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Infraestructuras industriales y de negocios vacías, (o La casa por el tejado).

Infraestructuras industriales y de negocios vacías, (o La casa por el tejado).

 

Durante la primera década de este siglo asistimos en España a la proliferación de diversas infraestructuras para dinamizar y favorecer la actividad económica facilitando la instalación física de ésta. Como ejemplos más significativos nos encontramos con polígonos industriales, centros tecnológicos, centros de negocios, y viveros e incubadoras de empresas.

Todo ello financiado con dinero público, proveniente mayoritariamente de la Unión Europea, y gestionado por el Gobierno de España y las comunidades autónomas, aunque no faltan ejemplos de ayuntamientos que arriesgaron también recursos propios en concurrencia con otras subvenciones y ayudas provenientes de sus diputaciones y/o gobiernos regionales para logar algún tipo de infraestructura.

Hasta finales del siglo XX, la existencia de estas infraestructuras era limitada, y conllevaba un gran esfuerzo por parte de las administraciones públicas. Aquellos municipios más grandes y solventes eran apoyados por el Instituto Nacional de Industria (INI), y por su sucesor, a partir de 1995, el Servicio Estatal de Participaciones Industriales (SEPI). Y aquellos municipios más pequeños, y por tanto con recursos más limitados, realizando un concienzudo y prolongado trabajo en el tiempo: ahora una explanación, al próximo año las acometidas de agua y luz, etc. Sin embargo las cosas cambiaron.

La asunción de nuevas competencias por parte de los gobiernos regionales y la inyección económica que la Unión Europea estaba significando para las Regiones Objetivo I y II, supuso una enorme fluidez económica para la Administración, que no encontraba problemas para financiar sus deudas. De modo que empezaron a proliferar los polígonos industriales y tecnológicos, los centros de negocios y demás figuras pensadas para dinamizar la actividad económica. Se dio incluso el caso de diputaciones que crearon sociedades para su desarrollo provincial como organismos paralelos a los nacionales y regionales.

Las infraestructuras para favorecer la actividad económica empezaron a surgir a lo largo y ancho del territorio nacional, con una planificación que obedecía más a los contactos que tuviesen o supiesen mover los políticos municipales, que a planteamientos serios basados en rigurosos informes y en prospecciones y compromisos más o menos formales para obtener una cierta ocupación.

Y que conste que los políticos municipales, en especial los de los municipios con población y recursos más escasos, son los que menos culpa tuvieron de este desaguisado. Recuerdo mis conversaciones con algunos de ellos. Se movieron pensando en obtener un infraestructura que generase un beneficio para su municipio, en ocasiones pensando en sacar algunas actividades “molestas” para los vecinos de la zona habitada, otras pensando en aprovechar alguna de las autovías que pasaba junto a su pueblo, y siempre pensando en que de paso tendrían espacio por si alguno de sus vecinos decidía ampliar su negocio o algún joven montar el suyo propio.

En la base de todo esto subyacía un pensamiento bastante simple: Si se ofrecía la infraestructura a continuación se llenarían las instalaciones de empresarios y emprendedores en ellas; creo que de todos es conocido lo fácil y sencillo que resulta en este país crear una empresa. Bueno, ironías aparte, lo cierto es que no se cumplieron tan altas expectativas.

El hecho de que la instalación de esas infraestructuras se condicionase a la promesa de tal o cual director general, consejero, presidente autonómico o alto cargo ministerial hizo que se perdiese de vista el rigor a la hora de redactar los informes técnicos que aconsejaban o no la instalación de las mismas. De modo que se clientelizó la función administrativa en vez de velar por la objetividad.

No hay que olvidar que estas infraestructuras no salen gratis. Como caso arquetípico tenemos los polígonos industriales. En ellos se vendía la parcela para construir las instalaciones acorde a todos los costes que había supuesto urbanizar los terrenos donde se ubicaba el polígono. A medida que se iban vendiendo las parcelas la inversión se amortizaba, pero muchas no se vendieron y la administración o sociedad pública titular de las mismas además de quedarse con la parcela en muchas ocasiones se quedaba con la deuda financiera.

