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¿Realmente soy una persona emprendedora? Nueve señales que te indicarán que lo eres.

¿Realmente soy una persona emprendedora? Nueve señales que te indicarán que lo eres.

Parece mentira que hoy día, con todo lo que se ha escrito al respecto, el concepto de emprendedor todavía no esté completamente cerrado. No tenemos más que consultar diversas fuentes especializadas para darnos cuenta de que hay cientos de definiciones de lo que es un emprendedor. Siempre encontraremos un matiz diferencial, y será raro encontrar un concepto que aborde de forma completa el fenómeno. No es la primera vez que escribimos sobre el particular, y la verdad es que ello es reflejo de que algo en principio sencillo no siempre es tal.

Hasta hace unos quince o veinte años, la figura del emprendedor no era prácticamente relevante. Entonces creabas una empresa; eras un empresario. Desde entonces, y con una marcada pátina de lo que en los ochenta era ser un yuppie, la figura del emprendedor fue buscando su hueco en la escena académica y social hasta convertirse hoy en un importante fenómeno, muchas veces mal comprendido y tergiversado, de tal manera que es común confundir lo que es un emprendedor con un empresario, o a aquel con lo que es su emprendimiento, e incluso se ha llegado a identificar al emprendedor con una actitud… todo esto, y más, son medias verdades que necesitan ser matizadas y relativizadas.

Voy a intentar aclararlo en un breve esbozo, empezando por lo que define un emprendimiento, que no es otra cosa que la iniciativa de generar una actividad económica. Como tal, tiene fecha de inicio y fin, e idealmente empieza cuando se tiene el modelo de negocio diseñado, validado, planificado e… inicia su ejecución. Esto es así hasta que dicha iniciativa fracasa o se consolida, en cuyo caso estaríamos hablando de una empresa viable. Un emprendimiento, aparte, no significa necesariamente crear una empresa, pues puede ser una iniciativa (por ejemplo, crear una nueva línea de negocio) dentro de una empresa ya existente.

¿Qué es por tanto un emprendedor? Pues sencillamente aquella persona que, innovando, diseña e implementa un emprendimiento. Parece una perogrullada, pero es necesario diferenciar ambas dimensiones. Al igual que antes, no necesariamente un emprendedor tiene porqué ser el empresario, pues existen figuras que se dedican a arrancar negocios sin vincularse a ellos, e incluso intraemprendedores, que no responden a dicho perfil. Se puede ser emprendedor una vez, hasta que se cree la actividad, o mantener dicho carácter creando nuevas iniciativas. Quiero aquí remarcar, aunque no hablaremos hoy de ello, la vinculación entre emprender e innovar, pues existe una corriente académica muy sólida que señala que no toda creación de una actividad económica es un emprendimiento (y en consecuencia quien la pone en funcionamiento no es tampoco un emprendedor), y que se sostiene fundamentalmente en el uso de la innovación.

Sea como fuere, tanto si estás lanzando una iniciativa que pretende convertirse en una actividad económica, como si pretendes generar una nueva línea de acción dentro de una actividad existente, ¿qué elementos te convierten en emprendedor? Vamos a analizar unos cuantos, y para ello señalaremos una serie de actitudes y hechos que han de enmarcarse necesariamente en el contexto que hemos definido anteriormente, sin el que no tendrían sentido, alejándonos ex profeso de aquellas corrientes que definen al emprendedor en base únicamente a una serie de actitudes que, en el fondo, podrían atribuirse a muchas personas que no necesariamente son emprendedoras; es decir, tener pasión por lo que se hace, dedicarle mucho tiempo, ser optimista, empatizar con la gente, etc., son aspectos que facilitan mucho el camino del emprendedor, pero no lo convierten en tal. Vamos allá.

No paras. En ocasiones no sabes de donde te salen las energías, pero lo cierto es que echas horas extra, constantemente te implicas en actos de mejora o crecimiento, tu cabeza no para de pensar en cómo hacer esto o lo otro… Trabajas duro y tu actividad está constantemente en tu mente.

Tienes iniciativa. Se trata de pasar a la acción. Es una actitud. No es simplemente hacer las cosas, siguiendo el “guión”. Consiste en la capacidad y disposición de actuar tras analizar una situación determinada. Es lo que se identifica normalmente con ser “proactivo”.

Eres una persona resolutiva. Es decir, combinas inteligencia y creatividad para dar solución a lo que se te ponga por delante, en base a tu disposición de recursos y posibilidades. Ello implica normalmente una actitud abierta y de colaboración, sacando lo mejor de las personas implicadas con nuestra actividad para obtener soluciones.

Tienes inseguridad. El miedo a fracasar es casi consustancial a emprender, pues la incertidumbre es el campo donde hemos de operar, por muy atado que tengamos todo. Lejos queda la imagen del emprendedor exitoso, que se come el mundo y que arrolla con su carácter hiperseguro todo lo que se le pone por delante… En realidad dicha actitud es más bien peligrosa para el emprendimiento, pues carece de la humildad y curiosidad necesaria para evaluar lo que nos va pasando. Tener inseguridad pone en alerta los sentidos y nuestra capacidad analítica y de atención.

