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La innovación en el producto.

La innovación en el producto.

Cerrábamos el artículo del viernes pasado, introductorio del tema de la innovación, indicando que acorde al Manual de Oslo se distinguen principalmente cuatro tipos: “de producto, de proceso, de mercadotecnia (citada en otros manuales como marketing) y de organización”. Hoy vamos a desarrollar el primero de ellos con enfoque local.

Entiende el Manual de Oslo que una innovación de producto consiste “en la introducción de un bien o de un servicio nuevo, o significativamente mejorado, en cuanto a sus características o en cuanto al uso al que se destina. Esta definición incluye la mejora significativa de las características técnicas, de los componentes y de los materiales, de la informática integrada, de la facilidad de uso y de otras características funcionales”. No quiere decir esto que el producto (término que incluye bienes y servicios) deba de participar de todas las características señaladas, puede poseer una, dos, varias o todas.

Es necesario advertir que el acercarse al medio local buscando ejemplos absolutos y universales no es sencillo, la actividad económica en el medio local es muy compleja. Nos encontramos desde el profesional que hace reparaciones, a los comerciantes y a las Pymes que asentadas en un entorno local producen para ámbitos globalizados o nutren de un determinado producto a empresas multinacionales. Esto nos obliga a acercarnos al tema con la mentalidad abierta, siendo conscientes de que existen más manifestaciones del medio local de las que conocemos o en las que vivimos.

El párrafo anterior también nos lleva a plantarnos en dónde enmarcamos la innovación. Si nos ceñimos al Manual de Oslo la referencia sería en la actividad que como profesionales o empresarios venimos realizando; pero también podemos buscar la referencia en nuestro entorno local más inmediato, en los diferentes entornos locales que nos rodean, o a nivel mundial, por poner ejemplos. Mi punto de vista ante este tema es utilitarista, ya sea el Manual de Oslo o cualquier otra herramienta hay que hacerla útil para nosotros, nos tiene que servir para darnos una ventaja competitiva frente a nuestros rivales directos. Si nosotros estamos innovando en base a que nadie hace lo mismo en nuestro entorno, pues es una innovación. Otra cosa es que sea una invención si ya lo están realizando en otros ámbitos locales.

Prosigue el texto de referencia con que las innovaciones de producto “pueden utilizar nuevos conocimientos o tecnologías o basarse en nuevas utilizaciones o combinaciones de conocimientos o tecnologías ya existentes”. Y esto puede cristalizar en: “introducción de nuevos bienes y servicios”, “mejoras significativas de las características funcionales” o mejoras en la “utilización de bienes y servicios existentes”. Es decir por un lado tenemos los medios para lograr esa innovación y por otro cómo se cristalizan esos resultados a obtener.

Respecto a los medios se trata de buscar la oportunidad tanto en base a la invención, como a ser capaces de ver las diferentes posibilidades de uso de lo existente. Lo importante es que obtengamos ese resultado innovador.

Respecto a la “introducción de nuevos bienes y servicios”, decir que se definen por diferir “significativamente, desde el punto de vista de sus características o de uso a cual se destinan” a los ya preexistentes. En los últimos años y gracias a la mejora de las vías de comunicaciones físicas y comunicativas se está posibilitando la implantación de actividades económicas que hace veinte años no eran viables; como por ejemplo los centros de transporte logísticos aprovechando las vías de comunicación mencionadas. O simplemente el boom del turismo rural que ha ocasionado un fenómeno económico por su dimisión sin precedentes en el medio rural español. O también la producción ecológica, que ha sido una vuelta a las formas de producción con los medios más tradicionales que se habían relegado en busca de mayores cantidades de producción.

Las “mejoras significativas de las características funcionales”  tienen por finalidad que “los productos tengan un mejor rendimiento”, en esto encontramos múltiples ejemplos en el medio local, en especial en lo referido al sector agrícola. Recuerdo una empresa local que se dedicaba a sistemas de riego semienterrados, operando principalmente en su comarca, que introdujo una mejora significativa en el material con que se confeccionaban las mangueras, logrando un tiempo de uso óptimo significativamente superior, ye vitando el fuerte deterioro que las fuertes heladas ocasionaban en las mismas. Otro ejemplo lo encontramos en las fábricas de quesos con la introducción de las desmoldeadoras de aire comprimido y de los moldes microperforados, que reducen tiempo en la ejecución de tareas y mejor acabado al sacar los quesos; además de evitar lesiones en los trabajadores. Como podemos ver ninguno de los anteriores ejemplos está creando nada nuevo, pero si mejorando significativamente el ya existente.

