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Personal y organizaciones: reflexiones.

Personal y organizaciones: reflexiones.

Hoy me gustaría hacer algunas reflexiones sobre el personal que desempeña algún tipo de actividad en las múltiples organizaciones no lucrativas, u organizaciones no gubernamentales, que actúan sobre los diferentes ámbitos locales. Me refiero a directivos (del entorno asociativo o contratados para la gerencia), trabajadores y voluntarios.

A nadie que conozca mínimamente el mundo de estas organizaciones se le escapa el crítico momento actual que están pasando. El extremado recorte de fondos públicos, la tradicional falta de búsqueda de alternativas de autofinanciación y la competencia entre entidades, ocasionan una situación de inestabilidad y de  búsqueda de la supervivencia en las mismas hasta ahora nunca vista.

Si siempre es necesario tener un personal involucrado en su tarea, desde la cabeza a los pies de la organización, en los tiempos actuales es más crucial todavía. No en vano es una cuestión de pervivencia para la propia organización; y de la vida de la organización depende también la de su personal. Evidentemente esta vinculación organización-personal tendrá diferentes interpretaciones en función de dónde estemos situados. Para unos representará un medio de vida y para otros su contribución a la sociedad haciendo voluntariado o participando activamente en el liderazgo del movimiento asociativo.

Sin embargo, con independencia de que pertenezcamos a uno u otro grupo dentro de la organización se hace necesario facilitar un ambiente de trabajo basado en la labor común y en la misma dirección de todas las personas involucradas en la misma. No se trata de crear un entorno en que todos sean felices ni busquen alcanzar el estado de la iluminación tibetana; se trata de que el ambiente propicie el compromiso con el fin de la organización, que no olvidemos que no se vuelcan en  producir vehículos, sino en realizar acción social con otras personas habitualmente desfavorecidas en algún aspecto de su vida. Tampoco significa que ese compromiso signifique un coste mayor del tiempo que cada uno aporta en función de su papel en la organización. Se trata de calidad, no cantidad.

El primer paso para involucrar a todos los actores de la organización parte de la comprensión del papel que juegan unos y otros en la organización. Es un juego de empatía. Directivos, trabajadores y voluntarios deben conocer las inquietudes que mueven a los otros grupos. Para lo cual es necesario un ejercicio de transparencia. Si, por ejemplo, los directivos ocultan sus planes ¿cómo van a pretender que aquellos que se van a ver directamente afectados por sus decisiones se pongan en su lugar? Si los trabajadores no manifiestan sus aspiraciones ¿cómo  van a formularse líneas de actuación que las contemplen? Y si los voluntarios no indican cómo les gustaría realizar su trabajo ¿cómo se cuadrará el desempeño voluntario con la finalidad del voluntariado? Pero también es un juego de confianza mutua, de respeto a la confidencialidad.

No se nos debe olvidar que: en donde el personal directivo actúa con ocultismo causa incertidumbre. Donde el personal no es escuchado se  genera menor motivación. Y donde el voluntariado se hace pero no se tiene en cuenta al voluntario se causa desistimiento.

Lo anterior desde el punto de vista de la gestión de recursos humanos me lleva a plantearme dos cuestiones. La primera ¿Cómo organizar todo el capital intelectual de los actores implicados? Y la segunda ¿Cómo crear buenas prácticas  que motiven y comprometan a todo ellos?

Respecto al capital intelectual es relativamente fácil conocer el que poseen los miembros de una organización, sin embargo medirlo adecuadamente y encauzarlo para la misión conjunta es otra cuestión. Como todo se puede afrontar este proceso de manera que sobre el papel parezca que se están dando pasos (encuestas de satisfacción, o número de horas formativas que reciben los miembros); o se pueden preocupar del desarrollo real de competencias profesionales dentro de la organización ahondando en el compromiso con la misma. La clave radica en si queremos presumir de lo bien formado y competentes que somos todos; o si por el contrario queremos trabajar para aunar lo individual en pos de la mejora en la organización.

