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El “Sistema B”.

El “Sistema B”.

Desde hace unos pocos años quien busca información sobre el desarrollo del sistema económico más allá de las grandes empresas se encuentra con los términos “Empresas B” y “Sistema B” (“B System” o “B Corporation” en su versión original y originaria en inglés). Para ir introduciendo el tema podemos decir que las “Empresas B” son empresas con unas características determinadas y el “Sistema B” el ecosistema empresarial que las agrupa alrededor de un sello certificador de sus características propias.

Las “Empresas B” se definen a sí mismas como: Empresas que redefinen el sentido del éxito empresarial, usando la fuerza del mercado para dar solución a problemas sociales y ambientales”. Y con un objetivo muy definido:”La Empresa B combina el lucro con la solución a problemas sociales y ambientales aspirando a ser la mejor empresa PARA el mundo y no solo del mundo”. Es decir, que posee los tres elementos definitorios del “desarrollo sostenible”: empresa, sociedad y medioambiente. Y como bien dice su definición se trata de una empresa que lleva a cabo una actividad económica, no es beneficencia, ni actividad del Sector Público.

Lo anterior nos posiciona ante un movimiento empresarial inspirado por una filosofía, visión del mundo, interés, etc. (que cada cual lo defina cómo mejor le guste) muy determinada y en la que subyacen unas inquietudes muy concretas. Y que como todo movimiento que quiera estar vivo necesita expandirse tanto para reafirmarse en sí mismo, como para no sucumbir.

Leyendo la documentación del propio “Sistema B” no cabe duda de la presencia inspiradora del Informe Brundtland, realmente llamado “Nuestro Futuro en Común”. Dicho informe define el término del “desarrollo sostenible” y fue presentado por la Organización de las Naciones Unidas en 1987. Respecto al origen de las “Empresas B” hay que remontarse al año 2006, donde una serie de profesionales con inquietudes socioeconómicas constituyen el “B-Lab (podríamos traducirlo como “Laboratorio B”) y dotan de forma a la idea que les rondaba de generar actividad empresarial respetuosa con la sociedad y con el medioambiente.

Lo anterior dio lugar a un largo camino de desarrollo de la idea, de los indicadores para ser una “Empresa B”, de presentaciones públicas, búsqueda de financiación, convencer a alguna empresa que asumiese sus planteamientos, etc. Esfuerzos que se ven legitimados en abril de 2010 con el reconocimiento de las “Empresas B” en el Estado de Maryland, lo cual abrió paso a que distintos Estados de los Estados Unidos de América hayan reconocido  e incorporado a su legislación mercantil este tipo de empresa. En septiembre de 2015 ya eran 30 Estados más Washington D.C. los que reconocían la entidad jurídica de las “Empresas B”.

El reconocimiento jurídico marca un punto de gran interés para las “Empresas B”, ya no sólo se trata de una determinada visión de cómo hacer negocios, se eleva a un rango superior al darlo forma jurídica. Lo cual y a partir de este momento nos lleva a situarnos en dos contextos diferenciados. Por un lado como una realidad jurídica en determinadas partes de los Estados Unidos de América. Por otro lado como un movimiento empresarial entorno a un sistema certificador con características comunes a nivel mundial.

También es interesante señalar que aunque el “B-Lab” crease un sistema de certificación de este tipo de empresas  no quiere decir que tengan la exclusiva a la hora de certificar quienes son legalmente “Empresas B” en Estados Unidos de América. Se reconocen otros diez sistemas para homologar este tipo de empresas, entre ellas una ISO 26000. En posteriores artículos esbozaremos la situación jurídica.

Como curiosidad comentar que la “B” proviene de la palabra benefit, es decir beneficio en el sentido social, lo que al traducirlo al castellano no debemos confundirlo con el beneficio económico, es decir profit. Porque aunque parezca un hecho menor la forma en que interpretemos el sentido de la traducción va a condicionar donde se posicione la empresa a nivel socioeconómico.