Eres una persona osada. Parece contradictorio con lo anteriormente expuesto, pero no. En ocasiones hay que arriesgar, eres perfectamente consciente de ello, bien puede valer la pena. Sabes que si siempre te mueves sobre seguro a la larga perderás oportunidades y que éstas serán aprovechadas por tu competencia. En consecuencia, y lejos de asustarte, los retos te motivan y te incitan a dar lo mejor de ti; son un logro a alcanzar, un obstáculo a salvar, algo a superar y que no te permitirá estar en paz contigo mismo hasta que no lo consigas. Es más, eres consciente de que aun en el caso de fracasar, dicha situación te servirá de experiencia y de que tendrás que levantarte y seguir adelante.

Eres flexible. No significa que te apartes de tu objetivo, sino que no te aferrarás a ninguna precondición para alcanzarlo. En la práctica se traduce en tener una actitud abierta y autocrítica, una actitud de escucha y atención a todo lo que te rodea, y que en ocasiones aconsejará a relativizar lo que hasta ahora creíamos de lo que hacemos, posibilitando que obremos consecuentemente adaptando nuestra actividad a dichos descubrimientos. Esta actitud es especialmente fundamental en nuestra relación con el cliente.

Te importa lo que haces. En consecuencia, medir tu actividad, obtener información que te indique cómo estás haciendo las cosas, es algo que siempre está presente en tus pensamientos. Tiene mucho que ver con lo anterior, y suele reflejarse en el diseño y disposición de instrumentos para conseguir feed back  sobre nuestra actividad.

Eres inconformista. No te acomodas, siempre buscas formas de optimizar el funcionamiento de tu actividad, estás pendiente de encontrar oportunidades que puedan mejorar tu actividad. Tiendes a ver las cosas de forma diferente o de lograr “ver más allá”. Buscas constantemente como mejorar este o aquel aspecto; en resumen, eres una persona que busca constantemente innovar.

Tienes obsesión por la liquidez. Necesitas ganar dinero, es así de simple. Todo lo que estás empezando a hacer, todo lo implica e involucra, sólo se sostendrá si ganas dinero. Emplearás todo tu ingenio y capacidad en lograrlo.

En resumen, y dentro del marco señalado, éstas son algunas de las señales que, cumplidas en mayor o menor grado y en su conjunto, te señalarán sin lugar a dudas que tienes pedigrí de emprendedor. Sólo queda aconsejarte que, para llevar a cabo tu emprendimiento de forma eficaz, no hagas del mismo una obsesión que afecte a tu vida privada; no olvides que es un medio para lograr algo y que siempre has de disponer de un tiempo de desconexión suficiente para dedicarte a ti y a los tuyos.

¿Consideras todos estos aspectos, bajo las condiciones señaladas, suficientes y/o necesarias para que una persona pueda ser considerada como emprendedora?

La encrucijada del Sr. Antonio, “Empresario familiar del año”.

La encrucijada del Sr. Antonio, “Empresario familiar del año”.

La historia es la siguiente: Antonio creó un negocio de la nada. Horas robadas al sueño, solicitud de préstamos, éxitos, fracasos, y de nuevo éxitos. Tras mucho luchar su esfuerzo se vio recompensado. Incluso la Cámara de Comercio Local le había hecho un homenaje, con motivo de sus 20 años de actividad económica, bajo el flamante título de: “Empresario familiar del año”. Antonio no sólo es el titular de “un” negocio, es el titular de “su” negocio, que es “su” obra, “su” creación.

Antonio en el trato con sus empleados hace gala de un cierto toque paternalista, como es habitual en las empresas en que todos se conocen por su nombre. Y con clientes y proveedores recurre a un trato personal y cercano, no en vano a los más importantes de ellos se les ha ganado a pulso durante muchos años y las relaciones son muy cordiales.

Pero ha pasado el tiempo y Antonio está al final de su vida laboral. Un momento lleno de dudas respecto al futuro de la empresa que tanto le ha costado levantar. Es el momento de plantearse la sucesión al frente de la misma.

Quizá si hubiese vendió el negocio cuando la situación económica parecía boyante ahora no existiría ninguna duda; pero no nos engañemos en aquel momento ni siquiera se lo planteó. Todavía le quedaban cuatro o cinco años para jubilarse, tiempo que entonces parecía una eternidad.

Llegó el momento de decidir qué hacer con el fruto de su trabajo. Claro que Antonio había ido a todas las charlas que desde finales de los noventa les daban en la Cámara Local de Comercio y en la Federación de Asociaciones Empresariales sobre: “la empresa familiar y su sucesión”, “la cuestión de la sucesión en la empresa familiar”, y un largo etcétera de títulos que contenían siempre las citadas palabras. Y en cada charla que había escuchado había procurado quedarse con una píldora de información que le sirviese para tomar la mejor decisión para su empresa, pero sin perjudicar a ninguno de sus hijos; porque Antonio tenía tres hijos.