En lo tocante a identificar y desarrollar buenas prácticas para motivar a los actores implicados existe una fórmula de dos  elementos que no suele fallar: comunicación y compensación. El tratar a los empleados con un enfoque más humano en este tipo de organizaciones se presupone en el ADN organizativo. Todos los actores de la organización deben saber comunicar qué hacen y cómo para que los encargados de identificar lo mejor de la praxis puedan realizar su trabajo. Y respecto a las compensaciones, no necesariamente han de ser económicas o materiales, el reconocimiento, la autoorganización de los tiempos de trabajo o la flexibilidad de horarios en caso de necesidad pueden ser dos buenas herramientas para motivar a todo el personal.

En 1989 Peter Drucker, el Padre del management moderno, invitó a las empresas a que mirasen hacia las grandes organizaciones sociales para conseguir el compromiso de los trabajadores aportando conocimiento. Básicamente, y salvando las distancias, proponía tratar a los empleados como “voluntarios” de la empresa. Tras veinticinco años en que muchas organizaciones han crecido y se han convertido en cuasiempresariales, se puede hacer necesario recordar algunas de las claves que sobre ellas mismas significó Drucker. Claves que hemos adaptado para este artículo:

  • Tener una misión clara que impulse todo lo que la organización hace. Todos han de percibir que van al unísono para lograr el mismo objetivo. La labor de los directivos, trabajadores y voluntarios no debe ser visto como algo que conviene a la organización en sí, sino como parte de su misión para lograr el impacto social positivo que se busca desde este tipo de organizaciones.
  • Ofrecer un trabajo con sentido, donde los conocimientos y competencias de todos ellos se conjuguen para un mejor resultado. Que se perciba que el granito de arena que ha puesto uno es necesario para el compañero.
  • Formación continua, no sólo externa, también de los más veteranos hacia aquellos noveles que se incorporen en cualquier estamento de la organización.
  • Permitir una gran participación en la fijación de metas de rendimiento y en la toma de decisiones que afecten a su trabajo y a la organización. En una palabra que todos y cada uno hagan suyos los objetivos de la organización.

Aplicar una correcta política hacia todo el personal que está implicado en la organización ayuda a mejorar la productividad y a fomentar la creatividad. Y una organización productiva y creativa tiene más posibilidades de buscar alternativas y soluciones a la situación problemática que vive el sector.

Si participas en una organización de este tipo ¿percibes algunas de estas claves? ¿Cuál es la más importante para ti?

 

Lo que sé, lo que hago y lo que cobro.

Lo que sé, lo que hago y lo que cobro.

Allá por el mes de agosto de 2014 comenzó a circular una campaña bajo el lema: “No cobro por lo que hago, cobro por lo que sé”. Se reivindicaban así los servicios profesionales basados en intangibles. Aunque no es la primera vez que esto sucedía, fotomontajes como el del diseñador gráfico que decía que su cliente pensaba que tenía un botón para “hacer bonita la Web”, o “Soy un artista. No voy a trabajar gratis. Tengo facturas como tú”; son algunos de los virales que de vez en cuando se asoman a la pantalla de nuestro ordenador (actualmente habrá que decir también tablets y móviles).

Es muy fácil para un cliente aceptar el precio de un producto, ya sea bien o servicio, de adquisición común, por ejemplo: vamos al notario y sabemos que por la primera firma vamos a pagar de 50 € para arriba y no rechistamos;  o tomamos un café y pagamos a partir 1,20 € (lejos de los 60 céntimos que suponía que valía el anterior inquilino de la Moncloa). En el caso del notario, el más próximo a los intangibles, asumimos que esa firma, el papel timbrado, la custodia documental y la trascendencia oficial del mismo bien merecen ese precio.

Sin embargo en el caso de otros profesionales, mayormente ubicados en nuestro ámbito local, nos cuesta entender que tras el resultado que nos ofrecen hay un valor que no percibimos. Da igual que hablemos de un artesano vidriero que de un experto en diseño y mantenimiento Web, por poner dos ejemplos.

Volviendo a la campaña, evidentemente el lema funcionó, es atractivo, hasta se lo han apropiado otros ajenos al mundo para el que fue concebido. Es decir, reivindicar que en un determinado puesto de trabajo por cuenta ajena se cobre poco es una cuestión de una negociación colectiva, si tienes que reivindicar será por otros cauces (cosa que en determinados sectores habría que hacerlo más a menudo).