Pero continuemos con la “Empresa B” como movimiento. Perfectamente se puede afirmar que es un fenómeno en constante expansión mundial. Según los datos facilitados por sus medios oficiales hay 1.489 “Empresas B” en 42 países. Siendo el continente americano donde mayor predicamento poseen. Hace un par de años en España había una sola empresa certificada como tal, hoy hay siete. Con esto no valoro si el desarrollo es mucho o poco, simplemente constato que la idea y la filosofía que subyace tras ella siguen expandiéndose.

La pregunta que ahora nos surge es; “¿Qué requisitos hay que reunir para ser “Empresa B”?”. Pues bien. Para obtener el certificado de “Empresa B” se exige como primera condición llevar funcionando como empresa al menos un año, si se lleva menos tiempo se puede obtener un certificado con carácter provisional. Después hay que realzar un cuestionario de 100 preguntas sobre cinco áreas temáticas, si tomamos la información de la Web en original en inglés: Gobernanza, Modelo de negocios, Prácticas Ambientales, y Prácticas Laborales. Si en dicho cuestionario, que se valora en 200 puntos, se obtiene más de 80 se puede solicitar la certificación como “Empresa B”. Tras entregar la documentación para pedir el certificado se firma el el term-sheetun acuerdo donde se explicitan los deberes y derechos como “Empresa B” y se hace oficial el ingreso a la comunidad de empresas certificadas. Finalmente se deben realizar cambios estatutarios en la empresa para vincular la toma de decisiones hacia los intereses de los trabajadores, la comunidad y el medioambiente.

Obviamente hay que pagar un canon en función de la facturación de la empresa y ya se es libre de lucir el sello que certifica como “Empresa B”. El sello es el valor de imagen que puede  repercutir positivamente en el valor de marca de la empresa que lo obstante.

La variedad de empresas en función de la actividad económica que pueden certificarse como “Empresas B” es muy amplia. Encontrando tanto productos como servicios: consultores, formadores, empresas de comunicación, reciclaje, producción agrícola, artesanos y un largo etcétera. Evidentemente hay excepciones per se como las fábricas de armas o las petroleras, cuyo comportamiento en el mercado no “suele” compartir sus principios.

En definitiva. Las “Empresas B” representan una oportunidad para que a la vez que generamos activad económica aplicamos un impacto social positivo sobre todo el entorno que nos rodea. Aunque conviene recordar que cualquier empresario, profesional o emprendedor puede actuar bajo los mismo principios éticos sin necesidad de lucir ninguna marca distintiva. Aunque también es cierto que dicho distintivo puede visibilizar esta forma de actuar en ocasiones anónima. Si lo desea puede obtener más información en sus fuente originales, tanto en inglés, como en castellano.

 

 

 

 

La colaboración en el nuevo paradigma laboral.

La colaboración en el nuevo paradigma laboral.

Espacios de coworking, trabajadores freelance, o proyectos colaborativos, no son más que manifestaciones de los cambios que se están produciendo en este cambio de paradigma laboral; a la vez que un signo más de la llamada economía colaborativa. Como ya publiqué en sendos artículos en octubre y diciembre la economía colaborativa cada vez está ganando más dimensión y adeptos tanto en lo formal-legal como en lo informal-alegal.

Hoy me gustaría hablar sobre las posibilidades que ofrecen los tres elementos con que se inicia el texto del párrafo anterior brevemente caracterizados. Por un lado los trabajadores freelance. Freelance, palabra cuyo origen tiene unos orígenes un tanto románticos al evocar a aquellos caballeros medievales y renacentistas que errantes alquilaban su lanza al mejor postor. Por otro los espacios de coworking, lugares en que se alquilan por días o incluso por horas un sitio para trabajar con unas dotaciones comunes mínimas (línea de ADSL, fax, fotocopiadora, sala de reuniones, etcétera; aunque cada espacio tiene sus servicios y sus normas de obligado cumplimiento), en contacto con otros profesionales y con gran importancia de las relaciones informales y contactos que surgen en ellos. Y por último, aunque no menos importante, los proyectos colaborativos en los que varios profesionales buscando el carácter multidisciplinar se unen para desarrollar un proyecto determinado al que de otro modo no podrían concurrir.

