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Autocomplacencia: Pecado mortal en las organizaciones.

Autocomplacencia: Pecado mortal en las organizaciones.

 

Aunque hoy toque hablar del pecado mortal, tranquilos, no se trata de una lección de Teología, es algo más mundano. Si en el ámbito de la fe el pecado es la “transgresión voluntaria de los preceptos religiosos”, el añadir “mortal” se refiere a la más grave de las “transgresiones”, es decir, que lleva directamente al infierno. En cambio en el ámbito de las organizaciones es aquello que conduce al fracaso.

Con este artículo me gustaría llamar la atención de todas las organizaciones participantes del desarrollo socioeconómico local en sentido amplio, lo mismo a una Organización No Gubernamental, que a una Administración Pública, que a una Pyme o incluso a un profesional individual de los descritos en el post de “¿Cultura empresarial para autónomos y micropymes?“.

El Diccionario de la Real Academia Española define la autocomplacencia como la “Satisfacción por los propios actos o por la propia condición o manera de ser”. A priori esto no es negativo ni positivo, el problema surge cuando la autocomplacencia conlleva mecanizarse en lo que se hace y no plantearse si se puede hacer de otra manera para obtener los mismos o mejores resultados. Es decir, que podemos ubicar la autocomplacencia en la zona de confort de la organización, donde obtiene los resultados esperados y funciona por la propia inercia generada anteriormente. Es una situación cómoda; el problema surge cuando ésta limita a la organización y la estanca.

La autocomplacencia suele plasmarse en una relajación en todos los miembros que componen la organización. Se trabaja de manera sistemática y se pierde el foco de atención en lo que se hace, lo que ocasiona que se tarde más en detectar las pequeñas distorsiones. La organización está en un limbo, meciéndose plácidamente en aguas calmadas, sin ver más allá de sus límites.

Para no caer en la autocomplacencia lo primero que hay que hacer es demostrar cierta valentía. Me explico, sentirse orgullosos de los resultados alcanzados como organización no es incompatible con hacerse preguntas sobre cómo los hemos obtenido. Esto, que debería ser habitual no lo es, ocasionado en múltiples casos por el propio sentimiento de afiliación que necesitamos los humanos, como bien indican la Teoría de las tres necesidades de McClelland. Una vez que estamos plenamente integrados en un grupo en el que vemos que además los resultados obtenidos son positivos, es difícil ver que existen otros planteamientos diferentes a la hora de actuar, ya que los cambios podrían producir un desplazamiento en la zona de confort de la organización, y por lo tanto en la nuestra personal.

No se debe caer en el error de pensar que no es bueno para la marcha de las organizaciones poner en duda cómo están realizando su trabajo cuando las cosas van bien; erróneamente tenemos miedo de las críticas, obviando que las hay destructivas y constructivas. Precisamente ese es el mejor momento, porque cuando todo vaya mal seguramente no tendremos ni el tiempo para reflexionar, ni la oportunidad de hacerlo, estando pendientes de cómo no caer en el naufragio. El signo de los tiempos es el cambio constante, lo que obliga a que las situaciones tengan que estar replanteándose de continuo. Que algo funcione en el pasado no significa que vaya a seguir haciéndolo en el futuro.

Cada tipo de organización deberá enfocar su análisis en función de su misión; no es lo mismo una administración pública que una ONG. No obstante todas ellas deberían reflexionar en clave de procesos, mirando más allá de los resultados obtenidos.

Por ejemplo, supongamos que una diputación financia la creación de empresas en el medio rural y destina medio millón de euros. Al finalizar la convocatoria adjudican todo el importe económico y contribuyen a crear 50 empleos estables en 20 proyectos que han subvencionado. Institucionalmente son unos datos muy vendibles, pero se me ocurren una serie de preguntas que pueden lanzarse, a modo de ejemplo, en clave de proceso. La primera cuestión podría ser si las bases que regulan la convocatoria son las mismas que en años anteriores y cuántos años hace que no se modifican. La segunda cuestión es conocer si hemos tenido en cuenta la opinión de los destinatarios de las mismas a la hora de diseñarlas, si las han redactado los técnicos del departamento junto a los cargos electos, o si se han preocupado de conocer las necesidades de los autónomos y profesionales de su provincia. La tercera cuestión se fundamenta en sí se han tenido en cuenta factores como la innovación, el aprovechamiento de recursos endógenos, o la singularidad de la actividad en la zona de influencia. Y así en todo el procedimiento hasta la conclusión del mismo. Evidentemente todo ello presidido por la legalidad normativa que debe regir en toda la Administración Pública, tener en cuenta las opiniones de terceros no significa infringir la ley.

En todo caso no debemos perder de vista las dos afirmaciones de este párrafo. Que los resultados sean positivos no quiere decir que se estén haciendo bien las cosas. Que seamos eficaces respecto a la consecución de los objetivos planteados no conlleva que se hayan conseguido eficientemente.

Del análisis de los procesos de nuestra organización en una situación previa de autocomplacencia podemos obtener dos tipos de conclusiones. Puede darse el caso de que el engranaje de la organización esté trabajando eficientemente, administrando correctamente los recursos y obteniendo los resultados que éstos permiten, en cuyo caso la autocomplacencia está justificada. Pero también puede ocurrir lo contrario, que a pesar de cumplir los objetivos organizacionales los recursos no estén trabajando eficientemente; por lo cual tendrá que reasignar recursos.

El último ejemplo del párrafo anterior conlleva un dilema para la organización: “¿qué hacer con los recursos sobrantes?”. La organización puede optar por utilizarlos para obtener mayores resultados o abrir nuevas líneas de productos o servicios. Pero también puede optar por deshacerse de ellos. También hay que tener en cuenta que no es lo mismo cuando hablamos de recursos materiales, que cuando se trata de los recursos humanos de una organización. Pero qué hacer con estos recursos es materia para otro artículo.

¿Es tu organización autocomplaciente? Y si es así ¿realmente puede permitírselo? ¿Participan vuestros usuarios, colaboradores, clientes, etc. del análisis de nuestros procesos?

 

Fotografía: Por Sipa CC0 Public Domain. [http://pixabay.com/es/service/terms/#download_terms], vía http://pixabay.com/

Lean Canvas

Lean Canvas

 

El Business Model Canvas, explicábamos en el último artículo de la serie, revolucionó completamente la forma en que veíamos el diseño de empresas. Hasta entonces, y estamos hablando de hace muy poquitos años, prácticamente la única herramienta para llevar a cabo esta tarea era el Business Plan o Plan de Empresa. A partir de entonces, el diseño del modelo de negocio es tarea previa y primordial, y sólo tras haberlo llevado a cabo es cuando se recomienda realizar el Plan de Empresa. La filosofía es salir a la calle y testar, tener un contacto directo con lo que el potencial cliente nos transmite y, a partir de ahí, tomar decisiones tanto en el diseño, cantidad, funcionalidad o prestación de lo que queremos comercializar, sea servicio o producto.

