, de canalizarla de la forma descrita, y de ser consistentes en el cumplimiento de nuestras metas. Incluso si eres una persona que encaja en los dos anteriores perfiles, seguramente recuerdes algún hecho de tu vida con el que te comprometiste totalmente, más o menos en la forma descrita y con mucho esfuerzo, y que al final logró materializarse en lo que deseabas. Ésa es la actitud, y la respuesta en términos de acción a la pregunta más lógica que deberías hacerte ¿lo quieres realmente o no?

Todo esto es muy importante a nivel personal, está claro, y en tal sentido podríamos hablar de las típicas metas de dejar de fumar, estudiar más, adelgazar, hacer deporte o un curso, por poner unos casos, como futuribles que, con constancia y rigor, nos proporcionarán alcanzar un estado deseado concreto. Si, además, tienes ante tus manos la responsabilidad de sacar adelante un negocio o una organización, la importancia de todo esto se incrementa exponencialmente, pues seguramente recaiga en ti la suerte de más personas y de metas como lograr un tamaño, acceder un segmento de población, abrir nuevos mercados, dar viabilidad a una línea de acción, etc. Tanto en uno como en otro caso, pero especialmente en éste último, es fundamental tener claras determinadas pautas que ayuden a que tu ánimo no decaiga y a que tengas mayores opciones de conseguir los logros previstos. Vamos a darte algunas claves que te ayudarán en tal empeño, y que te recomendamos hagas siempre por escrito, eso sí, teniendo muy presente que has de ser tan eficaz como ágil, pues como es sabido, “el tiempo es oro”.

En primer lugar, y es algo que deberías hacer cuanto antes, evalúa. Para ello utiliza, esencialmente, dos variables:

  • Tiempo. Analiza cuál es tu situación o la del proyecto o proyectos que quieres abordar en el momento actual. Haz una radiografía lo mas concreta y detallada posible del estado en que están las cosas. Una vez terminada, establece cuál seria la situación deseada dentro de exactamente un año (ojo, deseada no significa “ideal”, sino “posible”, con lo cual toca ser realistas y utilizar el sentido común).
  • Criterio. La radiografía descrita ha de llevarse a cabo en base a una valoración sometida a criterio, el mismo en ambos momentos, por lo cual dicho “estado de las cosas” hemos de alguna forma medirlo para que nos sea útil. La forma de hacerlo será introduciendo indicadores, es decir, elementos de valor que nos indiquen en qué cantidad, calidad y duración se manifiesta o es esperable se manifieste el elemento analizado.

Se trata de saber dónde estamos y hacia dónde (y cómo) nos dirigimos. Una vez hecho lo anterior, sobre ambos momentos y en base a los mismos criterios de análisis, realizaremos una comparativa que nos resultará fundamental, ya que nos dirá si nuestro propósito es factible y, además, nos indicará en gran parte el esfuerzo y detalles del trabajo que hemos de llevar a cabo. Dicho de otra forma, nos sugerirá la hoja de ruta a seguir durante el próximo año.

En segundo lugar, y sobre la base de los resultados del anterior punto, establece tus objetivos. Cuidado, no te evadas: un proyecto, un objetivo. Procura además no confundir un objetivo con un deseo. Para ayudarte en tal tarea, echaremos mano de la técnica SMART, un clásico que te será de mucha utilidad para definir tus objetivos. En dicha lógica, un objetivo debe ser:

  • S[pecific], es decir, específico, claro y concreto. Céntrate en lo que quieres lograr de la forma más delimitada posible; huye de generalidades que no te llevan a ningún lado, como “ganar más dinero” o “tener éxito”; concreta exactamente lo que quieres y crees podrás alcanzar, determinará lo que puedas o no hacer.
  • M[easurable], es decir, medible. Se trata de establecer los atributos específicos de lo que quieres lograr, lo que además agradecerás mucho, pues sobre el desarrollo de esta medición tendrás que tomar decisiones en función de que vayan cumpliéndose tus previsiones o no.
  • A[chievable], es decir, alcanzable y realista. Evita querer abarcar mucho más de lo que puedes hacer, pues al final te encontrarás totalmente desbordado. Todo objetivo es un reto, no hay duda, pero ha de ser alcanzable; en su cumplimiento reposa la renovación de tu compromiso con tu proyecto.
  • R[esult oriented], es decir, orientado a resultados. Los resultados son las condiciones que han de darse para que un objetivo se cumpla. Identifícalos, pues de su análisis obtendrás la lista de actividades y tareas que habrás de llevar a cabo.
  • T[ime limited], es decir, limitado en el tiempo. En este caso lo tenemos sencillo, pues lo estamos orientando a un año completo. Puede durar más, pero conviene que nos centremos en el caso que nos ocupa, en el año completo o en duraciones inferiores, el porqué de lo cual lo tendrás claro al analizar la última de las claves propuestas.

En tercer lugar, planifica. Es decir, convierte en actividades (y tareas para llevar éstas a cabo) a realizar todo lo pretendido en el anterior punto. Es la fase de trabajo más estratégica y trascendente, donde la hoja de ruta cobra forma definitiva, y en donde tendrás plena consciencia de la carga de trabajo que puedes y habrás de llevar a cabo. Si en este punto ves que no podrás con algo, revisa las anteriores pautas y, sobre el nuevo marco, vuelve a planificar. Un consejo: vas a fallar en determinadas cosas durante la ejecución de tu proyecto, eso es consustancial a nuestra condición humana, así que procura no obcecarte en la perfección, lo que no quita para que sí seas perfeccionista.

En cuarto lugar, lo más importante: ejecuta. No olvides que todo el trabajo anterior se orienta a la acción, y en tal sentido actúa con sentido práctico; haz bien dicho trabajo, pero ése “no” es el trabajo. Decide cuándo y cómo pasarás a la acción, y actúa.

Por último, y para finalizar, una vez acabe el año entrante sería muy recomendable que de nuevo evalúes, esta vez sobre el grado de cumplimiento de lo que ahora te propongas. Lo tendrás sencillo, pues realizarás valoraciones sobre la base que construirás ahora, y que te hemos presentado en las anteriores claves. Las conclusiones de esta nueva valoración serán los cimientos del siguiente ejercicio, que seguramente abordarás con muchas más garantías ¿no crees?

En tu caso, ¿cómo sueles plantearte las metas a alcanzar al iniciar cada año? ¿has utilizado alguna herramienta de planificación en algún momento? ¿con qué resultado?

PYME y Derechos Humanos

PYME y Derechos Humanos

Hace unos días, leyendo un artículo sobre el suspenso de las principales entidades bancarias españolas en materia de derechos humanos, pensé sobre en qué medida las pequeñas y medianas empresas integrarían principios similares a su actividad, pues la verdad, aquellos no son normalmente un tema de tratamiento explícito en la actividad cotidiana de éstas; “aquí se viene a trabajar y punto”, es la tan común sentencia que, aplicable al día a día, me vino inmediatamente a la cabeza cual si con ella se pretendiera centrar al trabajador en su tarea productiva aislándole de todo lo que rodea a ésta.

Pues bien, tan importante es lo que estamos tratando, y tan presente está en la escena internacional, que las Naciones Unidas editaron en 2011 una guía que, titulada “Principios rectores sobre las empresas y los derechos humanos“, pretende ser un marco práctico para “proteger, respetar y remediar” en dicha materia, dado “el papel de las empresas como órganos especializados de la sociedad que desempeñan funciones especializadas y que deben cumplir todas las leyes aplicables y respetar los derechos humanos“. En dicha guía se dicen cosas como que las empresas “deben respetar los derechos humanos. Eso significa que deben abstenerse de infringir los derechos humanos de terceros y hacer frente a las consecuencias negativas sobre los derechos humanos en las que tengan alguna participación“, estableciendo como marco de referencia de mínimos la Carta Internacional de Derechos Humanos y la Declaración de la Organización Internacional del Trabajo relativa a los principios y derechos fundamentales en el trabajo. La ONU, además, editó una guía interpretativa para la puesta en práctica de los Principios rectores señalados.