Los tres elementos están inmersos en el ya citado contexto que ofrece el nuevo paradigma laboral. Una de cuyas características básicas es la temporalidad. No sólo los tiempos cambian, las necesidades a la hora de desarrollar la actividad económica también. Los equipos profesionales que desarrollan los proyectos en las empresas o que les realizan asistencias técnicas también. Por poner un ejemplo, hace unos años las consultoras estaban pobladas de economistas y algún que otro sociólogo para dirigir el trabajo de campo. Actualmente los perfiles han variado y el pensamiento en clave de desarrollo sostenible ha propiciado que medioambientalistas, expertos en lo social, ingenieros, arquitectos y otros múltiples profesionales hayan ido cambiando la conducta grupal de las consultoras. Donde antes se hacía un determinado encargo buscando la máxima optimización de los resultados económicos, ahora se busca el respeto y la mejora ambiental tanto como el beneficio a la sociedad implicada (o al menos así debería ser en teoría).

El ejemplo anterior viene a colación porque en este panorama es cuando los trabajadores freelance tiene la oportunidad de aliarse para la ejecución de un proyecto colaborativo, pudiendo utilizar los espacios de coworking. Que una empresa, organización o administración necesitan un determinado apoyo técnico para lo que se requieren unos profesionales concretos; pues se crean las alianzas ad hoc necesarias para satisfacer al potencial cliente. Soy consciente de que estoy hablando de una ecuación cuasiperfecta; evidentemente habrá profesionales que tendrán sus propios medios e infraestructuras físicas y no necesiten los espacios de coworking. Pero no por ello hay que desdeñar las posibilidades que estos ofrecen, en especial a nivel de las relaciones que se pueden establecer en un espacio de coworking y la cantidad de información que se puede obtener de tus casuales colegas de mesa o de tomar un café con otros compañeros.

Los cambios de paradigma propician el trabajar de esta manera colaborativa. Y aunque como todo cambio de pensamiento suponga un esfuerzo, para unos más que otros, de adaptación a los nuevos tiempos va a ser necesario mutar para no extinguirse. Y el primer cambio debe de pasar por ser conscientes que en la colaboración todos tenemos el mismo peso y responsabilidad. Lo que en primer lugar extrañará a quien sea nobel es esta modalidad de trabajo es la falta de jefes, aunque exista alguien que coordine el equipo. Las principales cuentas sobre la profesionalidad y calidad del trajo realizado se las debe rendir uno en primer lugar a sí mismo.

Y lo anterior se produce por las dos principales características que deben regir a las personas que componen esta ecuación cuasiperfecta: la voluntariedad y el compromiso. Sin la conjunción de ambos factores el trabajo colaborativo estaría abocado al fracaso. La voluntariedad representa el deseo, las ganas de hacerlo y la libertad de elección; mientras que el compromiso representa la palabra dada, la ética y la firmeza de cada una de las partes.

En todo esto también no hay que olvidarse de reivindicar el papel que las tecnologías de la información y comunicación ofrecen. La existencia de Internet y el desarrollo de sus capacidades y herramientas ofrecen unas posibilidades que hace unos años pocos años eran impensables. Almacenamiento de gigas y gigas en la nube, posibilidades de trabajar sobre un mismo documento en tiempo real desde diferentes ubicaciones, conectarse por audio y video con casi cualquier parte del mundo, o la obtención de los últimos datos fidedignos y actualizados que necesitemos para un proyecto en un click son algunas de las características de los nuevos tiempos.

En definitiva. Este artículo no pretende ser más que un llamamiento a todos los profesionales, trabajen o no por cuenta propia, para recordarles que es necesario ir cambiando de mentalidad para adecuarse a los tiempos que vienen. Es necesario conocer qué talento podemos ofrecer y con qué talento podemos casar para desarrollar proyectos en común, y luego buscar a quienes lo poseen.

Y tú ¿crees que es necesario cambiar de mentalidad para adaptarse? Tienes alguna experiencia colaborativa similar ¿nos la cuentas?

La Semana Santa y el negocio de lo inmaterial.

La Semana Santa y el negocio de lo inmaterial.

