Seleccionar página
Autocomplacencia: Pecado mortal en las organizaciones.

Autocomplacencia: Pecado mortal en las organizaciones.

Aunque hoy toque hablar del pecado mortal, tranquilos, no se trata de una lección de Teología, es algo más mundano. Si en el ámbito de la fe el pecado es la “transgresión voluntaria de los preceptos religiosos”, el añadir “mortal” se refiere a la más grave de las “transgresiones”, es decir, que lleva directamente al infierno. En cambio en el ámbito de las organizaciones es aquello que conduce al fracaso.

Con este artículo me gustaría llamar la atención de todas las organizaciones participantes del desarrollo socioeconómico local en sentido amplio, lo mismo a una Organización No Gubernamental, que a una Administración Pública, que a una Pyme o incluso a un profesional individual de los descritos en el post de “¿Cultura empresarial para autónomos y micropymes?“.

El Diccionario de la Real Academia Española define la autocomplacencia como la “Satisfacción por los propios actos o por la propia condición o manera de ser”. A priori esto no es negativo ni positivo, el problema surge cuando la autocomplacencia conlleva mecanizarse en lo que se hace y no plantearse si se puede hacer de otra manera para obtener los mismos o mejores resultados. Es decir, que podemos ubicar la autocomplacencia en la zona de confort de la organización, donde obtiene los resultados esperados y funciona por la propia inercia generada anteriormente. Es una situación cómoda; el problema surge cuando ésta limita a la organización y la estanca.

La autocomplacencia suele plasmarse en una relajación en todos los miembros que componen la organización. Se trabaja de manera sistemática y se pierde el foco de atención en lo que se hace, lo que ocasiona que se tarde más en detectar las pequeñas distorsiones. La organización está en un limbo, meciéndose plácidamente en aguas calmadas, sin ver más allá de sus límites.

Para no caer en la autocomplacencia lo primero que hay que hacer es demostrar cierta valentía. Me explico, sentirse orgullosos de los resultados alcanzados como organización no es incompatible con hacerse preguntas sobre cómo los hemos obtenido. Esto, que debería ser habitual no lo es, ocasionado en múltiples casos por el propio sentimiento de afiliación que necesitamos los humanos, como bien indican la Teoría de las tres necesidades de McClelland. Una vez que estamos plenamente integrados en un grupo en el que vemos que además los resultados obtenidos son positivos, es difícil ver que existen otros planteamientos diferentes a la hora de actuar, ya que los cambios podrían producir un desplazamiento en la zona de confort de la organización, y por lo tanto en la nuestra personal.

No se debe caer en el error de pensar que no es bueno para la marcha de las organizaciones poner en duda cómo están realizando su trabajo cuando las cosas van bien; erróneamente tenemos miedo de las críticas, obviando que las hay destructivas y constructivas. Precisamente ese es el mejor momento, porque cuando todo vaya mal seguramente no tendremos ni el tiempo para reflexionar, ni la oportunidad de hacerlo, estando pendientes de cómo no caer en el naufragio. El signo de los tiempos es el cambio constante, lo que obliga a que las situaciones tengan que estar replanteándose de continuo. Que algo funcione en el pasado no significa que vaya a seguir haciéndolo en el futuro.

Cada tipo de organización deberá enfocar su análisis en función de su misión; no es lo mismo una administración pública que una ONG. No obstante todas ellas deberían reflexionar en clave de procesos, mirando más allá de los resultados obtenidos.