También la campaña tuvo sus detractores en quienes tras el lema empezaron a analizar las particularidades y lo que implicaban sus palabras. No voy a entrar en ellas porque sería ir particularizando con ejemplos uno a uno. Simplemente me quedo con un hecho, y es que la campaña consiguió su objetivo de llamar la atención sobre esta situación.

Lo anterior nos sirve de excusa para hablar de tres elementos que se le plantean a todo profesional que se lanza a realizar una actividad económica por su cuenta; y que dan título a este artículo: Lo que sé, lo que hago y lo que cobro.

Lo que sé. Es decir, mis conocimientos. Adquiridos de manera formal, no necesariamente sometida a itinerarios reglados, en base a mis experiencias vitales o combinando ambas fórmulas. Son el bagaje que llevamos a nuestras espaldas. Sin embargo el saber o el conocimiento en sí mismo no es un elemento de facturación. Si fuese así el mero hecho de tener una carrera y dos postgrados nos daría derecho a una paga vitalicia. La realidad es la contraria, somos nosotros, o en su efecto el estado con el dinero de todos, los que pagamos por formarnos.

Otro hecho que desmonta el valor del conocimiento per se es la profesión a la que uno se dedique. Yo puedo ser ingeniero industrial, pero si trabajo de camarero recibiré el salario como camarero no como ingeniero. Que quizás sea superior al del puesto de ingeniero. A este ejemplo alguien podrá objetar ¿pero si me he formado de camarero y trabajo como tal? La respuesta es muy sencilla, hemos utilizado para referirnos a la formación los términos “por sí misma” y “per se”; y el trabajo que realizamos  es el hecho, es decir el segundo elemento al que nos referimos: lo que hago.

Lo que hago, en román paladino: lo que ofrezco a mis clientes. Llámese saber hacer o profesionalidad. Es lo que el cliente va a demandar de mí, pero no olvidemos que ante una demanda hay un ofrecimiento. No sólo dándole las soluciones que él requiere, también ofreciéndole alternativas que le serán útiles y que quizás no se ha planteado. Respecto a esto último decía el gran empresario de la industria del automóvil Henry Ford que si hubiese hecho caso a sus clientes les habría dado caballos más veloces.

Existe, a mi modo de ver, una reflexión muy interesante entre lo que sé y lo que hago: “Puedo saber poco, pero hacerlo muy bien; o saber mucho pero a la hora de la práctica hacerlo no tan bien (ojo, qué no digo mal). Y es que la clave de lo que hago son los resultados”. Me van a preguntar qué problema resuelvo y cómo. Y es que actualmente todo se orienta al resultado, incluso en muchos restaurantes no te dan de comer, te ofrecen sensaciones al paladar (forma cursi de llamar a la comida, pero que  crea en el cliente una sensación por la que además te cobran más caro y estás dispuesto a pagarlo).

Dejando la anécdota culinaria aparte. Lo que está claro es que el cliente busca algo. Y nuestra misión, ya seamos un artesano, un diseñador gráfico, o un contador de nubes, es hacerle percibir el trabajo intangible que se necesita para que él obtenga un resultado satisfactorio.

Y lo anterior nos introduce el tercer elemento que tratamos, lo que cobro. Que normalmente es lo que más interesa, ya se sea el profesional o el cliente. Muy  resumidamente nos situamos entre unos gastos objetivos y cuantificables (medios físicos que necesito para desarrollar mi trabajo), y otros basados en los intangibles. Lo primero es saber valorar nuestro trabajo, si yo pido este precio es porque detrás hay un bagaje de conocimientos y un saber hacer que lo sustentan. Lo segundo saber comunicarlo; muchas veces nos centramos en saber hacer algo a la perfección pero se nos olvida que hay que saber venderlo.