A priori podría pensarse que velar por el respeto de los derechos humanos pudiera ser una tarea achacable únicamente a las multinacionales, dadas las implicaciones profundas de su actividad, tanto en lo referente a aspectos internos de gestión y producción, como a los efectos en la sociedad de su actividad; tanto es así, que raro es el mes en el que no se produce alguna noticia al respecto. No obstante, y aunque aquellas sean el principal foco de atención en esta materia, el respeto de los derechos humanos es una tarea que nos concierne a todos, también a las pequeñas y medianas empresas. La lógica extensa de todo esto parte del hecho del papel del estado como primer garante en cumplir y hacer cumplir los tratados internacionales que en materia de derechos humanos ha suscrito, lo que por extensión se aplica en el conjunto de la sociedad donde aquél actúa, siendo un imperativo para todos y cada uno de los ciudadanos, y por ende para todas las organizaciones, por lo cual llegamos a la conclusión de que el respeto de los derechos humanos es tarea que no solo atañe a las grandes empresas, sino a cualquier empresa independientemente de cualquier especificidad que tuviere. Por supuesto, dejando esto de lado, lo ideal es que todo esto parta del compromiso personal que como persona y empresario se tiene con la sociedad y sus principales valores.

Como empresa vamos a tener siempre la opción, desde su nacimiento, por optar en centrarnos únicamente en sus resultados en mercado o, por el contrario, por integrar valores que acompañen toda su actividad. Es un hecho constatable que el respeto de los derechos humanos es un aspecto que la sociedad en su conjunto monitoriza cada vez más, lo que refleja un cada vez más estrecho compromiso de la ciudadanía con este tipo de cuestiones, y ello incluye la percepción que sobre nuestra actividad pueden tener nuestros clientes, lo que se deja notar en lo que éstos solicitan y exigen. Muchas empresas, de hecho, hacen del respeto de los derechos humanos un instrumento de marketing, mientras que otras, al contrario, integran este tipo de aspectos de forma natural en el conjunto de su actividad, en armonía con ésta y con lo que sus clientes esperan de la empresa. Por lo tanto, existe una razón profundamente humana en todo esto, si, pero también es constatable que velar por el respeto de los derechos humanos es, cada vez más, rentable para las empresas.

Algunas cuestiones, tanto referentes al funcionamiento interno de la empresa como en la forma de operar en mercado que tiene, pueden surgir fácilmente si pensamos en términos de derechos humanos. Por ejemplo, en clave interna, ¿tienen las mismas oportunidades y trato los hombres y las mujeres que trabajan en la empresa en cuestión? ¿existe la debida consideración y respeto de los directivos por sus trabajadores? ¿se perjudica de alguna forma a parte de la plantilla por cuestiones de edad, sexo o etnia? ¿se favorece la libertad de expresión y sindicación? ¿existen criterios salariales homogéneos y que dignifiquen el trabajo? ¿qué diferencia salarial existe entre la persona que más cobra y la que menos en la empresa? ¿se favorece la conciliación real de la vida familiar? ¿se vela por la seguridad en el trabajo? Como puede constatarse, podríamos seguir con una diversidad de preguntas tal que, tratadas individualmente o en su conjunto, podrían darnos muchas pistas sobre los valores y prácticas de la empresa en cuestión. En clave externa no nos quedaríamos cortos, pues de hecho los efectos de la actividad de una empresa en la sociedad son, a priori, más fácilmente identificables, aunque esto no quiere decir que sea una tarea siempre sencilla. En esta línea, podríamos realizarnos preguntas como ¿sabemos como se producen los productos que vendemos? ¿tenemos certeza de que no utilizan mano de obra infantil? ¿se elaboran en entornos laborales no discriminatorios? ¿contribuyen a mejorar las condiciones de vida de las personas y comunidades involucradas? ¿aplican criterios de justicia redistributiva con todas las partes implicadas, sobre todo los productores y trabajadores? ¿se elaboran en países donde se respetan los derechos humanos? ¿produce algún menoscabo sobre el medio ambiente, tanto en la obtención de materias primas como en su transformación y comercialización? El etcétera podría alargarse mucho, como puede verse. En el caso de que la empresa en cuestión lleve a cabo servicios, las cuestiones serían similares, aunque con un mayor enfoque en los procesos.