Antonio pensaba en sus hijos. Cada uno tiene un perfil diferente, tanto por carácter, como por estudios, como por vocación. Y aunque admiraban a su padre por el empeño que había puesto en levantar, mantener y ampliar el negocio no sentían la misma identificación que él con el mismo. Incluso de pequeños veían que el negocio se había llevado una parte del tiempo que podían haber disfrutado en común.

Antonio había seguido las pautas que recomendaban los “expertos” que les daban las charlas. Había suscitado el interés de sus hijos en la empresa familiar; les había inculcado su propia cultura organizacional; habían rotado por los diferentes puestos de la misma; y conocían a los empleados, clientes y proveedores. Incluso les había buscado empleos temporales en otras empresas de diverso índole para enriquecer sus puntos de vista. Y como colofón había dejado a cada uno de sus hijos al frente de la empresa durante dos meses. Esto último es lo que más le había costado.

No estaba satisfecho del todo con la experiencia anterior. Aunque en general estaba contento con los tres, ninguno había llevado la gerencia exactamente igual a como él lo hacía. Ahora, Antonio pensaba que quizás el error fuese pensar que los hijos tienen que ser un clon de uno mismo.

Pero todo lo anterior es tiempo pasado, ahora toca pensar en quién dirigirá la empresa. Su hijo mayor es el más parecido a él, saca más de cinco años a sus hermanas y generacionalmente está más próximo a sus padres que a aquellas. Con él no se introducirían muchos cambios en el negocio, cuidaría a los clientes, velaría por los empleados para que siguiesen realizando su trabajo satisfactoriamente y seguiría trabajando con los mismos proveedores. Es idóneo para mantener el negocio en la llamada “zona de confort”; sin embargo, Antonio no tenía claro cuánto tiempo puede una empresa seguir en la misma con un mercado sometido a constantes cambios.

Su hija mediana posee una mente creativa, abierta al cambio y a la innovación, con un cierto gusto por el riesgo. Ponerla al frente de la empresa podría suponer muchos cambios. Y eso asustaba a Antonio, porque los empleados y clientes quizás no les entenderían, lo que causaría desafección; y los proveedores deberían adaptarse a sus nuevas demandas. Y si bien es cierto que con el tiempo podría reunir un grupo de empleados y proveedores no lo veía tan claro con la posibilidad de conseguir nuevos clientes.

Y por último su hija pequeña, metódica y racionalista. No siente ningún apego ni por clientes ni empleados, ni proveedores, para ella son sistemas de relaciones que pueden ser cambiados por otros si objetivamente la empresa va a obtener un mayor beneficio. Tampoco es que esté deshumanizada, pero sabe diferenciar perfectamente de las relacionas a título particular de las meramente laborales y comerciales.

El dilema es difícil y le está quitando muchas horas de sueño. Y menos mal que Antonio va a conservar hasta el fin de sus días la propiedad de la empresa. Porque Antonio prefiere no pensar en qué pasará cuando sus tres hijos ostenten un tercio de la propiedad de la misma.

No importa que Antonio tenga dos empleados o cincuenta. No importa que Antonio tenga una tienda de barrio, una academia o sea el dueño de una fábrica de tubos de aluminio. Lo importante es el momento crucial que se le plantea a Antonio y a otros muchos como él cuando llega este momento de su vida… Y si fueses Antonio ¿A quién pondrías a dirigir la empresa? Y ¿por qué razón o razones?

Sobre el pasado y el futuro del comercio local.

Sobre el pasado y el futuro del comercio local.

El comercio local ha sido uno de los sectores de actividad económica qué más cambios ha experimentado en los últimos años. Secularmente hasta mediados de los años noventa del pasado siglo apenas había experimentado modificaciones, salvo por la ampliación de los catálogos de sus productos. Ya fuese rural o urbano, habitualmente se estructuraba en torno a núcleos familiares que lo regentaban. Y cuanto menor era la competencia de otras tiendas similares mayor era el surtido de productos que ofrecía. Recuerdo especialmente mis frecuentes escapadas a mis orígenes familiares, por diferentes municipios de poco más del centenar de habitantes con una única tienda en cada uno de ellos. Llegar allí era encontrarse con una multitud de productos  hábilmente apilados para aprovechar cada centímetro cuadrado del espacio disponible: bombillas para la luz a 125 convivían con velas de cera (necesarias por los frecuentes cortes de luz), conservas, etc. Creando un posicionamiento de productos en las estanterías incomprensible para los profanos.

