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Año nuevo… nueva reforma fiscal vigente.

Año nuevo… nueva reforma fiscal vigente.

 

Todos los años suelen iniciarse con algún cambio que afecta en mayor o menor grado a la actividad de las empresas, sea en materia laboral, fiscal, seguridad, etc. No es algo nuevo en consecuencia que en estas fechas toque ponerse al día; cualquier pequeño cambio que el legislador imponga supone en no pocas ocasiones un gran esfuerzo para adecuarse al nuevo marco, y este año no va a ser menos que en anteriores ocasiones.

Este año comienza, pues, con una importante reforma fiscal que nos afecta en varios órdenes. Quizás lo más significativo de la misma sea lo relativo a los cambios que plantea respecto a lo que cada ciudadano pagaremos en base al impuesto de la renta, y de los que en resumen saldrán beneficiadas las rentas más bajas y las más altas, mientras que en las rentas medias sólo se benefician sus tramos más elevados. No obstante, nos centraremos en lo que en materia de pymes y autónomos compete, dado que algunas medidas son realmente significativas. Lo más destacado de la reforma respecto a aquellas es que pretende simplificar y uniformar los tipos impositivos para empresas, al tiempo que se produce una importante limitación de las deducciones.

De esta forma, por un lado, se incorporan varias modificaciones que afectan a las pequeñas y medianas empresas que, recordamos, a efectos fiscales son aquellas que facturan menos de 10 millones de euros al año. Estas modificaciones afectan sobre todo a los tipos impositivos que han de afrontar y a las deducciones que pueden aplicar.

Respecto a los tipos impositivos, una de las reformas más significativas es la relativa al impuesto de sociedades, que baja del 30% aplicado hasta ahora a un 28% en 2015 y 25% a partir de 2016. Se iguala así, de esta forma y con pocas excepciones, el tipo nominal de sujeción para todas las empresas, que se equiparan a lo que hasta ahora pagaban las pymes. Como única posibilidad de inclusión de tipo reducido tenemos el caso del 15% que prevé la Ley de Emprendedores para empresas de nueva creación, que aplica durante dos años sobre la base imponible positiva hasta 300.000 euros; el exceso sobre dicha cantidad tributaría a un 20%.

En lo que respecta a las deducciones, se eliminan las de reinversión de beneficios y las de inversiones ambientales, al tiempo que la deducción por atenciones a clientes se limita al 1% de la cifra de negocio. La deducción por reinversión se sustituye por la reserva de capitalización, que supone que las empresas no tributen por el 10% de sus beneficios siempre y cuando se destinen al capítulo de reservas. Ésta, de hecho, es prácticamente la única ventaja a la cual pueden acogerse las pymes para tributar por debajo del 25%. Otras deducciones importantes se dirigen a beneficiar a las grandes corporaciones, por lo cual no insistiremos en ello.

Por su parte, en lo que respecta a los trabajadores autónomos, y considerando que éstos tributan por el IRPF, la principal novedad de la reforma es que adelanta un año la reducción de las retenciones sobre su facturación, que será de un 19% en 2015 y un 18% en 2016. Y si, no se volverán a ver los niveles de 2011, que entonces estaban situados en el 15%. El único supuesto que permitirá llegar a este porcentaje ya se introdujo en la reforma de julio, que posibilita dicha retención en los casos en que las rentas sean inferiores a 15.000 euros y supongan al menos el 75% de los ingresos del contribuyente.

Un cambio significativo en lo que al régimen de autónomos atañe es el relativo a las actividades que tributen por el sistema de módulos pues, por un lado, no podrán acogerse al mismo ni aquellos que facturen menos de un 50% a personas físicas, ni aquellos con actividades relacionadas con la construcción, lo que implica a un buen número de profesionales (carpinteros, fontaneros, pintores, cerrajeros, albañiles, etc.). Además, se limita el techo para poder acogerse a esta modalidad, situándose en 150.000 euros tanto para ingresos como gastos, lo que supone un cambio de paradigma realmente distinto al hasta ahora existente. Única excepción destacable en este capítulo es el régimen de módulos para actividades agrícolas, que eleva el techo a los 250.000 euros.

En otro orden de cosas, la reforma fiscal traerá algunos pequeños cambios que podrían afectar a algunas pymes y autónomos. Así, por ejemplo, no se producirá un incremento del tipo de IVA del 21%, y ello pese a que la Comisión Europea está insistiendo en dicha línea. Respecto al tipo aplicable por actividad, se incrementa del 10% al 21% en actividades intermedias de elaboración de medicamentos y equipos sanitarios y farmacéuticos. En contra, actividades relativas a las flores y plantas ornamentales reducirán su tipo del 21% al 10%.

Por último, destacaremos que en materia de financiación la reforma fiscal pretende impulsar el mecenazgo, donde se incrementa con carácter general la deducción por donativos en hasta diez puntos, al tiempo que se procura ampliar la participación social en el mismo, para lo que se introduce una deducción del 75% para los donativos inferiores a 150 euros.

En resumen, toca ahora revisar nuestras operativas y previsiones para ajustarlas al nuevo marco legal. Si usted gestiona alguna actividad económica, esperamos le beneficie.

En su caso, ¿qué experiencias tiene de la aplicación de anteriores reformas legislativas? ¿cuál le ha resultado más beneficiosa? ¿cuál más perjudicial?

La innovación en el producto.

La innovación en el producto.

 

Cerrábamos el artículo del viernes pasado, introductorio del tema de la innovación, indicando que acorde al Manual de Oslo se distinguen principalmente cuatro tipos: “de producto, de proceso, de mercadotecnia (citada en otros manuales como marketing) y de organización”. Hoy vamos a desarrollar el primero de ellos con enfoque local.

Entiende el Manual de Oslo que una innovación de producto consiste “en la introducción de un bien o de un servicio nuevo, o significativamente mejorado, en cuanto a sus características o en cuanto al uso al que se destina. Esta definición incluye la mejora significativa de las características técnicas, de los componentes y de los materiales, de la informática integrada, de la facilidad de uso y de otras características funcionales”. No quiere decir esto que el producto (término que incluye bienes y servicios) deba de participar de todas las características señaladas, puede poseer una, dos, varias o todas.

Es necesario advertir que el acercarse al medio local buscando ejemplos absolutos y universales no es sencillo, la actividad económica en el medio local es muy compleja. Nos encontramos desde el profesional que hace reparaciones, a los comerciantes y a las Pymes que asentadas en un entorno local producen para ámbitos globalizados o nutren de un determinado producto a empresas multinacionales. Esto nos obliga a acercarnos al tema con la mentalidad abierta, siendo conscientes de que existen más manifestaciones del medio local de las que conocemos o en las que vivimos.

El párrafo anterior también nos lleva a plantarnos en dónde enmarcamos la innovación. Si nos ceñimos al Manual de Oslo la referencia sería en la actividad que como profesionales o empresarios venimos realizando; pero también podemos buscar la referencia en nuestro entorno local más inmediato, en los diferentes entornos locales que nos rodean, o a nivel mundial, por poner ejemplos. Mi punto de vista ante este tema es utilitarista, ya sea el Manual de Oslo o cualquier otra herramienta hay que hacerla útil para nosotros, nos tiene que servir para darnos una ventaja competitiva frente a nuestros rivales directos. Si nosotros estamos innovando en base a que nadie hace lo mismo en nuestro entorno, pues es una innovación. Otra cosa es que sea una invención si ya lo están realizando en otros ámbitos locales.

Prosigue el texto de referencia con que las innovaciones de producto “pueden utilizar nuevos conocimientos o tecnologías o basarse en nuevas utilizaciones o combinaciones de conocimientos o tecnologías ya existentes”. Y esto puede cristalizar en: “introducción de nuevos bienes y servicios”, “mejoras significativas de las características funcionales” o mejoras en la “utilización de bienes y servicios existentes”. Es decir por un lado tenemos los medios para lograr esa innovación y por otro cómo se cristalizan esos resultados a obtener.