La verdad es que no han pasado muchos años, pero podemos decir que esta herramienta ha gozado de un desarrollo excepcional; tal es la necesidad sentida del espacio que ha copado. No obstante, le han salido alternativas, y es que de la mano de su éxito le ha acompañado también un análisis crítico (y constructivo, como veremos) de sus propuestas.

El hecho es que el Lienzo de Modelo de Negocio es un método que teóricamente se asimila perfectamente, pero que en la práctica puede chocar con determinadas situaciones, como es el hecho de que determinados bloques pueden asemejarse entre sí, mientras que otros aspectos no se analizan explícitamente. Un auténtico apasionado de este proceso, Ash Maurya, se dio cuenta de que la propuesta de Osterwalder podía no ser muy consistente en determinados casos, especialmente a la hora de aplicarlo en start-ups; es decir, comprobó que el modelo se ajustaba bien en empresas en funcionamiento, pero que tenía más dificultades de hacerlo en aquellas que partían de cero, dado que ni las condiciones ni los supuestos a que se someten en cada caso son equiparables. De esta forma, y tras mucho testar el modelo, Maurya terminó aplicando la metodología Lean Startup de Eric Ries, surgiendo así el modelo Lean Canvas. Para conocer mejor toda esta filosofía y método os facilitamos el siguiente video de Youtube (el primero de una serie de tres, que pueden también consultarse), un material en el que a través de la figura de Steve Blank, el gurú por excelencia del Customer Development, se explica paso a paso su lógica y cómo funciona.

Las diferencias entre la propuesta de Maurya y el Lienzo de Modelo de Negocio podrían resumirse en dos aspectos cruciales:

1.- La eliminación y sustitución de determinados bloques por otros conceptualmente diferentes.

2.- Establecer una mecánica de funcionamiento sustancialmente distinta.

Respecto al primer punto, se traduce en la modificación de los siguientes bloques:

– SOCIOS CLAVE/ALIANZAS por PROBLEMA. Se parte de la base de que para muchos negocios en fase de lanzamiento no es importante considerar las alianzas, sino que esto cobra importancia una vez aquel ya está funcionando en mercado. En lugar de ello, se introduce el análisis de problemas, ya que en dicha fase sí es un aspecto crucial a detectar respecto a nuestra clientela potencial; además, la detección de problemas lleva a establecer alternativas, propuestas para el cliente. Maurya señala que es especialmente importante detectar deficiencias en la estructura de costes y en los canales de distribución.

– ACTIVIDADES CLAVE por SOLUCIÓN. Aquí Maurya señala la inversión del orden. Se trata de ayudar al emprendedor a que se enfoque a concretar el Producto Mínimo Viable (PMV) una vez detectado el problema. A partir de ahí ya es posible detectar las actividades clave, pero lo que realmente aporta utilidad al emprendedor es ayudarle a concretar y testar el PMV.

– RECURSOS CLAVE por MÉTRICAS CLAVE. Establecer los recursos clave puede ser menos importante para un negocio en lanzamiento, dado que en esta fase se tiende a minimizar su tamaño. Sin embargo, establecer métricas sí es fundamental, pues es la senda que toda startup debe seguir. Este bloque es especialmente importante, y depende de un buen diseño de los indicadores a establecer, pues de su análisis se tomarán decisiones en momentos posteriores.

– RELACIONES CON CLIENTES por VENTAJA COMPETITIVA. La propuesta de Maurya se basa en que la relación con los clientes ha de necesaria e inicialmente testarse, y a partir de ahí conviene definirla mejor en el apartado de Canales. En su lugar, establece como aspecto de análisis alternativo algo que en definitiva es clave para toda startup, y no es otra cosa que la definición de la ventaja competitiva de la iniciativa, algo que por otro lado no es sencillo, pero que sí tiene consecuencias trascendentales para todo el proceso.

Por otro lado, y respecto al segundo punto, Maurya establece una diferenciación sustancial respecto a la propuesta del Lienzo de Modelo de Negocios. Éste definía una analítica externa, de mercado, y otra interna, relativa a la empresa. En el Lean Canvas se sustituye la analítica interna cambiando el enfoque desde la empresa hacia el producto (o servicio), lo que es mucho más crucial en la fase de creación de una iniciativa empresarial. Derivado de ello, la mecánica de funcionamiento cambia sustancialmente, de forma que el análisis de bloques quedaría por el orden que a continuación se indica:

1.- SEGMENTOS DE CLIENTES. El foco está en identificar los potenciales clientes de la iniciativa, y muy particularmente los denominados early adopters, aquel segmento de clientela que se atreverá con la propuesta, y que por naturaleza son escasos, pero estratégicamente vitales, ya que marcan tendencia.

2.- PROBLEMAS. Es crucial, y difícil de establecer. Se trata de saber detectar los problemas que la clientela identificada tiene, lo que es el primer paso para ofrecer alternativas adecuadas.

3.- PROPUESTA ÚNICA DE VALOR. Se trata de exponer de forma simple y sencilla qué se ofrecerá al cliente para resolver el problema o problemas detectados.

4.- SOLUCIÓN. No confundir con el anterior. Se trata de establecer las principales características de tu propuesta para satisfacer la necesidad detectada. En cierta medida, es un apartado desglosado de la propuesta única de valor.

5.- CANALES. Trata de establecer todo el proceso de experiencia del cliente, lo que incluye tanto las relaciones que se tendrá con éstos como las formas en que se establecerá tal relación y cómo se le hará llegar la solución propuesta.

6.- FLUJOS DE INGRESO. Parte de una idea simple: cómo vamos a ganar dinero. De ahí derivan muchas consecuencias y matices.

7.- ESTRUCTURA DE COSTES. Al contrario que en lo anterior, aquí cabe plantearse qué nos cuesta dinero y cuanto.

8.- MÉTRICAS CLAVE. Establecer criterios e indicadores de medición es una tarea nada sencilla y verdaderamente crucial, dado que condicionan todo el trayecto de nuestra startup.

9.- VENTAJA COMPETITIVA. ¿Qué nos hace especiales y diferentes? Sobre esta pregunta ha de girar el análisis de este bloque, lo que puede llevar a la toma de decisiones realmente trascendentales para nuestra startup.

Nótese que las diferencias con el Lienzo de Modelo de Negocio son importantes conceptual y procedimentalmente, y que las implicaciones del conjunto son enormes para un negocio en fase de lanzamiento que para uno consolidado que no desea más que crear una nueva línea de actividad o mejorar lo existente. Es por ello que el Lean Canvas se establece como un método más orientado a emprendedores, mientras que el Lienzo de Modelo de Negocio sería más interesante para empresarios, inversores, mentores, etc. Tiene lógica ¿no? En todo caso, ha de aplicarse con verdadero sentido común y orientación al cliente, lo que tampoco es tarea sencilla. No obstante, vale la pena ¿no crees?

¿Has tenido la oportunidad de trabajar con el método Lean Canvas? ¿Cuál es en tal caso tu experiencia?

Centros Especiales de Empleo: ¿Es economía social todo lo que reluce?