En fin, que ahora tenemos polígonos urbanizados sin naves construidas, oficinas y centros de negocios vacíos, viveros de empresas utilizados como cocheras para vehículos municipales… muy en la línea de los aeropuerto sin aviones, aunque sin llegar a ser esas ser obras tan faraónicas.

… Y lo más sangrante del caso es que todas estas figuras con un uso correcto y racional son de gran utilidad para emprendedores y empresarios.

 

¿Conoces algún caso que te llame la atención? ¿Cómo volverías a dinamizar la actividad en los mismos?

 

Fotografía: Por  Allodium   CC0 Public Domain  [http://pixabay.com/es/service/terms/#download_terms], vía http://pixabay.com/
El Lienzo de Modelo de Negocio (Business Model Canvas)

El Lienzo de Modelo de Negocio (Business Model Canvas)

 

En los últimos años se ha producido una auténtica revolución en la forma de emprender, un fenómeno que ha respondido a las características y retos que la economía de principios de siglo ha impuesto, y que ha derivado en una visión sistémica de las empresas que ha necesitado de métodos innovadores e integradores para abordarlo. De esta forma, desde hace no muchos años se han ido desarrollando toda serie de corrientes que incluyen diversas técnicas y metodologías dirigidas a hacer del emprendimiento un camino más meditado, seguro y barato. A éstas daremos atención durante los próximos meses.

Sin duda, sino el primero sí quien posibilitó que este proceso cobrara fuerza, el Lienzo de Modelos de Negocios (más conocido por su denominación inglesa, Business Model Canvas) es el referente central entre las diversas metodologías surgidas en este periodo. La publicación del manual “Generación de Modelos de Negocio” en 2010 por Alexander Osterwalder e Yves Pigneur popularizó un método que llevaba diseñándose de forma participativa desde hacía aproximadamente un par de años. El método podríamos encuadrarlo en la familia de herramientas para el prototipado de modelos de negocio, ya que su objetivo es analizar, diseñar, testar y mejorar los mecanismos en los que reposará la viabilidad de nuestro negocio. Os insertamos este video en Youtube, una traducción al castellano del que aparece en la web de los creadores, y que hace una buena presentación del mismo.

¿En qué consiste el método? Primeramente hemos de señalar que ésta es una herramienta colaborativa, que difícilmente tendrá buenos resultados realizándola individualmente, y que se basa en el valor de la innovación en un continuum de argumentación y reflexión. El foco, pues, está en el propio proceso creativo, y el lienzo no es sino un medio, una herramienta, para favorecer que se perfilen y mejoren los diversos aspectos a tratar del modelo de negocio.

El método está estructurado en varias secciones ordenadas en una matriz, que es la que se denomina “lienzo”. En principio, vamos a presentaros las secciones por el orden en que ha de trabajarse cada cual, aunque éste es un modelo con poca linealidad y sí mucha interdependencia entre factores, lo que implica que, según vayamos avanzando en el orden señalado, observemos con globalidad, pues así las preguntas fluirán solas. Las secciones, pues, son las siguientes:

1.- Segmentos de clientes: Son los grupos de clientes que, agrupados coherentemente, representan el target de nuestra iniciativa, a los que queremos hacer llegar nuestra propuesta de valor.

2.- Proposición de valor: Es el enfoque a través del cual estableceremos cómo pretendemos satisfacer las necesidades de nuestro clientes. Este enfoque es central, literal e integral, y responde a lo que el cliente recibe, no lo que paga.

3.- Canales: Son la forma o formas en que haremos llegar nuestra proposición de valor a los distintos segmentos de clientes.

4.- Relación con el cliente: Señala que tipo de contacto se va a tener con los clientes, y cómo será esa relación.

5.- Fuentes de ingresos: Indica las formas en que se producirán ingresos derivados de trasladar la propuesta de valor al cliente.

Hasta aquí el trabajo realizado corresponde a la parte derecha del lienzo, que corresponde al análisis externo o de mercado (es decir, la que trabaja la forma en cómo pretendemos plantear nuestra proposición de valor en el mercado y cómo monetizarla). Tras ello, pasaremos a trabajar la parte izquierda, que corresponde al análisis interno o de empresa (y que señala las condiciones y procesos que necesitamos para que nuestra proposición de valor llegue al mercado).