A mi juicio dentro del medio local son muy significativas las posibilidades que está ofreciendo la innovación en los servicios. El Manual de Oslo habla de las “mejoras significativas en la manera en que estos servicios se prestan (en términos de eficiencia o rapidez, por ejemplo)”, y de “la adición de nuevas funciones o características a servicios existentes, o la introducción de servicios enteramente nuevos”. Con la extensión actual de las tecnologías de la información y comunicación los profesionales, micropymes y pymes tienen acceso a prestar servicios que haces unos años sólo podían estar pensados para empresas de un cierto tamaño. Relaciones con proveedores sin necesidad de pasar por intermediarios, atención de dudas de los clientes reales y posibles, canales de asesoramiento postventa, tiendas on-line que sustituyen a las ventas por catálogo. O como muestra la imagen que ilustra el artículo, la posibilidad de obtener cestas-regalo con productos ecológicos o de la huerta directamente del productor al consumidor y enviados de puerta a puerta.

¿Conoces más manifestaciones de la innovación en el producto en tu medio local? Cuéntanoslas.

Fotografía: Por  Mhy  CC0 Public Domain. [http://pixabay.com/es/service/terms/#download_terms], vía http://pixabay.com/

Nuevo año ad portas.

Nuevo año ad portas.

Llegamos al paso de un año a otro, finaliza el 2014 y comienza el 2015.  Para algunos un día más y para otros un día señalado. Fuera de cualquier consideración festiva, a nivel cronológico marca el fin de un periodo y el inicio de otro.

El fin de año es un buen momento, casi obligatorio, para hacer balance del año y desde Iniciativa Local lo estamos realizando. La primera sensación es la de un año de trabajo intenso, la puesta en marcha de nuestra Web en julio supuso meses de trabajo, no sólo estético. Tras la Web subyace un proyecto emprendedor novedoso basado en la ética de quienes participan del mismo enfocado a una visión del mundo centrada en las personas. Hemos querido contribuir con nuestras aportaciones de conocimiento vía Blog. Parece mentira pero hemos publicado 58 artículos en estos seis meses, con temática muy diversa: herramientas para empresas y para emprendedores, nuevas manifestaciones económicas, funcionamiento de organizaciones, etc. incluso derechos humanos, procurando en todo momento hacerlo desde el enfoque socioeconómico local. Todo ello con la intención de aportar valor a nuestros lectores.

También ha sido un año de continuo aprendizaje, tomando las enseñanzas de todas y cada una de las experiencias que hemos vivido y estamos viviendo. Tanto cuando las cosas nos han ido bien, pensando en perfeccionarlas, como cuando no han salido como deseábamos y hemos visto qué errores no volver a cometer. En esto nos gustaría dar las gracias a amigos, compañeros de profesión y a los lectores que se han puesto en contacto con nosotros. ¡Gracias a todos!

Para el 2015 el reto está claro: lanzar al mercado nuestros primeros productos. Para conocer de primera mano nuestros proyectos os invitamos a suscribiros a nuestra newsletter. Estamos ante un momento único con cambios que se suceden vertiginosamente, esto nos va a permitir innovar y trabajar con soluciones colaborativas sin perder nuestro objetivo de contribuir en la construcción de la economía local.

Y aunque ya se haya dicho antes en un día como hoy no nos cansaremos de repetir: ¡Feliz Año Nuevo! y a luchar por nuestros deseos. Y muchas gracias por seguirnos.

Una primera aproximación a la innovación.

Una primera aproximación a la innovación.

Sin duda la innovación es la palabra que el mundo empresarial y de los negocios se ha convertido en el mantra más repetido, siendo algo así como el Santo Grial de la Clave del Éxito. Y no falta razón en este enfoque a la hora de producir bienes y servicios, en especial dentro del gran cambio de paradigma económico que estamos viviendo, ya que puede significar la diferencia entre nuestro negocio sea rentable o no.

No debemos caer en el error de pensar que la innovación es sólo cosa de las grandes empresas y para grandes proyectos  altamente tecnológicos. La innovación debe estar presente también en los negocios del ámbito local, incluso en los más pequeños, ya que marca la diferenciación con nuestros competidores. La innovación tiene mucho que decir para el desarrollo socioeconómico, tanto en su vertiente de actividad social como económica. Aunque ahora dedicaremos unos artículos enfocados a lo económico, más adelante abordaremos la innovación en su vertiente social.