Centros Especiales de Empleo: ¿Es economía social todo lo que reluce?

 

Los Centros especiales de Empleo surgen amparados por la Ley 13/1982, de 7 de abril, de Integración Social del Minusválido, actualmente actualizada, refundida y armonizada en la Ley General de Discapacidad, nombre corto con el que se designa al Real Decreto-legislativo 1/2013 de 29 noviembre Ley General de derechos de las personas con discapacidad y de su inclusión social. Y se fundamentan en dos reales decretos, uno para configurar la figura y otro para regular el carácter especial de la relación laboral.

Grosso modo, los Centros Especiales de Empleo se caracterizan por realizar una actividad económica de carácter productivo, donde al menos el 70% de sus trabajadores son personas con discapacidad. Se conforman como empresas ordinarias con independencia de su función social. Y forman parte per se de la economía social.

Por otro lado es una figura fuertemente subvencionada por parte de las administraciones Públicas en referencia a las personas con discapacidad contratadas. Sin ánimo de ser exhaustivos, estamos hablando de unos importes directos, por una sola vez, entre 9.000 y 15.000 € por cada puesto creado con carácter estable, según sea el 70% o el 90% de la plantilla personas con discapacidad; del ahorro del 100% de la cuota de la seguridad social empresarial mientras dure la relación laboral; y mensualmente del apoyo del 50% del salario mínimo profesional en la nómina de cada trabajador.

Esto daría lugar a otro debate muy interesante alrededor de las distorsiones que sobre el precio final pueden producir las subvenciones cuando la discapacidad no afecta, o afecta mínimamente, a la productividad; no hay que olvidar que todo es medible y cuantificable. Nos encontramos así con la circunstancia de que un mismo producto elaborado por distintas empresas posee unos márgenes abismales de beneficio respecto al precio ordinario de mercado.

Cuando escribí el post sobre el marco legal de la economía social en España ya expuse la definición, los principios inspiradores que la presiden y quiénes la conforman acorde a la Ley 5/2011, de 29 de marzo, de Economía Social. De todo ello, me gustaría rescatar tres elementos. Por un lado la definición recogida en su artículo 2, donde dice que: “Se denomina economía social al conjunto de las actividades económicas y empresariales, que en el ámbito privado llevan a cabo aquellas entidades que, de conformidad con los principios recogidos en el artículo 4, persiguen bien el interés colectivo de sus integrantes, bien el interés general económico o social, o ambos”. Por otro, la existencia de una serie de figuras jurídicas que por el mero hecho de serlo son economía social, como los Centros Especiales de Empleo. Y finalmente la existencia de unos principios orientadores en base a los que actúan las entidades de economía social.

Hasta ahora todo bien, muy correcto. A nivel general y dentro de la filosofía que prima en esta ley y en las normativas que crean los Centros Especiales de Empleo el encuadre en la economía social es impecable. Pero ¿Qué pasaría si analizásemos los casos particulares?

Evidentemente cada Centro Especial de Empleo es un mundo en sí mismo, desde quién lo promueve, hasta el tipo de personas con discapacidad que conforman principalmente su plantilla. Sin olvidar el mayor o menor ánimo de lucro que pretendan sus titulares. A priori no son los mismos intereses los que mueven a una asociación de padres y tutores de personas con discapacidad que los que puede tener una gran empresa en montar un centro de trabajo de estas características. Repito, “a priori”.

El conocimiento de casos particulares nos llevó en su día a formularnos ciertas preguntas. Como, por ejemplo, si en todos los casos, y en referencia a los principios orientadores, ¿se puede afirmar la “primacía de las personas y del fin social sobre el capital”? Y, también, ¿qué hay de la “gestión autónoma y transparente, democrática y participativa”? La verdad es que, más allá de las obligaciones recogidas en el derecho sindical, no se aprecia esta participación de los trabajadores en la gestión de la empresa.

Evidentemente desde el punto de vista jurídico nadie poner en duda que ni los Centros especiales de empleo, ni cualquier otra figura de las enunciadas por la Ley 5/2011, son economía social. Sin embargo, y en mi opinión, cuando una ley hace referencia a una serie de principios inspiradores en su articulado, debería ser más cuidadosa por velar para que se cumplan los mismos. Si a cualquier otro tipo de empresa o actividad económica que voluntariamente quiera ser parte de la economía social, le van a exigir cumplir escrupulosamente con estos principios ¿por qué en determinados casos particulares alguna de estas figuras pueden no hacerlo?

Lo anterior es un agravio comparativo no sólo hacia fuera, también hacia otros Centros Especiales de Empleo y hacia las figuras que son economía social por definición legal y que sí las cumplen. Sería deseable que se modificase la ley para que la inclusión en la economía social fuese previo cumplimiento de los principios inspiradores, tanto en los Centros Especiales de Empleo, como en cualquier otra figura de las que son parte de ellas por definición legal. Sería sencillo definiendo cada aspecto, estableciendo unos indicadores y su forma de medición.

Todo lo expuesto no es una crítica a la figura de los Centros Especiales de Empleo, me parece una de las herramientas más valiosas que tienen las personas con discapacidad para su inserción laboral. La cuestión es si se debería controlar y diferenciar entre quienes conforman la economía social y aquellos que se amparan bajo este paraguas para salvaguardar su imagen y generar distorsiones respecto al mercado en que les toca competir.

La crítica viene en primer lugar a los titulares de los Centros Especiales de Empleo, ya sea una asociación o una multinacional, que se aprovechan de la figura olvidando los principios inspiradores de los propio Centros Especiales de Empleo y de la economía social. Y en segundo lugar a los legisladores, que propician desviarse de la esencia de la economía social al no establecer mecanismos de control.

¿Conoces otras situaciones en que se desvirtué la esencia de la economía social? ¿Te parecería adecuada la existencia de un protocolo de obligado cumplimiento para todas las entidades que conforman, o puedan conformar, la economía social?

 

 

Fotografía: Por PublicDomainPictures CC0 Public Domain. [http://pixabay.com/es/service/terms/#download_terms], víahttp://pixabay.com/

 

Emprender en clave local

Emprender en clave local

 

Estás a punto de lanzar tu negocio. Llevas varios meses trabajando en ello, y no ha sido fácil. Dedicaste un mes a definir tu modelo de negocio y testarlo en la calle, buscar local, después tuviste que elaborar el Plan de Empresa, buscar quien te pudiera facilitar un crédito, lidiar con los trámites que te exigía tu Ayuntamiento, buscar y seleccionar el equipamiento, elegir proveedores, etc., y ahora estás a punto de constituirte y empezar la actividad. Sin embargo, te embarga la sensación de que hasta ahora no has hecho sino lo más fácil, de que lo realmente difícil empieza ya, siendo un momento en el cual, por mucho que te hayas preparado para él y hayas atado todos los cabos posibles, cualquier duda que tuvieras cobra una importancia que antes parecía no tener; pero ya no hay vuelta atrás, hay que tirar adelante con ilusión y profesionalidad.