En la década de los años 60 y 70, los comercios locales del ámbito urbano sufrieron su primer momento de “amenaza” con la creación de las cadenas de supermercados pensadas para los nuevos barrios generados a raíz del éxodo rural al medio urbano. Aun así seguía habiendo una población de consumidores suficiente como para que conviviesen estos diferentes enfoques de comercio. Aunque el comercio local se percató de que existía otra forma de realizar el mismo trabajo.

Sin embargo a mediados de los años noventa, aunque el proceso llevaba gestándose una década, ya se habían instalado grandes superficies comerciales por todas las capitales de provincia, pensadas para cubrir las necesidades en una gran gama de productos y para un espacio geográfico amplio. Y sobre todo con unos precios muy competitivos, y es que no es lo mismo, por poner un ejemplo, comprar los refrescos por cajas de 200 unidades que por camiones, los precios de fábrica varían bastante. Superficies que además hábilmente conjugaban y conjugan  el ocio junto con otras actividades comerciales y de hostelería.

Un hecho considerado uno de los cambios socioeconómicos que se produjeron en España, catalogado como una conquista social, vino a impulsar el proceso anterior: la posesión del automóvil. Lo cual dotaba de unas posibilidades de movilidad a la población hasta ahora desconocidas. La gente que vivía en un  pequeño municipio o en un barrio no le costaba tanto desplazarse, ni en tiempo ni en dinero, como hacía una o dos décadas.

Lo anterior suponía para los clientes que además de la oferta de ocio y de servicios podían tener una mayor variedad de productos, con diversas gamas, y a precios más económicos. El comercio local, que hasta entonces había tenido escasa o nula competencia, no sabía cómo afrontar la nueva situación. Optando mayoritariamente por la postura más conservadora, es decir reivindicarse por lo que venían siendo tradicionalmente pero sin afrontar un proceso de cambios. Y esta actitud ha sido la mayoritaria durante un largo periodo de tiempo. Realizaron, y realizan,  campañas enfocadas al sentimentalismo, pero olvidando que el cliente lo que busca mayoritariamente es precio. Y esto no se lo pueden reprochar a un cliente sí evidentemente el propietario de la tienda también busca el mejor precio entre sus proveedores.

Aunque una parte del comercio local está reaccionando y manteniendo su posición en el ámbito local en que tradicionalmente estaba presente. Y como ejemplo que lo ilustra el siguiente hecho:

Hace unos días tuve que hacer unas compras y pasé al nuevo establecimiento que acababa de abrir hace dos semanas el ferretero de mi barrio, ubicado frente a la ferretería que regentaban sus padres y en la que él trabajado más de 20 años. El hombre es un profesional del sector en toda la extensión de la palabra, amable de trato, con conocimiento de sus productos y siempre dispuesto a orientarte en cómo utilizar los mismos. En diferentes ocasiones hemos hablado sobre el declive del comercio local y la necesidad de adaptarse a la nueva situación. Y como me contestó cuando le felicité por el cambio que había dado a su negocio: “Renovarse o morir”. Para lo cual ha realizado algunos cambios que son extrapolables para otros tipos de comercios locales, y que a modo de pautas se exponen a continuación.

Especializarse en una serie de productos. La lucha contra las grandes superficies, o las ferreterías industriales, de su sector por variedad de productos está perdida, al comercio local le exigen un altísimo coste en adquisición de productos que permanecerán almacenados largo tiempo. El nuevo comercio local tiene que ser referente en productos concretos. La especialización también puede suponer un cambio o ampliación en la denominación, en este caso ha pasado a ser una “cuchillería-ferretería”; y en otros ejemplos de tiendas de ultramarinos se titulan “delicatesen”, o “especialistas en corte de jamón a cuchillo”, por poner algún ejemplo.

Escuchar las necesidades de los clientes. En cuarenta años los clientes, sus costumbres y sus necesidades en su relación con el tipo de comercio han cambiado. Por ejemplo, ya no se hacen tantos agujeros en la pared, pero sí en cambio se está generalizando el uso de pegamentos y diferentes sistemas de sujeción que evitan hacer agujeros. Esto entronca con el apartado anterior ya que la especialización hay que buscarla en las necesidades del cliente, siendo conscientes que las necesidades cambian.

Trabajar la calidad, pero sobre todo hacer que el cliente la perciba. En la lógica de tiempos pasados se pensaba que algo por ser caro era bueno, sin embargo el cliente ahora es diferente, se le bombardea continuamente con ofertas, productos alternativos, etc. El cliente debe ver claramente que si el producto puede suponerle un mayor coste es porque posee mayor calidad, y que en base a ésta decida su adquisición.

El local donde se realiza la actividad es importante. De un local estrecho y alargado iluminado por luz artificial ha pasado a un escaparate más amplio que deja entrar una gran cantidad de luz natural. Un escaparate bien organizado y atractivo al cliente, huyendo de ese criterio tradicional y muy generalizado hace años de que en el escaparate había que tener cuantas más cosas mejor, y no tener un hueco libre; lo que ocasionaba cierta semejanza con los tenderetes de mercadillo.