6.- Recursos: Ha de reflejar los recursos que requerimos para que el modelo de negocio funcione. Éstos pueden ser físicos, derechos, financieros y humanos. Ha de definirse claramente la tipología, cantidad e intensidad necesaria.

7.- Actividades clave: Lo que haremos para hacer llegar la proposición de valor a nuestros clientes (a través de los canales y las relaciones establecidas).

8.- Alianzas: También denominada “socios clave”, establece la cantidad, tipología e intensidad de relaciones que vamos a tener con servicios de terceros y que resultan fundamentales para nuestro modelo de negocio.

9.- Estructura de costes: Aquí hemos de analizar lo que nos supondrá en términos de costes el resto de secciones.

El debate y reflexión en el uso de esta herramienta es fundamental y continuo. De hecho, será normal ir cambiando o matizando supuestos a lo largo del tratamiento de la misma, así como tras haber analizado todas las secciones. Tras ello, habrá que validar nuestras hipótesis, lo que nos obligará a salir del despacho y testarlas con potenciales clientes; esto llevará a su vez a mejorar el trabajo sobre el lienzo. En este enlace os proporcionamos un esquema básico del lienzo, así como de un listado de posibles preguntas que pueden plantearse en cada sección.

En resumen, estamos ante una herramienta sumamente interesante, que te resultará de mucha utilidad si lo que quieres es diseñar el modelo en el que se basará tu idea de negocio. En el próximo artículo razonaremos un poco sobre todo lo que implica esto, y te presentaremos la alternativa más firme a este método.

¿Te parece que este método aporta algo respecto a las formas tradicionales de emprender? ¿has tenido ocasión de utilizar la herramienta? ¿Cómo valorarías en tal caso tu experiencia con su uso?

Marco legal de la Economía Social en España.

Marco legal de la Economía Social en España.

 

Hace unos días escribí una somera aproximación histórica a la economía social. Siguiendo con el tema iniciado me gustaría contextualizarla en nuestro ámbito más cercano; para ello hoy voy a comentar su encuadre en el marco legal español, para en un futuro escribir sobre del estado de la cuestión en Latinoamérica. Al grano.

A pesar de la dilatada existencia previa de las figuras que la conforman, como por ejemplo la de las cooperativas, la regulación de la economía social concebida como un conjunto aglutinador de las mimas es muy reciente. Apenas hace tres años y medio que se promulgó la Ley 5/2011, de 29 de marzo, de Economía Social para dar consistencia a la misma. Se da la paradoja de que con anterioridad a la normativa nacional ya existían comunidades autónomas que tenían departamentos específicos en la materia y direcciones generales dentro de sus consejerías. Y es que la normativa nacional no venía más que a certificar una realidad conocida y asentada en el ámbito de la actividad económica.

Previamente a la promulgación de la normativa española hay que hacer mención a la Unión Europea, quien ya había manifestado su interés en el tema en diversos documentos. Podemos citar el dictamen del año 2000 titulado “Economía social y mercado único”, o trabajos encargados en esta materia, donde destaca “La economía social en la Unión Europea” elaborado por el Centro Internacional de Investigación e Información sobre la Economía Pública, Social y Cooperativa (CIRIEC) del año 2007.

Una característica de esta normativa es que engloba al conjunto de entidades que conforman la economía social “con pleno respeto a la normativa aplicable a cada una de ellas”. Reiterando en su art 5.3 que “En todo caso, las entidades de la economía social se regularán por sus normas sustantivas específicas”. Es decir, esta Ley no viene a modificar nada preexistente, al contrario, quiere reforzar el papel que como conjunto pueden tener las diferentes manifestaciones de la economía social.

Aunque si queremos saber qué se considera economía social en España debemos acudir a su artículo 2, donde dice: “Se denomina economía social al conjunto de las actividades económicas y empresariales, que en el ámbito privado llevan a cabo aquellas entidades que, de conformidad con los principios recogidos en el artículo 4, persiguen bien el interés colectivo de sus integrantes, bien el interés general económico o social, o ambos”.