Un año más llegaron las vacaciones de Semana santa. De nuevo las procesiones, las de carácter religioso y las de los coches en las que varios millones de penitentes conductores y familiares se desplazan. De nuevo los debates de que si en un país aconfesional deberían ser festivos día religiosos, si las autoridades civiles deberían ir a las procesiones eclesiástica; y los más radicales diciendo que hay que cerrarlas en las plazas de toros o en los estadios olímpicos (que vayan a decirle al dueño de un bar con terracita de Sevilla que las metan en la Maestranza). Pero sea como fuere la Semana Santa es un hecho cultural latente en la sociología nacional.

Este año el tiempo ha acompañado más que en otras ocasiones, lo cual ha motivado un mayor número de desplazamientos con el consiguiente desembolso económico por parte de las economías domésticas. Y los datos son indiscutibles. Ocupaciones de un 85% en adelante en los establecimientos hosteleros, según datos facilitados a nivel autonómico. Una alta generación de empleo temporal, por ejemplo en una capital de provincia de 130.000 habitantes produjo por varios días un millar puestos de trabajo. Gasolineras llenas. Bares y terrazas a rebosar. Y “donativos” de diez euros en adelante para tener una asiento en zonas privilegiadas de las procesiones (que me pregunto yo: “¿qué pensará Montoro de todo esto?”; que no me meto con lo que los fieles echen en los cepillos, pero si con el mercantilismo que llevó a Jesucristo a echar a los mercaderes del templo).

Con independencia de que los desplazamientos se hayan producido por motivos religiosos o simplemente lúdicos (estaciones de esquí y alojamientos de turismo rural a rebosar) la Semana Santa posee una importante vertiente económica.

Sin embargo lo que en este artículo interesa de la Semana Santa no es cuántos ingresos ha generado en el Producto Interior Bruto. Lo que se pretende es ver el mejor ejemplo palpable de cómo lo inmaterial, en este caso la manifestación ritual del hecho religioso, es capaz de traducirse en importantes ingresos monetarios. Se puede objetar perfectamente que no todo en Semana Santa gira alrededor de lo religioso. Efectivamente. Pero el origen y evolución sí, y esa evolución es lo que realmente nos interesa. El camino que se ha trazado para llegar a tal situación.

Haciendo un poco de teoría; en términos de generación de actividad económica local podemos hablar de recursos endógenos o exógenos, según sean estos propios e identificados con el territorio  o no. Y dentro de estos recursos endógenos se pueden subclasificar en materiales e inmateriales. Pues bien, la Semana Santa es el culmen de cómo un sentimiento religioso ha ido evolucionando hacia algo perceptible y con un fuerte impacto económico en lo local.

En el fondo a todos los ámbitos locales, sean rurales o urbanos, les gustaría tener su particular “Semana Santa” que convirtiese en dinero el patrimonio inmaterial que poseen. Sin embargo esto no es nada fácil. Primero porque identificar y concebir como recurso económico lo intangible es dificultoso para la racionalidad en la que se nos educa. Segundo porque generar el suficiente interés sobre un hecho de este tipo no es cuestión badalí. Y tercero porque para su puesta en valor es necesario el trabajo conjunto de todos, administraciones, ciudadanos en general, grupos de interés como los hosteleros. Pero no nos agobiemos, no hay que olvidar que esta puesta en valor no es cosa de un día.

Cuando me refiero a la puesta en valor de lo inmaterial no me refiero a entrar la lista del Patrimonio cultural inmaterial de la Unesco; de hecho la Semana Santa no está. Se trata de que las diferentes tradiciones culturales de nuestro ámbito local, que reflejen nuestra identidad social y cultural, se utilicen para generar valor socioeconómico local. Generando un flujo económico directo durante el día o días que se celebren estas tradiciones.

La verdad es que esto suena muy bien. Porque ¿A quién no le gustaría que su cultura local generase ingresos de caja en su entorno? Porque otra cosa no, pero tradiciones culturales tenemos al menos una por pueblo y hasta por barrios. Y claro, la mayor parte de la gente piensa que la suya es mejor que la del pueblo de al lado y es la que debe potenciarse.

No pretendo con este artículo más que llamar la atención sobre este tipo de recurso para la generación de actividad socioeconómica. A la vez que introducir la inquietud sobre el tema de la puesta en valor de lo intangible que desarrollaremos en artículos posteriores.

¿Piensas que es posible movilizar los elementos intangibles de nuestra cultura para generar beneficios económicos? ¿Cuáles conoces con enfoque local?

