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Las manifestaciones de la economía colaborativa.

Las manifestaciones de la economía colaborativa.

Cuando abordamos por primera vez la economía colaborativa dijimos que ésa se clasificaba en cuatro grandes grupos o tipos: la producción contributiva; las finanzas P2P; el conocimiento abierto; y el consumo colaborativo. Hoy, continuando con el tema, vamos a describir cada uno de ellos.

La producción contributiva es la vertiente de producción de bienes materiales y tangibles del la economía colaborativa. Se basa en la cultura del “hágalo usted mismo” (do it yourself, en inglés, conocido también como movimiento maker). Pudiendo ser promovida tanto para fines particulares como comerciales. A través del software que ponen las empresas fabricantes a disposición del público éste consigue su producto. Un ejemplo, Fab Lab nos permite imprimir en 3d una invención que diseñemos, además de poner conectar con personas que pueden ayudar  a desarrollar el mismo antes de materializarlo. Pero no sólo es producción lo que implica la producción contributiva, el producto es el fruto; previamente hay un intercambio de ideas e información, de aprendizaje de todas las partes implicadas, y de confianza entre las partes.

Tres son las ideas que están presentes en la producción contributiva. La primera, la existencia de herramientas digitales para los procesos de fabricación y diseño adecuadas para un usuario convencional. La segunda, la aparición de los medios digitales colaborativos, lo que permite mejorar las ideas e innovar en los diseños que originariamente se idean; también se incluye el crowdfounding para financiar los proyectos. La tercera, y última, es el alquiler de las fábricas, tanto para comercializar una inversión como para materializarla para la “autoutilización” existen opciones para su fabricación; el primero se los supuestos conlleva un gran avance en las relaciones tradicionales de producción, ya no es necesario montar una fábrica para producir y comercializar en masa.

Para ampliar información, conocer la ubicación de estas iniciativas, seguirlas y ver lo hitos que se van consiguiendo es interesante acercarse a: Fab Lab Foundation, Hackerspaces  y Makerspaces.

Las finanzas P2P, o finanzas participativas son los llamados préstamos entre particulares, tanto para conceder créditos a proyectos de corte empresarial, como entre particulares. Se utilizan desde financiar nanotecnología hasta musicales de Broadway. El punto fuerte de este tipo de préstamos es que permiten conseguir financiación en base al propio proyecto, por lo general sin papeleos ni avales. El prestamista evalúa el riesgo y negocia con el solicitante del préstamo cómo devolverlo y qué interés puede obtener. En la parte negativa se señala que se puede producir morosidad al no poder el solicitante dar el interés prometido.

El futuro de las finanzas P2P es incierto, el debate de hasta dónde los gobiernos deben regular este tipo de relaciones económicas entre particulares está servido. Por otro lado la idea originaria está sufriendo variaciones al existir prestamistas que empiezan a pedir avales con bienes sobre el préstamo que hacen.

El conocimiento abierto, u open knowledge, y significa dar visibilidad con las mínimas barreas posibles para su acceso a contenidos de todo tipo (incluyendo libros, películas, música, etc.), a de trabajos científicos, de investigación histórica, y a la información que poseen los gobiernos. En las posturas más radicales conlleva el acceso total a toda la información y conocimiento. En algunas de sus vertientes se topa con los derechos de propiedad intelectual de los autores o con el secretismo de los gobiernos hacia sus ciudadanos, esto último también se da en los países democráticos (por si acaso se nos había olvidado). En otras se encuentran proyectos de colaboración mundial para desarrollar formación por parte de universidades, compartir nuevos conocimientos tecnológicos, o desarrollos legales.

El mundo del conocimiento abierto, es muy complejo por la cantidad de ámbitos que toca. Así nos encontramos que un gobierno que no le gustaría que saliesen secretos de estado a luz, como por ejemplo el británico, por otro lado desde este año da acceso libre y gratuito a todas las publicaciones financiadas con dinero público.

Como curiosidad decir que el software en sí no se considera conocimiento abierto aunque sí es la herramienta principal para su transmisión.

