Seleccionar página
Mapa de Empatía

Mapa de Empatía

 

Gran parte de la actividad que realizan las organizaciones o las empresas se basan en el conocimiento de los usuarios o clientes hacia los que se dirigen aquellas. Conocer, por ejemplo, las circunstancias en que un colectivo focal convive con una problemática dada, en el caso de una ONG, o la necesidad no cubierta que un potencial cliente tiene en una situación determinada, en el caso de una empresa, son aspectos de análisis recurrente que se inician siempre antes de desarrollar cualquier proyecto de servicio o producto.

Esta analítica suele desarrollarse a partir de un amplio elenco de técnicas al uso, que van desde los estudios de mercado hasta las técnicas grupales, determinando cada cual a partir de una amplia gama de herramientas. Pues bien, hoy vamos a conocer una de éstas, el mapa de la empatía, una herramienta desarrollada en los últimos años y que es, para muchos, un imprescindible en este tipo de trabajo, dada su versatilidad y eficacia. Con ella tendremos la posibilidad de superar al cliente/usuario como abstracción y entenderlo como persona, ayudándonos a centrarnos en lo que realmente quiere, superando el campo de las hipótesis para indagar en aquél no solo desde lo que dice, sino también desde lo que siente, a lo que aspira, lo que le frustra, lo que necesita… etc. La herramienta puede ayudarnos a responder preguntas tales como:

  • ¿Qué servicio/producto necesita nuestro cliente/usuario?
  • ¿Qué le condiciona realmente?
  • ¿Qué guía su comportamiento?
  • ¿Qué aspiraciones tiene?
  • ¿Qué trato prefiere?
  • ¿Qué esta dispuesto a hacer para lograr lo anterior?
  • ¿De qué forma podemos ayudarle para cumplir sus expectativas?

La dinámica de uso de la herramienta es muy sencilla, pero requiere de un trabajo de campo previo que posibilitara su uso, ya que su naturaleza es complementaria. Por ejemplo, un sondeo sobre las características de un producto, o una sesión grupal sobre el desarrollo de un proyecto social, serían herramientas que, cumpliendo una finalidad determinada, podrían reutilizarse para llevar a cabo esta técnica, que trataría de establecer parámetros en base a la identificación de necesidades y percepciones de los participantes, tanto desde una perspectiva física, racional, social o emocional, lo que sin duda es utilísimo a la hora de diseñar o mejorar cualquier proyecto.

A la hora de llevar a cabo esta herramienta es importante no perder el foco de atención sobre el trasfondo que justifica el análisis del perfil objeto de atención. Si lo que queremos, por ejemplo, es valorar el uso de cierta ropa deportiva, el discurso lógicamente ha de centrarse en dicha línea y en la información relevante obtenida del estudio de campo. Esto, que parece obvio, responde al riesgo de desviación de la atención que el uso de este tipo de técnicas conlleva.

La herramienta se ejecuta plasmándola sobre una matriz de cuatro entradas en una pizarra o mural, a la vista de los todos los participantes, en principio un equipo multidisciplinar conocedor del estudio de campo realizado. Es recomendable trabajar sobre aportaciones en distintos colores. Sobre dicho cuadrante se analizará el perfil o perfiles de cliente/usuario (segmentación) objeto de estudio en base a los datos e información proporcionada en el mismo, aglutinando la información en base a las siguientes categorías:

  • ¿Qué es lo que piensa y siente? En este punto hay que intentar saber qué es lo que pasa por la mente del cliente/usuario. Se trata de analizar sus emociones, saber qué le preocupa y cuáles son sus aspiraciones y expectativas.
  • ¿Qué es lo que dice y hace? Se trata de analizar lo que hay más allá de las palabras. Qué actitud mantiene, lenguaje no verbal, posibles incongruencias, qué es lo que no dice pero transmite, etc.
  • ¿Qué es lo que ve? Aquí indagaremos sobre cómo percibe la persona o grupo analizado todo aquello que le rodea y tiene que ver con el foco de análisis, y que tiene que ver fundamentalmente con su contexto.
  • ¿Qué es lo que oye? Las personas siempre estamos condicionadas, o al menos sopesando, hacer determinadas cosas en función de lo que otras nos dicen o comentan. En este punto, pues, se trata de extraer dichos comentarios y valorar el grado de influencia que ejercen sobre la persona o colectivos analizados.
Mapa de la empatía, una herramienta para conocer en profundidad nuestros clientes / usuarios.

La primera fase de la herramienta consta de un análisis global del perfil en base a todos los estímulos que recibe y cómo los transforma.

La clave en este punto es saber empatizar utilizando la información disponible con criterio. Para ello, hay que “humanizar” el perfil de análisis; no tratarlo en abstracto, sino dotarlo de rasgos y características reales, humanas, para llegar a comprenderlo realmente y sin mediar el sesgo de los fines que perseguimos con la herramienta.

Por último, y producto de todo esto, han de incluirse dos secciones que canalicen el debate y las conclusiones obtenidas de lo anterior, y que tiendan a la comprensión del perfil analizado. Estas secciones son las siguientes:

  • ¿Qué es lo que le frustra? Se trata de concretar la naturaleza de los miedos, riesgos y obstáculos que el perfil analizado encuentra en el asunto de trasfondo.
  • ¿Qué es lo que le motiva? En este caso, y con el mismo asunto de trasfondo presente, se trata de establecer la meta, el logro, y los medios para alcanzarlo.
Mapa de la empatía, una herramienta para conocer en profundidad nuestros clientes / usuarios.

La segunda fase de la herramienta procura sacar conclusiones que posibiliten la toma de decisiones orientadas al cliente/usuario.

Al finalizar la herramienta podremos contar con una serie de conclusiones que, como siempre decimos en estos casos, han de orientarse a la acción. Seguramente, tras utilizar la misma, llegarás a la conclusión de que es una de las técnicas más útiles existentes hoy en día para entender a nuestros clientes/usuarios. ¿Te animas a utilizarla?

En tu caso, ¿has utilizado esta herramienta en alguna ocasión? ¿con qué resultado? En su defecto, ¿qué técnicas has utilizado para conocer a tus clientes/usuarios y con qué resultado?

Personal y organizaciones: reflexiones.

Personal y organizaciones: reflexiones.

 

Hoy me gustaría hacer algunas reflexiones sobre el personal que desempeña algún tipo de actividad en las múltiples organizaciones no lucrativas, u organizaciones no gubernamentales, que actúan sobre los diferentes ámbitos locales. Me refiero a directivos (del entorno asociativo o contratados para la gerencia), trabajadores y voluntarios.

A nadie que conozca mínimamente el mundo de estas organizaciones se le escapa el crítico momento actual que están pasando. El extremado recorte de fondos públicos, la tradicional falta de búsqueda de alternativas de autofinanciación y la competencia entre entidades, ocasionan una situación de inestabilidad y de  búsqueda de la supervivencia en las mismas hasta ahora nunca vista.

Si siempre es necesario tener un personal involucrado en su tarea, desde la cabeza a los pies de la organización, en los tiempos actuales es más crucial todavía. No en vano es una cuestión de pervivencia para la propia organización; y de la vida de la organización depende también la de su personal. Evidentemente esta vinculación organización-personal tendrá diferentes interpretaciones en función de dónde estemos situados. Para unos representará un medio de vida y para otros su contribución a la sociedad haciendo voluntariado o participando activamente en el liderazgo del movimiento asociativo.