Respecto a los medios se trata de buscar la oportunidad tanto en base a la invención, como a ser capaces de ver las diferentes posibilidades de uso de lo existente. Lo importante es que obtengamos ese resultado innovador.

Respecto a la “introducción de nuevos bienes y servicios”, decir que se definen por diferir “significativamente, desde el punto de vista de sus características o de uso a cual se destinan” a los ya preexistentes. En los últimos años y gracias a la mejora de las vías de comunicaciones físicas y comunicativas se está posibilitando la implantación de actividades económicas que hace veinte años no eran viables; como por ejemplo los centros de transporte logísticos aprovechando las vías de comunicación mencionadas. O simplemente el boom del turismo rural que ha ocasionado un fenómeno económico por su dimisión sin precedentes en el medio rural español. O también la producción ecológica, que ha sido una vuelta a las formas de producción con los medios más tradicionales que se habían relegado en busca de mayores cantidades de producción.

Las “mejoras significativas de las características funcionales”  tienen por finalidad que “los productos tengan un mejor rendimiento”, en esto encontramos múltiples ejemplos en el medio local, en especial en lo referido al sector agrícola. Recuerdo una empresa local que se dedicaba a sistemas de riego semienterrados, operando principalmente en su comarca, que introdujo una mejora significativa en el material con que se confeccionaban las mangueras, logrando un tiempo de uso óptimo significativamente superior, ye vitando el fuerte deterioro que las fuertes heladas ocasionaban en las mismas. Otro ejemplo lo encontramos en las fábricas de quesos con la introducción de las desmoldeadoras de aire comprimido y de los moldes microperforados, que reducen tiempo en la ejecución de tareas y mejor acabado al sacar los quesos; además de evitar lesiones en los trabajadores. Como podemos ver ninguno de los anteriores ejemplos está creando nada nuevo, pero si mejorando significativamente el ya existente.

A mi juicio dentro del medio local son muy significativas las posibilidades que está ofreciendo la innovación en los servicios. El Manual de Oslo habla de las “mejoras significativas en la manera en que estos servicios se prestan (en términos de eficiencia o rapidez, por ejemplo)”, y de “la adición de nuevas funciones o características a servicios existentes, o la introducción de servicios enteramente nuevos”. Con la extensión actual de las tecnologías de la información y comunicación los profesionales, micropymes y pymes tienen acceso a prestar servicios que haces unos años sólo podían estar pensados para empresas de un cierto tamaño. Relaciones con proveedores sin necesidad de pasar por intermediarios, atención de dudas de los clientes reales y posibles, canales de asesoramiento postventa, tiendas on-line que sustituyen a las ventas por catálogo. O como muestra la imagen que ilustra el artículo, la posibilidad de obtener cestas-regalo con productos ecológicos o de la huerta directamente del productor al consumidor y enviados de puerta a puerta.

¿Conoces más manifestaciones de la innovación en el producto en tu medio local? Cuéntanoslas.

Fotografía: Por  Mhy  CC0 Public Domain. [http://pixabay.com/es/service/terms/#download_terms], vía http://pixabay.com/

Nuevo año ad portas.

Nuevo año ad portas.

 

Llegamos al paso de un año a otro, finaliza el 2014 y comienza el 2015.  Para algunos un día más y para otros un día señalado. Fuera de cualquier consideración festiva, a nivel cronológico marca el fin de un periodo y el inicio de otro.

El fin de año es un buen momento, casi obligatorio, para hacer balance del año y desde Iniciativa Local lo estamos realizando. La primera sensación es la de un año de trabajo intenso, la puesta en marcha de nuestra Web en julio supuso meses de trabajo, no sólo estético. Tras la Web subyace un proyecto emprendedor novedoso basado en la ética de quienes participan del mismo enfocado a una visión del mundo centrada en las personas. Hemos querido contribuir con nuestras aportaciones de conocimiento vía Blog. Parece mentira pero hemos publicado 58 artículos en estos seis meses, con temática muy diversa: herramientas para empresas y para emprendedores, nuevas manifestaciones económicas, funcionamiento de organizaciones, etc. incluso derechos humanos, procurando en todo momento hacerlo desde el enfoque socioeconómico local. Todo ello con la intención de aportar valor a nuestros lectores.

También ha sido un año de continuo aprendizaje, tomando las enseñanzas de todas y cada una de las experiencias que hemos vivido y estamos viviendo. Tanto cuando las cosas nos han ido bien, pensando en perfeccionarlas, como cuando no han salido como deseábamos y hemos visto qué errores no volver a cometer. En esto nos gustaría dar las gracias a amigos, compañeros de profesión y a los lectores que se han puesto en contacto con nosotros. ¡Gracias a todos!

Para el 2015 el reto está claro: lanzar al mercado nuestros primeros productos. Para conocer de primera mano nuestros proyectos os invitamos a suscribiros a nuestra newsletter. Estamos ante un momento único con cambios que se suceden vertiginosamente, esto nos va a permitir innovar y trabajar con soluciones colaborativas sin perder nuestro objetivo de contribuir en la construcción de la economía local.

Y aunque ya se haya dicho antes en un día como hoy no nos cansaremos de repetir: ¡Feliz Año Nuevo! y a luchar por nuestros deseos. Y muchas gracias por seguirnos.

Cómo enfocar nuestras metas para el próximo año

Cómo enfocar nuestras metas para el próximo año

 

Una de las sensaciones más comunes en las fechas en que estamos es la de que en Nochevieja acaba “algo”, una etapa marcada por el año que finaliza y que inicia algo nuevo. A veces dicha sensación es un alivio, pues se percibe como el fin de un periodo más o menos negativo personal y/o profesionalmente, o al menos como la oportunidad de reconducir positivamente dicha situación; otras veces genera desasosiego, pues posiblemente el balance del periodo sea bueno y se tema puedan cambiar las tornas, en cuyo caso se piensa en mantener, cuando no incrementar, todo aquello que nos genera seguridad y bienestar, y que posiblemente constituya aquello que comúnmente se denomina nuestra “zona de confort”. En otras ocasiones, incluso, esta sensación puede generar incertidumbre, pues sabemos que en un momento determinado del año entrante algo cambiará y no tenemos muy claro cómo nos irá después.

Por supuesto que dicha sensación no es real, o al menos no lo es objetivamente, pero lo importante es que nuestro cerebro sí que lo siente así, y ello ya es un primer dato al que deberíamos prestar atención. Es, gráficamente, como si sintiéramos que nuestra vida fuera un libro que, año tras año, pasa página; en estos momentos estaríamos precisamente terminando las últimas líneas del año en curso y nos dispondríamos, con ilusión y curiosidad, a palpar la hoja con la intención de moverla y empezar a saber qué nos depara el próximo periodo.