Pero antes de profundizar en el tema es necesario preguntarse ¿qué es la innovación? Si acudimos al diccionario hallaremos, en su segunda acepción, la escueta definición de: “Creación o modificación de un producto, y su introducción en un mercado”. Aunque esta definición a priori nos vale no hay que olvidar que existe una amplia literatura académica sobre el emprendimiento y creación de empresas desde el mismo momento que se identifica al emprendedor como protagonista del crecimiento y cambio económico, allá por el siglo XVIII.

De hecho la literatura académica ha puesto y está poniendo el énfasis en los últimos años en la existencia de innovación para diferenciar a quienes pueden ser definidos como “emprendedores” de quienes comienzan una actividad económica al uso; evidentemente sin restar méritos a unos y otros en su afán de crear su propia empresa.

Aunque en un artículo no podemos profundizar en todo lo que se ha escrito sobre la innovación, sin embargo no se puede dejar de citar a dos autores, considerados por muchos los principales referentes cuando se habla de innovación.

Por un lado tenemos a Joseph Alois Schumpeter (1883-1950) quien confería  a la innovación radical el poder de generar cambios revolucionarios que ocasionaban el “desarrollo económico”, a diferencia del “crecimiento económico” que no es más que una reasignación de recursos y volúmenes de producción.

Por otro esta Peter Ferdinad Drucker (1909-2005), considerado uno de los padres del management o función gerencial. Drucker es de los primeros en darse cuenta y desarrollar la importancia que la gestión del conocimiento tiene en las organizaciones. Considera la innovación como la “herramienta específica de los empresarios innovadores”, lo que les posibilita encontrar oportunidades de negocio diferentes a las ya explotadas. Drucker concebía la innovación como algo sistemático que consistía en “la búsqueda organizada, y con un objetivo, de cambios, y en el análisis sistemático de las oportunidades que ellos pueden ofrecer para la innovación social o económica”. Quien además de una manera más encilla definía innovar como: “encontrar nuevos o mejorados usos a los recursos de que ya disponemos”.

La amplia literatura académica y en especial la obra de Schumpeter fructificaron en el llamado Manual de Oslo, llamado Libro Blanco sobre la innovación, subtitulado Guía para la recogida e interpretación de datos sobre innovación. Esta obra se elaboró en 1992, aunque se ha ido revisando y ampliando para darle un toque más generalista y poder ser utilizado multisectorialmente. El Manual de Oslo es fruto del trabajo conjunto de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) y de la Oficina Estadística de la Comisión Europea (Eurostat). Este manual ha venido a dotar de un significado común a la innovación y a sus formas de manifestarse, además de ser referente para definir la misma de cara a los instrumentos públicos, entre ellos las subvenciones, que en el ámbito europeo y nacional existen.

El Manual de Osolo usa dos definiciones de innovación, en sentido amplio y en el restrictivo, para el propósito que nos ocupa nos quedamos con el amplio donde la innovación es “la introducción de un nuevo, o significativamente mejorado, producto (bien o servicio), de un proceso, de un nuevo método de comercialización o de un nuevo método organizativo, en las prácticas internas de la empresa, la organización del lugar de trabajo o las relaciones exteriores”.

El Manual de Oslo diferencia cuatro tipos de innovación; de producto, de proceso, de mercadotecnia (citada en otros manuales como marketing) y de organización. En posteriores artículos desarrollaremos los mismos con enfoque local.

 

Antes de finalizar una reflexión que debemos tener siempre presente, y es que si la innovación no es aceptada por el mercado no nos sirve de nada, pensemos en la innovación, pero enfoquémosla al cliente.

 

¿Consideras la innovación como un factor de supervivencia de tu empresa? ¿Crees que las empresas que innovan tienen más posibilidades de crecer en el mercado?

 

Fotografía: Por  jarmoluk CC0 Public Domain. [http://pixabay.com/es/service/terms/#download_terms], vía http://pixabay.com/

Legalizar la economía sumergida.

Legalizar la economía sumergida.

La semana pasada abordábamos el estado de la cuestión de la economía sumergida, ahora toca buscar posibles soluciones para que pueda aflorar y contribuir al esfuerzo económico que nos toca realizar a todos los ciudadanos.