No hay fórmulas mágicas, lo único es dejar antes perfectamente claro que si busca este resultado son 15 y si busca este otro son 20. También es muy útil hacerle visualizar el resultado en función de las potencialidades que ofrece, del dinamismo a posteriori que se le puede dar al mismo. Lo mismo que hacerles percibir la exclusividad de lo que le ofrecemos. Pero mucho ojo, que por muy bien que hagamos las cosas hay que tener en cuenta la existencia de competencia. Si esta es leal actuará de buena fe y será una lucha entre iguales; pero no estamos a salvo de que alguien llegue ofreciendo lo mismo por muchísimo menos, rompiendo unos precios más o menos equilibrados en base a mala praxis profesional.

Este artículo no ha pretendido ser una guía para establecer precios, si no una base de reflexión para que cada uno lo apliquemos en nuestro negocio local. Evidentemente este texto es un punto de vista personal. Y la opinión es como los traseros, cada cual tiene el suyo de modo personal e intransferible.

¿Qué opinas de este tema? En tu caso personal ¿qué pautas usas para cohesionar tu conocimiento, tu hacer y el precio que cobras?

Fotografía: Por FirmBee CC0 Public Domain. [http://pixabay.com/es/service/terms/#download_terms], vía http://pixabay.com/

La “titulitis” y el nuevo paradigma económico-laboral.

La “titulitis” y el nuevo paradigma económico-laboral.

En torno a los cambios en el paradigma económico-laboral se están generando muchos e interesantes debates; unos criticando los efectos que se prevén a medio y largo plazo, y otros para alabar sus virtudes en base a las posibilidades que abren. Sea como fuere lo que está claro es que a nadie que tenga conciencia de este fenómeno y lo que va a significar le deja indiferente.

Parece como que el cambio de paradigma per se tenga que ser bueno o malo. Algunos blogueros y tertulianos tratan de relativizar el cambio de paradigma y valorarle en función de alguno de sus aspectos individuales. Cómo que un cambio de paradigma fuese algo monolítico. Se olvidan de la multitud de aspectos que conforman un fenómeno tan complejo.

Hoy me gustaría centrarme en uno de los aspectos, que a nivel personal me parece más interesante, y que es la pugna entre la “titulitis” frente a los conocimientos autodidactas. Tradicionalmente venimos de una sociedad en donde si no posees una determinada titulación no puedes desempeñar una actividad determinada porque se presuponen unos conocimientos inferiores frente a aquel que posee un diploma determinado.

No hay que confundir esto con el desempeño de profesiones que exigen un itinerario académico-profesional determinado. Y si alguien no está de acuerdo con esto le invito a que se busquen un cirujano que haya aprendido el oficio a través de videotutoriales y sin ninguna formación reglada. Ni tampoco me refiero a los requisitos administrativos y legales que se exijan para llevar adelante un determinado proyecto con sus correspondientes firmas; por mucho que yo sepa de diseñar edificios o los conocimientos para el cálculo de estructuras no puedo legalmente avalar una documentación (lo cual no quita que pueda participar en estos procesos avalados por quien sí tiene firma).

A lo que me refiero es a ese pensamiento equivocado que dice que como se posee un diploma  ya sabes hacer esto o lo otro. Me explico con un hecho real: En una ocasión una mujer me comentaba que le parecía injusto que a su hijo, que se había especializado en marketing en una prestigiosa institución, no le hubiesen contratado en una agencia de publicidad y en cambio sí lo hubiesen hecho con otro que no tenía estudios. El otro candidato había aprendido por su cuenta y a ella le había costado su buen dinero. Lo que esta persona no entendía es que el talento y la creatividad no se obtienen aprobando exámenes.

El pensamiento que manifestaba esta mujer parte de un error muy común y que consiste en considerar la formación como una finalidad en sí misma. Cuando la realidad es que un título, no necesariamente universitario, es un medio que posibilita tener unos conocimientos de base pero que dista mucho de ser plenamente un profesional en una materia determinada. Para poder desempeñar una determinada actividad hay que tener, entre otras cosas, talento para la misma. Yo puedo aprenderme de memoria un determinado corpus legislativo pero sí mi mente no es capaz de reproducir los esquemas mentales que lo relacionan a la hora de componer un caso práctico nunca podré ejercer con éxito de abogado.