Sin embargo, con independencia de que pertenezcamos a uno u otro grupo dentro de la organización se hace necesario facilitar un ambiente de trabajo basado en la labor común y en la misma dirección de todas las personas involucradas en la misma. No se trata de crear un entorno en que todos sean felices ni busquen alcanzar el estado de la iluminación tibetana; se trata de que el ambiente propicie el compromiso con el fin de la organización, que no olvidemos que no se vuelcan en  producir vehículos, sino en realizar acción social con otras personas habitualmente desfavorecidas en algún aspecto de su vida. Tampoco significa que ese compromiso signifique un coste mayor del tiempo que cada uno aporta en función de su papel en la organización. Se trata de calidad, no cantidad.

El primer paso para involucrar a todos los actores de la organización parte de la comprensión del papel que juegan unos y otros en la organización. Es un juego de empatía. Directivos, trabajadores y voluntarios deben conocer las inquietudes que mueven a los otros grupos. Para lo cual es necesario un ejercicio de transparencia. Si, por ejemplo, los directivos ocultan sus planes ¿cómo van a pretender que aquellos que se van a ver directamente afectados por sus decisiones se pongan en su lugar? Si los trabajadores no manifiestan sus aspiraciones ¿cómo  van a formularse líneas de actuación que las contemplen? Y si los voluntarios no indican cómo les gustaría realizar su trabajo ¿cómo se cuadrará el desempeño voluntario con la finalidad del voluntariado? Pero también es un juego de confianza mutua, de respeto a la confidencialidad.

No se nos debe olvidar que: en donde el personal directivo actúa con ocultismo causa incertidumbre. Donde el personal no es escuchado se  genera menor motivación. Y donde el voluntariado se hace pero no se tiene en cuenta al voluntario se causa desistimiento.

Lo anterior desde el punto de vista de la gestión de recursos humanos me lleva a plantearme dos cuestiones. La primera ¿Cómo organizar todo el capital intelectual de los actores implicados? Y la segunda ¿Cómo crear buenas prácticas  que motiven y comprometan a todo ellos?

Respecto al capital intelectual es relativamente fácil conocer el que poseen los miembros de una organización, sin embargo medirlo adecuadamente y encauzarlo para la misión conjunta es otra cuestión. Como todo se puede afrontar este proceso de manera que sobre el papel parezca que se están dando pasos (encuestas de satisfacción, o número de horas formativas que reciben los miembros); o se pueden preocupar del desarrollo real de competencias profesionales dentro de la organización ahondando en el compromiso con la misma. La clave radica en si queremos presumir de lo bien formado y competentes que somos todos; o si por el contrario queremos trabajar para aunar lo individual en pos de la mejora en la organización.

En lo tocante a identificar y desarrollar buenas prácticas para motivar a los actores implicados existe una fórmula de dos  elementos que no suele fallar: comunicación y compensación. El tratar a los empleados con un enfoque más humano en este tipo de organizaciones se presupone en el ADN organizativo. Todos los actores de la organización deben saber comunicar qué hacen y cómo para que los encargados de identificar lo mejor de la praxis puedan realizar su trabajo. Y respecto a las compensaciones, no necesariamente han de ser económicas o materiales, el reconocimiento, la autoorganización de los tiempos de trabajo o la flexibilidad de horarios en caso de necesidad pueden ser dos buenas herramientas para motivar a todo el personal.

En 1989 Peter Drucker, el Padre del management moderno, invitó a las empresas a que mirasen hacia las grandes organizaciones sociales para conseguir el compromiso de los trabajadores aportando conocimiento. Básicamente, y salvando las distancias, proponía tratar a los empleados como “voluntarios” de la empresa. Tras veinticinco años en que muchas organizaciones han crecido y se han convertido en cuasiempresariales, se puede hacer necesario recordar algunas de las claves que sobre ellas mismas significó Drucker. Claves que hemos adaptado para este artículo:

  • Tener una misión clara que impulse todo lo que la organización hace. Todos han de percibir que van al unísono para lograr el mismo objetivo. La labor de los directivos, trabajadores y voluntarios no debe ser visto como algo que conviene a la organización en sí, sino como parte de su misión para lograr el impacto social positivo que se busca desde este tipo de organizaciones.
  • Ofrecer un trabajo con sentido, donde los conocimientos y competencias de todos ellos se conjuguen para un mejor resultado. Que se perciba que el granito de arena que ha puesto uno es necesario para el compañero.
  • Formación continua, no sólo externa, también de los más veteranos hacia aquellos noveles que se incorporen en cualquier estamento de la organización.
  • Permitir una gran participación en la fijación de metas de rendimiento y en la toma de decisiones que afecten a su trabajo y a la organización. En una palabra que todos y cada uno hagan suyos los objetivos de la organización.

Aplicar una correcta política hacia todo el personal que está implicado en la organización ayuda a mejorar la productividad y a fomentar la creatividad. Y una organización productiva y creativa tiene más posibilidades de buscar alternativas y soluciones a la situación problemática que vive el sector.

Si participas en una organización de este tipo ¿percibes algunas de estas claves? ¿Cuál es la más importante para ti?

 

Negocios locales y financiación

Negocios locales y financiación

 

A la hora de analizar los condicionantes de los negocios locales, uno de los temas “estrella” que siempre sale a colación es el de la financiación. Y es que, a diferencia del resto de elementos que estamos analizando en la serie “Ventajas y Desventajas de los Negocios Locales“, en este particular la condición local del negocio no será tan relevante, ya que serán su tamaño y solvencia los elementos que condicionarán de forma determinante dicho aspecto. No obstante, lo que también es verdad es que la condición local suele traducirse en negocios de tamaño medio o, lo más usual, pequeño, con lo cual al final sí existe una determinación, aun siendo ésta indirecta.

Sea como fuere, lo que está claro es que el problema que la falta de financiación plantea en los pequeños negocios es objeto de recurrentes críticas y reivindicaciones por parte de las pymes. Esto es especialmente crucial si de lo que tratamos es de la fase de lanzamiento de un negocio. El ámbito local, en este contexto, ve recrudecido el fenómeno, dado que suele estar ubicado en la periferia de los circuitos económicos o, en el mejor de los casos, abarcando mercados muy restringidos.

De forma resumida, podríamos decir que las vías de financiación tradicionales se pueden categorizar en propias y ajenas. Las primeras corresponden, muy genéricamente, a aportaciones de capital, saldos positivos y subvenciones (éstas, condicionadas). Las segundas, por su parte, incorporan todo tipo de préstamos y créditos, fundamentalmente con entidades bancarias, e instrumentos de inversión y participación de terceros, como es el caso del capital semilla, que son menos usuales en los negocios de que tratamos.

Los negocios locales tradicionalmente han acudido a vías de financiación bancarias con montos usualmente llevaderos, así como a las vías de financiación propia (capital propio y préstamos de particulares, fundamentalmente, y otras fórmulas, como los fideicomisos), pues son tipos de negocio que normalmente tienen facilidad para acceder a este tipo de recursos, lo que constituye una de las pocas ventajas que aquellos tienen en esta materia. La restricción al crédito que la actividad económica lleva sufriendo desde hace unos ocho años ha reforzado, para bien o para mal, la dependencia de este tipo de financiación.

Como curiosidad, es común señalar la financiación que el emprendedor local recibe de particulares con las tres efes de “Family, Fools and Friends” (familia, tontos y amigos), lo que da idea del compromiso financiero que se realiza en los círculos más cercanos de aquél.

Precisamente por el hecho de la dificultad actual de encontrar financiación bancaria al uso, y por el hecho de que contar con dinero ajeno puede ser la vía más rápida para perder familia y amigos, es especialmente importante incidir en el análisis de viabilidad del negocio en cuestión, y no aventurarse en proyectos cuyo resultado pueda depender más de una idea preconcebida que de un estudio realista del mercado al que se dirige.