Por ejemplo, supongamos que una diputación financia la creación de empresas en el medio rural y destina medio millón de euros. Al finalizar la convocatoria adjudican todo el importe económico y contribuyen a crear 50 empleos estables en 20 proyectos que han subvencionado. Institucionalmente son unos datos muy vendibles, pero se me ocurren una serie de preguntas que pueden lanzarse, a modo de ejemplo, en clave de proceso. La primera cuestión podría ser si las bases que regulan la convocatoria son las mismas que en años anteriores y cuántos años hace que no se modifican. La segunda cuestión es conocer si hemos tenido en cuenta la opinión de los destinatarios de las mismas a la hora de diseñarlas, si las han redactado los técnicos del departamento junto a los cargos electos, o si se han preocupado de conocer las necesidades de los autónomos y profesionales de su provincia. La tercera cuestión se fundamenta en sí se han tenido en cuenta factores como la innovación, el aprovechamiento de recursos endógenos, o la singularidad de la actividad en la zona de influencia. Y así en todo el procedimiento hasta la conclusión del mismo. Evidentemente todo ello presidido por la legalidad normativa que debe regir en toda la Administración Pública, tener en cuenta las opiniones de terceros no significa infringir la ley.

En todo caso no debemos perder de vista las dos afirmaciones de este párrafo. Que los resultados sean positivos no quiere decir que se estén haciendo bien las cosas. Que seamos eficaces respecto a la consecución de los objetivos planteados no conlleva que se hayan conseguido eficientemente.

Del análisis de los procesos de nuestra organización en una situación previa de autocomplacencia podemos obtener dos tipos de conclusiones. Puede darse el caso de que el engranaje de la organización esté trabajando eficientemente, administrando correctamente los recursos y obteniendo los resultados que éstos permiten, en cuyo caso la autocomplacencia está justificada. Pero también puede ocurrir lo contrario, que a pesar de cumplir los objetivos organizacionales los recursos no estén trabajando eficientemente; por lo cual tendrá que reasignar recursos.

El último ejemplo del párrafo anterior conlleva un dilema para la organización: “¿qué hacer con los recursos sobrantes?”. La organización puede optar por utilizarlos para obtener mayores resultados o abrir nuevas líneas de productos o servicios. Pero también puede optar por deshacerse de ellos. También hay que tener en cuenta que no es lo mismo cuando hablamos de recursos materiales, que cuando se trata de los recursos humanos de una organización. Pero qué hacer con estos recursos es materia para otro artículo.

¿Es tu organización autocomplaciente? Y si es así ¿realmente puede permitírselo? ¿Participan vuestros usuarios, colaboradores, clientes, etc. del análisis de nuestros procesos?

 

Fotografía: Por Sipa CC0 Public Domain. [http://pixabay.com/es/service/terms/#download_terms], vía http://pixabay.com/

Pon un hashtag en tu campaña

Pon un hashtag en tu campaña

Las nuevas tecnologías nos brindan a las organizaciones cada vez más opciones y oportunidades de hacer llegar nuestro mensaje a los hogares de los ciudadanos. En un momento en el que las disponibilidades presupuestarias son menores y la competencia cada vez mayor, es importante conocer las opciones y alternativas que tenemos para enfocar las modalidades de comunicación con las que contamos, una amplia gama de herramientas que, además, frecuentemente condicionan y modulan nuestras campañas, por lo cual elegir la adecuada puede significar la diferencia entre el éxito o pasar inadvertidos.

Hoy vamos a analizar una de estas herramientas, los hashtags, popularizados a partir del uso de la red social Twitter, y que hoy son de uso generalizado, gracias fundamentalmente al fenómeno de los trending topics. Técnicamente, son una etiqueta de metadatos precedidos de una almohadilla o numeral. Se utilizan para etiquetar la información existente sobre un tema, sirviendo como aglutinador para la difusión del mismo entre varios usuarios. Su sencillez de uso es parte fundamental de su éxito, ya que para agregar un contenido a un tema determinado lo único que hemos de hacer es señalar el hashtag correspondiente en nuestra entrada social y, al revés, si queremos conocer lo más consultado respecto a un tema sólo hemos de realizar una búsqueda en nuestro navegador o red social a través de un hashtag. No distinguen de mayúsculas y minúsculas, aunque podemos alternar su uso para destacar algún aspecto de la etiqueta.