Ahora bien, podrá pensarse, todo esto es fácilmente imaginable de aplicar en grandes empresas, pero ¿tiene tanto sentido integrarlo en una pyme? ¿de qué forma se hace? No son preguntas baladíes, dado que la lógica globalizadora actual complica mucho esta tarea, y la capacidad de una pequeña y mediana empresa, podrá siempre argüirse, es limitada. Para responder a ello, un buen punto de partida puede ser la guía “Mi empresa y los derechos humanos“, un material elaborado por la Comisión Europea específicamente para pymes, en la cual se trata de forma sencilla y amena sobre las razones, beneficios, instrumentos, situaciones, etc., que aconsejan a que toda pyme integre en su cultura organizativa y empresarial el respeto por los derechos humanos. En principio, a través de este material accederemos a todas las claves que necesitamos para llevar a cabo esta tarea.

Para concluir, vamos a incluir algunas claves para gestionar este tipo de cuestiones en nuestra actividad:

  • Integrar el respeto por los derechos humanos no es una cuestión únicamente comercial, sino esencial y principalmente de coherencia personal y humana. Si bien como empresario tienes un papel primordial, haz partícipe de ello a tu equipo, entre todos es más fácil identificar los valores y riesgos que pueden rodear tu actividad. Además, entre todos se genera una cultura empresarial con pilares mucho más sólidos.
  • Centrarnos en que nuestra actividad integre valores fácilmente identificables; hacer sentir al cliente que el proceso de compra no se limita a adquirir un producto, sino que a través de ello se está contribuyendo a una causa.
  • Integrar esos valores en el ADN de la empresa.  Se trata de adherir dichos valores en la cultura de empresa, lo que posibilitará no solo dotar de coherencia con aquellos al conjunto de la actividad, sino también posibilitar que el esfuerzo por integrarlos en los distintos procesos sea mucho menos costoso.
  • En clave interna, la coherencia en el respeto de los derechos humanos se ve favorecida en aquellas empresas que integran un modelo organizativo de filosofía horizontal, es decir, participativa, integradora y colaborativa. Es un hecho conocido que este modelo se está imponiendo cada vez más, pues además cohesiona e incrementa la productividad de las personas implicadas en la empresa.
  • En clave externa, conviene saber (y preguntar) sobre todos los detalles de producción y tratamiento de aquello que vendemos. Si subcontratamos algún servicio, igualmente deberíamos saber en qué condiciones se realiza y si se ajusta a nuestros valores. Muchas preguntas y demandas de nuestra clientela vendrán por esta vía.
  • No descuides la atención de tus valores, pues de ello depende en gran medida tu marcha como empresa. Procura atender a todo lo que al respecto involucra a tu empresa (realiza seguimiento de ello), y comunica, de la forma que estimes oportuna en base a vuestra cultura empresarial, tanto interna como externamente.

Si lo pensamos detenidamente, lo que hacemos y lo que otros hacen para que nosotros podamos hacer puede tener implicaciones profundas en materia de derechos humanos. Pensemos en ello y actuemos, pues conlleva una responsabilidad que cada vez involucra más al conjunto de la sociedad y a nuestra empresa como parte de la misma. Lo que hacemos desde nuestra actividad puede contribuir a hacer de éste un mundo mejor.

En tu caso ¿con qué valores se identifica tu empresa? ¿tienes alguna experiencia que pueda ser significativa sobre todo lo expuesto? Envíanos tus valoraciones, ideas e inquietudes.

Imagen: Mural de Diego Rivera en el Detroit Institute of Arts. Fotografía de VasenkaPhotography, en Flickr.