La disposición de los productos en el interior del establecimiento dice mucho de tu negocio. En el ejemplo que relato se ha pasado de un espacio en que un mostrador en forma de “L” invertida impedía el acercamiento a los productos, a verse arropado por los mismos. Esto facilita que el cliente tenga cerca los productos y puede sopesar las distintas opciones para su necesidad. A lo que hay que añadir las pautas comunes sobre posicionamiento en altura de los productos, inexistencia de huecos libre de un producto en las estanterías y un lugar para ofertas destacadas.

Evidentemente todo hay que aderezarlo con las habilidades del vendedor ya descritas que le convierten en un profesional. Si se analizan los establecimientos de nueva apertura de este sector se perciben la aplicación de estas pautas con carácter general, a lo que añaden una ubicación que busca la proximidad del cliente.

Si posees un comercio local, en tu caso específico ¿cómo has reaccionado ante el nuevo panorama? ¿Has aplicado alguna otra pauta para tu negocio  que pueda ser usada con carácter general para potenciar el comercio local? 

Seis razones por las cuales tu negocio es importante para tu entorno

Seis razones por las cuales tu negocio es importante para tu entorno

Seis de la mañana.  Abres lentamente las rejas de tu local para no despertar a los vecinos que a esas horas seguramente disfruten de la fase Alfa de sus sueños. Entras, te pones el mandil y te dispones a empezar la jornada mientras por la puerta entra Marta, tu ayudante. “Buenos días“, te dice educadamente mientras emite el último bostezo de la mañana, previo a ponerse también a la tarea. Replicas con el mismo saludo, y comenzáis a preparar las masas, hornos, envoltorios y paquetes. Al rato, aparece Rafa, el distribuidor, que trae la harina, azúcar y leche necesarias para la jornada. Un par de horas después, la pastelería emite un agradable y característico olor que señala la hora de apertura al público, que acude en lento goteo a la llamada de sus sensibles olfatos. “Una barra calentita, por favor“; “deme dos cruasanes“; “necesito un pastel de cumpleaños para esta tarde“… son algunas de las peticiones que se escuchan a lo largo de la mañana. Tras el turno de la comida toca reincorporarse, inventariar, comprobar los pedidos hechos por la mañana, atender a los últimos clientes y dejar todo limpio y preparado para la mañana siguiente. Son ya las ocho en punto. Has echado todo el día en la pastelería y toca ir a casa con los tuyos, a disfrutar de las pocas horas que quedan del día con tu familia, previo el merecido descanso.

Lo anterior, ejemplificado en una pastelería, bien podría extrapolarse con pocas diferencias a cualquiera de los negocios locales existentes en nuestros barrios o pueblos. En este relato están contenidas muchas de las relaciones y situaciones que se establecen a través de los negocios locales, con variaciones en función del tipo, tamaño, funcionamiento, etc., pero en definitiva unas características que los hacen únicos y fundamentales para el medio donde se ubican, más allá de ser el medio de vida de sus propietarios. Veamos algunas.

Generación de empleo. Es un tópico, “los negocios locales no tienen apenas capacidad de generar empleo“, lo que explica en gran parte la escasa atención que reciben. Sin embargo, este argumento choca con la realidad: España es un país de autónomos y pymes de entre 1 y 9 asalariados (entre ambas representan el 95,8% del tejido empresarial español). Además, el conjunto de las pymes generan el 63% del empleo empresarial. Dicho en plata, tu negocio pertenece a la categoría de los que contribuyen más a mantener la economía del país; si además tienes asalariados, el impacto social de tu actividad es invaluable. Piensa en todo lo que implica.

Fijación de población. Es una consecuencia de lo anterior, si una persona tiene un trabajo, normalmente se queda a vivir en el entorno. Éste es un aspecto muy importante en el medio rural, muy especialmente en aquél lejano de los centros urbanos, y cuya economía y vida social gira fundamentalmente en torno a los recursos existentes en el medio. Además, la población en general tiende a quedarse allí donde tiene garantizados los servicios básicos, que es por otro lado un medidor fiable de la calidad de vida que puede tener un lugar determinado. En resumen, directa o indirectamente tu negocio ayuda a que el territorio donde se inserta tenga futuro.

Contribución a la economía local. Una de las características más destacables de los negocios locales es que suelen proveerse de otros negocios locales, contribuyendo así a que aquellos sean también viables, y con ellos los proyectos de vida de las personas que los gestionan. Dicho de otra manera, la economía local suele, en mayor o menor medida, retroalimentarse. Paco el distribuidor, Daniel el proveedor de materias primas, Pepe el productor, Mariano el del servicio técnico, María la abogado, Ana la contable, Juan el mensajero, Lola la mujer de la limpieza, Teresa la de la droguería… todas éstas pueden ser personas que también regenten un negocio que dependa de otros como el tuyo. La conclusión es que cada euro gastado en negocios locales genera un impacto, directo e indirecto, mucho mayor que si lo empleamos en grandes negocios, que deslocalizan dicho valor.