El consumo colaborativo, último de las cuatro vertientes que componen la economía colaborativa.  La más conocida de todas y la que en la actualidad está generando mayor número de informaciones son aquellas en que existe una vertiente de lucro. Iniciativas para el transporte como Uber o para el alojamiento como Airbnanb están dando un vuelco a formas tradicionales de realizar este tipo de actividades económicas. Fuera de la legalidad o no de las mismas porque un gobierno determinado haya reglado sobradamente ambos sectores económicos, lo que sí es indudable es que son fenómenos que cada vez ganan más adeptos. Pero también las hay  que simplemente consisten en compartir los gastos realmente generados.

Este último fenómeno ha llamado la atención positivamente del Comité Económico y Social Europeo, el cual ha emitido el DictamenConsumo Colaborativo o participativo: un modelo de sostenibilidad para el siglo XXI. En dicho dictamen se destaca el carácter innovador del fenómeno; las posibilidades de generación de empleo; que va a favorecer el crecimiento inteligente, y un largo etcétera. Aunque si hay una frase de todo el documento que resaltaría, por su importancia para el medio local, es cuando proclama que: “frente a la actual situación económica y financiera, (el consumo colaborativo) puede ofrecer respuestas a las incertidumbres crecientes que provoca la crisis económica. Puede representar una oportunidad para retomar la senda de un desarrollo sostenible en lo económico, humano en lo social, y armónico con el planeta en lo medioambiental”.

En fin, estas son las cuatro vertientes, en el tintero quedan otros muchos aspectos que tocar y desarrollar de la economía colaborativa. Unos creen ver el ella una alternativa al sistema económico, otros más variantes al mismo. Sea como fuere lo que está claro es que asistimos al nacimiento de un fenómeno con muchas potencialidades.

Y tú ¿qué piensas? ¿Crees que se seguirá desarrollando la economía colaborativa de forma libre? O por el contrario ¿crees que los gobiernos legislarán para encuadrarla en normativas de corte más conservador? Tu opinión nos interesa.

 

Fotografía: Por geralt CC0 Public Domain. [http://pixabay.com/es/service/terms/#download_terms], vía http://pixabay.com/

El impacto local de la economía social. Algo más que números.

El impacto local de la economía social. Algo más que números.

Si atendemos a los datos de la Confederación Empresarial Española de la economía social (CEPES), en su publicación “La Economía Social en España 2013”, estaríamos hablando de 44.563 empresas y 2.215.175 puestos de trabajo que representarían el 12% del Producto Interior Bruto español, es decir cerca de 151.000 millones de euros. Cifras que son ciertamente interesantes. Sin embargo estos números, que en otro contexto y por sí solos no representarían más que meras cifras macroeconómicas al servicio de los intereses del gran capital, contextualizadas en la economía social se ponen al servicio de las personas.

Este artículo no pretende cantar las alabanzas a los miles de millones de euros que genera la economía social, no se trata de cuantificar, sino de cualificar. No pretende ser un profundo estudio académico de las grandes cifras, ya que ni su formato de artículo lo permite, ni vamos a estudiar lo que ya está estudiado con bastante acierto.

Si una nota característica puede definir la relación entre la economía social y el territorio donde desarrolla su actividad económica es la vinculación. Tanto en su vertiente tradicional de cooperativas y mutualidades como en aquellas figuras de más moderna incorporación, el vínculo hacia el territorio personificado en sus habitantes es muy estrecho. No sólo es que se nutre de mano de obra en un territorio, sino que el capital económico que se apuesta pertenece a los proyectos personales de multitud de personas que desarrollan su vida profesional en la empresa.

A través de la observación de las cualidades del empleo que genera en el medio en que se desarrolla la economía social podemos observar su importante contribución a la cohesión social.  

El empleo representa la posibilidad de dar unos medios de vida dignos a las personas que trabajan en estas actividades económicas. Esto propicia que desarrollen su proyecto vital en donde viven y no se vean forzados a emigrar en pos de un trabajo. Esto último tiene especial relevancia cuando estas actividades de Economía Social se encuentran en el medio rural.