Análisis estratégico CAME

Análisis estratégico CAME

Allá por el mes de julio escribí una serie de artículos dedicados al análisis DAFO, una de las herramientas que, bien hecha, más útil y estratégica puede resultar para cualquier organización, sea ésta empresa, Tercer Sector o entidad pública. Decía entonces que el potencial de su simplicidad no puede obviar el hecho de que esta herramienta necesita un tratamiento metódico y riguroso, y que no vale realizarla de cualquier forma, en tiempo y dinámica de ejecución. El tercero de dichos artículos, de hecho, incluía un método de análisis triangular cuya pretensión es “exprimir” al máximo la utilidad de la misma, y que consistía en la comparativa cruzada de elementos en base a la siguiente lógica:

El análisis CAME es el complemento ideal para la herramienta DAFO. ¡ Define la estrategia de tu organización !

La primera tarea consiste en realizar una comparativa cruzada de las variables obtenidas en el análisis DAFO. Procura que exista una discusión grupal orientada a obtener conclusiones de cada comparativa.

Pues bien, hoy vamos a conocer un método que mejora este análisis y orienta sus resultados a categorías estratégicas concretas. Me refiero al análisis CAME, un método que trabaja con la información obtenida en un análisis DAFO en base a los siguientes propósitos:

  • Corregir las Debilidades
  • Afrontar las Amenazas
  • Mantener las Fortalezas
  • Explotar las Oportunidades

Para ello, se estructuran las estrategias combinatorias resultantes en base al cumplimiento de los propósitos expuestos, y que resultan en la siguiente categorización:

Estrategias de reorientación. Responden a la pregunta ¿cómo podemos corregir nuestras debilidades? Se ubican en el nicho de análisis de estrategias D + O, y sugieren que únicamente superando determinadas debilidades internas podremos aprovecharnos de determinadas oportunidades externas. Se dirigen principalmente a desarrollar nuestra capacidad de mejorar y pivotar.

Estrategias de supervivencia. Responden a la pregunta ¿cómo podemos afrontar aquello que nos amenaza? Se ubican en el nicho de análisis de estrategias D + A, y se centran en procurar superar determinadas debilidades internas como medio de sortear el efecto negativo que determinadas externalidades podrían tener en nuestra organización. Se dirigen esencialmente a la prevención y a desarrollar nuestra capacidad de previsión y anticipación.

Estrategias defensivas. Responden a la pregunta ¿cómo podemos mantener aquello que nos hace fuertes? Se ubican en el nicho de análisis de estrategias F + A, e insinúan que reforzando o mejorando aquello en lo que destacamos podremos sortear mejor aquello que nos supone un reto. Supone el estar atentos a lo que pasa dentro y fuera de nuestra organización, y a no descuidar aquello que nos hace fuertes. Está dirigido principalmente a desarrollar nuestra capacidad de diferenciarnos y a poner en valor lo que hacemos.

Estrategias ofensivas. Responden a la pregunta ¿cómo podemos explotar y aprovechar aquello que se nos presenta como favorable? Se ubican en el nicho de análisis de estrategias F + O, y proponen emplear nuestras fortalezas en aprovechar las oportunidades que van surgiendo en el entorno de nuestra organización. Aquellas son de hecho condición para intentar beneficiarnos de éstas. Se dirige en especial a desarrollar nuestra capacidad operativa y a posibilitar nuestro crecimiento.

El esquema completo del proceso, tras aplicar el CAME al DAFO, quedaría de esta forma:

El análisis CAME es el complemento ideal para la herramienta DAFO. ¡ Define la estrategia de tu organización !

Una vez obtenidas conclusiones en cada apartado, éstas se discutirán en base a la aplicación de los criterios CAME, orientándose a obtener estrategias adaptables a las distintas necesidades de nuestra organización.

Algunos consejos a la hora de implementarlo podrían pasar por:

  • Utilizar, también en este caso, un equipo lo más multidisciplinar posible, pero que tenga relación con el objeto de atención.
  • Al igual que en el DAFO, la conveniencia de puntuar la importancia que el grupo de trabajo dé a la cuestión concreta, utilizando para ello un baremo previamente acordado.
  • No perder la perspectiva interna y externa de las cosas. Las estrategias se ajustan a diferentes utilidades.