El hecho es que éste es un momento en el que tenemos la sensación de poder cambiar, reconducir o canalizar las cosas hacia donde nos interesa y, lo más importante, una predisposición a orientarnos hacia ello que deberíamos aprovechar. Usualmente, solemos utilizar las “metas para el próximo año” como la abstracción más común a la hora de enfocar dicha predisposición. En este punto, una vez en curso el nuevo año, pueden pasar tres cosas:

  • Primero, que terminemos a corto plazo totalmente desencantados con las expectativas generadas al finalizar el año, pues todo sigue igual, sino peor. Es una bofetada de realidad cuyo origen está en confiar en que las cosas se hagan solas, en dejarnos llevar en espera de la concatenación de una serie de hechos afortunados que cumplan con nuestras expectativas, y que lo normal es que acaben en frustración. Si tu actitud ante la vida es adoptar un papel pasivo, seguramente todo esto te habrá ocurrido en más de una ocasión.
  • Segundo, que terminemos a medio plazo desencantados con la expectativa generada, pues habiendo intentado llevarla a cabo, hemos tenido que desistir en un momento dado de tal esfuerzo. Es producto de un mal planteamiento, de querer concebir una carrera de fondo como una de cien metros lisos. Aspectos como una deficiente determinación, constancia, análisis de la realidad, medios utilizados, estrategia, etc., o incluso otros como una excesiva autosuficiencia o mala actitud, pueden ser elementos que minen nuestro ánimo en un momento dado y den al traste con nuestra aventura. Si sueles quedarte a medias con todo, sabes de qué estamos tratando.
  • Tercero, que terminemos a largo plazo satisfechos con la expectativa generada en su momento, pues hemos sido capaces de cumplirla en mayor o menor grado e, incluso, si no hemos sido finalmente capaces de haberla cumplido, ¡seguramente estaremos también satisfechos! Esta situación es la que viven aquellas personas que determinan bien aquello que quieren lograr, los cauces y tiempos que quieren utilizar, los medios para llevarlo a cabo, y que además ¡lo llevan a cabo! Se trata de convertir la predisposición de estos días en actitud, de canalizarla de la forma descrita, y de ser consistentes en el cumplimiento de nuestras metas. Incluso si eres una persona que encaja en los dos anteriores perfiles, seguramente recuerdes algún hecho de tu vida con el que te comprometiste totalmente, más o menos en la forma descrita y con mucho esfuerzo, y que al final logró materializarse en lo que deseabas. Ésa es la actitud, y la respuesta en términos de acción a la pregunta más lógica que deberías hacerte ¿lo quieres realmente o no?

Todo esto es muy importante a nivel personal, está claro, y en tal sentido podríamos hablar de las típicas metas de dejar de fumar, estudiar más, adelgazar, hacer deporte o un curso, por poner unos casos, como futuribles que, con constancia y rigor, nos proporcionarán alcanzar un estado deseado concreto. Si, además, tienes ante tus manos la responsabilidad de sacar adelante un negocio o una organización, la importancia de todo esto se incrementa exponencialmente, pues seguramente recaiga en ti la suerte de más personas y de metas como lograr un tamaño, acceder un segmento de población, abrir nuevos mercados, dar viabilidad a una línea de acción, etc. Tanto en uno como en otro caso, pero especialmente en éste último, es fundamental tener claras determinadas pautas que ayuden a que tu ánimo no decaiga y a que tengas mayores opciones de conseguir los logros previstos. Vamos a darte algunas claves que te ayudarán en tal empeño, y que te recomendamos hagas siempre por escrito, eso sí, teniendo muy presente que has de ser tan eficaz como ágil, pues como es sabido, “el tiempo es oro”.

En primer lugar, y es algo que deberías hacer cuanto antes, evalúa. Para ello utiliza, esencialmente, dos variables:

  • Tiempo. Analiza cuál es tu situación o la del proyecto o proyectos que quieres abordar en el momento actual. Haz una radiografía lo mas concreta y detallada posible del estado en que están las cosas. Una vez terminada, establece cuál seria la situación deseada dentro de exactamente un año (ojo, deseada no significa “ideal”, sino “posible”, con lo cual toca ser realistas y utilizar el sentido común).
  • Criterio. La radiografía descrita ha de llevarse a cabo en base a una valoración sometida a criterio, el mismo en ambos momentos, por lo cual dicho “estado de las cosas” hemos de alguna forma medirlo para que nos sea útil. La forma de hacerlo será introduciendo indicadores, es decir, elementos de valor que nos indiquen en qué cantidad, calidad y duración se manifiesta o es esperable se manifieste el elemento analizado.

Se trata de saber dónde estamos y hacia dónde (y cómo) nos dirigimos. Una vez hecho lo anterior, sobre ambos momentos y en base a los mismos criterios de análisis, realizaremos una comparativa que nos resultará fundamental, ya que nos dirá si nuestro propósito es factible y, además, nos indicará en gran parte el esfuerzo y detalles del trabajo que hemos de llevar a cabo. Dicho de otra forma, nos sugerirá la hoja de ruta a seguir durante el próximo año.

En segundo lugar, y sobre la base de los resultados del anterior punto, establece tus objetivos. Cuidado, no te evadas: un proyecto, un objetivo. Procura además no confundir un objetivo con un deseo. Para ayudarte en tal tarea, echaremos mano de la técnica SMART, un clásico que te será de mucha utilidad para definir tus objetivos. En dicha lógica, un objetivo debe ser:

  • S[pecific], es decir, específico, claro y concreto. Céntrate en lo que quieres lograr de la forma más delimitada posible; huye de generalidades que no te llevan a ningún lado, como “ganar más dinero” o “tener éxito”; concreta exactamente lo que quieres y crees podrás alcanzar, determinará lo que puedas o no hacer.
  • M[easurable], es decir, medible. Se trata de establecer los atributos específicos de lo que quieres lograr, lo que además agradecerás mucho, pues sobre el desarrollo de esta medición tendrás que tomar decisiones en función de que vayan cumpliéndose tus previsiones o no.
  • A[chievable], es decir, alcanzable y realista. Evita querer abarcar mucho más de lo que puedes hacer, pues al final te encontrarás totalmente desbordado. Todo objetivo es un reto, no hay duda, pero ha de ser alcanzable; en su cumplimiento reposa la renovación de tu compromiso con tu proyecto.
  • R[esult oriented], es decir, orientado a resultados. Los resultados son las condiciones que han de darse para que un objetivo se cumpla. Identifícalos, pues de su análisis obtendrás la lista de actividades y tareas que habrás de llevar a cabo.
  • T[ime limited], es decir, limitado en el tiempo. En este caso lo tenemos sencillo, pues lo estamos orientando a un año completo. Puede durar más, pero conviene que nos centremos en el caso que nos ocupa, en el año completo o en duraciones inferiores, el porqué de lo cual lo tendrás claro al analizar la última de las claves propuestas.

En tercer lugar, planifica. Es decir, convierte en actividades (y tareas para llevar éstas a cabo) a realizar todo lo pretendido en el anterior punto. Es la fase de trabajo más estratégica y trascendente, donde la hoja de ruta cobra forma definitiva, y en donde tendrás plena consciencia de la carga de trabajo que puedes y habrás de llevar a cabo. Si en este punto ves que no podrás con algo, revisa las anteriores pautas y, sobre el nuevo marco, vuelve a planificar. Un consejo: vas a fallar en determinadas cosas durante la ejecución de tu proyecto, eso es consustancial a nuestra condición humana, así que procura no obcecarte en la perfección, lo que no quita para que sí seas perfeccionista.

En cuarto lugar, lo más importante: ejecuta. No olvides que todo el trabajo anterior se orienta a la acción, y en tal sentido actúa con sentido práctico; haz bien dicho trabajo, pero ése “no” es el trabajo. Decide cuándo y cómo pasarás a la acción, y actúa.

Por último, y para finalizar, una vez acabe el año entrante sería muy recomendable que de nuevo evalúes, esta vez sobre el grado de cumplimiento de lo que ahora te propongas. Lo tendrás sencillo, pues realizarás valoraciones sobre la base que construirás ahora, y que te hemos presentado en las anteriores claves. Las conclusiones de esta nueva valoración serán los cimientos del siguiente ejercicio, que seguramente abordarás con muchas más garantías ¿no crees?

En tu caso, ¿cómo sueles plantearte las metas a alcanzar al iniciar cada año? ¿has utilizado alguna herramienta de planificación en algún momento? ¿con qué resultado?

Una primera aproximación a la innovación.

Una primera aproximación a la innovación.

 

Sin duda la innovación es la palabra que el mundo empresarial y de los negocios se ha convertido en el mantra más repetido, siendo algo así como el Santo Grial de la Clave del Éxito. Y no falta razón en este enfoque a la hora de producir bienes y servicios, en especial dentro del gran cambio de paradigma económico que estamos viviendo, ya que puede significar la diferencia entre nuestro negocio sea rentable o no.