La economía social es un antídoto contra los procesos de deslocalización productiva. No obedece a motivos estrictamente económicos, cuentan los intereses de todos sus miembros. En aquellas formas en que la propiedad de la empresa es mayoritariamente de los trabajadores es muy difícil, por no decir casi imposible, que se trasladen todos ellos y su actividad económica a vivir a otra región o país. Además, en algunas cooperativas se está observando una continuidad generacional en el que los hijos se han vinculado laboralmente a las empresas de los padres.

Otro aspecto importante que se pone de manifiesto en la economía social es el empleo que genera entre los colectivos más vulnerables de ser excluidos del mercado laboral. Evidentemente esto no es a través de una sola figura ni circunstancias. Así encontraremos a los centros especiales de empleo como una herramienta inclusiva para las personas con discapacidad, siendo su vinculación al medio local más fuerte cuando su titularidad corresponde a fundaciones y asociaciones de los mismos y/o sus familiares. También las empresas de inserción juegan un papel fundamental en este sentido, ya que fueron concebidas para generar empleo entre las personas en situación o grave riesgo de exclusión social, como exreclusos, perceptores de rentas de inserción, extoxicómanos, etc.  Y, para finalizar estos ejemplo, el caso de las mujeres y las cooperativas, que fue una herramienta de incorporación al mercado de trabajo de la mujer española desde finales de los años setenta, y que se estima que en la actualidad representan un 48% del personal de aquellas.

Finalmente destacar que los estudios existentes sobre este tema también destacan que se favorece la igualdad de oportunidades en el acceso a puestos directivos, tanto de las mujeres, como del colectivo de mayores de 55 años; que se permite una mejor conciliación de la vida familiar y laboral; que existe una menor diferencia salarial entre directivos y el resto de los trabajadores; y con quienes trabajan en ellas suelen tener mayor estabilidad en el empleo a lo largo de su vida laboral.

Tampoco hay que olvidar la contribución de la economía social a la cohesión territorial. A nadie se le escapa que la realidad rural-urbana de nuestro país es todavía muy distante. E incluso dentro de las propias realidades rurales nada tienen que ver los amplios municipios andaluces con la atomización de los castellanoleoneses.

Pero volvamos a la brecha rural-urbana. Casi el 55% de las empresas y el 57% de los trabajadores adscritos a la economía social están establecidos en municipios de menos de 40.000 habitantes. Aunque comparado con el resto de empresas del ámbito rural su peso es pequeño, en torno al 5% de las mismas, es significativo que la economía social esté contribuyendo a la diversificación económica. Así encontramos experiencias cooperativas que gestionan residencias de ancianos o prestan servicios de atención domiciliaria a personas mayores del medio rural. Tampoco hay que olvidar el importante papel de las Sociedades Agrarias de Transformación a la hora de procesar y comercializar productos agroalimentarios, propiciando que el beneficio revierta sobre los productores del territorio y no sobre grandes compañía del sector.

El último ejemplo me lleva a recordar que la propiedad de los socios sobre muchas de las empresas que conforman la economía social posibilita que el reparto de beneficios económicos se focalice en el propio territorio en que desarrollan su actividad.

Por otro lado la economía social tiene un impacto positivo en las diferentes administraciones que deben velar por el territorio. Desde el punto de vista del marco de la utilidad social el desarrollo de las diferentes actividades económicas y la generación de empleo suponen, por poner dos ejemplos, un menor coste en prestaciones por desempleo, y un menor gasto en los servicios asistenciales dirigidos a los más desfavorecidos.

Finalmente me gustaría recordar que las prácticas democráticas que caracterizan a las principales figuras que conforman la economía social redundan en educar en democracia participativa y por tanto en la gobernanza. El hacer que las personas sean partícipes directos de las decisiones empresariales, analizando pros y contras, adquiriendo conocimientos sobre las consecuencias económicas de las diferentes decisiones económicas que puedan tomarse, y fomentando el debate y al opinión, sirven para crear conciencia sobre la importancia de participar en la toma de decisiones en todos los ámbitos se su vida.

Con todo lo anterior se puede concluir que la economía social produce un impacto positivo en el desarrollo socioeconómico local. Por supuesto que dada la amplitud de la misma existen distorsiones y variaciones de matiz en lo expuesto. Pero en conjunto es indudable que beneficia al medio local dotando a las personas de un medio de vida digno en el que mayormente son los protagonistas.