En los últimos años, al socaire de las dificultades por encontrar financiación bancaria, así como la enorme restricción sufrida en instrumentos poco recomendables pero muy populares, como es el caso de las subvenciones públicas, han cobrado fuerza o surgido nuevas vías de financiación, muchas de ellas propias de la economía social, que bien pudieran representar una alternativa viable para diversos negocios locales, dado que además sus cuantías suelen ajustarse al promedio de las necesidades reales de aquellos. Todas requieren por lo general que el Plan de Empresa esté muy detallado y bien planteado, y que el negocio demuestre que puede ser realmente viable. Algunos de estos instrumentos son:

  • Business Angels o Ángeles Inversionistas. Son inversores dispuestos a apoyar proyectos emprendedores a cambio de un margen de interés o una participación accionarial. Suelen ubicarse en el entorno de incubadoras de negocios, y normalmente abordan las primeras fases de financiación.
  •  Préstamos participativos. Se trata de un tipo de préstamo ideal para acometer proyectos de inversión en las pymes, y que se caracterizan por la participación de la entidad prestamista en los beneficios de la empresa financiada. Suelen contemplar el cobro en dos partes, una en interés fijo y otra en variable, la cual puede supeditarse a diferentes supuestos.
  •  Fondos de capital riesgo. En este caso hablamos de la aportación de capitales permanentes por una sociedad inversora (pública o privada), que participa temporalmente en la sociedad receptora hasta que ésta se desarrolle y aumente su valor. Una vez logrado esto, la sociedad inversora se retira procediendo a la venta de su participación.
  •  Microcréditos. Son préstamos normalmente de hasta 25.000 euros dirigidos a personas que no disponen de avales personales, y que cumplen una finalidad social, ya que están concebidos para luchar contra la exclusión financiera. Ello explica que se dirijan a personas que no pueden presentar avales personales.
  •  Crowdfunding. Es el instrumento de moda, también llamado micromecenazgo. Es un sistema de financiación colectiva a partir de la cual muchos financiadores realizan pequeñas aportaciones a una empresa o proyecto, y por el que perciben una recompensa previamente estipulada. Funciona a través de plataformas en internet.

Si bien hay una tendencia muy marcada en todos estos instrumentos de apostar por modelos de negocio de base tecnológica, también es verdad que existe una diversidad de alternativas tal que podrían servir a un amplio espectro de negocios, siempre y cuando éstos demuestren su viabilidad y potencial rentabilidad.

Otros instrumentos posibles son el Venture Capital, Private Equity, el Mercado Alternativo de Renta Fija (MARF), el Mercado Alternativo Bursatil (MAB), los Bonos de Internacionalización… entre otros. Son éstos, sin embargo, casos con características que escapan en términos generales al modelo de negocio local que tratamos en estas líneas.

También durante la última década se han venido desarrollando determinados instrumentos que, sin ser financieros, pueden ofrecer un apoyo fundamental a muchas empresas jóvenes. De esta forma, para apoyar a emprendedores que apuesten por materializar un proyecto empresarial viable existen las Incubadoras de Startups, mientras que si el interés es consolidar una empresa ya constituida, una buena opción podrían ser las Aceleradoras de Startups.

Por último, no podíamos olvidarnos de determinados productos financieros que han tenido igualmente un desarrollo muy interesante, y que encajan muy bien tanto en negocios locales con forma de pyme como si éstos son desarrollados por autónomos. De esta forma, encontramos productos para la adquisición de bienes de inversión como el leasing (alquiler a largo plazo para adquirir por lo general bienes de equipo, con opción a compra), o el renting (alquiler de bienes de inversión sin opción a compra), o la clásica compra a plazos. También, aunque encajan peor con este tipo de negocios, podemos encontrar productos para la financiación de facturas pendientes, como puede ser el confirming (gestión de los pagos de una empresa cliente a sus proveedores, que pueden cobrar sus facturas antes del vencimiento a cambio de un interés), o el factoring (cesión o venta de los derechos de cobro de una empresa a cambio de un precio, normalmente en cantidades importantes), aunque éste último caso difícilmente podría encajar en los tipos de negocio que tratamos.

En resumen, el largo periodo de crisis de financiación que sufren muchas actividades locales ha visto cómo alternativamente ha favorecido el surgimiento o fortalecimiento de otras alternativas que, sin compensar este hecho, bien podrían constituir una opción a considerar. Son opciones, eso si, que requieren que un análisis serio y profundo sobre lo que queremos y cómo pretendemos lograrlo; no obstante, esto en último término sólo beneficia al empresario local. ¿Te animas a sondear alguna alternativa?

En tu caso, ¿has tenido en estos años alguna situación financiera que ha puesto en peligro tu negocio? ¿cómo lo has solventado?

Lo que sé, lo que hago y lo que cobro.

Lo que sé, lo que hago y lo que cobro.

 

Allá por el mes de agosto de 2014 comenzó a circular una campaña bajo el lema: “No cobro por lo que hago, cobro por lo que sé”. Se reivindicaban así los servicios profesionales basados en intangibles. Aunque no es la primera vez que esto sucedía, fotomontajes como el del diseñador gráfico que decía que su cliente pensaba que tenía un botón para “hacer bonita la Web”, o “Soy un artista. No voy a trabajar gratis. Tengo facturas como tú”; son algunos de los virales que de vez en cuando se asoman a la pantalla de nuestro ordenador (actualmente habrá que decir también tablets y móviles).

Es muy fácil para un cliente aceptar el precio de un producto, ya sea bien o servicio, de adquisición común, por ejemplo: vamos al notario y sabemos que por la primera firma vamos a pagar de 50 € para arriba y no rechistamos;  o tomamos un café y pagamos a partir 1,20 € (lejos de los 60 céntimos que suponía que valía el anterior inquilino de la Moncloa). En el caso del notario, el más próximo a los intangibles, asumimos que esa firma, el papel timbrado, la custodia documental y la trascendencia oficial del mismo bien merecen ese precio.

Sin embargo en el caso de otros profesionales, mayormente ubicados en nuestro ámbito local, nos cuesta entender que tras el resultado que nos ofrecen hay un valor que no percibimos. Da igual que hablemos de un artesano vidriero que de un experto en diseño y mantenimiento Web, por poner dos ejemplos.

Volviendo a la campaña, evidentemente el lema funcionó, es atractivo, hasta se lo han apropiado otros ajenos al mundo para el que fue concebido. Es decir, reivindicar que en un determinado puesto de trabajo por cuenta ajena se cobre poco es una cuestión de una negociación colectiva, si tienes que reivindicar será por otros cauces (cosa que en determinados sectores habría que hacerlo más a menudo).

También la campaña tuvo sus detractores en quienes tras el lema empezaron a analizar las particularidades y lo que implicaban sus palabras. No voy a entrar en ellas porque sería ir particularizando con ejemplos uno a uno. Simplemente me quedo con un hecho, y es que la campaña consiguió su objetivo de llamar la atención sobre esta situación.

Lo anterior nos sirve de excusa para hablar de tres elementos que se le plantean a todo profesional que se lanza a realizar una actividad económica por su cuenta; y que dan título a este artículo: Lo que sé, lo que hago y lo que cobro.