Apuesta por la producción local. Los negocios locales suelen proveerse de los mercados locales y/o regionales, en contraste con las grandes cadenas comerciales, que suelen comprar al por mayor a productores que no tienen porqué operar en los mercados locales, y que en muchas ocasiones incluso suponen la entrada de productos que distorsionan los precios de la producción local. Comprar local supone apostar por el pequeño productor, por la diversificación de productos y por la pervivencia de formas productivas muchas veces únicas.

Calidad, salud y ecología. En el medio local es común encontrar leche que sepa a leche, tomates sin igual, melones dulces, pan crujiente, artesanía única, etc., incluso si hablamos de barrios urbanitas, pues aquí también encontramos muchos negocios que prefieren proveerse de productores locales. Los “productos ecológicos”, o la “artesanía local”, tan de moda actualmente, existen en el medio local desde la noche de los tiempos. Consumir local es consumir calidad y ganar en salud, no hay punto de comparación; la forma de producir dista mucho de la que utiliza la gran industria. Además, se contribuye significativamente a mantener la diversidad genética y de especies. Si quieres un último argumento a favor, los circuitos comerciales locales son mucho menos contaminantes, ya que su recorrido es corto, lo que contrasta con los miles de kilómetros que determinados productos de las grandes superficies recorren hasta llegar a éstas.

Lugar de encuentro. Si tu negocio es de aquellos que tienen mostrador, seguramente será punto de encuentro de vecinos, donde al tiempo que compran aquello que ofreces pueden saludar y hablar a sus conocidos. No es un aspecto baladí éste de la socialización, todos tendemos a vivir allí donde nos sentimos a gusto, a no ser que no nos quede otra opción. Además, si tu negocio se inserta en una calle donde hay más negocios, seguramente entre todos habréis logrado que el Ayuntamiento acondicione la vía y la haya dejado funcional y transitable. ¿No contribuye pues tu negocio a que el lugar donde se inserta esté vivo y sea agradable?

Éstas son algunas de las razones por las cuales tu negocio es importante para el medio donde se inserta. Es para sacar pecho, pues el impacto que tiene sobre la economía real y sobre la calidad de vida de las personas es, como hemos visto, importantísimo.

¿Se te ocurre alguna razón más por la cual la economía local es importante para el territorio donde se desarrolla? ¿Tienes alguna experiencia destacable en tal sentido?

Me pone cuarto y mitad de emprendedores…

Me pone cuarto y mitad de emprendedores…

Llegó el nuevo siglo, el XXI. Y de pronto la palabra “emprendedor”, a la que durante mucho tiempo se la había tenido relegada a la literatura académica, se puso de moda. Principalmente influenciados por los ejemplos de nuevos empresarios que venían de los Estados Unidos, especialmente en el mundo de las entonces Nuevas Tecnologías de la Información y Comunicación (actualmente el “Nuevas” sobra).

Los emprendedores habitualmente eran gente joven, que habían aplicado soluciones innovadoras a los problemas que habían detectado, que habían asumido grandes riesgos, que habían triunfado (algunos con anteriores y sonados fracasos, pero se habían logrado sobreponer)… y que de pronto estaban en todos los medios de comunicación. Personificaban la imagen del éxito.

Y mientras tanto en España… el momento era dulce. Se generaba empleo; se tomaban medidas fiscales de apoyo a las empresas; España se miraba en el espejo de las potencias económicas mundiales; se hablaba de cambiar el modelo productivo, y se nos familiarizó con el concepto de I+D; se veían alternativas a la alta tercerización de la económica española,… pero se olvidaban que el gran financiador estaba siendo la Unión Europea y que esto tenía fecha de caducidad. Sin entrar en porqué no hicieron caso a los economistas que pedían aprovechar esta coyuntura para meter cambios estructurales en la economía española, el hecho cierto es que se han vuelto las tornas con efectos negativos corregidos y multiplicados sobre el peor de los escenarios ya vividos.

Pero volviendo a los albores del siglo… deslumbrados por el fenómeno de emprender, o emprendimiento,  la palabra “emprendedor” se hizo habitual en un gran número de niveles de la sociedad. Las asociaciones de empresarios empezaron a renunciar al término “empresario” y a proclamar que la “e” de sus iniciales era de “emprendedor”. Para los medios de comunicación casi todo empresario era emprendedor, y curiosamente sólo veíamos casos de éxito. Las universidades empezaron a preocuparse por el novedoso fenómeno, descubriendo la larga literatura académica de más de un siglo de antigüedad del mundo anglosajón y germánico. La banca creando líneas específicas para emprendedores. Sindicatos de diverso índole empezaron a asesorar hacia el fenómeno del emprendimiento, en especial con relación al colectivo de mujeres emprendedoras. Y cómo no, el estamento político, que guiando a las Administraciones Públicas, llenaron el país de convocatorias y programas con el emprendimiento como razón de ser, lo cual es una buena herramienta si sabe utilizarse.