No debemos caer en el error de pensar que la innovación es sólo cosa de las grandes empresas y para grandes proyectos  altamente tecnológicos. La innovación debe estar presente también en los negocios del ámbito local, incluso en los más pequeños, ya que marca la diferenciación con nuestros competidores. La innovación tiene mucho que decir para el desarrollo socioeconómico, tanto en su vertiente de actividad social como económica. Aunque ahora dedicaremos unos artículos enfocados a lo económico, más adelante abordaremos la innovación en su vertiente social.

Pero antes de profundizar en el tema es necesario preguntarse ¿qué es la innovación? Si acudimos al diccionario hallaremos, en su segunda acepción, la escueta definición de: “Creación o modificación de un producto, y su introducción en un mercado”. Aunque esta definición a priori nos vale no hay que olvidar que existe una amplia literatura académica sobre el emprendimiento y creación de empresas desde el mismo momento que se identifica al emprendedor como protagonista del crecimiento y cambio económico, allá por el siglo XVIII.

De hecho la literatura académica ha puesto y está poniendo el énfasis en los últimos años en la existencia de innovación para diferenciar a quienes pueden ser definidos como “emprendedores” de quienes comienzan una actividad económica al uso; evidentemente sin restar méritos a unos y otros en su afán de crear su propia empresa.

Aunque en un artículo no podemos profundizar en todo lo que se ha escrito sobre la innovación, sin embargo no se puede dejar de citar a dos autores, considerados por muchos los principales referentes cuando se habla de innovación.

Por un lado tenemos a Joseph Alois Schumpeter (1883-1950) quien confería  a la innovación radical el poder de generar cambios revolucionarios que ocasionaban el “desarrollo económico”, a diferencia del “crecimiento económico” que no es más que una reasignación de recursos y volúmenes de producción.

Por otro esta Peter Ferdinad Drucker (1909-2005), considerado uno de los padres del management o función gerencial. Drucker es de los primeros en darse cuenta y desarrollar la importancia que la gestión del conocimiento tiene en las organizaciones. Considera la innovación como la “herramienta específica de los empresarios innovadores”, lo que les posibilita encontrar oportunidades de negocio diferentes a las ya explotadas. Drucker concebía la innovación como algo sistemático que consistía en “la búsqueda organizada, y con un objetivo, de cambios, y en el análisis sistemático de las oportunidades que ellos pueden ofrecer para la innovación social o económica”. Quien además de una manera más encilla definía innovar como: “encontrar nuevos o mejorados usos a los recursos de que ya disponemos”.

La amplia literatura académica y en especial la obra de Schumpeter fructificaron en el llamado Manual de Oslo, llamado Libro Blanco sobre la innovación, subtitulado Guía para la recogida e interpretación de datos sobre innovación. Esta obra se elaboró en 1992, aunque se ha ido revisando y ampliando para darle un toque más generalista y poder ser utilizado multisectorialmente. El Manual de Oslo es fruto del trabajo conjunto de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) y de la Oficina Estadística de la Comisión Europea (Eurostat). Este manual ha venido a dotar de un significado común a la innovación y a sus formas de manifestarse, además de ser referente para definir la misma de cara a los instrumentos públicos, entre ellos las subvenciones, que en el ámbito europeo y nacional existen.

El Manual de Osolo usa dos definiciones de innovación, en sentido amplio y en el restrictivo, para el propósito que nos ocupa nos quedamos con el amplio donde la innovación es “la introducción de un nuevo, o significativamente mejorado, producto (bien o servicio), de un proceso, de un nuevo método de comercialización o de un nuevo método organizativo, en las prácticas internas de la empresa, la organización del lugar de trabajo o las relaciones exteriores”.

El Manual de Oslo diferencia cuatro tipos de innovación; de producto, de proceso, de mercadotecnia (citada en otros manuales como marketing) y de organización. En posteriores artículos desarrollaremos los mismos con enfoque local.

 

Antes de finalizar una reflexión que debemos tener siempre presente, y es que si la innovación no es aceptada por el mercado no nos sirve de nada, pensemos en la innovación, pero enfoquémosla al cliente.

 

¿Consideras la innovación como un factor de supervivencia de tu empresa? ¿Crees que las empresas que innovan tienen más posibilidades de crecer en el mercado?

 

Fotografía: Por  jarmoluk CC0 Public Domain. [http://pixabay.com/es/service/terms/#download_terms], vía http://pixabay.com/

PYME y Derechos Humanos

PYME y Derechos Humanos

 

Hace unos días, leyendo un artículo sobre el suspenso de las principales entidades bancarias españolas en materia de derechos humanos, pensé sobre en qué medida las pequeñas y medianas empresas integrarían principios similares a su actividad, pues la verdad, aquellos no son normalmente un tema de tratamiento explícito en la actividad cotidiana de éstas; “aquí se viene a trabajar y punto”, es la tan común sentencia que, aplicable al día a día, me vino inmediatamente a la cabeza cual si con ella se pretendiera centrar al trabajador en su tarea productiva aislándole de todo lo que rodea a ésta.

Pues bien, tan importante es lo que estamos tratando, y tan presente está en la escena internacional, que las Naciones Unidas editaron en 2011 una guía que, titulada “Principios rectores sobre las empresas y los derechos humanos“, pretende ser un marco práctico para “proteger, respetar y remediar” en dicha materia, dado “el papel de las empresas como órganos especializados de la sociedad que desempeñan funciones especializadas y que deben cumplir todas las leyes aplicables y respetar los derechos humanos“. En dicha guía se dicen cosas como que las empresas “deben respetar los derechos humanos. Eso significa que deben abstenerse de infringir los derechos humanos de terceros y hacer frente a las consecuencias negativas sobre los derechos humanos en las que tengan alguna participación“, estableciendo como marco de referencia de mínimos la Carta Internacional de Derechos Humanos y la Declaración de la Organización Internacional del Trabajo relativa a los principios y derechos fundamentales en el trabajo. La ONU, además, editó una guía interpretativa para la puesta en práctica de los Principios rectores señalados.

A priori podría pensarse que velar por el respeto de los derechos humanos pudiera ser una tarea achacable únicamente a las multinacionales, dadas las implicaciones profundas de su actividad, tanto en lo referente a aspectos internos de gestión y producción, como a los efectos en la sociedad de su actividad; tanto es así, que raro es el mes en el que no se produce alguna noticia al respecto. No obstante, y aunque aquellas sean el principal foco de atención en esta materia, el respeto de los derechos humanos es una tarea que nos concierne a todos, también a las pequeñas y medianas empresas. La lógica extensa de todo esto parte del hecho del papel del estado como primer garante en cumplir y hacer cumplir los tratados internacionales que en materia de derechos humanos ha suscrito, lo que por extensión se aplica en el conjunto de la sociedad donde aquél actúa, siendo un imperativo para todos y cada uno de los ciudadanos, y por ende para todas las organizaciones, por lo cual llegamos a la conclusión de que el respeto de los derechos humanos es tarea que no solo atañe a las grandes empresas, sino a cualquier empresa independientemente de cualquier especificidad que tuviere. Por supuesto, dejando esto de lado, lo ideal es que todo esto parta del compromiso personal que como persona y empresario se tiene con la sociedad y sus principales valores.

Como empresa vamos a tener siempre la opción, desde su nacimiento, por optar en centrarnos únicamente en sus resultados en mercado o, por el contrario, por integrar valores que acompañen toda su actividad. Es un hecho constatable que el respeto de los derechos humanos es un aspecto que la sociedad en su conjunto monitoriza cada vez más, lo que refleja un cada vez más estrecho compromiso de la ciudadanía con este tipo de cuestiones, y ello incluye la percepción que sobre nuestra actividad pueden tener nuestros clientes, lo que se deja notar en lo que éstos solicitan y exigen. Muchas empresas, de hecho, hacen del respeto de los derechos humanos un instrumento de marketing, mientras que otras, al contrario, integran este tipo de aspectos de forma natural en el conjunto de su actividad, en armonía con ésta y con lo que sus clientes esperan de la empresa. Por lo tanto, existe una razón profundamente humana en todo esto, si, pero también es constatable que velar por el respeto de los derechos humanos es, cada vez más, rentable para las empresas.