Lo que sé. Es decir, mis conocimientos. Adquiridos de manera formal, no necesariamente sometida a itinerarios reglados, en base a mis experiencias vitales o combinando ambas fórmulas. Son el bagaje que llevamos a nuestras espaldas. Sin embargo el saber o el conocimiento en sí mismo no es un elemento de facturación. Si fuese así el mero hecho de tener una carrera y dos postgrados nos daría derecho a una paga vitalicia. La realidad es la contraria, somos nosotros, o en su efecto el estado con el dinero de todos, los que pagamos por formarnos.

Otro hecho que desmonta el valor del conocimiento per se es la profesión a la que uno se dedique. Yo puedo ser ingeniero industrial, pero si trabajo de camarero recibiré el salario como camarero no como ingeniero. Que quizás sea superior al del puesto de ingeniero. A este ejemplo alguien podrá objetar ¿pero si me he formado de camarero y trabajo como tal? La respuesta es muy sencilla, hemos utilizado para referirnos a la formación los términos “por sí misma” y “per se”; y el trabajo que realizamos  es el hecho, es decir el segundo elemento al que nos referimos: lo que hago.

Lo que hago, en román paladino: lo que ofrezco a mis clientes. Llámese saber hacer o profesionalidad. Es lo que el cliente va a demandar de mí, pero no olvidemos que ante una demanda hay un ofrecimiento. No sólo dándole las soluciones que él requiere, también ofreciéndole alternativas que le serán útiles y que quizás no se ha planteado. Respecto a esto último decía el gran empresario de la industria del automóvil Henry Ford que si hubiese hecho caso a sus clientes les habría dado caballos más veloces.

Existe, a mi modo de ver, una reflexión muy interesante entre lo que sé y lo que hago: “Puedo saber poco, pero hacerlo muy bien; o saber mucho pero a la hora de la práctica hacerlo no tan bien (ojo, qué no digo mal). Y es que la clave de lo que hago son los resultados”. Me van a preguntar qué problema resuelvo y cómo. Y es que actualmente todo se orienta al resultado, incluso en muchos restaurantes no te dan de comer, te ofrecen sensaciones al paladar (forma cursi de llamar a la comida, pero que  crea en el cliente una sensación por la que además te cobran más caro y estás dispuesto a pagarlo).

Dejando la anécdota culinaria aparte. Lo que está claro es que el cliente busca algo. Y nuestra misión, ya seamos un artesano, un diseñador gráfico, o un contador de nubes, es hacerle percibir el trabajo intangible que se necesita para que él obtenga un resultado satisfactorio.

Y lo anterior nos introduce el tercer elemento que tratamos, lo que cobro. Que normalmente es lo que más interesa, ya se sea el profesional o el cliente. Muy  resumidamente nos situamos entre unos gastos objetivos y cuantificables (medios físicos que necesito para desarrollar mi trabajo), y otros basados en los intangibles. Lo primero es saber valorar nuestro trabajo, si yo pido este precio es porque detrás hay un bagaje de conocimientos y un saber hacer que lo sustentan. Lo segundo saber comunicarlo; muchas veces nos centramos en saber hacer algo a la perfección pero se nos olvida que hay que saber venderlo.

No hay fórmulas mágicas, lo único es dejar antes perfectamente claro que si busca este resultado son 15 y si busca este otro son 20. También es muy útil hacerle visualizar el resultado en función de las potencialidades que ofrece, del dinamismo a posteriori que se le puede dar al mismo. Lo mismo que hacerles percibir la exclusividad de lo que le ofrecemos. Pero mucho ojo, que por muy bien que hagamos las cosas hay que tener en cuenta la existencia de competencia. Si esta es leal actuará de buena fe y será una lucha entre iguales; pero no estamos a salvo de que alguien llegue ofreciendo lo mismo por muchísimo menos, rompiendo unos precios más o menos equilibrados en base a mala praxis profesional.

Este artículo no ha pretendido ser una guía para establecer precios, si no una base de reflexión para que cada uno lo apliquemos en nuestro negocio local. Evidentemente este texto es un punto de vista personal. Y la opinión es como los traseros, cada cual tiene el suyo de modo personal e intransferible.

¿Qué opinas de este tema? En tu caso personal ¿qué pautas usas para cohesionar tu conocimiento, tu hacer y el precio que cobras?

Fotografía: Por FirmBee CC0 Public Domain. [http://pixabay.com/es/service/terms/#download_terms], vía http://pixabay.com/

El uso de indicadores en empresas y organizaciones

El uso de indicadores en empresas y organizaciones

 

Hoy día toda empresa u organización que se precie ha necesariamente de establecer mecanismos de seguimiento y evaluación que les permita conocer con exactitud cómo hacen las cosas y si éstas se llevan a cabo según lo esperado. Esto es útil tanto desde un punto de vista endógeno (conocer en qué medida se siguen los protocolos, qué departamento funciona mejor, saber si se aplican o no determinadas medidas, el rendimiento del personal, detectar posibles errores de gestión, etc.) como exógeno (conocer el grado de conexión existente con la clientela o usuarios, detectar nuevas necesidades, medir la eficacia de nuestras acciones, prevenir problemas, etc.).

Sea cual sea el método o herramientas que utilicemos para llevar a cabo esto, todas incluyen necesariamente indicadores que posibiliten medir las variables de nuestro interés. ¿Para que sirven pues los indicadores? Principalmente para identificar las causas de una situación determinada, detectar desviaciones sobre la planificación hecha y, sobre todo, ayudarnos a la toma de decisiones.

Podríamos en consecuencia definir un indicador como aquél procedimiento que permite cuantificar una variable o dimensión sobre la que se desea tener una medición. Dada la amplitud de campos en los que puede aplicarse, no contamos con una definición universalmente aceptada del término, aunque todas, en mayor o menor medida, inciden en lo expuesto. Así, por ejemplo, el CAD-OECD lo define como aquella “variable o factor cuantitativo o cualitativo que proporciona un medio sencillo y fiable para medir logros, reflejar los cambios vinculados con una intervención o ayudar a evaluar los resultados de un organismo de desarrollo“. Por su parte, Global Reporting Initiative lo define en su método de medición de la sostenibilidad como “información cualitativa o cuantitativa sobre los resultados o efectos asociados con una organización, la cual es comparable y permite apreciar un cambio ante el paso del tiempo“.

En España, y optando por una opción más vinculada a la iniciativa privada, el estándar más importante lo establece la Asociación Española de Normalización y Certificación (AENOR), cuya actividad se vuelca fundamentalmente a empresas, si bien desde hace tiempo también tiene un peso fundamental en las principales organizaciones del país. Su norma de referencia para la implantación de sistemas de indicadores es la UNE 66175:2003. Esta norma define los indicadores como “los datos o conjunto de datos que ayudan a medir objetivamente la evolución de un proceso o de una actividad“.

Es posible categorizar los indicadores en función de la utilidad que tendrán, si bien no existe un estándar universalmente reconocido, siendo lo habitual contar con modelos similares, pero que inciden más en determinadas características, en función del ámbito de aplicación. Con todo, podríamos hacer una clasificación básica en función a su finalidad en torno a tres tipos de indicadores:

  • Indicadores de estructura. Miden aspectos relativos a la estructura y recursos con que cuenta una organización.
  • Indicadores de proceso. Se orientan a medir todo lo relativo a cómo se lleva a cabo la actividad o trabajo.
  • Indicadores de resultado. También llamados de ejecución, aluden a lo que se consigue a través de la actividad.

Otra categorización posible sería la que distingue entre indicadores estratégicos y operativos, no necesariamente incompatible con lo visto anteriormente. También es muy habitual verlos categorizados en base a su ámbito de aplicación (económicos, sociales, ambientales, de salud, de mercado, etc.), si bien éstos requieren de las categorías anteriores para ser correctamente concebidos.