Cada día es más habitual a la hora de buscar empleo que te pregunten “¿qué problema me resuelve eso que dices que sabes hacer?”. Ya conocen tú curriculum, ya han visto los títulos y diplomas que posees subrayados en negrita, ahora el planteamiento cambia. El empresario busca resultados, de hecho cada vez son más las pruebas prácticas que se realizan. Y si estás en la tesitura del autoempleo la pregunta anterior suena así “¿qué problemas resuelvo a los demás?, ¿qué resultados les puedo ofrecer?”. Aquí no valen los diplomas, aquí valen los hechos. No quiere decir esto que no haya que adquirir conocimientos, todo lo contrario. Hay que coleccionar conocimientos en lugar de diplomas.

Cuando estudiábamos enfocaban nuestros esfuerzos a obtener títulos, la famosa “titulitis”, lo cual es nefasto para desarrollar la creatividad. El sistema educativo se orienta a superar unos exámenes, no a saber desenvolverse de manera rápida y efectiva en las mil y unas vicisitudes de la vida diaria. Y es que a nadie se le escapa que la creatividad no es algo que se aprenda en la formación reglada. Podemos aprender mucha teoría cobre la creatividad, pero no a ser creativo. Tenemos un sistema que premia los aciertos, en vez de dejar probar y permitir analizar resultados por sí mismo.

Una vez que tenemos una formación de base lo importante es adquirir conocimientos, ya sea en procesos reglados ya sea de forma autodidacta, pero siempre enfocados a que nos permitan resolver algún asunto que se nos pueda plantear. Como ya he dicho cuando nos entrevisten para un trabajo u ofrezcamos nuestros servicios quieren saber que problemas les resolvemos.

 

¿Consideras que estamos llegando al final de la “titulitis”? Si eres autodidacta nos cuentas si lo que has aprendido a hacer te es de utilidad. 

 

Fotografía: Por  jarmoluk CC0 Public Domain. [http://pixabay.com/es/service/terms/#download_terms], vía http://pixabay.com/

El turismo ecuestre: recurso a desarrollar.

El turismo ecuestre: recurso a desarrollar.

Durante los años que profesionalmente estuve vinculado al desarrollo local en el Camino de Santiago no fue infrecuente ver peregrinos a caballo, no es que abundasen pero tampoco es que vieses uno de trimestre en trimestre. El caballo no deja de ser, junto con el  caminar, un medio de transporte originario en la ruta jacobea. Históricamente los más humildes a pie, y los más pudientes (alto clero y nobleza) en sus cabalgaduras. Conversando con algunos jinetes, que buscaban más acomodo para sus cabalgaduras que para ellos, te percatabas de lo poco desarrollado que está el turismo orientado hacia quienes les gusta disfrutar de sus cabalgaduras, ya sea como jinetes o como conductores de un carro.

Cuando profundizas en el tema te percatas no  sólo de que es un recurso turístico poco desarrollado, sino también de las oportunidades que ofrece para el medio rural. Estamos hablando por un lado de instalaciones y servicios para atender las personas (alojamiento, restauración, comercio local); y por otro para atender a los animales (cuadras y comida), que además va a permitir poner en valor recursos ociosos e infrautilizados existentes.

Evidentemente de todo lo expuesto hasta aquí ya ha habido quienes se han dado cuenta. En las últimas dos décadas conozco casos de picaderos, centros de pupilaje y doma, que empezaban a diversificar su actividad económica organizando rutas de dos o tres días a caballo. Más recientemente podemos hablar, entre otros, del proyecto de cooperación transnacional de entidades de desarrollo local de España, Francia, Hungría y Portugal que ha buscado la creación de una red europea de posadas ecuestres, contando además con la cooperación de la Real Federación de Hípica Española. En la actualidad, fruto del proyecto anterior, se han homologado una serie de itinerarios. No quiere decir esto que sean estos y sólo estos los únicos itinerarios que pueden realizarse. Por ejemplo, en Castilla y León este tipo de actividades se consideran de turismo activo, donde los titulares de estas actividades recabando los permisos pertinentes pueden desarrollar diferentes rutas.