Este artículo 2 confiere dos notas cruciales para pensar en clave de economía social. Por un lado, la actividad económica o empresarial es de “ámbito privado”, no público; situándonos en la esfera de la economía capitalista. Por otro, su finalidad, persigue el interés general en las materias económicas y/o sociales. Es decir dos conceptos muy poderosos de cara a introducir cambios sociales, que perfectamente se puede explicar como el capitalismo al servicio del desarrollo socioeconómico. Es importante porque supedita la actividad económica a un fin diferente al del mero lucro.

Sin duda el artículo más clarificador para conocer la economía social es el número 4, denominado “Principios orientadores”, lo que nos sitúa en el ámbito de las cualidades que componen la economía social. A diferencia de otras normativas que pueden hablar de formas, aquí hayamos el fondo de la cuestión, lo que debe subyacer en la base para encuadrarse en la economía social. Los principios recogidos son:

“a) Primacía de las personas y del fin social sobre el capital, que se concreta en gestión autónoma y transparente, democrática y participativa, que lleva a priorizar la toma de decisiones más en función de las personas y sus aportaciones de trabajo y servicios prestados a la entidad o en función del fin social, que en relación a sus aportaciones al capital social.

  1. b) Aplicación de los resultados obtenidos de la actividad económica principalmente en función del trabajo aportado y servicio o actividad realizada por las socias y socios o por sus miembros y, en su caso, al fin social objeto de la entidad.
  2. c) Promoción de la solidaridad interna y con la sociedad que favorezca el compromiso con el desarrollo local, la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, la cohesión social, la inserción de personas en riesgo de exclusión social, la generación de empleo estable y de calidad, la conciliación de la vida personal, familiar y laboral y la sostenibilidad.
  3. d) Independencia respecto a los poderes públicos”.

Más que comentar estos cuatro apartados, lo que hay que hacer es releerles y aprenderles de memoria, son tan significativos por sí mismos que no necesitan comentarios. Son ideas todas ellas con fuerza: primacía de las personas, democracia, resultados orientados al fin  social, desarrollo local, independencia, etc.

El reflejo, o ejemplo, de quiénes son parte de la economía social en España se encuentra en el artículo 5.1, donde se menciona: “las cooperativas, las mutualidades, las fundaciones y las asociaciones que lleven a cabo actividad económica, las sociedades laborales, las empresas de inserción, los centros especiales de empleo, las cofradías de pescadores, las sociedades agrarias de transformación y las entidades singulares creadas por normas específicas que se rijan por los principios establecidos en el artículo anterior”. Con este artículo se viene a ampliar las entidades que históricamente se habían considerado economía social: las cooperativas y las mutualidades, certificando la existencia de otras entidades, como los Centros Especiales de Empleo, que por sus características son parte de la economía social. Aunque sería muy interesante estudiar si todos los Centros Especiales de Empleo cumplen con las características definitorias de la economía social, pero este es otro debate.

Pero lo más interesante, a mi juicio, de este artículo 5 es su apartado número 2, donde deja abierta la puerta a que todas las demás “entidades que realicen actividad económica y empresarial” puedan formar parte de la economía social siempre que cumplan con los principios inspiradores mencionados.

El párrafo anterior significa un cuantioso avance en cuanto a la concepción pura de la actividad económica como únicamente generadora de lucro y dirigida a beneficiar a los titulares de la misma. Significa que cualquier emprendedor o empresario puede realizar su actividad económica bajo unos parámetros más democráticos y orientados a obtener un impacto social positivo con su actividad económica. Una auténtica declaración de compromiso y acción por parte del titular de la misma.

También prevé la Ley un Catalogo de entidades de economía social, que con carácter público mantendrá actualizada las entidades que la componen. Esto quiere decir que cualquier tipo de empresa que preste y cumpla con los Principios orientadores puede recibir, al menos, el reconocimiento social que conlleva ser parte de la economía social.  La realidad es que a día de hoy no existe dicho catálogo legalmente previsto hace tres años.

El resto del articulado tiende a fijar unos interlocutores válidos a nivel nacional, medidas de fomento y difusión de la economía social en su conjunto, estadística, etc.

Como anécdota colateral de esta ley, resulta curioso cómo algunas veces lo políticos meten con calzador en una ley la modificación de otra,  sin que tenga que ver mucho entre ellas, pero eso es otro tema. Valga de ejemplo su disposición Adicional sexta, titulada: “Ejercicio de actividades sanitarias por titulados universitarios de Licenciado en Psicología o Graduado en el ámbito de la Psicología”.