Los indicadores tienen una relación directa con los objetivos que queramos conseguir, ya que determinan en última instancia las variables que queramos medir y su intensidad. Según esto, y basándonos en la norma UNE señalada, las características que han de reunir los indicadores deberán:

  1. Referirse a procesos importantes o críticos.
  2. Representar fielmente el objetivo a medir mediante una relación directa.
  3. Ser cuantificables a través de datos numéricos o un valor de clasificación.
  4. Ser rentables, superando el beneficio de su uso al coste de su obtención.
  5. Poder definir la evolución en el tiempo del objetivo siendo comparables en el tiempo.
  6. Ser fiables para dar confianza a los usuarios sobre su validez.
  7. Ser fáciles de mantener y utilizar.
  8. No interferir con otros indicadores siendo compatible con ellos.
  9. Permitir a la dirección conocer la información en tiempo real.

Los atributos básicos que un indicador debe tener son tres: cantidad, calidad y tiempo. Es fundamental diseñar los indicadores ex-ante, pues sólo así tienen valor evaluativo, posibilitando además una interesante herramienta de seguimiento“.

El uso de indicadores no es nuevo, y si bien tradicionalmente se han venido desarrollando y utilizando por medio de distintos mecanismos a través fundamentalmente de las empresas y grandes organizaciones para medir sus vertientes económicas y financieras (en gran medida por imperativos legales y administrativos), en el ámbito de la acción social (y en su triple vertiente económica, social y ambiental) su desarrollo, aunque viejo, está empezando a equipararse al nivel de aquellas. No obstante, son las propias organizaciones las que, debido a las lagunas legales existentes, se están autorregulando por medio de instrumentos tales como códigos de conducta, declaraciones e instrumentos de responsabilidad, códigos de buenas prácticas, certificados de calidad, o auditorías sociales, por poner unos ejemplos.

Así las cosas, y debido fundamentalmente al cada vez mayor peso que el ejercicio de transparencia social impone, las empresas y organizaciones deben ir mejorando cada vez más sus instrumentos de medición, lo que pasa necesariamente por el uso de los indicadores. Cada vez será más difícil utilizar indicadores tan simples como “número de usuarios”, “número de consultas realizadas”, etc., pues ni cuentan con los atributos básicos necesarios ni dicen nada. La exigencia en el uso de este recurso tan básico será cada vez mayor, y requerirá de mayor especialización y método por parte de todas las entidades que los usen, ya que marcarán en no poca medida su propio actuar. ¿Estamos preparados?

¿Cuán habituado estás al uso de indicadores en tu empresa u organización? ¿Crees que se utilizan debidamente? ¿Ayudan a mejorar la actividad de la entidad?

La “titulitis” y el nuevo paradigma económico-laboral.

La “titulitis” y el nuevo paradigma económico-laboral.

 

En torno a los cambios en el paradigma económico-laboral se están generando muchos e interesantes debates; unos criticando los efectos que se prevén a medio y largo plazo, y otros para alabar sus virtudes en base a las posibilidades que abren. Sea como fuere lo que está claro es que a nadie que tenga conciencia de este fenómeno y lo que va a significar le deja indiferente.

Parece como que el cambio de paradigma per se tenga que ser bueno o malo. Algunos blogueros y tertulianos tratan de relativizar el cambio de paradigma y valorarle en función de alguno de sus aspectos individuales. Cómo que un cambio de paradigma fuese algo monolítico. Se olvidan de la multitud de aspectos que conforman un fenómeno tan complejo.

Hoy me gustaría centrarme en uno de los aspectos, que a nivel personal me parece más interesante, y que es la pugna entre la “titulitis” frente a los conocimientos autodidactas. Tradicionalmente venimos de una sociedad en donde si no posees una determinada titulación no puedes desempeñar una actividad determinada porque se presuponen unos conocimientos inferiores frente a aquel que posee un diploma determinado.

No hay que confundir esto con el desempeño de profesiones que exigen un itinerario académico-profesional determinado. Y si alguien no está de acuerdo con esto le invito a que se busquen un cirujano que haya aprendido el oficio a través de videotutoriales y sin ninguna formación reglada. Ni tampoco me refiero a los requisitos administrativos y legales que se exijan para llevar adelante un determinado proyecto con sus correspondientes firmas; por mucho que yo sepa de diseñar edificios o los conocimientos para el cálculo de estructuras no puedo legalmente avalar una documentación (lo cual no quita que pueda participar en estos procesos avalados por quien sí tiene firma).

A lo que me refiero es a ese pensamiento equivocado que dice que como se posee un diploma  ya sabes hacer esto o lo otro. Me explico con un hecho real: En una ocasión una mujer me comentaba que le parecía injusto que a su hijo, que se había especializado en marketing en una prestigiosa institución, no le hubiesen contratado en una agencia de publicidad y en cambio sí lo hubiesen hecho con otro que no tenía estudios. El otro candidato había aprendido por su cuenta y a ella le había costado su buen dinero. Lo que esta persona no entendía es que el talento y la creatividad no se obtienen aprobando exámenes.

El pensamiento que manifestaba esta mujer parte de un error muy común y que consiste en considerar la formación como una finalidad en sí misma. Cuando la realidad es que un título, no necesariamente universitario, es un medio que posibilita tener unos conocimientos de base pero que dista mucho de ser plenamente un profesional en una materia determinada. Para poder desempeñar una determinada actividad hay que tener, entre otras cosas, talento para la misma. Yo puedo aprenderme de memoria un determinado corpus legislativo pero sí mi mente no es capaz de reproducir los esquemas mentales que lo relacionan a la hora de componer un caso práctico nunca podré ejercer con éxito de abogado.

Cada día es más habitual a la hora de buscar empleo que te pregunten “¿qué problema me resuelve eso que dices que sabes hacer?”. Ya conocen tú curriculum, ya han visto los títulos y diplomas que posees subrayados en negrita, ahora el planteamiento cambia. El empresario busca resultados, de hecho cada vez son más las pruebas prácticas que se realizan. Y si estás en la tesitura del autoempleo la pregunta anterior suena así “¿qué problemas resuelvo a los demás?, ¿qué resultados les puedo ofrecer?”. Aquí no valen los diplomas, aquí valen los hechos. No quiere decir esto que no haya que adquirir conocimientos, todo lo contrario. Hay que coleccionar conocimientos en lugar de diplomas.

Cuando estudiábamos enfocaban nuestros esfuerzos a obtener títulos, la famosa “titulitis”, lo cual es nefasto para desarrollar la creatividad. El sistema educativo se orienta a superar unos exámenes, no a saber desenvolverse de manera rápida y efectiva en las mil y unas vicisitudes de la vida diaria. Y es que a nadie se le escapa que la creatividad no es algo que se aprenda en la formación reglada. Podemos aprender mucha teoría cobre la creatividad, pero no a ser creativo. Tenemos un sistema que premia los aciertos, en vez de dejar probar y permitir analizar resultados por sí mismo.

Una vez que tenemos una formación de base lo importante es adquirir conocimientos, ya sea en procesos reglados ya sea de forma autodidacta, pero siempre enfocados a que nos permitan resolver algún asunto que se nos pueda plantear. Como ya he dicho cuando nos entrevisten para un trabajo u ofrezcamos nuestros servicios quieren saber que problemas les resolvemos.

 

¿Consideras que estamos llegando al final de la “titulitis”? Si eres autodidacta nos cuentas si lo que has aprendido a hacer te es de utilidad. 