La verdad es que en este momento todo parecen desventajas. Todo lo expuesto, pese a que lo hemos planteado en una secuencia ordenada, es en ocasiones un auténtico calvario. Aspectos como la búsqueda de financiación pueden llegar a ser realmente complicados, pues hoy en día casi nadie cree en las posibilidades de una idea de negocio. La preparación técnica del proyecto, tanto en lo relativo al modelo de negocio como a la elaboración del Plan de Empresa necesita una buena dosis de conocimientos y dotes de gestión, y pese a que encuentres ayuda ésta siempre será insuficiente; todo esto no es un mero trámite, y has de ser tú y sólo tú quien tenga la responsabilidad de su elaboración, pues redunda en un mayor conocimiento y confianza de la empresa que estás en disposición de llevar a cabo. A la hora de estudiar la viabilidad de tu negocio, y por mucho que conozcas la zona, siempre conviene hacer un estudio de mercado, y probar tu producto o servicio; si ha de fracasar por lo menos intenta que sea barato, es peor echar toda la carne en el asador y que tu negocio no tenga salida. La adquisición de un local puede llegar a ser realmente problemática por temas de ubicación, comunicaciones, tamaño, precio de alquiler, estudios e intervenciones técnicas, etc.; si lo que has adquirido es un traspaso, además tienes que fijarte en aspectos como si éste conlleva no sólo la adquisición de activos, sino también de pasivos, y si aquellos con el tiempo se convertirán en éstos. Otras veces los problemas los encontramos en la misma Administración; un trámite mal gestionado, un mal asesoramiento, un requisito técnico imposible, o una excesiva demora en el reconocimiento de un derecho, entre otros, pueden hacerte perder oportunidades y dinero.

Sin embargo, y siguiendo el caso expuesto, lo realmente difícil no es tanto montar el negocio como lanzarlo y consolidarlo. Ésa es una carrera de fondo, y como tal has de prepararla previo lanzamiento. Es la fase más delicada, la que requiere mayor atención y esfuerzo, la que más va a costar llevar a cabo. Tener claro quiénes son nuestros clientes, qué relación vamos a tener con ellos, cómo vamos a hacerles llegar nuestro producto o servicio, o cómo vamos a monetizar el mismo, son sólo algunas de las cuestiones que deberemos tener ya dilucidadas una vez diseñado nuestro modelo de negocio. Ahora toca pensar en vender, en hacer marketing para atraer clientela y que la maquinaria de nuestro negocio comience a funcionar. Normalmente los negocios tardan varios meses, a veces años, en lograr atraer y fidelizar a un número de clientes tal que posibilite que éste sea viable; en este sentido será fundamental tener claro cuáles serán nuestros indicadores de negocio. Aparte de tener previsto tal aspecto, hemos de considerar que, si algo hemos hecho mal hasta entonces, será en esta fase donde más lo notaremos; aspectos como ofrecer un producto o servicio que no cuaja, una política de precios que no obtiene resultados, una respuesta de la competencia que desarbola toda nuestra estrategia, o no tener la capacidad de darnos cuenta qué y cómo trabajamos y cómo lo perciben nuestros clientes son sólo algunos de los aspectos clave que bien pudieran surgir en esta fase si no lo hubiésemos previsto suficientemente.

Sin embargo, no todo es negativo o tan dificultoso. En la parte de ventajas hemos de señalar que todo lo expuesto hasta ahora puede ser relativamente importante, dependiendo de cada caso particular, pues obviamente no todo el mundo necesita muchas de las cosas expuestas o al menos en tal grado, o bien está en condiciones de solventarla con medios alternativos. Además, hoy en día hemos de trascender el pensamiento de negocio local tradicional y velar porque lo que ofrecemos a nuestros clientes supere incluso sus expectativas, lo que puede significar una gran diferencia a la hora de obtener resultados. Las tecnologías pueden ayudarte a ello, pues tener una web, presencia en redes sociales, o realizar campañas de e-mail marketing puede integrarse en tu oferta de negocio de forma sencilla, permitiendo una continuidad en la relación que podría llegar a ser muy interesante.

Es necesario además llamar la atención sobre las ventajas específicas que tienes por operar en clave local. Recuerda que, dependiendo donde estés y cómo estén cubiertas las distintas necesidades, tu negocio puede ser más o menos importante para el entorno, lo que has de aprovechar. Si además eres oriundo de la zona y tienes relaciones preestablecidas, captar clientela puede ser más sencillo; en todo caso, cuídala mucho, te va todo en ello. No olvides que lo más importante del negocio es satisfacer las necesidades de la clientela, y a ello ha de enfocarse todo lo que hagas. Atender a domicilio, un detallito en la compra de vez en cuando, una sonrisa constante, un asesoramiento adecuado sobre un producto o servicio, llamar a los clientes por su nombre, ayudar a tomar la mejor decisión, o atender peticiones muy concretas, entre otras, pueden ser acciones determinantes para tu negocio, muchas de las cuales se ven favorecidas por el carácter local del mismo y por el establecimiento de lazos personales que estás en condiciones de establecer. Puedes además dar un valor local agregado a tu actividad, si por ejemplo logras integrar o aliarte con otros negocios de la zona; atraer clientela beneficia a todos, y genera imagen de marca local. En esta línea, cabe incluso la idea de asociarse localmente, para caminar juntos en consolidar la zona con un interés determinado y sacarle todo el jugo comercial posible. También, dependiendo de tu actividad, puedes vender productos con un valor agregado local. Las grandes empresas, que compiten contigo en precio y servicio, no pueden sacarle toda la ventaja que quieren a este tipo de cuestiones; aprovéchalas.

¿Cuál es tu experiencia sobre el funcionamiento de un negocio en clave local? ¿Qué es lo más innovador que en tal lógica has conocido?

Ya está aquí la economía colaborativa.

Ya está aquí la economía colaborativa.

 

Para aproximarnos al fenómeno de la economía colaborativa podemos usar como referente la forma en que la define la P2P foundation, quien la señala como un nuevo modelo de intercambio económico caracterizado por la interacción entre el productor y el consumidor, conexión entre pares, y la colaboración. En algunas de las manifestaciones del modelo adquieren gran trascendencia las plataformas digitales como herramienta para su desarrollo, aunque no esté presente en todas las situaciones que se pueden considerar economía colaborativa.

La economía colaborativa se suele dividir en cuatro grandes segmentos: el consumo colaborativo; la producción contributiva; las finanzas P2P; y el conocimiento abierto. En artículos posteriores desarrollaremos los mismos. Pero volviendo a la introducción al tema.

Recuerdo que las primeras veces que escuché hablar del término vinieron a mi memoria algunos anuncios que de vez en cuando aparecerían en los tablones de mi época de universidad, principalmente para intercambio o venta de libros, y búsqueda de acompañantes para compartir coche y venir desde tal ciudad. Pues la economía colaborativa es lo mismo, pero el tablón de anuncios se puede ver en  casi cualquier parte de la Tierra. Representa elevar a la máxima potencia el intercambio entre iguales (peer-to-peer).