Lo interesante de su uso, decíamos, está en la capacidad de convertir un contenido en viral, de convertirlo en un trending topic. ¿Quiero esto decir que con simplemente sacar una campaña o una información determinada ya se va a convertir en viral? Por supuesto que no, hay que diseñar la estrategia de comunicación y mover el contenido; lo normal de hecho es que pase prácticamente inadvertida, pero si encontramos eco, el éxito puede ser rotundo. Eso si, los trending topic se caracterizan por una alta volatilidad, y de repente nos podemos encontrar arriba en la lista como no aparecer en la misma, con lo cual nuestra estrategia debe incorporar también los pasos necesarios para mantenernos en la misma el máximo tiempo posible.

¿En qué instrumentos de comunicación es más adecuado utilizar hashtags? Sin duda, en las campañas de promoción del activismo por una causa determinada. Por lo tanto, la buena noticia aquí es que el hashtag es una herramienta casi a medida de las organizaciones, tanto públicas como privadas.

Quizás el ejemplo cercano más relevante respecto al uso de hashtags lo tengamos en la campaña #BringBackOurGirls que, en el pasado mes de abril, llamó la atención mundial sobre el secuestro de niñas por parte de la organización Boko Haram en Nigeria. La campaña unió un hecho entonces mediático al impulso dado a través de una personalidad (en este caso, la Primera Dama estadounidense), lo que la convirtió en un tremendo trending topic durante varios días, todo un exitazo. Pero como en toda moneda, donde hay una cara hay una cruz, y en este sentido ha venido en forma de crítica sobre el impacto real alcanzado por la campaña que, si bien mediáticamente ha sido enorme, no lo ha sido así en cuanto a acciones tangibles, quedándose, dicen sus críticos, en un mero “activismo de click”.

¿Es entonces el uso de hashtags una mala idea para utilizar en nuestras campañas? No, pero tenemos que tener claro que el hashtag es sólo una herramienta (una más entre muchas posibilidades), no la campaña en sí. Dicho de otra forma, una etiqueta de unos pocos caracteres no puede nunca pretender ser el argumento de una causa, debemos darle al lector una visión completa de lo que buscamos. Por lo tanto, el hashtag es, en este sentido,  un mero difusor, una llamada a la atención que ha de dirigirse a un contenido significativo que pretenda convertir tráfico en apoyo a la causa; lograr la máxima difusión está bien, es un logro enorme, pero si no lo dirigimos a alcanzar la utilidad que pretendemos (financiación, presión mediática, captación de voluntarios, etc.) no habrá servido para mucho. Algo similar tratamos en su momento respecto a la campaña del cubo de hielo, y es que en acciones de esta naturaleza hemos de planificar con total detalle todas sus fases de ejecución y el uso que queremos darle a cada uno de las herramientas utilizadas, gestionando en especial aspectos tan complejos como las emociones, mecánica de funcionamiento, tiempos, etc. Este tipo de aspectos, si no los concebimos bien, pueden descontrolarse y ser contraproducentes, por lo que hay que ser exquisitos.

Por lo tanto, algunos consejos pertinentes sobre el uso de los hashtags podrían incluir los siguientes extremos:

  • Planifica de modo completo toda la campaña y los flujos que pretendes se generen; los hashtags te ayudarán en un momento concreto de ésta. Tradúcelo en resultados.
  • Los hashtag se pueden utilizar en todo texto de redes sociales sobre un tema; procura que haya una relación entre su denominación y la landing page en la que gestionarás el tráfico de la campaña, si ése es tu medio; es una forma eficiente de redirigir allí.
  • Elige cuidadosamente el concepto que formará tu hashtag, debe guardar un equilibrio entre lo que es tendencia y el valor que quieres darle. Busca ser emocional.
  • Si el hashtag tiene más de una palabra, puedes remarcarla con mayúsculas. Procura que no sea muy largo.

Por lo tanto, estamos ante una herramienta que puede ser muy útil en nuestra estrategia de comunicación ¿no te parece? Utilicémosla con sabiduría.