Algunas cuestiones, tanto referentes al funcionamiento interno de la empresa como en la forma de operar en mercado que tiene, pueden surgir fácilmente si pensamos en términos de derechos humanos. Por ejemplo, en clave interna, ¿tienen las mismas oportunidades y trato los hombres y las mujeres que trabajan en la empresa en cuestión? ¿existe la debida consideración y respeto de los directivos por sus trabajadores? ¿se perjudica de alguna forma a parte de la plantilla por cuestiones de edad, sexo o etnia? ¿se favorece la libertad de expresión y sindicación? ¿existen criterios salariales homogéneos y que dignifiquen el trabajo? ¿qué diferencia salarial existe entre la persona que más cobra y la que menos en la empresa? ¿se favorece la conciliación real de la vida familiar? ¿se vela por la seguridad en el trabajo? Como puede constatarse, podríamos seguir con una diversidad de preguntas tal que, tratadas individualmente o en su conjunto, podrían darnos muchas pistas sobre los valores y prácticas de la empresa en cuestión. En clave externa no nos quedaríamos cortos, pues de hecho los efectos de la actividad de una empresa en la sociedad son, a priori, más fácilmente identificables, aunque esto no quiere decir que sea una tarea siempre sencilla. En esta línea, podríamos realizarnos preguntas como ¿sabemos como se producen los productos que vendemos? ¿tenemos certeza de que no utilizan mano de obra infantil? ¿se elaboran en entornos laborales no discriminatorios? ¿contribuyen a mejorar las condiciones de vida de las personas y comunidades involucradas? ¿aplican criterios de justicia redistributiva con todas las partes implicadas, sobre todo los productores y trabajadores? ¿se elaboran en países donde se respetan los derechos humanos? ¿produce algún menoscabo sobre el medio ambiente, tanto en la obtención de materias primas como en su transformación y comercialización? El etcétera podría alargarse mucho, como puede verse. En el caso de que la empresa en cuestión lleve a cabo servicios, las cuestiones serían similares, aunque con un mayor enfoque en los procesos.

Ahora bien, podrá pensarse, todo esto es fácilmente imaginable de aplicar en grandes empresas, pero ¿tiene tanto sentido integrarlo en una pyme? ¿de qué forma se hace? No son preguntas baladíes, dado que la lógica globalizadora actual complica mucho esta tarea, y la capacidad de una pequeña y mediana empresa, podrá siempre argüirse, es limitada. Para responder a ello, un buen punto de partida puede ser la guía “Mi empresa y los derechos humanos“, un material elaborado por la Comisión Europea específicamente para pymes, en la cual se trata de forma sencilla y amena sobre las razones, beneficios, instrumentos, situaciones, etc., que aconsejan a que toda pyme integre en su cultura organizativa y empresarial el respeto por los derechos humanos. En principio, a través de este material accederemos a todas las claves que necesitamos para llevar a cabo esta tarea.

Para concluir, vamos a incluir algunas claves para gestionar este tipo de cuestiones en nuestra actividad:

  • Integrar el respeto por los derechos humanos no es una cuestión únicamente comercial, sino esencial y principalmente de coherencia personal y humana. Si bien como empresario tienes un papel primordial, haz partícipe de ello a tu equipo, entre todos es más fácil identificar los valores y riesgos que pueden rodear tu actividad. Además, entre todos se genera una cultura empresarial con pilares mucho más sólidos.
  • Centrarnos en que nuestra actividad integre valores fácilmente identificables; hacer sentir al cliente que el proceso de compra no se limita a adquirir un producto, sino que a través de ello se está contribuyendo a una causa.
  • Integrar esos valores en el ADN de la empresa.  Se trata de adherir dichos valores en la cultura de empresa, lo que posibilitará no solo dotar de coherencia con aquellos al conjunto de la actividad, sino también posibilitar que el esfuerzo por integrarlos en los distintos procesos sea mucho menos costoso.
  • En clave interna, la coherencia en el respeto de los derechos humanos se ve favorecida en aquellas empresas que integran un modelo organizativo de filosofía horizontal, es decir, participativa, integradora y colaborativa. Es un hecho conocido que este modelo se está imponiendo cada vez más, pues además cohesiona e incrementa la productividad de las personas implicadas en la empresa.
  • En clave externa, conviene saber (y preguntar) sobre todos los detalles de producción y tratamiento de aquello que vendemos. Si subcontratamos algún servicio, igualmente deberíamos saber en qué condiciones se realiza y si se ajusta a nuestros valores. Muchas preguntas y demandas de nuestra clientela vendrán por esta vía.
  • No descuides la atención de tus valores, pues de ello depende en gran medida tu marcha como empresa. Procura atender a todo lo que al respecto involucra a tu empresa (realiza seguimiento de ello), y comunica, de la forma que estimes oportuna en base a vuestra cultura empresarial, tanto interna como externamente.

Si lo pensamos detenidamente, lo que hacemos y lo que otros hacen para que nosotros podamos hacer puede tener implicaciones profundas en materia de derechos humanos. Pensemos en ello y actuemos, pues conlleva una responsabilidad que cada vez involucra más al conjunto de la sociedad y a nuestra empresa como parte de la misma. Lo que hacemos desde nuestra actividad puede contribuir a hacer de éste un mundo mejor.

En tu caso ¿con qué valores se identifica tu empresa? ¿tienes alguna experiencia que pueda ser significativa sobre todo lo expuesto? Envíanos tus valoraciones, ideas e inquietudes.

Imagen: Mural de Diego Rivera en el Detroit Institute of Arts. Fotografía de VasenkaPhotography, en Flickr.

Legalizar la economía sumergida.

Legalizar la economía sumergida.

 

La semana pasada abordábamos el estado de la cuestión de la economía sumergida, ahora toca buscar posibles soluciones para que pueda aflorar y contribuir al esfuerzo económico que nos toca realizar a todos los ciudadanos.

Intentar que la economía sumergida florezca no es fácil ya que las múltiples situaciones que la componen no tienen un patrón común más allá de escapar del control fiscal. En primer lugar habría que diferenciar entre actividades legales e ilegales. Todas aquellas actividades legales de cara a nuestra legislación pueden florecer encauzándolas administrativamente; sin embargo la pregunta es ¿qué hacemos con aquellas que tienen un carácter ilegal?

Dentro de las actividades ilegales podemos encontrar aquellas que son susceptibles de ser legalizadas, como por ejemplo la prostitución y el consumo de cannabis. Con independencia de los debates que, con mayor o menor moralina, se puedan dar ambos hechos están legalizados en otros países. Y como inciso decir que de esta manera se combate también a las mafias que controlan estas actividades. Y por otro lado están las actividades que no son susceptibles de legalizar, no veo a ningún gobierno legalizando la venta de los robos, ni el tráfico de cocaína, y muchos menos el mercado de los asesinatos por encargo.

Ciñéndonos a las actividades legales y susceptibles de ser legalizadas la solución, como ya se ha mencionado, pasa por encauzarla por la vía administrativa para qué salga a la luz. Sin embargo esto no es nada fácil por la reiterada característica de la economía sumergida, la multiplicidad de formas en que se manifiesta. No se puede buscar una solución general que no contemple los casos particulares, que hasta ahora es lo que se ha hecho. No obstante para los legisladores esto es lo más fácil porque ponen la pelota en el tejado del ciudadano y le dicen “si no hace las cosas legalmente es porque no quiere usted, no porque no le demos oportunidades, pedazo de insolidario”. Ante lo cual sólo queda el recurso de la palabra, porque el de la legalidad le controla la otra parte, respondiendo algo así como “me parece muy bien que estos meses sólo pague 50 € de Seguridad Social, pero con los poco más de mil que facturo y el IRPF que recaudan en unos meses no llego ni al Salario Mínimo Interprofesional; ese que a sus Señorías les parece suficiente para vivir y que algunos de ustedes multiplican por diez”.