Aunque cada día este tipo de actividades se han democratizado más, lo cierto es que mayoritariamente siguen siendo quienes las practican personas de poder adquisitivo medio-alto, en especial cuando hablamos de aquellos que son propietarios de los caballos. Este argumento puede posibilitar en gran medida animar a los particulares a realizar las inversiones necesarias para ir creando las infraestructuras necesarias.

Y es que cuando de turismo ecuestre se trata, estamos hablando de todo un microcosmos de actividad económica que se generará a su alrededor. En el segundo párrafo ya se ha mencionado el alojamiento de personas y animales pero también hablamos de: mantenimiento y recuperación de caminos, instalación de toda la señalética informativa, edición de material turístico y promocional, y/o complemento económico para veterinarios y herreros. Donde ahora podemos traducir todo esto en puestos de trabajo que puede ayudar a generar o, más fácilmente, a mantener los ya existentes. Teniendo en cuenta que todo ello conlleva procesos de formación para la especialización del personal.

Lo que tampoco se debe perder de vista es la alta conjugación del turismo ecuestre con otros recursos turísticos ya existentes, como el ejemplo inicial del Camino de Santiago; el turismo ecuestre no necesariamente debe discurrir por escarpados montes ni profundos desfiladeros. Todos los paisajes de nuestra geografía rural tienen su encanto, la cuestión está en saber venderlos. Ni tampoco olvidar que la gastronomía es una buena compañera de camino, igual que encontrarse monumentos.

Por supuesto que desarrollar el turismo ecuestre requiere de la complicidad de todos aquellos que tienen intereses en el territorio, desde las Administraciones Públicas a los ciudadanos particulares, pasando por las asociaciones de empresarios y los grupos de acción local. Respecto a las Administraciones Públicas no debemos olvidar competencias sobre tránsito de animales y alojamiento de los mismos, competencias sobre los propios caminos, sobre el propio turismo, etc. Tampoco hay que perder de vista el papel de los grupos de acción local a la hora de buscar y promocionar los itinerarios más adecuados en su territorio y de realizar una formación acorde a las necesidades de las personas que quieran trabajar en este tema y en las diferentes actividades que pueden darse. Nunca hay que descartar la colaboración entre particulares. El dueño de cualquier establecimiento de turismo rural puede perfectamente convenir con alguno de sus vecinos que mientras él aloja a las personas el otro cuide de los caballos. Siempre que se reúnan los requisitos, que puedan ser exigibles por cada administración regional o las ordenanzas municipales, el turismo ecuestre puede ser un complemento de renta para economías familiares agrarias.

Aunque sobre el papel parece fácil, ahora toca que los valientes den un paso al frente.

Si conoces algún itinerario existente ¿consideras que conjuga todos los elementos mencionados? ¿Mejorarías algo? Si estás pensando en desarrollar uno ¿nos cuentas las claves que lo hacen más vendible?

 

Fotografía: Por Rudy2006  CC0 Public Domain. [http://pixabay.com/es/service/terms/#download_terms], vía http://pixabay.com/

El Índice de Libertad Económica 2015.

El Índice de Libertad Económica 2015.

Hace unos días se ha publicado el Índice de Libertad Económica 2015, cuya mayor utilidad radica en que sirve para conocer el grado de libertad existente a la hora de generar actividad económica en un determinado país. El actual índice se ha elaborado con los datos referentes a 2014. Desde 1995 el centro de investigación política The Heritage Foundation, con sede en los Estados Unidos de América, realiza una investigación para tomar el pulso a la libertad económica y de mercado. El Índice de Libertad Económica se ha convertido en una publicación de referencia en el ámbito económico a nivel mundial, tanto para economistas y sociólogos como para inversores. Destacando del mismo la amplitud del estudio y lo rigurosos de la metodología de elaboración. Respecto a lo primero este último informe se ha realizado sobre 178 países. Y respecto a lo segundo 10 han sido las libertades analizadas agrupadas en 4 apartados que son:

  • El estado de derecho: derecho de propiedad y libertad frente a la corrupción.
  • Tamaño del gobierno: libertad fiscal y gasto público.
  • Eficacia reguladora: libertad empresarial, libertad laboral y libertad monetaria.
  • Apertura de los mercados: libertad comercial, libertad de inversión y libertad financiera.