Intentar que la economía sumergida florezca no es fácil ya que las múltiples situaciones que la componen no tienen un patrón común más allá de escapar del control fiscal. En primer lugar habría que diferenciar entre actividades legales e ilegales. Todas aquellas actividades legales de cara a nuestra legislación pueden florecer encauzándolas administrativamente; sin embargo la pregunta es ¿qué hacemos con aquellas que tienen un carácter ilegal?

Dentro de las actividades ilegales podemos encontrar aquellas que son susceptibles de ser legalizadas, como por ejemplo la prostitución y el consumo de cannabis. Con independencia de los debates que, con mayor o menor moralina, se puedan dar ambos hechos están legalizados en otros países. Y como inciso decir que de esta manera se combate también a las mafias que controlan estas actividades. Y por otro lado están las actividades que no son susceptibles de legalizar, no veo a ningún gobierno legalizando la venta de los robos, ni el tráfico de cocaína, y muchos menos el mercado de los asesinatos por encargo.

Ciñéndonos a las actividades legales y susceptibles de ser legalizadas la solución, como ya se ha mencionado, pasa por encauzarla por la vía administrativa para qué salga a la luz. Sin embargo esto no es nada fácil por la reiterada característica de la economía sumergida, la multiplicidad de formas en que se manifiesta. No se puede buscar una solución general que no contemple los casos particulares, que hasta ahora es lo que se ha hecho. No obstante para los legisladores esto es lo más fácil porque ponen la pelota en el tejado del ciudadano y le dicen “si no hace las cosas legalmente es porque no quiere usted, no porque no le demos oportunidades, pedazo de insolidario”. Ante lo cual sólo queda el recurso de la palabra, porque el de la legalidad le controla la otra parte, respondiendo algo así como “me parece muy bien que estos meses sólo pague 50 € de Seguridad Social, pero con los poco más de mil que facturo y el IRPF que recaudan en unos meses no llego ni al Salario Mínimo Interprofesional; ese que a sus Señorías les parece suficiente para vivir y que algunos de ustedes multiplican por diez”.

Como estaba diciendo las soluciones que se ofrecen son generalistas y no abordan las causas que motivan la economía sumergida. Así como en ocasiones restrictivas, como por ejemplo la “compatibilización por los menores de 30 años de la percepción por desempleo con el inicio de una actividad por cuenta propia”, esto suena muy bien, pero ¿los menores de 30 años son los que más emprenden? ¿Los menores de 30 años son los que han generado derechos de prestación? Al final son medidas que sobre el papel se venden muy bien pero de alcance efectivo muy limitado.

Si tuviésemos que agrupar estos múltiples casos que conforman la economía sumergida podríamos empezar por aquellos que realizan una actividad económica legalizada pero no declaran todos los ingresos que obtienen. Lo habitual es que digan que están hartos de pagar por impuestos y más desde las diferentes subidas que hemos padecido. Sólo recordar que una menor presión fiscal siempre beneficia una mayor actividad económica. Evidentemente la alta presión fiscal no exonera de cumplir con hacienda, pero también es evidente que si presionas de impuestos a los profesionales y pymes es más probable que busquen cómo engañar al fisco.

Respecto a quienes están en una situación incompatible con la realización de una actividad económica, los perceptores de algún tipo de prestación o subsidio, la situación es compleja. Legalizar su situación conlleva suspender automáticamente su fuente de ingresos. Pongamos un ejemplo, una persona que percibe 800 euros de prestación y que, por ejemplo, imparte clases particulares o pinta pisos y que obtiene mensualmente 300 euros ¿va a renunciar a los 800? Además que la característica principal de este tipo de ingresos es su carácter complementario.

Continuando con el párrafo anterior, lo anterior sólo es una muestra de la rigidez de nuestra legislación. Legislación que se mueve por opuestos, o estás en un situación o estás en otra, lo inteligente tanto para el ciudadano como la administración es la yuxtaposición de situaciones bajo el requisito de que entre ambas situaciones no superasen una determinada cantidad de ingresos.

Muy similar a la situación de incompatibilidad están quienes estando desempleados o trabajando por cuenta por cuenta ajena realizan una actividad económica. Aunque habría que analizar cada caso individualmente podemos afirmar, con carácter general, que si esta actividad económica permitiese unos ingresos dignos, tras afrontar sus obligaciones con Hacienda y con la Seguridad Social, mayoritariamente se desarrollaría en condiciones de legalidad.