Benchmarking: El arte de observar y actuar.

Benchmarking: El arte de observar y actuar.

Hace más de una década y tras analizar las guías de buenas prácticas de otras entidades y las conversaciones mantenidas con sus técnicos, surgieron las preguntas: “¿y ahora qué? ¿cómo aplicamos esto y lo otro en nuestro proyecto?”. Sin darle el nombre benchmarking estábamos realizándolo. Partiendo de que podíamos prestar un mejor servicio habíamos identificado a quienes nos parecía que lo hacían mejor que nosotros, reunido la información sobre cómo trabajaban, analizada la misma, y ahora tocaba implementar lo aprendido.

El suceso anterior nos conduce a una afirmación que debería ir al final de este artículo, pero creo mejor ponerla aquí porque no debemos perderla de vista para abordar el tema a tratar, y es que: “si realizar un proceso de benchmarking no sirve para movilizarnos en pos de mejorar nuestros métodos de trabajo no estamos haciendo benchmarking”.

Aunque la palabra benchmarking tiene su origen en otro siglo y contexto, en el ámbito y sentido que nos ocupa se suele hacer referencia a que fue inicialmente formulada en las palabras de David T. Kearns, Director Ejecutivo de la empresa multinacional Xeros, definiendo el benchmarking como “el proceso continuo de medir productos, servicios y prácticas contra los competidores más duros o aquellas compañías reconocidas como líderes en la industria”.

Existen varias definiciones sobre qué es el benchmarking. Michael J. Speldolini autor en 1992 del libro “Benchmarketing” constató que mientras se documentaba e investigaba el tema de las 57 empresas que visitó, 49 habían desarrollado su propia definición. Speldolini definió el benchmarking como el proceso sistemático y continuo para evaluar los productos, servicios y procesos de trabajo de las organizaciones que son reconocidas como representantes de las mejores prácticas, con el propósito de realizar mejoras organizaciones.

Lo que sí queda claro en las diferentes definiciones existentes es que se trata de un proceso, y que como todo proceso tiene una finalidad, en este caso obtener un conocimiento que nos permita mejorar nuestro trabajo y el de nuestras organizaciones.

No hay que perder de vista que el benchmarking es una herramienta, no una finalidad en sí mismo y no consentir que el uso de la herramienta condicione el sentido del trabajo que estamos haciendo. Como herramienta debemos adecuar su uso al trabajo que vamos a desarrollar. Lo primero que debemos recordar es que esta herramienta sirve para evaluar, motivo por el cual hay que hacer que lo que estamos estudiando sea medible para compararnos con ellos. También hay que tener presente que es de carácter continuo si se quiere adaptar a las características de la sociedad actual. Y no olvidar que el benchmarking es sistemático, no se trata de reunir informaciones al azar y dispersa, forma parte de proceso estructurado y no caprichoso, basado en una concienzuda meditación de cómo desarrollar el mismo.

El benchmarking puede ser de aplicación universal si sabemos adaptarlo a cada tipo de entidad u organización. Es válido tanto para grandes como pequeñas empresas, para micropymes y autónomos individuales, para todo tipo de organizaciones no lucrativas, sean estas de corte político o social, y para las Administraciones Públicas. En este artículo nos referiremos a todas ellas como organizaciones.

Podemos iniciar un proceso de benchmarking tanto con la finalidad de solucionar problemas o cómo vigía para saber cómo estamos actuando. Para ello debemos estructurarlo en diferentes fases. El citado David T. Kearns decía que éstas eran cinco: planificación, análisis, integración, acción y madurez. Aunque hacer una aproximación a las mismas y  a las diferentes acciones que la conforman da lugar a un post entero sólo para su exposición.

Cuando realizamos un proceso de benchmarking hay que elegir cuidadosamente en quiénes van a ser objeto de nuestro estudio. Sería muy fácil usar como indicador el éxito, pero esto puede ser engañoso. Imaginemos una empresa de la competencia que aplica mejores métodos organizacionales y que produce más eficientemente, pero le falla la comercialización y posicionamiento en los puntos de venta del producto ¿vamos a desechar todo lo que podemos aprender de ellos hasta el momento que cometen sus errores? O en cambio ¿vamos a aprender cómo están trabajando y no cometer los mismos errores en la comercialización?