Como estaba diciendo las soluciones que se ofrecen son generalistas y no abordan las causas que motivan la economía sumergida. Así como en ocasiones restrictivas, como por ejemplo la “compatibilización por los menores de 30 años de la percepción por desempleo con el inicio de una actividad por cuenta propia”, esto suena muy bien, pero ¿los menores de 30 años son los que más emprenden? ¿Los menores de 30 años son los que han generado derechos de prestación? Al final son medidas que sobre el papel se venden muy bien pero de alcance efectivo muy limitado.

Si tuviésemos que agrupar estos múltiples casos que conforman la economía sumergida podríamos empezar por aquellos que realizan una actividad económica legalizada pero no declaran todos los ingresos que obtienen. Lo habitual es que digan que están hartos de pagar por impuestos y más desde las diferentes subidas que hemos padecido. Sólo recordar que una menor presión fiscal siempre beneficia una mayor actividad económica. Evidentemente la alta presión fiscal no exonera de cumplir con hacienda, pero también es evidente que si presionas de impuestos a los profesionales y pymes es más probable que busquen cómo engañar al fisco.

Respecto a quienes están en una situación incompatible con la realización de una actividad económica, los perceptores de algún tipo de prestación o subsidio, la situación es compleja. Legalizar su situación conlleva suspender automáticamente su fuente de ingresos. Pongamos un ejemplo, una persona que percibe 800 euros de prestación y que, por ejemplo, imparte clases particulares o pinta pisos y que obtiene mensualmente 300 euros ¿va a renunciar a los 800? Además que la característica principal de este tipo de ingresos es su carácter complementario.

Continuando con el párrafo anterior, lo anterior sólo es una muestra de la rigidez de nuestra legislación. Legislación que se mueve por opuestos, o estás en un situación o estás en otra, lo inteligente tanto para el ciudadano como la administración es la yuxtaposición de situaciones bajo el requisito de que entre ambas situaciones no superasen una determinada cantidad de ingresos.

Muy similar a la situación de incompatibilidad están quienes estando desempleados o trabajando por cuenta por cuenta ajena realizan una actividad económica. Aunque habría que analizar cada caso individualmente podemos afirmar, con carácter general, que si esta actividad económica permitiese unos ingresos dignos, tras afrontar sus obligaciones con Hacienda y con la Seguridad Social, mayoritariamente se desarrollaría en condiciones de legalidad.

A lo largo del texto se ha hecho mención varias veces a ingresos dignos o suficientes para vivir, y he aquí una de las claves para hacer florecer la economía sumergida, que la actividad legal facilite un resultado monetario adecuado. El problema está en que mientras el legislador piense que con 654,30 € es suficiente para que viva un individuo yo su familia la gran dimensión de la economía sumergida no va a disminuir. Por eso nuestros gobernantes deberían descender a la sociedad y no sólo conocer, también comprender las inquietudes y necesidades reales  de los ciudadanos.

En casos como estos serían muy útiles marcadores de ingresos complementarios donde las aportaciones a la Seguridad Social y a la Hacienda Pública fuesen por tramos con una tarifa plana de contribución al común previamente tasada. Para armonizarlo con el concepto el sistema de la Seguridad Social generaría unos derechos aunque con las limitaciones que le confiere el importe ingresado, pero serían derechos a fin de cuentas.

Por último, también comentábamos en el artículo anterior las maniobras financieras basadas en vacíos y triquiñuelas legales para no cumplir con las obligaciones tributarias de las que sí participan la mayoría de sus clientes de un país determinado. Aquí la solución está en manos de los legisladores, y pasa por hacer bien su trabajo; conocen las artimañas que usan, pues como poseedores del poder de cambiar la normativa para evitarlo que lo hagan.

Con esto y otras medidas, una vez que el individuo tenga las opciones más beneficiosas en su mano para desarrollar una actividad económica, la persona que participa de la economía sumergida “legal y/o legalizable” ya no tendría ninguna excusa para no  hacer las cosas correctamente.

Lo deseable sería que al aumentar la capacidad recaudatoria de la hacienda pública se redujese la presión fiscal sobre los ciudadanos y pymes. Existen muchas más ideas, pero siempre deberían formularse desde la proposición y no desde la imposición que las mayorías absolutas o los pactos “ad hoc” facilitan.

¿Te parecen adecuadas las propuestas? ¿Consideras que la legislación debe alejarse más a la realidad social o que ya la refleja? ¿Crees que legalizar la economía sumergida contribuiría al desarrollo socioeconómico?

 

Fotografía: Por  193584 CC0 Public Domain. [http://pixabay.com/es/service/terms/#download_terms], vía http://pixabay.com/

Análisis estratégico CAME

Análisis estratégico CAME

 

Allá por el mes de julio escribí una serie de artículos dedicados al análisis DAFO, una de las herramientas que, bien hecha, más útil y estratégica puede resultar para cualquier organización, sea ésta empresa, Tercer Sector o entidad pública. Decía entonces que el potencial de su simplicidad no puede obviar el hecho de que esta herramienta necesita un tratamiento metódico y riguroso, y que no vale realizarla de cualquier forma, en tiempo y dinámica de ejecución. El tercero de dichos artículos, de hecho, incluía un método de análisis triangular cuya pretensión es “exprimir” al máximo la utilidad de la misma, y que consistía en la comparativa cruzada de elementos en base a la siguiente lógica:

El análisis CAME es el complemento ideal para la herramienta DAFO. ¡ Define la estrategia de tu organización !

La primera tarea consiste en realizar una comparativa cruzada de las variables obtenidas en el análisis DAFO. Procura que exista una discusión grupal orientada a obtener conclusiones de cada comparativa.

Pues bien, hoy vamos a conocer un método que mejora este análisis y orienta sus resultados a categorías estratégicas concretas. Me refiero al análisis CAME, un método que trabaja con la información obtenida en un análisis DAFO en base a los siguientes propósitos:

  • Corregir las Debilidades
  • Afrontar las Amenazas
  • Mantener las Fortalezas
  • Explotar las Oportunidades

Para ello, se estructuran las estrategias combinatorias resultantes en base al cumplimiento de los propósitos expuestos, y que resultan en la siguiente categorización:

Estrategias de reorientación. Responden a la pregunta ¿cómo podemos corregir nuestras debilidades? Se ubican en el nicho de análisis de estrategias D + O, y sugieren que únicamente superando determinadas debilidades internas podremos aprovecharnos de determinadas oportunidades externas. Se dirigen principalmente a desarrollar nuestra capacidad de mejorar y pivotar.

Estrategias de supervivencia. Responden a la pregunta ¿cómo podemos afrontar aquello que nos amenaza? Se ubican en el nicho de análisis de estrategias D + A, y se centran en procurar superar determinadas debilidades internas como medio de sortear el efecto negativo que determinadas externalidades podrían tener en nuestra organización. Se dirigen esencialmente a la prevención y a desarrollar nuestra capacidad de previsión y anticipación.

Estrategias defensivas. Responden a la pregunta ¿cómo podemos mantener aquello que nos hace fuertes? Se ubican en el nicho de análisis de estrategias F + A, e insinúan que reforzando o mejorando aquello en lo que destacamos podremos sortear mejor aquello que nos supone un reto. Supone el estar atentos a lo que pasa dentro y fuera de nuestra organización, y a no descuidar aquello que nos hace fuertes. Está dirigido principalmente a desarrollar nuestra capacidad de diferenciarnos y a poner en valor lo que hacemos.