 

Fotografía: Por  jarmoluk CC0 Public Domain. [http://pixabay.com/es/service/terms/#download_terms], vía http://pixabay.com/

Quiero ser autónomo… en Portugal.

Quiero ser autónomo… en Portugal.

 

Durante esta última semana, y en medio de la habitual lectura de artículos en blogs y revistas especializadas, he observado una especial insistencia en las críticas hacia el sistema de autoempleo existente en España, lo que me ha llevado a indagar sobre ello. Artículos de particulares tan destacables como Lo que nunca te contaron sobre los autónomos, se unen a valoraciones de lo que supone ser autónomo en España en las categorías de “infierno” o “dolor de cabeza”, y que encontramos en los principales diarios y revistas del país*. El origen de esta última hornada de interés por nuestro sistema de trabajo autónomo parece ser está en un artículo publicado por la revista Forbes durante el pasado mes de diciembre, en el cual se comparaban sistemas similares en varios países occidentales, y que no dejaba muy bien parada a España en este sentido…

Recapitulemos. Cada autónomo debe pagar una cuota mensual cuyo mínimo se sitúa en casi 265 euros, y realizar declaraciones trimestrales de IVA e IRPF, cuyas cantidades variarán en función de la facturación alcanzada. La Ley de Emprendedores abrió la posibilidad de aligerar la carga a los nuevos trabajadores durante el primer año, pero aun así el modelo español dista mucho, muchísimo, de los países referencia de su entorno. El análisis de Forbes así lo pone de manifiesto pues, aunque no analiza el caso español, sí lo hace en los siguientes países, con los cuales sólo hay que realizar una sencilla comparativa:

  • El modelo mejor parado es el de EE.UU., del cual se destaca la rapidez burocrática (entre 15 y 20 minutos para darse de alta), la necesidad de contratar un seguro médico, y la tributación en función del rendimiento, el cual se sitúa en un 15%.
  •  Francia es según este estudio el sistema más favorable en el espacio europeo. En este país las cuotas dependen de la profesión y los ingresos obtenidos, y además el primer año no se paga ninguna. Los trabajadores en este régimen tienen derecho a asistencia sanitaria, jubilación, incapacidad temporal y pensiones de viudedad e invalidez.
  •  Le sigue el modelo del Reino Unido, que contempla una cuota fija que varía entre los 13 y los 58 euros. No existen las declaraciones trimestrales de IVA, y se paga al final del ejercicio final, en función de las ganancias obtenidas. (Nota: Forbes sólo tiene en cuenta en este caso los tramos de ingresos más bajos. El modelo británico es mucho más complejo, como puede verse en el siguiente enlace).
  • Con igual puntuación le sigue el modelo de Italia, del que se destaca la fiscalidad en función de las ganancias, tributando a un tipo del 20%.
  •  El siguiente caso corresponde al modelo de Portugal, del que llama la atención la inexistencia de cuotas y que no se paga IVA. Eso sí, la tributación del ejercicio se sitúa en el 24,5%. Con la misma puntuación está Holanda, caso del que se destaca el pago de cuota en 50 euros por año, la necesidad de pagarse un seguro médico (100 euros / mes), y la posibilidad de complementar con la contratación de otros seguros.
  •  En el último lugar del estudio se sitúa el caso de Alemania, que contempla una cuota de 140 euros mensuales siempre y cuando se obtengan 1.700 euros de ingresos netos. Además, en este modelo cada trabajador ha de pagarse un seguro médico que oscila entre los 150 y 200 euros.

En resumen, el peor de los casos analizados es, con mucho, más flexible y ventajoso para los trabajadores autónomos de aquellos países que para sus homólogos españoles, y ello pese a que este colectivo representa en España una tasa en torno al 20% sobre el total de la población activa y a que desde las distintas administraciones públicas se ha estado enviando machaconamente el mensaje de que son parte importantísima del presente y futuro de la economía española, y por supuesto y bajo el eufemismo del “emprendimiento”, de la salida de la crisis. La pregunta lógica, viendo las diferencias entre países es, ¿por qué aquí no podemos tener un régimen de trabajo autónomo equivalente a cualquiera de los casos contemplados? Si tan importantes son y serán para nuestra economía, ¿por qué es uno de los colectivos peor tratados por la Administración?

Personalmente conozco algunas personas que en su momento fueron autónomos, algunos brillantes y por mucho tiempo, pero que con la crisis se han arruinado, y que, teniendo las habilidades y destrezas para poder salir adelante por medio del autoempleo, no quieren verlo ni en pintura. Algunas sin ningún tipo de ayuda para subsistir. Para muchas personas es tal la carga de pagos de cuotas a la Seguridad Social, IVAs e IRPFs que no pueden soportar la idea de tener la sensación de trabajar para el Estado, de que todo su rendimiento se dirige a pagar impuestos al precio de ganar cuatro duros y de entramparse de por vida.

Pero lo peor de todo es que es el propio Estado el que contribuye decisivamente a que la situación del trabajador autónomo sea precaria e inestable. Las diferencias entre aquel y cualquier trabajador por cuenta ajena es abrumadora en condiciones y derechos. La carga impositiva y condiciones respecto a las sociedades es igualmente notable; las obligaciones tributarias para un trabajador autónomo no sólo son mayores, sino que comparativamente tienen efectos que no son equiparables. Se ha llegado incluso a incorporar la famosa “tarifa plana” para nuevos trabajadores, que obliga en cinco ejercicios, y que para muchos supondrá un canto de sirena que les llevará irremisiblemente a entramparse.

¿Qué es lo que le pasa a este país? Siendo éste asunto que viene de lejos, parece que refleja una incapacidad manifiesta de los diversos gobiernos por ponerle sentido común, y cierta sensación de que al final prevalece el derecho fagocitador de la Administración sobre la actividad que controla. No solo no se promueve que exista más y mejor actividad económica, sino que ésta se “castiga”, lo que a su vez incentiva las prácticas de economía sumergida que tanto daño hacen al interés común.

En qué quedamos pues. ¿No es el autoempleo la herramienta donde reposa nuestro futuro bienestar? Que alguien nos explique por qué cualquiera de los modelos expuestos no puede implementarse en España, sólo quizás así nos demos cuenta de que la lógica en las prioridades y en la forma en cómo funcionan las cosas tienen un sentido contrario al que cabe esperarse. Mientras tanto, seguimos penalizando las oportunidades de desarrollo del país.

En tu experiencia como trabajador autónomo, ¿cuál es la mayor dificultad con la que te has encontrado? ¿cuáles son a tu criterio las medidas que los poderes públicos deberían tomar para regular el autoempleo?

* Siento no poder enlazar a las fuentes respectivas, pero la actual redacción de la Ley de Propiedad Intelectual, según se reformó durante el año pasado, obliga a no hacerlo en medios vinculados a AEDE. Si quieres saber cómo te afecta esta Ley respecto al uso de contenidos en internet, consulta este enlace; si además de informarte sobre ello, quieres sumarte a la presión por cambiar dicha situación, te recomiendo la lectura del siguiente artículo.

El turismo ecuestre: recurso a desarrollar.

El turismo ecuestre: recurso a desarrollar.

 

Durante los años que profesionalmente estuve vinculado al desarrollo local en el Camino de Santiago no fue infrecuente ver peregrinos a caballo, no es que abundasen pero tampoco es que vieses uno de trimestre en trimestre. El caballo no deja de ser, junto con el  caminar, un medio de transporte originario en la ruta jacobea. Históricamente los más humildes a pie, y los más pudientes (alto clero y nobleza) en sus cabalgaduras. Conversando con algunos jinetes, que buscaban más acomodo para sus cabalgaduras que para ellos, te percatabas de lo poco desarrollado que está el turismo orientado hacia quienes les gusta disfrutar de sus cabalgaduras, ya sea como jinetes o como conductores de un carro.