Se identifican varios tipos o niveles de benchmarking, que son:

  • Interno: Que es el que se realiza dentro de la propia organización. No hay que perder de vista que dentro de una organización también pueden existir formas de ejecutar procesos de trabajo que son exitosas y pueden ser susceptibles de implantarse en otros departamentos o niveles de la misma. Hay que plantearse que no siempre lo mejor está fuera. La gran ventaja de localizar un proceso exitoso dentro de nuestra organización es que podremos obtener una información más veraz.
  • Funcional: Busca conocer cómo se producen los bienes y servicios más que saber cómo son los competidores directos. A pesar de que las organizaciones sean completamente distintas se busca la similitud en una función realizada y se estudia el cómo. Al no existir competencia puede favorecer la colaboración entre organizaciones.
  • Competitivo directo: Se trata de estudiar las buenas prácticas de la organización rival que pueda ser considera un referente en el sector. Obtener la información no siempre es fácil cuando de empresas se trata; en cambio cuando son organizaciones no lucrativas suelen existir excelentes guías de buenas prácticas en que promocionan sus métodos de actuación.
  • Competitivo latente: La que trata de estudiar otras organizaciones de dimensión diferente a la nuestra, incluso puede tratarse de organizaciones que aún no operen en nuestro sector.
  • No competitivo: Estudia a las organizaciones que no son competidoras o que operan en otros ámbitos geográficos. Supongamos que una ONG adapta el desarrollo de competencias profesionales de una empresa. O que una empresa adopta la dinámica de preparación y realización del sistema de reuniones grupales de una ONG
  • World Class: Quizás esta sea la más compleja ya que se trata de buscar la organización a nivel mundial la que mejor realiza un determinado proceso. El coste obtener la información dependerá de muchos factores y la accesibilidad a la información puede estar muy restringida. En ocasiones puede ser mayor la información obtenida de sus competidores directos que de la propia organización que pretendemos estudiar.

La óptima realización de un proceso de benchmarking nos permitirá no sólo conocer la competencia y otras empresas referentes en sus procesos y procedimientos, también conocernos a  nosotros mismos. Sin embargo esto exige un proceso de abstracción y objetividad que no siempre es fácil. Si pensamos que nuestra empresa, organización o pequeño negocio siempre lo hace todo bien y lo que hacen los demás siempre es criticable, pues mal empezamos. Afrontar un proceso de benchmarking exige estar abiertos al conocimiento y a no emitir juicios de valor sin haber validado la objetividad de los hechos.

La era del Big Data que estamos viviendo facilita el benchmarking, la gran cantidad de información que se transmite y el acceso a la misma desde cualquier parte del mundo posibilita este conocimiento. Pero no sólo se trata de la transmisión de la información, también de que cada día son más las organizaciones que comparten su información.

Aunque tras leer los párrafos anteriores decirlo parezca una perogrullada: el benchmarking  no es copiar. Tampoco debe enfocarse como un hecho aislado en nuestra actividad, como organización requiere de su trabajo continuo y como miembros de ella exige dedicación. Ni debe creerse que sea fácil de implementar a pesar de que el concepto que lo define es bien sencillo.

Para finalizar imaginemos la importancia que para el desarrollo socioeconómico local puede tener realizar correctamente procesos de benchmarking. Que las organizaciones no lucrativas y las administraciones locales aplican las prácticas más exitosas en su sector y mejoran los  resultados en los servicios que prestan a la sociedad. O que las pymes y autónomos producen más y mejor con mayor eficiencia. El benchmarking no es sólo para las grandes organizaciones.

¿Has participado en algún proceso de benchmarking dentro de tu organización? ¿Cómo lo habéis implementado?

 

Fotografía: Por stevepb CC0 Public Domain. [http://pixabay.com/es/service/terms/#download_terms], vía http://pixabay.com/

Yo pondré el desarrollo local.

Yo pondré el desarrollo local.