¿Tienes alguna experiencia significativa con hashtag que quieras compartir? ¿Qué valor le das como instrumento?

¡Quiero un reto del cubo para mi organización!

¡Quiero un reto del cubo para mi organización!

Seguramente en las últimas semanas habrá podido contemplar, en televisión o en internet, cómo algunas personas “alocadas”, muchas de ellas famosas, vertían sobre sí un cubo de agua helada al tiempo que retaban a otras personas a hacer lo propio. Es lo que se conoce como el reto del cubo de hielo, todo un fenómeno que arrancó en los Estados Unidos a finales del mes de junio, y que se ha convertido en viral en este mes de agosto a partir del giro que dio en el mismo el exjugador de beisbol Pete Frates, afectado por la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), llamando a difundir el conocimiento y apoyar la investigación de esta enfermedad neurodegenerativa. En España la enfermedad afecta a unas 2800 personas.

El hecho es que partir de ese momento el reto adoptó otro valor y se hizo viral de la noche al día, fundamentalmente porque logró convertirse en un instrumento que, a partir de la intervención de Frates, ha implicado la participación de muchas personas con fama. Personalidades tan dispares como Steven Spielberg, LeBron James, Mark Zuckerberg, Cristiano Ronaldo, Neymar, David Beckam, Jennifer López, Bill Gates, José Mourinho, ¡la rana Gustavo!, Ricky Martin, Charlie Sheen, etc., son sólo algunos de los casos que, por ser más conocidos en España, mencionaremos.  Todos los que cumplan el reto están obligados a realizar una donación a las asociaciones de ELA, incrementándose significativamente si no se lleva a cabo (en España está establecido en 10 y 100 euros, respectivamente). Obviamente, si se quiere donar más dinero, mejor. A continuación, mostramos algunas participaciones en la campaña.

El reto, como todas las campañas de esta naturaleza, ha degenerado en ocasiones en otras cosas ajenas a la intención original, como videos de caídas, lesiones, tramposos, gente con pocos escrúpulos, e incluso en contadas ocasiones se han registrado muertes verdaderamente desafortunadas. La queja más común es que, en muchos casos, el reto no se ha traducido en donaciones. No obstante, el hecho es que, pese a todo esto, la campaña ha resultado ser todo un éxito, y en Estados Unidos ya lleva recaudados más de 30 millones de dólares… ¿Y en España? Pues aquí parece que las cosas están a años luz de esas cifras, pues en la primera semana del reto en nuestro país sólo se ha llegado a la cifra de 14.000 euros, aunque afortunadamente parece que está empezando a repuntar.

El hecho es que esta campaña contiene una serie de enseñanzas dignas de análisis, de las cuales cabe tomar buena nota en todas las organizaciones sociales que, desde hace unos años, han visto cómo el modelo de financiación pública se ha hundido sin solución, al tiempo que han empezado a buscar alternativas a la misma. Estas enseñanzas pueden servirnos para tenerlas en cuenta en el diseño de cualquier campaña de fundraising que queramos llevar a cabo. Vamos a analizarla.

Las organizaciones sociales, que han visto reducidos sus ingresos drásticamente en los últimos años debido a los recortes presupuestarios, tienen en modelos de campaña como ésta un referente válido como alternativa.

Involucra a las personas. Es una llamada de tú a tú. Si, ¡se dirige a ti! No se llama la atención a las personas en abstracto, implica directamente a individuos, y utiliza como canal a familiares, amigos o personas con relación profesional (u otra) que ejercen el efecto llamamiento con una efectividad que no podría esperarse si se hiciera desde una organización. Genera viralidad, convirtiendo un acto de presión inter pares en una poderosa acción social. Un hecho anónimo, como por ejemplo apagar las luces en una hora determinada, con todo el valor que tiene no genera el mismo efecto, no vincula personas.