A lo largo del texto se ha hecho mención varias veces a ingresos dignos o suficientes para vivir, y he aquí una de las claves para hacer florecer la economía sumergida, que la actividad legal facilite un resultado monetario adecuado. El problema está en que mientras el legislador piense que con 654,30 € es suficiente para que viva un individuo yo su familia la gran dimensión de la economía sumergida no va a disminuir. Por eso nuestros gobernantes deberían descender a la sociedad y no sólo conocer, también comprender las inquietudes y necesidades reales  de los ciudadanos.

En casos como estos serían muy útiles marcadores de ingresos complementarios donde las aportaciones a la Seguridad Social y a la Hacienda Pública fuesen por tramos con una tarifa plana de contribución al común previamente tasada. Para armonizarlo con el concepto el sistema de la Seguridad Social generaría unos derechos aunque con las limitaciones que le confiere el importe ingresado, pero serían derechos a fin de cuentas.

Por último, también comentábamos en el artículo anterior las maniobras financieras basadas en vacíos y triquiñuelas legales para no cumplir con las obligaciones tributarias de las que sí participan la mayoría de sus clientes de un país determinado. Aquí la solución está en manos de los legisladores, y pasa por hacer bien su trabajo; conocen las artimañas que usan, pues como poseedores del poder de cambiar la normativa para evitarlo que lo hagan.

Con esto y otras medidas, una vez que el individuo tenga las opciones más beneficiosas en su mano para desarrollar una actividad económica, la persona que participa de la economía sumergida “legal y/o legalizable” ya no tendría ninguna excusa para no  hacer las cosas correctamente.

Lo deseable sería que al aumentar la capacidad recaudatoria de la hacienda pública se redujese la presión fiscal sobre los ciudadanos y pymes. Existen muchas más ideas, pero siempre deberían formularse desde la proposición y no desde la imposición que las mayorías absolutas o los pactos “ad hoc” facilitan.

¿Te parecen adecuadas las propuestas? ¿Consideras que la legislación debe alejarse más a la realidad social o que ya la refleja? ¿Crees que legalizar la economía sumergida contribuiría al desarrollo socioeconómico?

 

Fotografía: Por  193584 CC0 Public Domain. [http://pixabay.com/es/service/terms/#download_terms], vía http://pixabay.com/

Economía sumergida: un fenómeno latente.

Economía sumergida: un fenómeno latente.

Aunque la economía sumergida sea un concepto de uso común no se puede hablar de que exista una definición exacta del mismo.  Para la Comisión Europea, siguiendo las definiciones del Eurobarómetro,  es “aquella actividad remunerada que siendo legal en cuanto a su naturaleza, no es declarada a las autoridades públicas, ya sea a la hora de liquidar impuestos o de ingresar las cotizaciones de los seguros sociales”. Dejando de lado las actividades de naturaleza ilegal, como el tráfico de drogas, la prostitución, el contrabando de tabaco y el juego ilegal. Éstas últimas, curiosamente, por  orden de la Comisión Europea, desde 2010 deben incluirse en el Producto Interior Bruto de cada país. Para la OCEDE son las actividades productivas en sentido económico que se ocultan de manera deliberada a las autoridades. Estas definiciones se matizan en mayor o menor medida según los diferentes estudios que se realicen sobre el tema, y que son los que los medios de comunicación difunden.

Personalmente creo que a la hora de  definir el fenómeno hay que entenderlo de modo amplio, tanto con las actividades legales como ilegales, ya que estas últimas también “blanquean” la mayor parte del dinero posible y no deja de ser una manifestación de actividad económica por muy ilegal que sea. Incluso el aprovecharse de los vacíos legales y la confusión normativa para  marcar diferencias con una empresa que cumple formalmente, en mi opinión, también forma parte del fenómeno. Sin la inclusión de todas sus manifestaciones nunca podremos acercarnos  a la dimensión real del fenómeno.

Según el reciente informe La economía sumergida en España de la Fundación de Estudios Financieros el 8% del PIB es consecuencia del fraude en materia laboral y vendría a representar un millón de puestos de trabajo, y que en términos de PIB significaría que la recaudación adicional sería de entre 18.000 a 20.000 millones de euros al año. También en este año 2014 el Sindicato de Técnicos del Ministerio de  Hacienda, Gestha ha presentado otro relevante informe La economía sumergida pasa factura, donde se dice que en 2012 se han escapado al control de Hacienda 253.000 millones de euros, y que es un fenómeno que se incrementa en unos 15.000 millones de euros al año desde 2008, año en que “se dice” que empezó la crisis. O que en 2010 las grandes empresas han defraudado el triple que las Pymes, y donde aquellas representan el 72% del fraude. ATA, la Federación Nacional de Trabajadores Autónomos, estima que el 25% de las actividades económicas que se desarrollan lo hacen en “B”, representado una competencia desleal para quienes sí  cumplen con todas sus obligaciones legales.