Cuando profundizas en el tema te percatas no  sólo de que es un recurso turístico poco desarrollado, sino también de las oportunidades que ofrece para el medio rural. Estamos hablando por un lado de instalaciones y servicios para atender las personas (alojamiento, restauración, comercio local); y por otro para atender a los animales (cuadras y comida), que además va a permitir poner en valor recursos ociosos e infrautilizados existentes.

Evidentemente de todo lo expuesto hasta aquí ya ha habido quienes se han dado cuenta. En las últimas dos décadas conozco casos de picaderos, centros de pupilaje y doma, que empezaban a diversificar su actividad económica organizando rutas de dos o tres días a caballo. Más recientemente podemos hablar, entre otros, del proyecto de cooperación transnacional de entidades de desarrollo local de España, Francia, Hungría y Portugal que ha buscado la creación de una red europea de posadas ecuestres, contando además con la cooperación de la Real Federación de Hípica Española. En la actualidad, fruto del proyecto anterior, se han homologado una serie de itinerarios. No quiere decir esto que sean estos y sólo estos los únicos itinerarios que pueden realizarse. Por ejemplo, en Castilla y León este tipo de actividades se consideran de turismo activo, donde los titulares de estas actividades recabando los permisos pertinentes pueden desarrollar diferentes rutas.

Aunque cada día este tipo de actividades se han democratizado más, lo cierto es que mayoritariamente siguen siendo quienes las practican personas de poder adquisitivo medio-alto, en especial cuando hablamos de aquellos que son propietarios de los caballos. Este argumento puede posibilitar en gran medida animar a los particulares a realizar las inversiones necesarias para ir creando las infraestructuras necesarias.

Y es que cuando de turismo ecuestre se trata, estamos hablando de todo un microcosmos de actividad económica que se generará a su alrededor. En el segundo párrafo ya se ha mencionado el alojamiento de personas y animales pero también hablamos de: mantenimiento y recuperación de caminos, instalación de toda la señalética informativa, edición de material turístico y promocional, y/o complemento económico para veterinarios y herreros. Donde ahora podemos traducir todo esto en puestos de trabajo que puede ayudar a generar o, más fácilmente, a mantener los ya existentes. Teniendo en cuenta que todo ello conlleva procesos de formación para la especialización del personal.

Lo que tampoco se debe perder de vista es la alta conjugación del turismo ecuestre con otros recursos turísticos ya existentes, como el ejemplo inicial del Camino de Santiago; el turismo ecuestre no necesariamente debe discurrir por escarpados montes ni profundos desfiladeros. Todos los paisajes de nuestra geografía rural tienen su encanto, la cuestión está en saber venderlos. Ni tampoco olvidar que la gastronomía es una buena compañera de camino, igual que encontrarse monumentos.

Por supuesto que desarrollar el turismo ecuestre requiere de la complicidad de todos aquellos que tienen intereses en el territorio, desde las Administraciones Públicas a los ciudadanos particulares, pasando por las asociaciones de empresarios y los grupos de acción local. Respecto a las Administraciones Públicas no debemos olvidar competencias sobre tránsito de animales y alojamiento de los mismos, competencias sobre los propios caminos, sobre el propio turismo, etc. Tampoco hay que perder de vista el papel de los grupos de acción local a la hora de buscar y promocionar los itinerarios más adecuados en su territorio y de realizar una formación acorde a las necesidades de las personas que quieran trabajar en este tema y en las diferentes actividades que pueden darse. Nunca hay que descartar la colaboración entre particulares. El dueño de cualquier establecimiento de turismo rural puede perfectamente convenir con alguno de sus vecinos que mientras él aloja a las personas el otro cuide de los caballos. Siempre que se reúnan los requisitos, que puedan ser exigibles por cada administración regional o las ordenanzas municipales, el turismo ecuestre puede ser un complemento de renta para economías familiares agrarias.

Aunque sobre el papel parece fácil, ahora toca que los valientes den un paso al frente.

Si conoces algún itinerario existente ¿consideras que conjuga todos los elementos mencionados? ¿Mejorarías algo? Si estás pensando en desarrollar uno ¿nos cuentas las claves que lo hacen más vendible?

 

Fotografía: Por Rudy2006  CC0 Public Domain. [http://pixabay.com/es/service/terms/#download_terms], vía http://pixabay.com/

Mapa histórico

Mapa histórico

 

A la hora de plantearse el trabajo de prospección necesario para abordar determinados retos, problemas o situaciones estratégicas en el seno de una organización existen varias opciones de partida. Una muy común es analizar la situación actual de la organización, utilizando por ejemplo un análisis DAFO y un análisis CAME, y en otras ocasiones enlazando dicho análisis del hoy sobre las tendencias y previsiones de lo que será el mañana. A partir de ahí pueden surgir varias ideas de acción que deriven en decisiones estratégicas.

Pues bien, hoy vamos a indagar en una herramienta que analiza el pasado como punto de análisis de partida con el cual orientar a la toma de decisiones con proyección hacia el futuro. Esto es especialmente interesante si el problema o situación originadora de la intención analítica responde a un cambio de paradigma o modelo en el que repose gran parte de nuestra actividad presente. Se trata del Mapa Histórico, el cual utiliza el timeline de la organización como herramienta de análisis.

¿Por qué utilizar el pasado para tomar decisiones orientadas al futuro? Porque puede ser una fuente de información útil enorme, ya que incardina con la razón de ser misma de la organización, el porqué estamos en determinado punto y cómo se ha llegado hasta aquí. Además, puede ser útil también para generar cultura organizativa en las personas de más reciente incorporación.

Su mecánica es bastante simple, y dependiendo del número de participantes y la fluidez con que se desarrolle podría llevarse a cabo tan sólo en una mañana. Necesitaremos únicamente una pizarra sobre la que trabajar o, en su defecto, unas cartulinas o papel continuo sobre una pared. Sobre ello lo primero que tendremos que hacer es una línea temporal ajustada a nuestra organización, con lapsos de tiempo separados por un espacio que posibilite escribir y dibujar entre medias. Si ésta es joven, podemos realizar intervalos de tiempo anuales, mientras que si es una organización consolidada desde hace décadas podremos tomar intervalos más amplios, de cinco años por ejemplo, pasando a anualidades en el análisis de la última década. En todo caso, conviene que el lapso temporal sobre el que se fundamentará el análisis contemple como el momento más lejano aquél en el que se incorporaron los más veteranos de la organización.

La forma quizás más apropiada de abordar la herramienta es la que contempla la participación ordenada de los trabajadores por criterio de veteranía. Dejar que sean los veteranos los primeros en intervenir permite un análisis secuencial que, de otra forma, obligaría dar saltos desordenados en el tiempo. En todo caso, las personas intervinientes deberán salir y situar un dibujo de sí mismos en el momento en que ingresaron en la organización, explicando los motivos, situación y expectativas que entonces tenían para involucrarse con aquella, así como la situación, filosofía y condicionantes que entonces existían en la misma.