Todavía es un fenómeno que se está conformando y en el que queda mucho de analizar para poder asentar una definición universal sobre el mismo más allá de unos mínimos comunes. Y es que las posibilidades que ofrece el unir el flujo de ideas y su transmisión universal son muy poderosas, en especial en cuanto a sus manifestaciones basadas en el uso de las tecnologías digitales.

Algunos ejemplos de economía colaborativa que podemos encontrar ya en distintos ámbitos son: Respecto a espacios físicos, encontramos desde huertos compartidos, pasando por espacios de coworking para emprendedores, hasta alojamiento privado. En el transporte, desde el uso compartido del automóvil al taxi colectivo. Financieramente están los préstamos entre particulares. Y en bienes, desde intercambio de ropa hasta el bookcrossing.

Podemos resaltar algunos aspectos de la economía colaborativa que llaman la atención en la misma. Uno es su contribución a la optimización de recursos infrautilizados. Otro que la base de la relaciones entre iguales se basan en la confianza. Y finalmente, en lo económico, es la diversidad de situaciones que lo conforman, existiendo unas veces gratuidad, otras trueque y otras precio que genera un beneficio.

Incidiendo en la vertiente económica. Como todos los cambios, por un lado producen incertidumbre y por otro miedo en quienes pueden verse afectados, en especial en aquellos sectores de alta regulación administrativa. Los estados están reaccionando en diferente medida entre la regulación y la prohibición, a veces motivados por grupos de intereses económicos. Sin embargo no deja de ser una manifestación económica en que  “Papá Estado” pretende “sacar tajada”, especialmente en España donde pagamos impuesto sobre lo ya pagado en su día con sus correspondientes impuestos. Y es que la mayor parte de los estados no se oponen a que ejerzas tus libertades siempre que “pases por caja”, previo argumento de que es para financiar el estado del bienestar que es de todos. Para este fin más les valdría atajar la corrupción, los privilegios que existen a pesar de la igualdad jurídica,  y utilizar eficaz y eficientemente los recursos de que disponen.

Finalmente decir que la economía colaborativa contribuye al desarrollo sostenible ya que conjuga sus tres vertientes, la económica, la social y la medioambiental.

Independientemente que se esté a favor o en contra de este tipo de fenómenos, lo que sí es un hecho constatable es la fuerte repercusión que están teniendo y sobre todo la que pueden tener en un futuro en la concepción tradicional de la economía.

En próximos artículos seguiremos acercándonos a este fenómeno, que a buen seguro nos seguirá deparando noticias, nuevas formas de manifestarse, e intensos e interesantes debates.

¿Qué opinas de este fenómeno? ¿Crees que en los próximos años va a alcanzar una gran dimensión?

 

Fotografía: Por geralt CC0 Public Domain. [http://pixabay.com/es/service/terms/#download_terms], vía http://pixabay.com/

 

Algunas pistas para realizar un buen estudio de mercado.

Algunas pistas para realizar un buen estudio de mercado.

 

Probablemente, tanto si has emprendido como si has lanzado algún producto o servicio nuevo, quizás hayas tenido la necesidad de conocer si tu oferta de valor se ajusta a lo que demanda el mercado.  Saber si merece la pena meterse de lleno en un área de negocio, si se está enfocando adecuadamente, si hay correspondencia entre lo que se oferta y lo que quiere la gente, si hay que mejorar algún aspecto del producto o servicio, etc., son sólo un ejemplo de las múltiples cuestiones que seguramente podrías necesitar conocer para tomar las decisiones correctas. Todo este trabajo de prospección en mercado, de salir a la calle y verificar nuestras hipótesis, es lo que comúnmente se conoce como la realización de un estudio de mercado, el cual podrá ser más o menos intenso en función del objetivo, alcance y complejidad de lo que queramos medir.

La oferta de empresas para hacer este tipo de estudios es muy amplia, con lo cual tendrás opción de hacer una buena comparativa de ofertas. Si no, y a menos que el estudio que requieras tenga un alto grado de complejidad, no te preocupes, puedes optar por llevar la investigación personalmente, en especial si estás empezando o si tu ámbito de actuación es local. Fundamental será en tal caso que mantengas constantemente un enfoque basado en la perspectiva del cliente, dándole voz. Olvídate de transformarlo en un mero número estadístico en base al producto o servicio que quieres ofrecerle y dale protagonismo. Céntrate en comprobar cómo te perciben, si realmente sienten que ofreces algo diferente, que es el primer paso para llamar la atención sobre ti; acto seguido verifica si satisfaces la expectativa que genera tu producto o servicio y si lo haces mejor o distinto a la competencia, lo que te indicará posibles intenciones de compra; y, finalmente, sobre una cantidad determinada comprueba cuál es la percepción de valor sobre tu producto o servicio, lo que te ayudará a establecer un precio óptimo. Puedes centrarte en todos estos aspectos (relevancia, innovación y precio) o sólo en alguno de ellos, e incluso hay más variables que pudieran serte interesantes medir, todo dependerá de lo que te plantees con el estudio, pero lo fundamental es que mantengas el foco sobre la percepción y opinión desde el cliente.

En base a lo expuesto, vamos a darte una serie de pautas y consejos que eventualmente pudieran serte útiles si decides al final llevar a cabo una investigación de mercado de esta naturaleza. En tus manos está llevarlo a cabo con sabiduría.

Todo estudio ha de empezar necesariamente por marcar un rumbo, por tener un objetivo; te ayudará a centrarte y condicionará todo lo que hagas. Normalmente, lo primero que nos plantearemos será saber si nuestra idea es buena, si va a funcionar, pero no es la única opción que tenemos. Saber quién consume qué, cómo lo hace, en qué se basa una decisión de compra, testar un producto para mejorarlo, etc., serán otros posibles enfoques de nuestra investigación.

Dependiendo de la meta que nos hayamos marcado, las herramientas y recursos que empleemos en el estudio variarán significativamente. Por ejemplo, no es lo mismo plantearse las motivaciones de compra de nuestros clientes, una tendencia de mercado, o un testeo de producto; cada objetivo responde a herramientas y recursos distintos. Lo mismo pasa con el universo sobre el que queramos llevar a cabo el muestreo del estudio; en función de que sea más amplio o esté localizado, esté segmentado, sea accesible física o virtualmente, etc., las herramientas también variarán mucho. Es importante tenerlo claro, pues será sobre la ejecución de herramientas donde el estudio nos saldrá más caro.

La delimitación del universo del estudio será otra decisión fundamental. Una primera cuestión a solventar será definir quiénes formarán parte de la muestra; intenta incluir no sólo al público objetivo evidente, sino también el vinculado. Un segundo aspecto será definir el tamaño de muestra, pues hemos de calcular el mínimo indispensable para que sea significativa a efectos de nuestro objetivo, y además el canal más adecuado para acceder a ella; quédate con esta cifra, 100 encuestas suelen ser suficientes para un mercado amplio, con un margen de error muy razonable. En ocasiones tendremos que segmentarlo y decidir; otras veces simplemente servirá ponerse a pie de calle, donde presumiblemente vayamos a tener nuestro negocio, y preguntar a quien pase.