Mens sana in corpore emprendedor.

Mens sana in corpore emprendedor.

Vale que uno no ha sido nunca un deportista de élite. Incluso muchas veces he dicho “mens sana in corpore insepulto” en vez del “mens sana in corpore sano” que nos dejaron los romanos cuando a golpe de lanza obligaban a medio mundo a declinar el latín. Vale que en las fiestas patronales del pueblo no acudiésemos al tradicional partido de solteros contra casados, no fuese que se lesionase alguno de los jugadores y nos tocase sustituirle. Pero cuando estás en pleno emprendimiento, sentado todo el día, con la cabeza cargada de las mil y una cosas que por ella nos pasan,  llega un día en que de pronto echas de menos algo de lo que nunca has sido especialmente fan: la vida sana. Que aunque mayormente se suele asociar con hacer deporte lleva aparejado desde una dieta equilibrada hasta aquello que ayuda al bienestar mental.

Tanto por mi experiencia personal como por mis conversaciones con unos cuantos emprendedores es curioso que en algún momento echamos de menos realizar un poco más de actividad física. Para unos puede ser recuperar rutinas de paseo y para otros machacarse en el gimnasio, cada uno en función de cómo haya sido anteriormente. Pero todos acabamos necesitando tanto sudar un poquito como buscar pautas que nos relajen el estrés, ya sea real o incipiente.

Lo anterior no es más que reflejo de los cambios que se producen en la vida del emprendedor. Cuando el tiempo parece contraerse, al día le faltan horas, la mente está tan activa que te agota, o cuando surge la frustración al ver que no llegamos a todas las cosas que nos gustaría; o cuando sentimos que nuestros ojos y la pantalla del ordenador, y/o que la silla y la espalda son un solo ente junto con nuestro cuerpo, etc. Entonces estamos en el momento adecuado para reflexionar sobre cómo estamos antes de que el estrés nos lleve a un punto que nos complique la existencia.

El emprendimiento consume muchas energías y cuando nos centramos en emprender solemos perder de vista el necesario equilibrio de cuerpo y mente que debería ser obligatorio en nuestras vidas.

Y no es tontería empezar a afrontar el estrés viendo los síntomas del mismo y por supuesto las consecuencias dañinas que puede conllevar. A modo de ejemplos. Sufrimos alteraciones físicas (se dispara la tensión o las palpitaciones, y surgen ataques de acidez en el estómago), mentales (desde obcecarnos en pensamientos carentes de lógica a pérdidas de memoria), emocionales (asaltándonos fobias que hace unos meses nos parecerían absurdas) y fuertes cambios de carácter (mal humor y una facilísima habilidad para irritarnos por las cosas más nimias). En fin: juzguen ustedes mismos. Y como dice mi amigo Goyo: “Y no te extrañe que un día sin venir a cuento se te rompa un hueso”.

A lo largo de estos años he ido coleccionando diversos artículos en la materia. Así que me gustaría comentar algunas de las pautas que pueden ser interesantes, aunque no las únicas, para poder proclamar el “Mens sana in corpore emprendedor” que titula el artículo.

En primer lugar cuida el sueño. Los trastornos del sueño son habituales cuando se está en fases de excitación y es necesario tener unos mínimos de calidad en el mismo para funcionar bien al día siguiente. No se trata de dormir mucho ni poco, se trata de dormir lo suficiente. Da igual si utilizas técnicas respiratorias o cuentas ovejitas para relajarte y alcanzar el sueño. Y si te has visto en la necesidad de utilizar fármacos para dormir pásate a las infusiones.

En segundo lugar cuida tu dieta alimenticia. No se trata de ponernos a régimen sino de comer con moderación huyendo del exceso de grasas y de la ingesta de grandes cantidades de alimentos. Es muy importante hacer las cinco comidas diarias, teniendo especial cuidado en aumentar el consumo de frutas. Si ya sé que no siempre es fácil, que el cuerpo unos días nos pide no comer mucho y otras llenarnos. Pero recuerda que la clave está en dar al cuerpo lo que necesita.