Tras dicha inmersión de todos y cada uno de los participantes, que conviene tenga una duración preestablecida, se pasaría al análisis grupal de la organización que, en caso de contar con muchos participantes en el taller, podría requerir trabajar en grupos menores, si bien lo ideal es que el análisis se lleve a cabo con el conjunto de los asistentes. La persona que se encargue de la dinamización de la herramienta deberá formular en este punto preguntas de diversa naturaleza, tales como:

  • Visión, Misión y Valores de la organización.
  • Proyectos y líneas de acción existentes en cada periodo.
  • Momentos e hitos exitosos de la organización.
  • Fracasos o momentos de especial tensión.
  • Cambios en el liderazgo.
  • Estructura departamental y humana.
  • Situación contextual de los diferentes momentos (o análisis de mercado, en su caso).
  • Condicionantes externos (legislación, políticas públicas, etc.).
  • Cambios producidos en los usuarios/clientes a los que se dirige la actividad de la organización.
  • El ambiente de trabajo y la vida dentro de la organización.
  • Otras.

Sobre todo este tipo de cuestiones deberán generarse consensos interpretativos y marcarlos o dibujarlos en la línea temporal, de forma que visualmente puedan interrelacionarse los diversos hitos. Según se avance, se podrán utilizar los elementos ya ubicados para alimentar el discurso. Lo importante es que todo el mundo pueda aportar su percepción particular sobre el desarrollo de lo que se vaya tratando con libertad y contribuyendo a construir la memoria institucional de la organización. Para finalizar, será necesario hacer balance de los resultados obtenidos y preguntar sobre el resultado que para cada cual ha tenido la herramienta.

De las conclusiones obtenidas muy probablemente puedan extraerse lecciones que puedan orientarse a la toma de decisiones estratégicas. Es también una buena herramienta sobre la que partir antes de realizar otra fundamentada en una proyección de la organización. Además, en función del interés inicial puede abordarse desde otras variantes; por ejemplo, si en vez de llevar a cabo un análisis temporal completo basado en gran parte en la aportación de los miembros más experimentados conviniera, por poner un caso, conocer la visión de los trabajadores más jóvenes y de reciente incorporación, seguramente se obtendrían resultados más orientados al contraste entre lo que creemos ser y realmente somos.

Es en definitiva una herramienta que seguramente te sorprenderá, pues tiene un margen de aplicabilidad limitado pero fructífero, que además ayuda a cohesionar la organización. ¿Te animas a ponerla en práctica?

¿Has desarrollado en tu organización algún proceso de análisis de situación? ¿Has utilizado herramientas como la señalada? ¿Qué resultados has obtenido?

El Índice de Libertad Económica 2015.

El Índice de Libertad Económica 2015.

 

Hace unos días se ha publicado el Índice de Libertad Económica 2015, cuya mayor utilidad radica en que sirve para conocer el grado de libertad existente a la hora de generar actividad económica en un determinado país. El actual índice se ha elaborado con los datos referentes a 2014. Desde 1995 el centro de investigación política The Heritage Foundation, con sede en los Estados Unidos de América, realiza una investigación para tomar el pulso a la libertad económica y de mercado. El Índice de Libertad Económica se ha convertido en una publicación de referencia en el ámbito económico a nivel mundial, tanto para economistas y sociólogos como para inversores. Destacando del mismo la amplitud del estudio y lo rigurosos de la metodología de elaboración. Respecto a lo primero este último informe se ha realizado sobre 178 países. Y respecto a lo segundo 10 han sido las libertades analizadas agrupadas en 4 apartados que son:

  • El estado de derecho: derecho de propiedad y libertad frente a la corrupción.
  • Tamaño del gobierno: libertad fiscal y gasto público.
  • Eficacia reguladora: libertad empresarial, libertad laboral y libertad monetaria.
  • Apertura de los mercados: libertad comercial, libertad de inversión y libertad financiera.

La ubicación de los diferentes países en el índice se mide en un centenar de puntos, donde de 80 a 100 se considera que es libre, de 70 a 79,9 se es mayormente libre; de 60 a 69,9 el país es moderadamente libre; de 50 a 59,9 la nación es mayormente libre; y de 0 a 49,9 se considera que la libertad económica está reprimida.

Del presente informe destaca que “la libertad económica ha incrementado a nivel mundial por tercer año consecutivo”. Aunque la media mundial se encuentra en el 60,4, es decir el mundo es moderadamente libre. También se recuerda que aproximadamente el 65% de la población mundial vive en economías mayormente controladas o reprimidas. Aunque se percibe una tendencia a escalar puntos entre los países de economías poco desarrolladas o emergentes.

También señala que sólo cinco economías se encuentran en la parte alta de la clasificación, que de mayor a menor son: Hong-Kong, Singapur, Nueva Zelanda, Australia y Suiza. Tendremos que esperar a ver cómo siguen desarrollándose la tutela de la República Popular China sobre la Región Administrativa especial de Hong-Kong para ver si sigue a la cabeza del ranking en próximos años; a la par que el segundo en el ranking, Singapur, técnicamente está al borde del empate.

El incremento mundial de la libertad económica ha estado motivado por la mejor puntuación en los apartados de libertad comercial, monetaria y frente a la corrupción. Poniendo en relación las áreas geográficas y categorías de clasificación en que están los diferentes países se constatan los siguientes hechos:

  • Que los tres países de América del Norte se hallan en la clasificación de mayormente libres y moderadamente libres.
  • Que Medio en Oriente/África del Norte los grandes productores de petróleo están en las dos categorías anteriormente citadas. Y que la zona participa de cuatro de las cinco clasificaciones, con la excepción de libre.
  • Que Centroamérica, el Caribe y Sudamérica están lideradas por Chile, Colombia y Santa Lucía.
  • Que la zona Asia-Pacífico ocupa los cuatro primeros puestos de la clasificación mundial. Pero que a la vez es un área geográfica muy heterogénea donde también está el menor puntuado, que es la República Popular democrática de Corea del norte.
  • Que en Europa se dan también las cinco categorías de puntuación, encabezadas por Suiza. Destacando también el informe la pujanza de Estonia en los últimos años para escalar puestos. Y que Grecia y Rusia son donde más se reprime a misma.

Concluye esta publicación con la relevancia que la libertad económica tiene para el desarrollo socioeconómico, para lo cual la pone en comparativa  con la salud, los ingresos per cápita, educación y medioambiente.

Respecto a España nos encontramos que ocupa el puesto número 49 dentro del grupo de los moderadamente libres. Lo que nos ubica tras países como Chipre, Botsuana, Barbados, Perú o Jamaica. Curiosa posición y compañeros de ubicación si atendemos a lo que se vende desde los estamentos políticos. Máxime si tenemos en cuenta que libertad económica también conlleva libertad de emprendimiento, y aquí no hacen más que vendernos el discurso de lo fácil que es emprender.

Sé que suena como un alegato, pero creo que: No puede existir libertad económica mientras las grandes empresas e inversores puedan jugar con unas reglas y los autónomos y pymes con otras. No puede existir libertad económica mientras quienes representan el poder político acudan, cuando dejan el cargo, a embolsarse pingües beneficios en las grandes empresas de la nación.  No puede existir libertad económica mientras la corrupción sea una de las principales preocupaciones de los habitantes de un país. No puede existir libertad económica mientras la corrupción puede llegar a ser legitimada desde el estamento judicial dejando sin contenido la intencionalidad en la acción punible, recordando el caso del Exvicepresidente del Gobierno Español José Blanco. No puede existir libertad económica mientras exista la doctrina Botín, es decir pasar por la caja de la hacienda pública se evita ir a juicio.  En definitiva, no puede existir libertad económica mientras no juguemos todos con las mismas reglas.

¿Consideras que la libertad económica conlleva desarrollo socioeconómico? ¿Qué medidas propondrías para que España escalase puestos en el índice?