Estrategias ofensivas. Responden a la pregunta ¿cómo podemos explotar y aprovechar aquello que se nos presenta como favorable? Se ubican en el nicho de análisis de estrategias F + O, y proponen emplear nuestras fortalezas en aprovechar las oportunidades que van surgiendo en el entorno de nuestra organización. Aquellas son de hecho condición para intentar beneficiarnos de éstas. Se dirige en especial a desarrollar nuestra capacidad operativa y a posibilitar nuestro crecimiento.

El esquema completo del proceso, tras aplicar el CAME al DAFO, quedaría de esta forma:

El análisis CAME es el complemento ideal para la herramienta DAFO. ¡ Define la estrategia de tu organización !

Una vez obtenidas conclusiones en cada apartado, éstas se discutirán en base a la aplicación de los criterios CAME, orientándose a obtener estrategias adaptables a las distintas necesidades de nuestra organización.

Algunos consejos a la hora de implementarlo podrían pasar por:

  • Utilizar, también en este caso, un equipo lo más multidisciplinar posible, pero que tenga relación con el objeto de atención.
  • Al igual que en el DAFO, la conveniencia de puntuar la importancia que el grupo de trabajo dé a la cuestión concreta, utilizando para ello un baremo previamente acordado.
  • No perder la perspectiva interna y externa de las cosas. Las estrategias se ajustan a diferentes utilidades.

Los resultados variarán mucho en base a las características y tipo de organización que trabajemos, pero nos ayudarán a orientar mejor nuestra actividad hacia aquello que para nosotros es realmente fundamental.

En tu caso, ¿qué ejemplos ajustados a cada tipo de estrategia se te ocurren podrían resultar en tu organización tras la aplicación del CAME? ¿piensas que en verdad mejora los resultados obtenidos en el DAFO?

Economía sumergida: un fenómeno latente.

Economía sumergida: un fenómeno latente.

 

Aunque la economía sumergida sea un concepto de uso común no se puede hablar de que exista una definición exacta del mismo.  Para la Comisión Europea, siguiendo las definiciones del Eurobarómetro,  es “aquella actividad remunerada que siendo legal en cuanto a su naturaleza, no es declarada a las autoridades públicas, ya sea a la hora de liquidar impuestos o de ingresar las cotizaciones de los seguros sociales”. Dejando de lado las actividades de naturaleza ilegal, como el tráfico de drogas, la prostitución, el contrabando de tabaco y el juego ilegal. Éstas últimas, curiosamente, por  orden de la Comisión Europea, desde 2010 deben incluirse en el Producto Interior Bruto de cada país. Para la OCEDE son las actividades productivas en sentido económico que se ocultan de manera deliberada a las autoridades. Estas definiciones se matizan en mayor o menor medida según los diferentes estudios que se realicen sobre el tema, y que son los que los medios de comunicación difunden.

Personalmente creo que a la hora de  definir el fenómeno hay que entenderlo de modo amplio, tanto con las actividades legales como ilegales, ya que estas últimas también “blanquean” la mayor parte del dinero posible y no deja de ser una manifestación de actividad económica por muy ilegal que sea. Incluso el aprovecharse de los vacíos legales y la confusión normativa para  marcar diferencias con una empresa que cumple formalmente, en mi opinión, también forma parte del fenómeno. Sin la inclusión de todas sus manifestaciones nunca podremos acercarnos  a la dimensión real del fenómeno.

Según el reciente informe La economía sumergida en España de la Fundación de Estudios Financieros el 8% del PIB es consecuencia del fraude en materia laboral y vendría a representar un millón de puestos de trabajo, y que en términos de PIB significaría que la recaudación adicional sería de entre 18.000 a 20.000 millones de euros al año. También en este año 2014 el Sindicato de Técnicos del Ministerio de  Hacienda, Gestha ha presentado otro relevante informe La economía sumergida pasa factura, donde se dice que en 2012 se han escapado al control de Hacienda 253.000 millones de euros, y que es un fenómeno que se incrementa en unos 15.000 millones de euros al año desde 2008, año en que “se dice” que empezó la crisis. O que en 2010 las grandes empresas han defraudado el triple que las Pymes, y donde aquellas representan el 72% del fraude. ATA, la Federación Nacional de Trabajadores Autónomos, estima que el 25% de las actividades económicas que se desarrollan lo hacen en “B”, representado una competencia desleal para quienes sí  cumplen con todas sus obligaciones legales.

Con independencia de que se piense que la economía sumergida es culpa del que la práctica, de los gobiernos que no la han atajado con seriedad o que no dan los instrumentos para que florezca en sus vertientes legales o con posibilidad de legalizarse, o lo que se piense, lo que está claro es que la dimensión de las cifras del anterior párrafo a nadie le dejan frío.

Cuando uno se acerca al tema de la economía sumergida lo primero que llama la atención es su complejidad en cuanto a los hechos particulares que la manifiestan y su transversalidad en la sociedad. En el siguiente párrafo, dentro de este concepto amplio, vamos a ejemplificar múltiples casos que son manifestación de la economía sumergida; aunque eso sí, como dice el refrán: “ni están todos los que son, ni son todos los que están”.

La multinacional que ejercita actividad económica en España pero aprovechando los múltiples sistemas tributarios de la Unión Europea da pérdidas, como Apple que en 2013 obtuvo 2,2 millones de euros en España en vez de contribuir a la Hacienda Pública obtuvo una devolución de 198.000 euros. Por supuesto que esto es legal, pero lo que no es moral ni de recibo para sus clientes españoles que si contribuyen. La Pyme o el autónomo que no emiten facturas por todos los servicios profesionales que prestan. Quienes recolectan setas, trufas o productos naturales sin permisos ni pagos de Seguridad Social y lo venden a los comercios o restaurantes, donde estos evidentemente pagan en “B” sin mediar factura. El agricultor que vende la cosecha en “A” pero el forraje en “B”. Quienes cobrando una prestación por desempleo o subsidio incompatible con el empleo recurren ocasionalmente a realizar las populares “chapuzas” para complementar su renta. Quienes, en la misma situación anterior, se han convertido en “profesionales” del trabajo en “B” y ni buscan ni desean un trabajo legal porque esto les permite obtener más ingresos y beneficios sociales que si trabajasen. Para quienes trabajando por cuenta ajena recurren a este tipo de trabajos para cumplimentar su renta, recuerdo que hace años los contables de las empresas se dedicaban en horas libres a llevar contabilidades de autónomos y Pymes, a más bajo precio que las gestoría, o a realizar declaraciones de la renta. Y por supuesto todas las actividades ilegales, algunas de las cuales ya va siendo hora de que se planteen legalizarlas para luchas contra las mafias que las controlan. Sin olvidar en todo esto los “clientes” que pagan e incluso algunos se vanaglorian de que engañan al fisco.

Evidentemente no son iguales los volúmenes en que engañan unos y otros. Particularmente me preocupa más una multinacional que utilice triquiñuelas para evadir del fisco millones de euros que un agricultor que obtiene 1.000 euros por la venta de forraje en “B” a un ganadero. Aun siendo ambos hechos manifestación de la economía sumergida. Lo mismo que tampoco son iguales las causas que llevan a unos y otros a participar de la misma, porque no es igual quien recurre a ella porque no le queda más remedio para afrontar sus gastos que quien ha hecho de esto su modo de vida.

Sin quitar ni pizca de responsabilidad a quien la ejercita tampoco se debe eximir a quienes desde las instituciones gubernativas y de responsabilidad política deben combatirla. A día de hoy, en gran medida gracias a la corrupción, no están moralmente legitimados a echar en cara a nadie que participe de la economía sumergida, tanto por el nivel de corrupción como por la falta de igualdad que producen hechos como que los diputado ni senadores, vía exenciones “ad hoc”, no tributen completamente por sus percepciones salariales, al contrario que cualquier trabajador sometido a nómina.