En conclusión, lo esencial es que por fin una ley reconoce la existencia de la economía social definida por sus características, y lo que es más importante, deja plena libertad a que otras iniciativas empresariales asuman los mismos objetivas y trabajen en pos de una sociedad más justa.

 

¿Realmente soy una persona emprendedora? Nueve señales que te indicarán que lo eres.

¿Realmente soy una persona emprendedora? Nueve señales que te indicarán que lo eres.

 

Parece mentira que hoy día, con todo lo que se ha escrito al respecto, el concepto de emprendedor todavía no esté completamente cerrado. No tenemos más que consultar diversas fuentes especializadas para darnos cuenta de que hay cientos de definiciones de lo que es un emprendedor. Siempre encontraremos un matiz diferencial, y será raro encontrar un concepto que aborde de forma completa el fenómeno. No es la primera vez que escribimos sobre el particular, y la verdad es que ello es reflejo de que algo en principio sencillo no siempre es tal.

Hasta hace unos quince o veinte años, la figura del emprendedor no era prácticamente relevante. Entonces creabas una empresa; eras un empresario. Desde entonces, y con una marcada pátina de lo que en los ochenta era ser un yuppie, la figura del emprendedor fue buscando su hueco en la escena académica y social hasta convertirse hoy en un importante fenómeno, muchas veces mal comprendido y tergiversado, de tal manera que es común confundir lo que es un emprendedor con un empresario, o a aquel con lo que es su emprendimiento, e incluso se ha llegado a identificar al emprendedor con una actitud… todo esto, y más, son medias verdades que necesitan ser matizadas y relativizadas.

Voy a intentar aclararlo en un breve esbozo, empezando por lo que define un emprendimiento, que no es otra cosa que la iniciativa de generar una actividad económica. Como tal, tiene fecha de inicio y fin, e idealmente empieza cuando se tiene el modelo de negocio diseñado, validado, planificado e… inicia su ejecución. Esto es así hasta que dicha iniciativa fracasa o se consolida, en cuyo caso estaríamos hablando de una empresa viable. Un emprendimiento, aparte, no significa necesariamente crear una empresa, pues puede ser una iniciativa (por ejemplo, crear una nueva línea de negocio) dentro de una empresa ya existente.

¿Qué es por tanto un emprendedor? Pues sencillamente aquella persona que, innovando, diseña e implementa un emprendimiento. Parece una perogrullada, pero es necesario diferenciar ambas dimensiones. Al igual que antes, no necesariamente un emprendedor tiene porqué ser el empresario, pues existen figuras que se dedican a arrancar negocios sin vincularse a ellos, e incluso intraemprendedores, que no responden a dicho perfil. Se puede ser emprendedor una vez, hasta que se cree la actividad, o mantener dicho carácter creando nuevas iniciativas. Quiero aquí remarcar, aunque no hablaremos hoy de ello, la vinculación entre emprender e innovar, pues existe una corriente académica muy sólida que señala que no toda creación de una actividad económica es un emprendimiento (y en consecuencia quien la pone en funcionamiento no es tampoco un emprendedor), y que se sostiene fundamentalmente en el uso de la innovación.

Sea como fuere, tanto si estás lanzando una iniciativa que pretende convertirse en una actividad económica, como si pretendes generar una nueva línea de acción dentro de una actividad existente, ¿qué elementos te convierten en emprendedor? Vamos a analizar unos cuantos, y para ello señalaremos una serie de actitudes y hechos que han de enmarcarse necesariamente en el contexto que hemos definido anteriormente, sin el que no tendrían sentido, alejándonos ex profeso de aquellas corrientes que definen al emprendedor en base únicamente a una serie de actitudes que, en el fondo, podrían atribuirse a muchas personas que no necesariamente son emprendedoras; es decir, tener pasión por lo que se hace, dedicarle mucho tiempo, ser optimista, empatizar con la gente, etc., son aspectos que facilitan mucho el camino del emprendedor, pero no lo convierten en tal. Vamos allá.