Con independencia de que se piense que la economía sumergida es culpa del que la práctica, de los gobiernos que no la han atajado con seriedad o que no dan los instrumentos para que florezca en sus vertientes legales o con posibilidad de legalizarse, o lo que se piense, lo que está claro es que la dimensión de las cifras del anterior párrafo a nadie le dejan frío.

Cuando uno se acerca al tema de la economía sumergida lo primero que llama la atención es su complejidad en cuanto a los hechos particulares que la manifiestan y su transversalidad en la sociedad. En el siguiente párrafo, dentro de este concepto amplio, vamos a ejemplificar múltiples casos que son manifestación de la economía sumergida; aunque eso sí, como dice el refrán: “ni están todos los que son, ni son todos los que están”.

La multinacional que ejercita actividad económica en España pero aprovechando los múltiples sistemas tributarios de la Unión Europea da pérdidas, como Apple que en 2013 obtuvo 2,2 millones de euros en España en vez de contribuir a la Hacienda Pública obtuvo una devolución de 198.000 euros. Por supuesto que esto es legal, pero lo que no es moral ni de recibo para sus clientes españoles que si contribuyen. La Pyme o el autónomo que no emiten facturas por todos los servicios profesionales que prestan. Quienes recolectan setas, trufas o productos naturales sin permisos ni pagos de Seguridad Social y lo venden a los comercios o restaurantes, donde estos evidentemente pagan en “B” sin mediar factura. El agricultor que vende la cosecha en “A” pero el forraje en “B”. Quienes cobrando una prestación por desempleo o subsidio incompatible con el empleo recurren ocasionalmente a realizar las populares “chapuzas” para complementar su renta. Quienes, en la misma situación anterior, se han convertido en “profesionales” del trabajo en “B” y ni buscan ni desean un trabajo legal porque esto les permite obtener más ingresos y beneficios sociales que si trabajasen. Para quienes trabajando por cuenta ajena recurren a este tipo de trabajos para cumplimentar su renta, recuerdo que hace años los contables de las empresas se dedicaban en horas libres a llevar contabilidades de autónomos y Pymes, a más bajo precio que las gestoría, o a realizar declaraciones de la renta. Y por supuesto todas las actividades ilegales, algunas de las cuales ya va siendo hora de que se planteen legalizarlas para luchas contra las mafias que las controlan. Sin olvidar en todo esto los “clientes” que pagan e incluso algunos se vanaglorian de que engañan al fisco.

Evidentemente no son iguales los volúmenes en que engañan unos y otros. Particularmente me preocupa más una multinacional que utilice triquiñuelas para evadir del fisco millones de euros que un agricultor que obtiene 1.000 euros por la venta de forraje en “B” a un ganadero. Aun siendo ambos hechos manifestación de la economía sumergida. Lo mismo que tampoco son iguales las causas que llevan a unos y otros a participar de la misma, porque no es igual quien recurre a ella porque no le queda más remedio para afrontar sus gastos que quien ha hecho de esto su modo de vida.

Sin quitar ni pizca de responsabilidad a quien la ejercita tampoco se debe eximir a quienes desde las instituciones gubernativas y de responsabilidad política deben combatirla. A día de hoy, en gran medida gracias a la corrupción, no están moralmente legitimados a echar en cara a nadie que participe de la economía sumergida, tanto por el nivel de corrupción como por la falta de igualdad que producen hechos como que los diputado ni senadores, vía exenciones “ad hoc”, no tributen completamente por sus percepciones salariales, al contrario que cualquier trabajador sometido a nómina.

Sin entrar en consideraciones, ni éticas, ni prácticas, lo que sí está claro es que nuestros representantes políticos deben intentar buscar soluciones para que la economía sumergida aflore y contribuya al común. En un artículo posterior analizaremos algunas de las soluciones que se proponen y haremos nuestra aportación al tema.

¿Consideras tan grave la situación cómo dicen las cifras? ¿Crees que perjudica al desarrollo socioeconómico local?