Los resultados variarán mucho en base a las características y tipo de organización que trabajemos, pero nos ayudarán a orientar mejor nuestra actividad hacia aquello que para nosotros es realmente fundamental.

En tu caso, ¿qué ejemplos ajustados a cada tipo de estrategia se te ocurren podrían resultar en tu organización tras la aplicación del CAME? ¿piensas que en verdad mejora los resultados obtenidos en el DAFO?

¿Es útil la nube para mi negocio?

¿Es útil la nube para mi negocio?

Seguramente seas una de esas personas que muchas veces ha escuchado hablar de “la nube” y todavía no tengas muy claro a qué se refiere, o que algo así te haya ocurrido en el pasado. Empezó como quien no quiere la cosa, “no, yo guardo mis archivos en la nube”, “voy a descargarme el documento desde la nube y lo vemos”, “por favor, haz una copia de los archivos en la nube antes de irte”, etc., y a partir de ahí se ha ido convirtiendo poco a poco en parte del lenguaje de tu entorno laboral y personal.

El hecho es que, cuando hablamos de “la nube”, en realidad lo estamos haciendo del cloud computing, una forma genérica de denominar a los servicios que se prestan a través de internet utilizando aplicaciones y/o plataformas e infraestructuras externas. En resumen, se refiere a realizar a través de internet todo aquello que hasta hace poco llevábamos a cabo a través de una instalación o almacenamiento en nuestro ordenador.

Para darnos cuenta de lo que para una actividad económica puede significar, vamos a caracterizarlo en los procesos de una empresa promedio en nuestro país, con un tamaño no superior a nueve personas, y que además coincide tiene un ámbito de actuación eminentemente local. Pues bien, tareas como escribir un documento, realizar una hoja de cálculo, llevar al contabilidad, realizar gestiones bancarias, generar albaranes y facturas, almacenar toda la documentación fiscal y de gestión, reunirnos con nuestro socio de Palencia, guardar y catalogar todos nuestros archivos profesionales, gestionar los procesos de trabajo, planificar proyectos, realizar talleres grupales, garantizar la seguridad de nuestros archivos… entre otras muchas opciones, no requieren hoy en día que las realices guardando o utilizando un programa instalado en tu ordenador, sino que pueden llevarse a cabo directamente a través de servicios en la nube.

Los requisitos para utilizar la nube son sencillos, pues sólo se requiere de una conexión a internet y de un dispositivo a través del cual navegar en la red. Lo primero podría complicarse para empresas ubicadas en determinados enclaves rurales, pues aunque se haya avanzado mucho en este sentido, todavía estamos en una España con varias velocidades en lo digital, en la cual es posible encontrar lugares con muy deficiente servicio, lo que obviamente podría entorpecer cualquier acción emprendedora que pudiera requerir de un acceso adecuado a la red. Respecto a lo segundo, si bien todavía hoy en día el ordenador es un imprescindible, también es verdad que cada vez más los servicios en red se orientan a dispositivos móviles de diversa naturaleza, prevaleciendo los teléfonos y tabletas (algunos, incluso, vaticinan en un futuro no muy lejano la sustitución misma de los ordenadores por este tipo de dispositivos, lo que hoy por hoy al común nos parece algo difícilmente imaginable).