No paras. En ocasiones no sabes de donde te salen las energías, pero lo cierto es que echas horas extra, constantemente te implicas en actos de mejora o crecimiento, tu cabeza no para de pensar en cómo hacer esto o lo otro… Trabajas duro y tu actividad está constantemente en tu mente.

Tienes iniciativa. Se trata de pasar a la acción. Es una actitud. No es simplemente hacer las cosas, siguiendo el “guión”. Consiste en la capacidad y disposición de actuar tras analizar una situación determinada. Es lo que se identifica normalmente con ser “proactivo”.

Eres una persona resolutiva. Es decir, combinas inteligencia y creatividad para dar solución a lo que se te ponga por delante, en base a tu disposición de recursos y posibilidades. Ello implica normalmente una actitud abierta y de colaboración, sacando lo mejor de las personas implicadas con nuestra actividad para obtener soluciones.

Tienes inseguridad. El miedo a fracasar es casi consustancial a emprender, pues la incertidumbre es el campo donde hemos de operar, por muy atado que tengamos todo. Lejos queda la imagen del emprendedor exitoso, que se come el mundo y que arrolla con su carácter hiperseguro todo lo que se le pone por delante… En realidad dicha actitud es más bien peligrosa para el emprendimiento, pues carece de la humildad y curiosidad necesaria para evaluar lo que nos va pasando. Tener inseguridad pone en alerta los sentidos y nuestra capacidad analítica y de atención.

Eres una persona osada. Parece contradictorio con lo anteriormente expuesto, pero no. En ocasiones hay que arriesgar, eres perfectamente consciente de ello, bien puede valer la pena. Sabes que si siempre te mueves sobre seguro a la larga perderás oportunidades y que éstas serán aprovechadas por tu competencia. En consecuencia, y lejos de asustarte, los retos te motivan y te incitan a dar lo mejor de ti; son un logro a alcanzar, un obstáculo a salvar, algo a superar y que no te permitirá estar en paz contigo mismo hasta que no lo consigas. Es más, eres consciente de que aun en el caso de fracasar, dicha situación te servirá de experiencia y de que tendrás que levantarte y seguir adelante.

Eres flexible. No significa que te apartes de tu objetivo, sino que no te aferrarás a ninguna precondición para alcanzarlo. En la práctica se traduce en tener una actitud abierta y autocrítica, una actitud de escucha y atención a todo lo que te rodea, y que en ocasiones aconsejará a relativizar lo que hasta ahora creíamos de lo que hacemos, posibilitando que obremos consecuentemente adaptando nuestra actividad a dichos descubrimientos. Esta actitud es especialmente fundamental en nuestra relación con el cliente.

Te importa lo que haces. En consecuencia, medir tu actividad, obtener información que te indique cómo estás haciendo las cosas, es algo que siempre está presente en tus pensamientos. Tiene mucho que ver con lo anterior, y suele reflejarse en el diseño y disposición de instrumentos para conseguir feed back  sobre nuestra actividad.

Eres inconformista. No te acomodas, siempre buscas formas de optimizar el funcionamiento de tu actividad, estás pendiente de encontrar oportunidades que puedan mejorar tu actividad. Tiendes a ver las cosas de forma diferente o de lograr “ver más allá”. Buscas constantemente como mejorar este o aquel aspecto; en resumen, eres una persona que busca constantemente innovar.

Tienes obsesión por la liquidez. Necesitas ganar dinero, es así de simple. Todo lo que estás empezando a hacer, todo lo implica e involucra, sólo se sostendrá si ganas dinero. Emplearás todo tu ingenio y capacidad en lograrlo.

En resumen, y dentro del marco señalado, éstas son algunas de las señales que, cumplidas en mayor o menor grado y en su conjunto, te señalarán sin lugar a dudas que tienes pedigrí de emprendedor. Sólo queda aconsejarte que, para llevar a cabo tu emprendimiento de forma eficaz, no hagas del mismo una obsesión que afecte a tu vida privada; no olvides que es un medio para lograr algo y que siempre has de disponer de un tiempo de desconexión suficiente para dedicarte a ti y a los tuyos.

¿Consideras todos estos aspectos, bajo las condiciones señaladas, suficientes y/o necesarias para que una persona pueda ser considerada como emprendedora?