Sin entrar en consideraciones, ni éticas, ni prácticas, lo que sí está claro es que nuestros representantes políticos deben intentar buscar soluciones para que la economía sumergida aflore y contribuya al común. En un artículo posterior analizaremos algunas de las soluciones que se proponen y haremos nuestra aportación al tema.

¿Consideras tan grave la situación cómo dicen las cifras? ¿Crees que perjudica al desarrollo socioeconómico local?

 

¿Es útil la nube para mi negocio?

¿Es útil la nube para mi negocio?

 

Seguramente seas una de esas personas que muchas veces ha escuchado hablar de “la nube” y todavía no tengas muy claro a qué se refiere, o que algo así te haya ocurrido en el pasado. Empezó como quien no quiere la cosa, “no, yo guardo mis archivos en la nube”, “voy a descargarme el documento desde la nube y lo vemos”, “por favor, haz una copia de los archivos en la nube antes de irte”, etc., y a partir de ahí se ha ido convirtiendo poco a poco en parte del lenguaje de tu entorno laboral y personal.

El hecho es que, cuando hablamos de “la nube”, en realidad lo estamos haciendo del cloud computing, una forma genérica de denominar a los servicios que se prestan a través de internet utilizando aplicaciones y/o plataformas e infraestructuras externas. En resumen, se refiere a realizar a través de internet todo aquello que hasta hace poco llevábamos a cabo a través de una instalación o almacenamiento en nuestro ordenador.

Para darnos cuenta de lo que para una actividad económica puede significar, vamos a caracterizarlo en los procesos de una empresa promedio en nuestro país, con un tamaño no superior a nueve personas, y que además coincide tiene un ámbito de actuación eminentemente local. Pues bien, tareas como escribir un documento, realizar una hoja de cálculo, llevar al contabilidad, realizar gestiones bancarias, generar albaranes y facturas, almacenar toda la documentación fiscal y de gestión, reunirnos con nuestro socio de Palencia, guardar y catalogar todos nuestros archivos profesionales, gestionar los procesos de trabajo, planificar proyectos, realizar talleres grupales, garantizar la seguridad de nuestros archivos… entre otras muchas opciones, no requieren hoy en día que las realices guardando o utilizando un programa instalado en tu ordenador, sino que pueden llevarse a cabo directamente a través de servicios en la nube.

Los requisitos para utilizar la nube son sencillos, pues sólo se requiere de una conexión a internet y de un dispositivo a través del cual navegar en la red. Lo primero podría complicarse para empresas ubicadas en determinados enclaves rurales, pues aunque se haya avanzado mucho en este sentido, todavía estamos en una España con varias velocidades en lo digital, en la cual es posible encontrar lugares con muy deficiente servicio, lo que obviamente podría entorpecer cualquier acción emprendedora que pudiera requerir de un acceso adecuado a la red. Respecto a lo segundo, si bien todavía hoy en día el ordenador es un imprescindible, también es verdad que cada vez más los servicios en red se orientan a dispositivos móviles de diversa naturaleza, prevaleciendo los teléfonos y tabletas (algunos, incluso, vaticinan en un futuro no muy lejano la sustitución misma de los ordenadores por este tipo de dispositivos, lo que hoy por hoy al común nos parece algo difícilmente imaginable).

Desde una perspectiva técnica, conviene distinguir entre las modalidades de servicio disponibles en la nube y las categorías de servicio existentes. Entre las primeras podemos contemplar la existencia de nubes públicas (orientada a todo tipo de individuos y grupos, que comparten determinados servicios que no controlan), privadas (orientada a clientes que requieren un elevado nivel de prestación de servicio y protección de datos, y que controlan el servicio), híbridas (una mezcla que posibilita el control de algún tipo de servicio y compartir otros), y comunitarias (de naturaleza sectorial, normalmente privadas). Entre las segundas, contaríamos con servicios de distinta naturaleza, como el SaaS (software), PaaS (plataforma) y HaaS (hardware), así como otras categorías que prácticamente son modalidades de éstas y que suelen denominarse genéricamente como XaaS, refiriéndose a “otros servicios”. Todo esto es relevante para una empresa cualquiera, pues si por ejemplo no quiere contar con servidores propios contratará un servicio privado de hardware en la nube (HaaS), o si lo que quiere es un entorno de trabajo parcialmente compartido contratará un servicio híbrido de plataforma (Paas). Para los negocios locales, que no cuentan con los recursos financieros y humanos de las medianas y grandes empresas, ni con las necesidades de aquellas, lo usual y más interesante será utilizar la nube pública o ampliar/contratar el servicio con carácter privado, tanto en forma de software (Saas), como de entorno (PaaS), como de almacenamiento (HaaS). Sobre este supuesto vamos a basar lo que comentemos continuación.

Vamos a lo realmente interesante, las ventajas y desventajas que para una empresa local supone utilizar servicios en la red. Sin duda, la ventaja fundamental y más obvia es el ahorro en costes. Imaginemos por un momento lo que para nuestra empresa puede suponer disponer de un software: compra de licencias, instalación, mantenimiento, actualización, en ocasiones reparación, copias de seguridad, etc. Si hablamos de una empresa con red propia, esto se traduciría además en un entorno propio, gestión del mismo y de su seguridad, etc. Normalmente, aparte de los gastos derivados de todo lo expuesto, es relativamente normal contar con un servicio técnico para contingencias y, en los casos más extremos, con personal propio (el típico “informático”). Pues bien, todo esto son un conjunto de ventajas derivadas del soporte y garantía por el proveedor del servicio en la nube; no hemos más que elaborar una sencilla comparativa de costes entre lo que para nuestra empresa significa tener o no el servicio en la nube para darnos cuenta de si nos es realmente ventajoso. Además, hemos de considerar los intangibles, como es el hecho de la tranquilidad que supone el que el proveedor nos garantice copias de seguridad de nuestra información o la estabilidad y/o seguridad del sistema, por ejemplo.

Para empresas muy pequeñas normalmente será suficiente el poder contar con servicios públicos en la nube en forma de, por ejemplo, aplicaciones de ofimática, edición de imagen, edición web, analítica, gestión, marketing, herramientas colaborativas, bases de datos, etc. (SaaS), entornos de trabajo, redes sociales, comunicaciones, etc. (PaaS), o espacios de almacenamiento (HaaS). En internet hay una amplia gama de este tipo de servicios que, de forma gratuita, pueden ser más que suficientes para cubrir nuestras necesidades; a lo sumo, podríamos necesitar algún servicio adicional privado, como un hosting para nuestra web o una ampliación de los anteriores, con un coste normalmente muy ventajoso y completamente asumible. Las empresas un poco más grandes requerirán normalmente estos servicios y coberturas adicionales (normalmente en forma de servicios premium), que en todo caso podrán resultarnos totalmente ventajosas en base a lo expuesto; de hecho, el comportamiento más adecuado para nuestra empresa y que cada vez más proveedores ofrecen es probar primero el servicio de forma gratuita durante un tiempo para, probándolo y valorando su rendimiento, apostar por su contratación.

Como desventajas únicamente señalaremos las derivadas de no prestar atención suficiente a las características del servicio que estemos en un momento dado dispuestos a utilizar y/o contratar. Hay proveedores que ofrecen una serie de garantías y rendimientos que otros no están en disposición de hacer, o determinadas particularidades de lo que necesitamos que es necesario aclarar previamente (por ejemplo, que necesites incorporar videos en tu web y que tu proveedor de hosting limite el tamaño y cantidad de los mismos, por poner un caso). Hazte una lista de los detalles técnicos y contingencias que quieres tener claras antes de decidirte a contratar algo, y valora en consecuencia.

Sea como fuere, la nube ha llegado para quedarse, y será cada vez más importante en nuestra actividad laboral y personal. ¿No crees que vale la pena adaptarnos a ella cuanto antes?

En tu caso, ¿utilizas en tu empresa algún servicio en la nube? ¿qué utilidad y resultado obtienes?