En vez de canalizar la inquietud por un fenómeno socioeconómico hacia su conocimiento, definición, valoración, difusión y apoyo; se optó por empezar a cambiar las denominaciones de los planes de fomento de creación de empresas por emprendedor, sin apenas entrar en el fondo del fenómeno, cualquier profesional que desease realizar una actividad económica, con independencia de su características  tamaño, pasaba a ser denominado emprendedor.

Volvimos a demostrar un rasgo español muy característico a lo largo de la historia: todo el mundo iba a ser emprendedor “por imperativo legal”. Al igual que todos los visigodos adjuraron del arrianismo, por orden del rey Recaredo, para convertirse al catolicismo romano y así ir de la mano con los hispanorromanos,  de pronto todo aquello que oliese a actividad económica era emprendimiento.

Mi experiencia personal de aquellos años, era la de ver el uso abusivo abusaba de la palabra, pero a la vez existía una gran indefinición. Charlas, jornadas, cursos… en todos se hablaba de los emprendedores, se les caracterizaba por los rasgos que manifestaban o se creía manifestaban esos ejemplos que nos llegaban de otros países. Se buscaba a los homólogos nacionales de aquellos, etc. pero no se entraba de lleno en definir claramente los límites entre lo que era un fenómeno netamente emprendedor de un empresario al uso. Y no quiere decir todo esto que no existiese una gran cantidad de buena voluntad y de convencimiento, más bien al contrario, era todo tan excesivo que el emprendedor paso  a ser “La gran esperanza”.

Se pensaba en reformar todas las etapas del sistema educativo para generar un caldo de cultivo favorable al emprendimiento, desde los parvularios hasta las universidades. Para lo cual se intentaba emular el sistema educativo anglosajón, donde se da más importancia, por ejemplo, a la creatividad, el debatir y el individualismo, frente al aprender de memoria y al concepto del grupo. Pero todo ello sin modificar el resto del sistema que lo rodea. 

Se opinaba y opina sobre cómo debe ser el emprendedor ideal, aunque habitualmente desde estamentos que no habían sido tradicionalmente ejemplo de emprendimiento.

Emanaba y sigue emanando el discurso del “arriésgate para tener éxito”, “aunque sea difícil si te esfuerzas lo conseguirás”, “no pienses, actúa”, “y si fracasas no pasa nada”… debe ser porque somos una sociedad tan tolerante con el fracaso, que aquí se ejemplifica cada día la expresión de hacer leña del árbol caído. Sin olvidar que a quien inició su actividad económica y dejó alguna deuda con las Administraciones Públicas, esas que le animaron a emprender, le persiguen vía fiscal y con recargo de intereses hasta el último euro que gane hasta saldar la deuda.

He asistido a conversaciones en que se justificaba que cada persona que tenga una idea debe ser emprendedora, así sin más matices. Afirmación rotunda que algunos poníamos en duda, y es que nuestros interlocutores se olvidaban que no éramos uno de los recién titulados a los que les imparten charlas motivadoras sobre lo bonito que es el emprendimiento. Creo firmemente en el emprendimiento y sus posibilidades, pero con cabeza.

Personalmente tengo la sensación de que en general se ha concebido el proceso de generar las condiciones óptimas para emprender como una actividad industrial más que un cambio de mentalidad, no sólo de los potenciales emprendedores, sino de toda la sociedad. Algo así como que por el mero hecho de acabar una formación superior y haber recibido algunas asignaturas sobre creación de empresas y charlas motivadoras, para los discursos públicos ya se es un emprendedor. No me extrañaría que algún genio pensase en crear la titulación de Emprendedor en esto o lo otro. Y ese día el gobernante de turno dijese: “Póngame cuarto y mitad de emprendedores, que tengo que demostrar lo dinámica que es España y lo bien que va”.

¿Piensas que se está abordando con conocimiento el tema del emprendimiento? ¿Tienes la sensación de qué han institucionalizado la figura del emprendedor?

¿Qué significa la economía y el emprendimiento verde? (y II)

¿Qué significa la economía y el emprendimiento verde? (y II)

Aunque existe diverso material publicado, en ocasiones con diferencias de matiz, con clasificaciones de las actividades susceptibles de ser generadoras de empleo verde, me ceñiré, por tomar un referente, a la Guía de empleo verde de la Federación Española de Municipios y Provincias. Según esta Guía quince son los “yacimientos de empleo” que lo componen: tecnologías de la información y comunicación; ecoindustria; tratamiento y depuración de aguas residuales; gestión y tratamiento de residuos; producción de energías renovables;  gestión de espacios naturales protegidos; producción de energías renovables; gestión de espacios naturales protegidos; gestión de zonas forestales;   servicios ambientales a empresas y entidades; educación e información ambiental; agricultura ecológica y ambiental; rehabilitación y edificación sostenible; turismo sostenible; transporte sostenible y transformación del sector del automóvil; economía de la biodiversidad; y silvicultura.