Desde una perspectiva técnica, conviene distinguir entre las modalidades de servicio disponibles en la nube y las categorías de servicio existentes. Entre las primeras podemos contemplar la existencia de nubes públicas (orientada a todo tipo de individuos y grupos, que comparten determinados servicios que no controlan), privadas (orientada a clientes que requieren un elevado nivel de prestación de servicio y protección de datos, y que controlan el servicio), híbridas (una mezcla que posibilita el control de algún tipo de servicio y compartir otros), y comunitarias (de naturaleza sectorial, normalmente privadas). Entre las segundas, contaríamos con servicios de distinta naturaleza, como el SaaS (software), PaaS (plataforma) y HaaS (hardware), así como otras categorías que prácticamente son modalidades de éstas y que suelen denominarse genéricamente como XaaS, refiriéndose a “otros servicios”. Todo esto es relevante para una empresa cualquiera, pues si por ejemplo no quiere contar con servidores propios contratará un servicio privado de hardware en la nube (HaaS), o si lo que quiere es un entorno de trabajo parcialmente compartido contratará un servicio híbrido de plataforma (Paas). Para los negocios locales, que no cuentan con los recursos financieros y humanos de las medianas y grandes empresas, ni con las necesidades de aquellas, lo usual y más interesante será utilizar la nube pública o ampliar/contratar el servicio con carácter privado, tanto en forma de software (Saas), como de entorno (PaaS), como de almacenamiento (HaaS). Sobre este supuesto vamos a basar lo que comentemos continuación.

Vamos a lo realmente interesante, las ventajas y desventajas que para una empresa local supone utilizar servicios en la red. Sin duda, la ventaja fundamental y más obvia es el ahorro en costes. Imaginemos por un momento lo que para nuestra empresa puede suponer disponer de un software: compra de licencias, instalación, mantenimiento, actualización, en ocasiones reparación, copias de seguridad, etc. Si hablamos de una empresa con red propia, esto se traduciría además en un entorno propio, gestión del mismo y de su seguridad, etc. Normalmente, aparte de los gastos derivados de todo lo expuesto, es relativamente normal contar con un servicio técnico para contingencias y, en los casos más extremos, con personal propio (el típico “informático”). Pues bien, todo esto son un conjunto de ventajas derivadas del soporte y garantía por el proveedor del servicio en la nube; no hemos más que elaborar una sencilla comparativa de costes entre lo que para nuestra empresa significa tener o no el servicio en la nube para darnos cuenta de si nos es realmente ventajoso. Además, hemos de considerar los intangibles, como es el hecho de la tranquilidad que supone el que el proveedor nos garantice copias de seguridad de nuestra información o la estabilidad y/o seguridad del sistema, por ejemplo.

Para empresas muy pequeñas normalmente será suficiente el poder contar con servicios públicos en la nube en forma de, por ejemplo, aplicaciones de ofimática, edición de imagen, edición web, analítica, gestión, marketing, herramientas colaborativas, bases de datos, etc. (SaaS), entornos de trabajo, redes sociales, comunicaciones, etc. (PaaS), o espacios de almacenamiento (HaaS). En internet hay una amplia gama de este tipo de servicios que, de forma gratuita, pueden ser más que suficientes para cubrir nuestras necesidades; a lo sumo, podríamos necesitar algún servicio adicional privado, como un hosting para nuestra web o una ampliación de los anteriores, con un coste normalmente muy ventajoso y completamente asumible. Las empresas un poco más grandes requerirán normalmente estos servicios y coberturas adicionales (normalmente en forma de servicios premium), que en todo caso podrán resultarnos totalmente ventajosas en base a lo expuesto; de hecho, el comportamiento más adecuado para nuestra empresa y que cada vez más proveedores ofrecen es probar primero el servicio de forma gratuita durante un tiempo para, probándolo y valorando su rendimiento, apostar por su contratación.

Como desventajas únicamente señalaremos las derivadas de no prestar atención suficiente a las características del servicio que estemos en un momento dado dispuestos a utilizar y/o contratar. Hay proveedores que ofrecen una serie de garantías y rendimientos que otros no están en disposición de hacer, o determinadas particularidades de lo que necesitamos que es necesario aclarar previamente (por ejemplo, que necesites incorporar videos en tu web y que tu proveedor de hosting limite el tamaño y cantidad de los mismos, por poner un caso). Hazte una lista de los detalles técnicos y contingencias que quieres tener claras antes de decidirte a contratar algo, y valora en consecuencia.

Sea como fuere, la nube ha llegado para quedarse, y será cada vez más importante en nuestra actividad laboral y personal. ¿No crees que vale la pena adaptarnos a ella cuanto antes?

En tu caso, ¿utilizas en tu empresa algún servicio en la nube? ¿qué utilidad y resultado obtienes?