El reto se fundamenta en la sencillez. No hemos de buscar grandes esfuerzos ni despliegues; ni siquiera hemos de invertir grandes cantidades de recursos en diseñarla. Se trata de lograr que las personas realicen un acto simple, al alcance de cualquiera, pero al que se está dando una importante carga simbólica, pues representa un posicionamiento del individuo, una muestra al mundo de cómo quiere proyectarse realizando el mismo. La mecánica, además, obliga a no salirse del guión (o por lo menos, si se hace, ha de echarse mano de mucha originalidad, como ha sido el caso del reto de Charlie Sheen).

Sobre todo, es original. No nos cansaremos nunca de incidir en el valor de lo diferente, es la llave de contacto necesaria para movilizar a las personas. Si la campaña hubiera sido hacer un llamamiento seguramente no hubiera tenido el mismo efecto. Tiene, de hecho, el “punto” de pequeña locura, de ser un acto del tipo “soltarse la coleta” que de vez en cuando nos gusta a las personas llevar a cabo. Ese tipo de detalles que nos hacen actuar y sentirnos diferentes ante el mundo son los que marcan la diferencia.

La experiencia como valor. El reto es una experiencia que conecta personas y genera o refuerza un vínculo entre ellas. Además, contribuye a una causa benéfica que refuerza dicho vinculo, que es en definitiva donde se enfoca todo lo que gira en torno al mismo. Un gran acierto de esta campaña ha sido, sin duda, centrarse en el colectivo afectado y no en las organizaciones.

Los beneficios de una campaña de este tipo son múltiples para una organización (o conjunto de éstas), pues en primer lugar sensibiliza e informa a la ciudadanía sobre un problema o la situación de un colectivo concreto, lo que abona el terreno para, aprovechándolo sabiamente, futuras acciones. En segundo lugar, llama a la acción de las personas, muchas de las cuales pueden vincularse con nuestra organización bien de forma directa (como voluntarios, por ejemplo, si es el caso), o indirecta (haciéndose socios de la misma). Y, en tercer lugar, puede llegar a suponer un impulso financiero importante, algo con lo que construir el futuro de la misma organización. En España no tenemos muchas referencias de éxitos similares en alguna organización; quizás el caso más importante fue el de Intervida, pero que en pocos años se vio sacudido por una mala gestión, ahogándose del mismo éxito que la encumbró. No lo olvides, más importante que la organización es siempre el colectivo al que dirige su actividad; ese enfoque puede ayudar a gestionar la misma sabia, eficazmente y con responsabilidad.

Los puntos débiles son básicamente dos. Uno, ser conscientes de que esto es puntual, una moda que intentaremos se haga popular, y que si lo logramos se irá tan pronto como ha venido. Mientras dure, hay que poner toda la carne en el asador y tener a toda la organización volcada con la misma, apareciendo en medios, organizando actos, simultaneando con campañas de afiliación, etc. Y dos, tenerlo todo lo mejor atado posible para que la campaña no se desvirtúe en plena ejecución; siempre hay alguien que hace algo diferente que puede cambiar totalmente el sentido a todo lo que hasta entonces se ha hecho, con efectos contraproducentes. Por todo ello, hemos de enfocarnos en el diseño y la planificación, no dejar nada al azar; y, con todo, siempre pueden pasar cosas inesperadas…

En definitiva, lograr dar en la diana y diseñar una campaña de este tipo puede ser una oportunidad única para una organización, algo que nos va a pasar sólo una vez en la vida. Es muy difícil que nos salga bien, tal como ha pasado con este reto, pero intentarlo bien podría valer la pena ¿no lo cree?

¡Ah! No deje de visitar la web de la Asociación Española de ELA, donde dan seguimiento a la campaña en España, y en la que con poco se puede ayudar mucho.

¿Cuál es la experiencia de captación de recursos financieros más satisfactoria en su organización? ¿De qué elementos constaba? Deje su opinión.

Fotografía: Por Rauglothgor (Own work) [CC-BY-SA-4.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0)], via Wikimedia Commons.