El desarrollo local no es sólo “cosa” del alcalde.

El desarrollo local no es sólo “cosa” del alcalde.

 

“Lo que tiene que hacer el alcalde es regalar los terrenos y así pondrán una fábrica multinacional”. Esta frase que todavía se sigue oyendo, aunque afortunadamente con menos intensidad, lo único que refleja es un razonamiento simplón, basado en la ignorancia y que plasma el borreguismo de una parte de nuestra sociedad. Es una frase que siempre he rebatido por el trasfondo que subyace en este pensamiento.

Lo primero: Es un error considerar que lo que es de todos no tiene dueño, el alcalde no puede regalar terrenos. Existe el pensamiento de que un alcalde puede hacer lo que le dé la gana, desde contratar a quien quiera a “regalar los terrenos”. Y aunque es verdad que todavía pueden darse situaciones completamente contrarias a la ley, ni es lo habitual ni están legitimadas. Pero volviendo al tema que nos ocupa; este pensamiento refleja poco apego por lo público, que es de todos, aunque alguna ex-ministra española pensase que no es de nadie. El ayuntamiento podrá tener una política industrial, si es su competencia, y podrá favorecer la instalación de actividades económicas con bonificaciones en impuestos, etc., pero no puede regalar discrecionalmente lo que corresponde al común por muy buena intención que tenga haciéndolo.

Lo segundo: Con “pondrán una fábrica multinacional” estamos dejando el protagonismo en manos de grupos de interés económico ajenos  a lo local; que conciben el medio local con un uso exclusivamente utilitarista. La pregunta que hay que hacer es: ¿Queremos dejar el protagonismo en manos de otros y a cualquier precio?

Además este tipo de conversaciones suele ir acompañada de razonamientos sobre los altos sueldos que pagarían en la “hipotética” fábrica, porque claro está, que “aquí” si les regalan el terreno “se nos van a rifar las multinacionales por instalarse”.

Si fuese tan sencillo como dar terrenos y automáticamente viniese una multinacional a montar una fábrica ya se habrían cambiado las legislaciones para favorecer este hecho; es más, con la cantidad de terrenos que hay en este país habría más multinacionales que habitantes. Pero instalar una fábrica exige muchísimo más, aunque ese es otro tema.

La existencia de este pensamiento radica en los planteamientos estatistas de las antiguas políticas industriales, en las cuales desde el gobierno se decidía y favorecían estas actuaciones; ya fuese instalando empresas públicas o beneficiando crediticiamente a las privadas si se instalaban en un territorio determinado. Ejemplo de lo anterior fue la política del Instituto Nacional de Industria que favoreció el desarrollo industrial de España, por otra parte escaso, durante el franquismo. No significa esto que no tenga que existir una política industrial; pero sí que se acabaron los tiempos en que por decreto se instalaba una fábrica en tal o cual sitio.

Me sigue resultando curioso, aún hoy, el pensamiento de “la multinacional”. Se puede dinamizar económicamente de muchas otras maneras que no pasan necesariamente por la actividad fabril de una gran empresa. Se podría tratar de producción dentro del sector primario, de turismo, de micronegocios, de servicios empresariales, gestión del conocimiento, y, cómo no, por cualquier otro tipo de fábrica tipo pyme etc., pero no, abogan por “la multinacional”.

Siendo también curioso, al hilo del párrafo anterior, que las otras opciones a la multinacional son las que nos exigen un esfuerzo. Un acto volitivo de querer protagonizar la actividad económica local. Mientras que en el lado contrario se pretende que den todo hecho, que la única preocupación durante cuarenta años de vida laboral sea cumplir el turno de trabajo y luego tener “una feliz jubilación”. Reflejo de la baja cultura emprendedora existente en este país. Pues toca desengañarse, ni el nuevo paradigma laboral que está surgiendo, ni la realidad de las multinacionales con sus deslocalizaciones productivas indican que una multinacional sea una garantía de una idílica senectud.