A la hora de abordar la muestra define variables de utilidad; no actúes mecánicamente e intentes quedarte únicamente con aspectos como la edad, sexo o nivel adquisitivo, nivel de estudios, estado civil, etc., que en ocasiones no sirven para nada. Tiene que existir una relevancia clara entre el dato y la utilidad que vamos a obtener del mismo; no intentes únicamente medir intenciones de compra, ve más allá y ponte en la piel de tu cliente (potencial, real, compartido o inexistente), y plantéate la relación integral del mismo con el objeto de tu investigación (preguntas como el qué, quiénes, cómo, cuándo, dónde, cuánto, para qué, etc., te ayudarán mucho al respecto). Realizar un mapa de empatía te ayudará a plantearte preguntas que orientarán tus decisiones al respecto. Ésta quizás sea la parte más delicada, técnica, decisiva y complicada de todo el estudio, y no es sencilla.

Dependiendo del ámbito donde se ejecute la investigación, la metodología, y por supuesto las herramientas a utilizar, variarán. Tiene que existir también aquí un encaje perfecto entre los objetivos y medios que estamos dispuestos a poner y la muestra sobre la que actuaremos. La más usual es la encuesta (si decides que tu canal adecuado es internet, felicidades, pues es un medio bastante más barato para llevarlas a cabo), pero por supuesto no es la única; la observación directa, las reuniones grupales, los paneles de consumo o la investigación en redes sociales, por poner unos ejemplos, pueden ser herramientas muy eficaces (cada una con una lógica y una utilidad; selecciónalas bien).

Analizar la competencia siempre es recomendable, a veces obligatorio, y compararnos con ésta siempre nos dará como resultado preguntas que de otra forma podrían no surgir. Eso si, mantén el foco de atención en el cliente, en por qué compra allí, y plantéate las razones objetivas por las cuales un cliente podría cambiar a ti.

Podríamos profundizar mucho más, pues estamos ante un verdadero mundo. Eso sí, no olvides lo fundamental, no pierdas el foco desde el cliente, es la clave de todo.

En caso de que tengas un negocio local, ¿has tenido que realizar en algún momento algún estudio de mercado? ¿te ha sido útil, en caso positivo? En caso de que seas un emprendedor, ¿te estás planteando llevar a cabo alguna investigación? ¿por qué?

Economía social en Latinoamérica.

Economía social en Latinoamérica.

 

En artículos anteriores hemos abordado el origen histórico de la economía social y su marco jurídico en España. Aunque el fenómeno es de origen francés y con gran desarrollo en el continente europeo, también se repite en otras partes del mundo. Por su afinidad me ha parecido interesante hacer una breve aproximación a su situación en Latinoamérica.

Abordar un fenómeno desde la realidad plurinacional es altamente complicado porque no existe un marco jurídico único que defina lo que se entiende por economía social en cada uno de los países, a lo que hay que añadir un trato diferente y disperso de los datos sobre las entidades que conforman la economía social. Por eso este artículo debe tomarse como una somera aproximación de la realidad de todos y cada uno de los países latinoamericanos.

Lo primero que llama la atención al acercarse a la economía social en Latinoamérica es que en muchos casos se le añaden las palabras “y Solidaria“. Con la economía solidaria o de la solidaridad se hace referencia a actividades que, aunque no son parte de la economía formal tradicional, comparten objetivos y principios de la economía social. No obstante sigue debatiéndose la unión de ambos términos.

A pesar de la variedad de figuras que son consideradas economía social en Latinoamérica, atendiendo a las diversas fuentes éstas se pueden clasificar en cuatro grandes grupos. Así podemos encontrarnos con las Mutuales (en España llamadas Mutualidades), Cooperativas, Fundaciones, y Asociaciones con finalidades socioproductivas y de promoción. Entre estas últimas encontramos, por ejemplo, las organizaciones campesinas y las comunidades indígenas.

Respecto a las comunidades indígenas algunos documentos destacan la raigambre cultural que la economía social tiene en las mismas, refiriéndose a los sistemas cooperativos que presidían las relaciones dentro de estas comunidades en tiempos pasados.

Aunque no existen datos totales y absolutos que cuantifiquen el peso de la economía social en Latinoamérica, se han realizado varias investigaciones para mostrar su dimensión. La obra La Economía Social en Iberoamérica: Un acercamiento a la realidad, editado por la Fundación Iberoamericana para la Economía Social (FUNDIBES) en 2005, hace referencia en su capítulo dedicado a Mercosur a que en Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, han  constatado la existencia de casi 15.000 entidades cooperativas con cerca de 21.500.000 de asociados. Y esto sin estar completos los datos referentes a Brasil, ya que sólo facilitó información uno de los movimientos asociativos cooperativos. Algunos otros datos ofrecidos también por FUNDIBES, en este caso en 2009, señalan que en toda Latinoamérica podrían ser cerca de 700.000 las entidades de economía social y de solidaridad.

También varía por países el grado de apoyo desde las instituciones al fenómeno de la economía social y el nivel de desarrollo de los instrumentos de apoyo para las entidades que conforman este sector. Así, mientras que en Ecuador uno de los motivos que han llevado a legislar en el sector de la economía social, ha sido permitir a los productores agrícolas comercializar sus productos sin pasar por las manos de un intermediario, en México se ha constituido la Academia Mexicana de Economía Social y Derecho Cooperativo, auspiciada por los poderes públicos.

Volviendo a México es interesante comentar que la finalidad de dicha academia es presentar propuestas en materia legislativa, que posibilite, en las palabras de la Presidenta, “armar el andamiaje jurídico que permita a la economía social convivir en armonía con la capitalista para lograr más puestos de trabajo y autoempleos”.

Lo que sí se puede afirmar es que en todos los países existe preocupación por esta materia y están dando pasos a favor de la misma, con independencia que en unos se tomen mediadas más trascendentes que en otros.

En mi opinión la economía social y solidaria puede representar un papel de primer orden en el desarrollo socioeconómico de los países latinoamericanos. Que los propios individuos sean responsables de su futuro económico, lo controlen, gestionen y tomen decisiones tiene un gran valor para el empoderamiento de las personas. También considero fundamental el papel de la Economía Social de cara a permitir que la denominada economía informal, fenómeno altamente desarrollado en Latinoamérica, pueda mutar en economía formal. Esto es importante porque puede permitir a personas que habitualmente están excluidas del sistema facilitarles un empleo reglado con las ventajas que ello conlleva, desde el acceso a un sistema sanitario hasta una pensión de cara a su jubilación. Además del alto valor para el desarrollo sostenible desde sus diferentes enfoques, social, ambiental y económico que tiene el desarrollo de la economía social.

¿Consideras el fomento de la economía social como un factor de primer orden de cara al desarrollo socioeconómico en Latinoamérica? ¿Conoces alguna experiencia de Economía Social en algunos de estos países y quieres compartirla?