En tercer lugar realiza ejercicios físicos de manera moderada. No es necesario convertirnos en deportistas olímpicos, pero sí de alcanzar un mayor bienestar corporal. Las opciones son muchas y variadas: ir al gimnasio, practicar deportes de equipo, salir a correr, o andar a buen ritmo entre 6 y 8 kilómetros, etc. Se trata de que cada cual busque aquellos que se ve capacitado para hacer. Tampoco hay que hacerlo todos los días, pero al menos dos días a la semana hay que intentar sacar ese ratito. Y si el estrés te agobia en demasía recuerda que el yoga también es un buen complemento para la actividad deportiva.

En cuarto lugar combate el desgaste físico y mental que supone pasarse horas y horas sentados al ordenador. Estamos enfrascados en nuestro proyecto, meditando sobre una idea y buscando valiosa información por Internet, y sin darnos cuenta han pasado cuatro horas sin levantarnos de la silla. Ese es el minuto en que nos empieza a quebrar todo el cuerpo; las tres horas y cincuenta y nueve minutos anteriores no lo habíamos notado, pero este minuto es mortal de necesidad. Ligeros masajes en los ojos, movimientos de cuello y levantarnos para hacer estiramientos pueden ser buenos aliados  para que el cuerpo no se nos agarrote.

También es recomendable separar el tiempo personal del  tiempo para el emprendimiento. Ya sé que cuando desarrollas tu idea ésta te absorbe, pero hay momentos en que debes centrarte en quienes están a tu alrededor. Estoy seguro que hay muchas personas que te aprecian (bueno y si no es así siempre hay alguien dispuesto para tomar una caña; o puedes apuntarte al club parroquial). Hay que relacionarse, cambiar de tema y reírse, aunque sea apuntándote a unas clases de risoterapia. Y no hay que olvidar moderar el consumo de tabaco y alcohol, pero también de café y otros excitantes.

Casi todo lo anterior pasa por establecer unas rutinas de conciliación en nuestras labores como emprendedores y las pautas que queremos desarrollar. Sé que no es fácil (soy un ejemplo). Tampoco se trata de aplicar de golpe y en bloque todas estas pautas a a la vez.  Si así lo hacemos lo más probable es que con las misma radicalidad con la que empezamos la usemos para desistir. Algo así como de un “¡A por todo!” pasamos a un “¡A paseo todo!”.

Contado así parece muy fácil, aunque la realidad es que exigen una gran fuerza de voluntad. Ahora les invito a marcarse unas pequeñas pautas e intentar cumplirlas. Yo prometo intentarlo.

 

¿Has sentido ese deterioro físico y mental? ¿Qué pautas has usado para combatirlo? Si te ha gustado comparte.

¿Es la capitalización por desempleo la solución?

¿Es la capitalización por desempleo la solución?

El pasado sábado día 14 de marzo el Presidente del Gobierno anunció que “en las próximas semanas vamos a presentar el proyecto de ley de actualización del Estatuto de Trabajo Autónomo y Fomento de la Economía Social”. El escenario no podía ser mejor: II Foro de Autónomos y Emprendedores de ATA (Asociación de Trabajadores Autónomos); Córdoba en plena campaña de las elecciones andaluzas; y un presidente de ATA, según cuentan las crónicas, entregado al del Gobierno de España. Es decir, los aplausos no iban a faltar y ya sabemos que los presidentes de cualquier gobierno necesitan su público, para subirles el ego (o eso supongo).

Entre las nuevas medidas que se van a establecer el Presidente del Gobierno citaba el no tener que renunciar a la tarifa plan de 50 euros para cubrir la cuota de Seguridad Social del Régimen Especial de Trabajadores Autónomos cuando contratasen trabajadores; y la que desde las notas oficiales de comunicación parece la medida estrella: que los futuros autónomos u emprendedores de cualquier edad puedan podrán capitalizar el cien por cien de la prestación por desempleo o si lo prefieren compatibilizar la prestación con el inicio de una actividad emprendedora entre otras medidas”.

No hay duda de que este y el próximo año se aproximan varias e importantes citas con las urnas. Tras un par de años afrontando una subida del Impuesto del Valor Añadido hay que desempolvar la bandera de la libertad de comercio y de la baja presión fiscal para afrontar las elecciones generales del 2016. Como señalan en diferentes medios de comunicación especializados y foros las medidas van a llegar un poco tarde. Opinión que a la luz de varias experiencias recientes de autoempleo que conozco muy de cerca son más que acertadas.