En 1897 William Randolph Hearts, considerado uno de los padres del periodismo amarillo, envió a Cuba al dibujante Frederic Remington para que retratase la “crueldad” española en la Provincia de Cuba. Al encontrar todo en calma y sin indicios de guerra inminente,  el dibujante escribió a su jefe para pedir permiso para regresar a los Estados unidos. Hearts, sin embargo, le respondió: “Usted facilite las ilustraciones que yo pondré la guerra”.

Pues esta anécdota describe, salvando las distancias, uno de los mayores riesgos que pueden darse en el desarrollo local: dirigir e imponer éste desde arriba. Encontrarnos con una figura que por su importancia pretenda dirigir los diferentes procesos socioeconómicos ofreciendo su visión y supeditándola a sus fines. Incluso aunque se tengan las mejores intenciones y una visión fidedigna del problema a atajar y de las soluciones a aplicar el dirigir el proceso sin contar con sus implicados es un error. El ilustrado lema “todo para el pueblo pero sin el pueblo” no es válido en pleno siglo XXI.

Los gobiernos que han dejado grandes cantidades de dinero en dinamizar un territorio pero que no han contado con su población han fracasado. Evidentemente si centramos el tema en nuestro entorno más inmediato veremos unos rasgos de participación que en entornos más alejados no encontraremos. Pero aún así existen algunos factores que pueden ser susceptibles de mejora.

Un error muy común puede ser el de pensar que el desarrollo local se logra “a golpe de talonario”, que dotando de infraestructuras a la población para que puedan desarrollar sus negocios ya está todo hecho. Se equivocan, cualquier política que no salga de escuchar a los interesados puede desviarse de las auténticas necesidades de los mismos.

No hay que perder de vista que cuanto más próxima es una administración a los ciudadanos más pronta respuesta esperan. Lo cual no exime que desde los ámbitos de decisión supranacionales a los locales deban de contar con los habitantes de los diversos territorios a la hora de diseñar sus políticas de desarrollo local.

Un ejemplo podemos encontrarlo en las diputaciones. Cuando una diputación escucha a sus ciudadanos, representados en cargos electos, responsables de Grupos de acción Local y al tejido asociativo, más posibilidades tendrá de desarrollar unas líneas de trabajo acordes a las necesidades ciudadanas. Si a esto le une el que sus técnicos de desarrollo local recojan las inquietudes del día a día del territorio en que trabajen, pues mucho mejor. Cuando una diputación atiende sólo a directrices políticas lo más probable es que gaste sus recursos y se encuentre con las naves de los polígonos industriales vacías (Si incluso habiéndolo hecho y debido a la actual crisis esto está sucediendo, qué decir de aquellos casos en que no se ha contado para anda con la gente).

Lo que es indudable en términos de sociedad democrática es que cuanto mayor sea el grado de participación de los ciudadanos mayor será la calidad democracia a la hora de tomar decisiones. Y lo que es más importante, la democracia que promueve la participación rebaja las tensiones sociales haciendo partícipe a la población de las decisiones, esto implica no sólo votarlas, también ser responsables a la hora de su cumplimiento.

Evidentemente dar participación no significa hacer cualquier cosa con la excusa de que la decisión se ha tomado por mayoría. Hay que respetar los límites que marque la legalidad y el destino con el que se haya dotado a unos determinados fondos económicos, son de obligado cumplimiento.

Con todo lo anterior no estamos hablando de otra cosa que de “gobernanza”, como forma en que los poderes públicos permiten la participación de la ciudadanía en la participación de las decisiones que les afectan. En futuros artículos desarrollaremos este tema que hemos introducido.

¿Consideras que se da suficiente participación a los actores implicados por parte de los poderes públicos? Si tu respuesta es que no ¿cómo lo solucionarías?

¿Has sido partícipe de algún proceso participativo de toma de decisiones? ¿Cómo fue tu experiencia?

 

Fotografía: Por geralt  CC0 Public Domain. [http://pixabay.com/es/service/terms/#download_terms], vía http://pixabay.com/

Una hormiga en París. (O cómo desarrollar una idea emprendedora).

Una hormiga en París. (O cómo desarrollar una idea emprendedora).