 

Fotografía: Por OpenClips CC0 Public Domain. [http://pixabay.com/es/service/terms/#download_terms], víahttp://pixabay.com/

Pon un hashtag en tu campaña

Pon un hashtag en tu campaña

 

Las nuevas tecnologías nos brindan a las organizaciones cada vez más opciones y oportunidades de hacer llegar nuestro mensaje a los hogares de los ciudadanos. En un momento en el que las disponibilidades presupuestarias son menores y la competencia cada vez mayor, es importante conocer las opciones y alternativas que tenemos para enfocar las modalidades de comunicación con las que contamos, una amplia gama de herramientas que, además, frecuentemente condicionan y modulan nuestras campañas, por lo cual elegir la adecuada puede significar la diferencia entre el éxito o pasar inadvertidos.

Hoy vamos a analizar una de estas herramientas, los hashtags, popularizados a partir del uso de la red social Twitter, y que hoy son de uso generalizado, gracias fundamentalmente al fenómeno de los trending topics. Técnicamente, son una etiqueta de metadatos precedidos de una almohadilla o numeral. Se utilizan para etiquetar la información existente sobre un tema, sirviendo como aglutinador para la difusión del mismo entre varios usuarios. Su sencillez de uso es parte fundamental de su éxito, ya que para agregar un contenido a un tema determinado lo único que hemos de hacer es señalar el hashtag correspondiente en nuestra entrada social y, al revés, si queremos conocer lo más consultado respecto a un tema sólo hemos de realizar una búsqueda en nuestro navegador o red social a través de un hashtag. No distinguen de mayúsculas y minúsculas, aunque podemos alternar su uso para destacar algún aspecto de la etiqueta.

Lo interesante de su uso, decíamos, está en la capacidad de convertir un contenido en viral, de convertirlo en un trending topic. ¿Quiero esto decir que con simplemente sacar una campaña o una información determinada ya se va a convertir en viral? Por supuesto que no, hay que diseñar la estrategia de comunicación y mover el contenido; lo normal de hecho es que pase prácticamente inadvertida, pero si encontramos eco, el éxito puede ser rotundo. Eso si, los trending topic se caracterizan por una alta volatilidad, y de repente nos podemos encontrar arriba en la lista como no aparecer en la misma, con lo cual nuestra estrategia debe incorporar también los pasos necesarios para mantenernos en la misma el máximo tiempo posible.

¿En qué instrumentos de comunicación es más adecuado utilizar hashtags? Sin duda, en las campañas de promoción del activismo por una causa determinada. Por lo tanto, la buena noticia aquí es que el hashtag es una herramienta casi a medida de las organizaciones, tanto públicas como privadas.

Quizás el ejemplo cercano más relevante respecto al uso de hashtags lo tengamos en la campaña #BringBackOurGirls que, en el pasado mes de abril, llamó la atención mundial sobre el secuestro de niñas por parte de la organización Boko Haram en Nigeria. La campaña unió un hecho entonces mediático al impulso dado a través de una personalidad (en este caso, la Primera Dama estadounidense), lo que la convirtió en un tremendo trending topic durante varios días, todo un exitazo. Pero como en toda moneda, donde hay una cara hay una cruz, y en este sentido ha venido en forma de crítica sobre el impacto real alcanzado por la campaña que, si bien mediáticamente ha sido enorme, no lo ha sido así en cuanto a acciones tangibles, quedándose, dicen sus críticos, en un mero “activismo de click”.

¿Es entonces el uso de hashtags una mala idea para utilizar en nuestras campañas? No, pero tenemos que tener claro que el hashtag es sólo una herramienta (una más entre muchas posibilidades), no la campaña en sí. Dicho de otra forma, una etiqueta de unos pocos caracteres no puede nunca pretender ser el argumento de una causa, debemos darle al lector una visión completa de lo que buscamos. Por lo tanto, el hashtag es, en este sentido,  un mero difusor, una llamada a la atención que ha de dirigirse a un contenido significativo que pretenda convertir tráfico en apoyo a la causa; lograr la máxima difusión está bien, es un logro enorme, pero si no lo dirigimos a alcanzar la utilidad que pretendemos (financiación, presión mediática, captación de voluntarios, etc.) no habrá servido para mucho. Algo similar tratamos en su momento respecto a la campaña del cubo de hielo, y es que en acciones de esta naturaleza hemos de planificar con total detalle todas sus fases de ejecución y el uso que queremos darle a cada uno de las herramientas utilizadas, gestionando en especial aspectos tan complejos como las emociones, mecánica de funcionamiento, tiempos, etc. Este tipo de aspectos, si no los concebimos bien, pueden descontrolarse y ser contraproducentes, por lo que hay que ser exquisitos.

Por lo tanto, algunos consejos pertinentes sobre el uso de los hashtags podrían incluir los siguientes extremos:

  • Planifica de modo completo toda la campaña y los flujos que pretendes se generen; los hashtags te ayudarán en un momento concreto de ésta. Tradúcelo en resultados.
  • Los hashtag se pueden utilizar en todo texto de redes sociales sobre un tema; procura que haya una relación entre su denominación y la landing page en la que gestionarás el tráfico de la campaña, si ése es tu medio; es una forma eficiente de redirigir allí.
  • Elige cuidadosamente el concepto que formará tu hashtag, debe guardar un equilibrio entre lo que es tendencia y el valor que quieres darle. Busca ser emocional.
  • Si el hashtag tiene más de una palabra, puedes remarcarla con mayúsculas. Procura que no sea muy largo.

Por lo tanto, estamos ante una herramienta que puede ser muy útil en nuestra estrategia de comunicación ¿no te parece? Utilicémosla con sabiduría.

¿Tienes alguna experiencia significativa con hashtag que quieras compartir? ¿Qué valor le das como instrumento?

Desarrollo Local VS Desarrollo Local.

Desarrollo Local VS Desarrollo Local.

 

A mediados de los años noventa del pasado siglo, estando en la universidad, recuerdo haberme acercado con curiosidad al tema del desarrollo local. El término resultaba atractivo y de vez en cuando si caía en mis manos algún artículo o publicación sobre la materia le echaba una ojeada. Todavía estaba lejos de pensar que mi vida profesional me iba a llevar a trabajar en la materia.

Lo que sí detecté de inmediato fue la existencia de dos posiciones contrapuestas. Como si de un combate de boxeo se tratase asistíamos a un enfrentamiento entre una postura que concebía el desarrollo local como favorecer el desarrollo social en un sentido amplio, frente a una postura eminentemente económica cuando no economicista.

El avezado e inteligente lector dirá, “pues si entendían el desarrollo social en un sentido amplio, también incluirían la postura económica”. Pues no era lo habitual. Como si de algo excluyente se tratase o se tomaba partido por una postura, o se tomaba por otra.

No se puede escapar de vista que este debate está condicionado principalmente al contexto territorial de referencia; es decir, no es lo mismo ver de qué hablan las posturas enfrentadas en España que en Latinoamérica, donde ni las necesidades de la población, recursos, infraestructuras o comparativas rural-urbano, por poner unos ejemplos, son iguales.