No hay duda de que a la capitalización por desempleo puede ser una herramienta muy valiosa a la hora de contribuir a generar actividad económica. Sin embargo el planteamiento utilitarista y cortoplacista que se le da por parte de quien gobierne pervierte la eficacia de la misma.

Es utilitarista porque responde a exceptivas de los Gobiernos para anunciar grandes medidas; y es cortoplacista porque se concibe para situaciones muy concretas. Ejemplo, como existe una preocupación por el desempleo juvenil se permite la capitalización al cien por cien sólo a jóvenes menores de 30 años. El alcance real de las medidas no importa. Salvo casos concretos de personas muy emprendedoras o de sucesión en negocios familiares ¿cuántos jóvenes menores de 30 años conocemos que se hayan lanzado a montar su empresa? Normalmente están todavía desarrollando su profesionalidad para más tarde poder ser independientes. Y sin embargo al colectivo que está en mayor disponibilidad de emprender, alrededor de los cuarenta años, no se le facilitan igualmente las cosas.

Si realmente los gobiernos se creyesen todas las medidas que anuncian deberían tener en cuenta el principio de la igualdad. Que es la única forma de generar universalidad en las medidas. En cambio adecuan las medidas a la finalidad pretendida y lo que debería ser un derecho consolidado se convierte un algo otorgado. Y esto es contraproducente porque genera discriminación y falta de certeza entre quienes están desarrollando una idea de negocio. El futuro emprendedor debería percibir claramente con que puede contar o podría haber contado ayer, hoy y mañana. Y máxime cuando la capitalización por desempleo es por unos derechos generados a su nombre. No salen de otras partidas económicas, ya que dependen de lo que tanto el trabajador por cuenta ajena como su empresario han cotizado por su persona.

Como alternativa a la situación existente desde distintos medios se vuelve a desempolvar la vieja bandera de la mochila austriaca, matizada en función de lo que cada uno le gustaría que fuese. Y digo “vieja bandera” porque aunque ahora el partido político Ciudadanos haya vuelto a hablar de ella, ya en las dos legislaturas del Presidente Aznar se propuso como modelo a estudiar por economistas y tertulianos afines a su partido.

La mochila austriaca básicamente consiste en que cada trabajador se lleve el acumulado que para el concepto de desempleo, que es del que se nutre la capitalización, se ha cotizado a lo largo de su vida laboral con la finalidad de que puede disponer discrecionalmente de él.  La idea es interesante, supongamos que tengo 30.000 euros acumulados y necesito 15.000 para montar mi negocio; pues les cojo de mi acumulado, pero como también necesito comer y pagar la hipoteca retiro otros 1.500 euros. Enfocado así es más útil, práctico, y eficiente que los engorrosos expedientes que se generan en los servicios públicos de empleo.

Puede haber quien critique que el disponer discrecionalmente del dinero no es adecuado porque a lo mejor es utilizado para “malos vicios” o “de manera inadecuada”. Pues yo  les respondería que “sí así lo hiciesen que es su problema y que a mí ni me va ni me viene”. Y es que ya está bien de justificar la injerencia de lo público en lo privado en base al tufo a moralina que impregna tanto a las llamadas izquierdas como derechas. Lo mismo que los citados “engorrosos expedientes” que sólo se justifican como instrumentos de control administrativos y la existencia del personal funcionario que los gestiona. Se les olvida que cada individuo ha de ser responsable de sus actos, y que mientras obre dentro de la legalidad no debe dar más explicaciones.

Y simplemente esta es mi opinión, se puede compartir o no. Pero creo que los que generamos o queremos generar actividad económica tenemos algo que decir cuando el tema nos afecta a nosotros.

¿Has capitalizado el desempleo? ¿Te ha parecido un sistema ágil o burocratizado? ¿Qué opinas de cambiar el sistema de capitalización por desempleo?

 

Fotografía: Por  angelolucas   CC0 Public Domain. [http://pixabay.com/es/service/terms/#download_terms], vía http://pixabay.com/