Es evidente que entre todas estas actividades las hay que ya se venían realizando, con una trayectoria más o menos larga, como por ejemplo el tratamiento y depuración de aguas residuales y la gestión y tratamiento de residuos. Y otras que pueden ser novedosas para los fines concretos de la economía verde, como la aplicación de las tecnologías de la información; o surgidas en torno a ella, como la ecoindustria.

También está claro que no todas pueden ser desarrolladas, con carácter general, por un promotor o grupo de promotores debido a las altísimas inversiones. Lo mismo que algunas de estas actividades están supeditadas a la obligación de prestar servicios que tienen las Administraciones Públicas.

Lo mismo que no todas las actividades tienen porqué repercutir directamente sobre el medio rural y su población, ya que la empresa que las realiza puede no tener presencia en el mismo, y acudir sólo a prestar un servicio determinado o crear desde otro ámbito ajeno al que va a repercutir alguna tecnología al servicio de esta economía.

No obstante sigue habiendo margen para que profesionales y PYMES, es decir la inactiva privada desarrolle una actividad económica que genere empleo y riqueza “por”, “en” y “para” el medio rural. No hay que olvidar nunca que estas actividades participan de la sostenibilidad.

La economía y el empleo verdes se configuran mayoritariamente para que su acción efectiva repercuta sobre el medio rural o altamente ruralizado. Evidentemente un medio urbano necesita de gestión de aguas, residuos, control ambiental, etc. pero habrá actividades que por sus propias características no puedan desarrollarse. No imagino a una gran urbe con sus espacios periurbanos, básicamente formados por ciudades-dormitorio, realizando actividades a gran escala de silvicultura.

A nivel de generar actividad económica puede adquirir mayor relevancia en aquellas zonas adscritas al medio rural y atomizadas por los llamados pequeños municipios,  ya que fuera de las actividades agroganaderas que se venían desarrollando tradicionalmente no suelen existir otras alternativas para generar actividad económica más que aquellas que dan un soporte de servicios mínimos a su entorno, como por ejemplo el comercio de proximidad.

Como aclaración decir que en España se entiende por “medio rural: “el espacio geográfico formado por la agregación de municipios o entidades locales menores definido por las administraciones competentes que posean una población inferior a 30.000 habitantes y una densidad inferior a los 100 habitantes por km2”, acorde al artículo 3 de la Ley 45/2007, de 13 de diciembre, para el desarrollo sostenible del medio rural.

También es interesante para las personas que habiten o desarrollen su actividad profesional en el medio rural el plantearse el empleo verde como complemento a su medio de vida en el mismo, al igual que el turismo rural en su día se pensó como complementario a la agricultura y ganadería se puede seguir aplicando esta filosofía. Y no sería tan extraño que quien tenga una explotación ganadera acabe creando una granja-escuela; o quien realizaba obras de construcción y albañilería en el medio rural reconvierta parte de su actividad hacia la rehabilitación y edificación sostenible, que no es ni más ni menos que recuperar los elementos y métodos tradicionales de construcción, mucho más respetuosos con el medio ambiente.

Por otro lado no hay que perder de vista el potencial que tiene la producción ecológica, tanto agrícola como ganadera. Cada vez están sufriendo un mayor desarrollo este tipo de mercados, normalmente sin intermediarios a través de redes de consumidores. Al igual que el turismo sostenible enfocado a integrar otros yacimientos de empleo verde con las prácticas habituales del turismo rural. Y también todo lo referente a la educación y formación ambiental que transversalmente podría complementar a todas las actividades mencionadas en este y el anterior párrafo.

Y finalmente, aunque existen más ejemplos, están las posibilidades de la silvicultura con la finalidad de producir cultivos agroenergéticos, ordenar forestalmente y prevenir incendios. Y sin olvidar algo tan sencillo como es proveer de leña a las estufas y calderas que debido al crecimiento del precio de otros combustibles se están volviendo a instalar.

Evidentemente poner en marcha una actividad económica, ya sea tradicional o novedosa, no es cosa fácil y menos en un contexto en que según los diferentes estudios existe un halo de pesimismo. Ante esta situación se hace necesario reivindicar el papel que puede jugar la Administración Local como promotor de iniciativas que generen actividad económica, así como los Grupos de Acción Local a la hora de fomentar la idea del empleo verde entre la población local y como apoyo a los emprendedores con sus instrumentos financieros.

Finalmente preguntarte: ¿ves factible en el entorno rural qué conoces el desarrollo de empleo verde? ¿Tienes alguna experiencia promoviendo un proyecto de empelo verde, cómo fue?