Hace unos meses tuve ocasión de asistir a una conferencia de Marc Vidal, donde aportó su experiencia, ideas y visión del mundo emprendedor, haciendo también alguna mención a su último libro Una hormiga en París. Sabía de la existencia del mismo porque sigo, entre otros, el blog de Marc Vidal. No obstante salvo unas breves reseñas desconocía el contenido del mencionado libro.

Sin embargo, y a pesar de mis recelos a todo este tipo de obras enfocadas hacía la “autoayuda empresarial”, decidí comprar la obra y leerla. Algo me decía que iba a encontrar algo diferente.

Lo primero que me llamó la atención es que no es el típico libro al estilo de ¿Quién se ha llevado mi queso?, La buena suerte, o El caballero de la armadura oxidada (este último si añadimos algo del plano emocional en vez del mundo empresarial). Con esencia de cuento hecho pare la reflexión Una hormiga en París es una experiencia real, contada en primera persona, con sus grandezas y fracasos. En el libro no hay ningún simpático ratón, ni caballeros reunidos por Merlín, hay un joven que se desea tener una experiencia vital y lo que iban a ser unos días en París se convierte en un apasionante proyecto empresarial.

El joven Marc acaba concibiendo un proyecto empresarial en que involucra a catorce músicos callejeros chinos, organizando su trabajo, promocionándolo, realizando experimentos para ver cómo funciona mejor su idea, etc. y todo con la finalidad de obtener y mantener mejores resultados.

Lo que Marc está haciendo es mostrar cómo es un proceso emprendedor, desde una visión hasta que la lleva a su máxima expresión. Momento en que debe quitarse la venda que te pone el desarrollo de una idea y debe decidir qué hacer con ella. Es un reflejo de la contingencia del hecho emprendedor. Pero esto no es fácil, no sólo tendrá que superar obstáculos, también afrontar fracasos en momentos en que previó éxito.

En el libro principalmente se muestran tres aspectos. Por un lado todo lo referente al desarrollo del producto, basado en la innovación. Por otro lo humano, desde la relación con los colaboradores a los clientes, pasando por los aspectos profesionales como por los lazos personales. Y finalmente, mi favorito, los miedos, no sólo al fracaso, también a la inacción. Y digo “mi favorito” porque tras los miedos vienen el afrontarles y la superación de los mismos.

Los diez capítulos que conforman el índice del libro dan una valiosa pista sobre el desarrollo del mismo: Perseguir tus sueños. Superar tus miedos. Analizar tu entorno. Innovar en la estructura. Innovar en el producto. Innovar en la cadena de valor. Innovar con el talento. Innovar en red. Innovar en el control. Y, finalmente, valorar tu esfuerzo.

Como se ve la obra gira en torno a la innovación, mencionando el autor la definición de Peter Drucker, para quien “Innovar es encontrar nuevos o mejorados usos para los recursos de que ya disponemos”. Esta frase realizada de modo continuo marcará la actitud del recién llegado a París.

Hay algunas sentencias en el libro que son demoledoras, no es cuestión de mencionarlas todas y desvelar el gusto de la lectura del libro. Aunque sí me gustaría mencionar una, que con otras palabras he utilizado  a lo largo de mi vida profesional, “la innovación sólo es innovación si el mercado la acepta”. Esto  que puede parecer una perogrullada tiene un trasfondo muy real a la hora de aplicarse al mundo de los negocios. Podemos tener el más novedoso producto y con las mejores prestaciones que si los clientes no lo compran es como que no hubiésemos hecho nada. Las razones de esa no aceptación pueden ser múltiples y de origen interno y/o externo; pero lo que sí está claro es que la aceptación por parte del público es la clave del éxito

No voy a destripar su lectura, sólo decir que Una hormiga en París es una forma diferente de hablar de innovación, marketing, organización de recursos humanos, temores, celebraciones de éxito, relaciones entre socios de una empresa, etc. esto es lo que lo hace valioso, es real como la vida misma.

Si te ha gustado el comentario sobre Una hormiga en París y deseas leerle te aconsejamos que lo adquieras en tu librería local más cercana, esas forman parte de tu paisaje cotidiano.

 

¿Has leído Una hormiga en París? Y si es así ¿qué destacarías tú?