La ubicación de los diferentes países en el índice se mide en un centenar de puntos, donde de 80 a 100 se considera que es libre, de 70 a 79,9 se es mayormente libre; de 60 a 69,9 el país es moderadamente libre; de 50 a 59,9 la nación es mayormente libre; y de 0 a 49,9 se considera que la libertad económica está reprimida.

Del presente informe destaca que “la libertad económica ha incrementado a nivel mundial por tercer año consecutivo”. Aunque la media mundial se encuentra en el 60,4, es decir el mundo es moderadamente libre. También se recuerda que aproximadamente el 65% de la población mundial vive en economías mayormente controladas o reprimidas. Aunque se percibe una tendencia a escalar puntos entre los países de economías poco desarrolladas o emergentes.

También señala que sólo cinco economías se encuentran en la parte alta de la clasificación, que de mayor a menor son: Hong-Kong, Singapur, Nueva Zelanda, Australia y Suiza. Tendremos que esperar a ver cómo siguen desarrollándose la tutela de la República Popular China sobre la Región Administrativa especial de Hong-Kong para ver si sigue a la cabeza del ranking en próximos años; a la par que el segundo en el ranking, Singapur, técnicamente está al borde del empate.

El incremento mundial de la libertad económica ha estado motivado por la mejor puntuación en los apartados de libertad comercial, monetaria y frente a la corrupción. Poniendo en relación las áreas geográficas y categorías de clasificación en que están los diferentes países se constatan los siguientes hechos:

  • Que los tres países de América del Norte se hallan en la clasificación de mayormente libres y moderadamente libres.
  • Que Medio en Oriente/África del Norte los grandes productores de petróleo están en las dos categorías anteriormente citadas. Y que la zona participa de cuatro de las cinco clasificaciones, con la excepción de libre.
  • Que Centroamérica, el Caribe y Sudamérica están lideradas por Chile, Colombia y Santa Lucía.
  • Que la zona Asia-Pacífico ocupa los cuatro primeros puestos de la clasificación mundial. Pero que a la vez es un área geográfica muy heterogénea donde también está el menor puntuado, que es la República Popular democrática de Corea del norte.
  • Que en Europa se dan también las cinco categorías de puntuación, encabezadas por Suiza. Destacando también el informe la pujanza de Estonia en los últimos años para escalar puestos. Y que Grecia y Rusia son donde más se reprime a misma.

Concluye esta publicación con la relevancia que la libertad económica tiene para el desarrollo socioeconómico, para lo cual la pone en comparativa  con la salud, los ingresos per cápita, educación y medioambiente.

Respecto a España nos encontramos que ocupa el puesto número 49 dentro del grupo de los moderadamente libres. Lo que nos ubica tras países como Chipre, Botsuana, Barbados, Perú o Jamaica. Curiosa posición y compañeros de ubicación si atendemos a lo que se vende desde los estamentos políticos. Máxime si tenemos en cuenta que libertad económica también conlleva libertad de emprendimiento, y aquí no hacen más que vendernos el discurso de lo fácil que es emprender.

Sé que suena como un alegato, pero creo que: No puede existir libertad económica mientras las grandes empresas e inversores puedan jugar con unas reglas y los autónomos y pymes con otras. No puede existir libertad económica mientras quienes representan el poder político acudan, cuando dejan el cargo, a embolsarse pingües beneficios en las grandes empresas de la nación.  No puede existir libertad económica mientras la corrupción sea una de las principales preocupaciones de los habitantes de un país. No puede existir libertad económica mientras la corrupción puede llegar a ser legitimada desde el estamento judicial dejando sin contenido la intencionalidad en la acción punible, recordando el caso del Exvicepresidente del Gobierno Español José Blanco. No puede existir libertad económica mientras exista la doctrina Botín, es decir pasar por la caja de la hacienda pública se evita ir a juicio.  En definitiva, no puede existir libertad económica mientras no juguemos todos con las mismas reglas.

¿Consideras que la libertad económica conlleva desarrollo socioeconómico? ¿Qué medidas propondrías para que España escalase puestos en el índice?