Pero volviendo a mi experiencia, que se ciñe más a mi entorno nacional, con el paso de los años he seguido todavía asistiendo a este tipo de debates. Me he topado con personas para las que parece que desarrollar cultura y democracia, por poner un ejemplo, están contrapuestos a generar actividad económica. Vamos, que, o eres del Real Madrid o eres del Futbol Club Barcelona, no se admite la opción de que seas de otro equipo y mucho menos que simplemente te guste el futbol sin ser partidario de ningún equipo.

Evidentemente el desarrollo económico no debe generarse a cualquier precio, para lo cual es muy útil pensar en términos de desarrollo sostenible; es decir, conjugar lo social, lo medioambiental y lo económico. Está claro que sería desarrollo económico poner una gran industria contaminante en medio de un entorno natural protegido para explotar sus recursos, generando gran cantidad de empleos, pero desde luego no sería inteligente. Al igual que en la postura contraria se podrían edificar teatros en todos los municipios de una comarca, pero si la gente no tiene un trabajo que le permita vivir dignamente acabaría marchándose a donde le faciliten la oportunidad de obtenerlo.

Por supuesto que esta bipolaridad es más teórica que práctica, y afortunadamente existe una zona de grises donde verdaderamente integrar todas estas posturas. Creo que el camino que siguen los Grupos de Acción Local, determinadas entidades en cooperación internacional, y cómo no, el buen hacer de la mayoría de los profesionales del desarrollo local, están facilitando la coexistencia entre ambas posturas, con independencia del enfoque del proyecto con el que trabajan.

Los diferentes programas y proyectos de desarrollo local les aplican las personas, y aunque se diga que “el sentido común es el menos común de los sentidos”, no es más que una frase hecha y lo habitual es aplicar un desarrollo conjunto de todos los criterios que conducen a generar desarrollo local sostenible.

En mi opinión ambas posturas son dos caras de una misma moneda. No se trata de que una postura quede por encima de otra, consiste en ver cómo se conjugan, en cómo articulan sus actuaciones en pos del mismo objetivo.

¿Has percibido esta dualidad y te ha afectado a la hora de trabajar? ¿Cómo has conciliado ambas posturas?

 

 

Fotografía: Por PDPics CC0 Public Domain. [http://pixabay.com/es/service/terms/#download_terms], vía http://pixabay.com/

Ventajas y desventajas de los negocios locales

Ventajas y desventajas de los negocios locales

 

No cabe duda de que estamos viviendo años muy duros para la actividad económica local. Quizás lo peor haya ya pasado, puede ser, no vamos a entrar en un baile de cifras, pero es indudable que la crisis de estos años se ha cebado especialmente con los negocios de este ámbito, muchos de los cuales han tenido que cerrar  y, en el mejor de los casos, los que han perdurado lo están haciendo en condiciones muy difíciles.

El cierre de un negocio desde luego es casi siempre una mala noticia desde la perspectiva del empleo y de lo que en términos de aportación a la economía general aporta. En el caso de los negocios locales, además, hemos de sumar otras consecuencias difícilmente cuantificables, pero palpables para todas las personas que viven en el entorno, y es que la actividad económica local contribuye significativamente a generar un modelo de vida más social a través de la integración del negocio en cuestión en aquel. Esto es evidente desde una perspectiva de barrio, distrito o pueblo, por no hablar de la de determinados colectivos, como puede ser el de las personas mayores, por poner un sólo ejemplo.

Sin embargo, el mayor reto queda para los negocios que continúan funcionando, ya que éstos tienen que hacerlo en condiciones muy adversas y en un entorno cambiante y poco proclive al consumo local. Los cambios y políticas sobre el ámbito local acontecidos en las últimas dos décadas han puesto a la actividad económica allí ubicada en un auténtico brete. Quedar relegada a un segundo plano en la ordenación urbanística, tener que ejercer una competencia imposible con las grandes superficies, quedar fuera de las principales redes de comunicación, la brecha digital, el cambio incentivado en los hábitos de consumo, el papel secundario que ante el consumidor ahora desempeña, o no formar parte de un sector entendido como estratégico por las políticas del momento, son sólo algunos de los retos que la actividad económica local, tanto urbana como rural, llevan afrontando desde hace varios años.

Sin duda el nuevo paradigma trae nuevos retos para la actividad económica local, pero hemos de pensar en que no sólo a ésta, pues el reflejo que tiene en el ámbito en que se inserta (o ha dejado de hacerlo) no es cuestión baladí, dado el papel fundamental que juega en la vertebración social. No es asunto que trataremos en este artículo, pero todas aquellas personas que realizan políticas municipales o sectoriales deberían planteárselo seriamente ¿todo lo que se ha realizado en los últimos años responde al modelo de sociedad que realmente queremos?

Sin embargo, no todo es negativo para los negocios locales. Si bien dependen de muchos factores (naturaleza, ubicación, financiación, estrategia de mercado, etc.), también es verdad que tienen en sus manos la oportunidad de superar los contratiempos y de incrementar la oferta de valor que dirigen a sus clientes. Se trata de abordar mejor la forma en que se presta el servicio poniendo en evidencia las ventajas que para el cliente tenemos, con una clara intencionalidad de ayudarle a pensar en local gracias al servicio que le damos, fidelizándole para capturar más ventas, y posibilitando la viabilidad de nuestro negocio, que seguramente será importante no sólo para el entorno, sino también para otros negocios.

Por todo esto en los próximos meses iremos abordando las ventajas y desventajas que los negocios locales tienen, conscientes de que juegan en un tablero difícil, pero también de que tienen muchas fuerzas que pueden explotar y de que además deben gestionarlas sabiamente.  Queremos hacer un análisis libre de todo victimismo; proactivo y práctico, en clave interna. Por lo tanto, y con una cadencia trisemanal, iremos abordando diversos aspectos que constituyen el espectro de desventajas y fortalezas de los negocios locales, intentado ser pedagógicos. Los ámbitos temáticos que abordaremos serán los siguientes:

(1) Emprender en clave local.
(2) La gestión del negocio local.
(3) Los recursos humanos.
(4) El producto y/o servicio.
(5) La relación con el cliente.
(6) La financiación.
(7) La gestión de la marca.
(8) La relación con el entorno.
(9) El uso de la tecnología.
(y 10) Marketing para negocios locales.

Esperamos con esta serie cumplir el doble objetivo de servir de utilidad a aquellas personas que tengan un negocio local y de contribuir al pensamiento en local de la actividad económica, pues nos va en gran medida nuestra calidad de vida.

Según vayamos publicando los diversos artículos iremos actualizando éste con las correspondientes entradas. Por supuesto, cualquier sugerencia será bien recibida y, en su caso, abordada.

¿Cuál crees, en base a tu realidad, la importancia que tiene la actividad económica local para tu entorno? ¿Destacarías, en base a tu experiencia, algún elemento de análisis más digno de tratar?