Con todo esto quiero decir que cada cual tendrá que asumir su parte de responsabilidad en lo que a generar actividad económica en el medio local se refiere. Nuestros políticos tomando decisiones acertadas y basadas en el rigor y la objetividad; nuestros empleados públicos cumpliendo diligentemente con sus obligaciones; y la ciudadanía favoreciendo, en la medida que podamos, todas aquellas iniciativas emprendedoras que contribuyan a dinamizar nuestro medio local. En fin ¿qué sencillo suena?… pero que difícil en la práctica.

Y tú ¿estás esperando que caiga la multinacional del cielo? O en cambio ¿consideras que tú papel puede ser protagonista para la actividad económica local y cómo?

Desarrollo Local y Agenda Post-2015

Desarrollo Local y Agenda Post-2015

 

Este fin de semana he estado consultando el estado de situación de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), pues 2015 está cerca (año de su finalización, desde sus inicios en el 2000) y llevo tiempo pensando en desarrollar en el blog los resultados de esta iniciativa, cuyas conclusiones serán objeto de una intensa atención internacional durante todo el año que viene.

Independientemente de los resultados finales que entonces se analicen, lo que es indiscutible es que los ODM como instrumento han resultado interesantes, y de hecho desde 2012 se está trabajando la Agenda de Desarrollo Post-2015, un grupo de trabajo formado esencialmente por expertos de distintos ámbitos que están ayudando a planificar el escenario de intervención para el desarrollo tras el 2015, y que están buscando el consenso político necesario para llevar a cabo la etapa post ODM. ¿Contaremos con otro instrumento similar a los ODM? Pues parece que sí, en torno a los que se van a denominar los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS). Hasta entonces, hasta que este proceso termine de concretarse, en el marco de instrumentos que proporciona la Agenda existe la posibilidad de que la ciudadanía opine sobre los ámbitos donde piensa han de centrarse las prioridades de la misma (puede votar aquí).

Bueno, el hecho es que realizando esta consulta me he encontrado con el informe La Economía Social y Solidaria y el Reto del Desarrollo Sostenible, un documento publicado a finales de julio por el Grupo de Trabajo Interinstitucional de las Naciones Unidas sobre Economía Social y Solidaria (ESS), y que señala, en el marco que hemos explicado, la importancia de impulsar la ESS dado el potencial transformador que para la humanidad tiene en un contexto en el cual uno de los principales retos es contar con un modelo de desarrollo socialmente sostenible. El documento señala las siguientes áreas como claves en tal sentido:

1.- Transición de la economía informal al trabajo decente.
2.- Ecologización de la economía y la sociedad.
3.- Desarrollo económico local.
4.- Ciudades y asentamientos humanos sostenibles.
5.- Bienestar y empoderamiento de las mujeres.
6.- Seguridad alimentaria y empoderamiento de los pequeños agricultores.
7.- Cobertura sanitaria universal.
8.- Finanza solidaria.

La ESS, desde este informe, se define como “un enfoque económico que favorece la descentralización y el desarrollo local y está dirigido por valores éticos“, proporcionando a la sociedad “creación de empleo, acceso a los mercados, suministro de intermediación financiera y economías de escala” desde la esfera económica; “una mejor protección, ya que se construye a partir de los principios de mutualismo, solidaridad y reciprocidad y defiende la protección social integral y la redistribución“, desde la esfera social; y la promoción de “justicia medioambiental y aspirar a garantizar que la actividad económica mejore en lugar de mermar el capital natural”, desde la esfera medioambiental. Además, hay una lectura política, pues la ESS suele integrar economía social fundamentada en fuertes principios democráticos.

Así pues, y pese al interesante debate que puede darse de analizar la creciente importancia de la ESS y de su papel en la sociedad en las próximas décadas, hoy nos centraremos en la tercera de las áreas clave señaladas, y que hace referencia a su importancia como instrumento generador de desarrollo económico local, dado lo central de dicho enfoque en la actividad de Iniciativa Local. Algunas de las claves que el informe refleja, respecto a la importancia de la ESS en términos de desarrollo local, son:

  • El potencial que tiene como aglutinador de procesos democráticos y participativos, que involucra a todos los agentes sociales. Desde esta perspectiva, y dado que la actividad económica utiliza recursos locales, parece normal que las partes privadas, públicas y la sociedad civil articulen estrategias comunes, y que incluso las hagan valer ante instancias superiores. La ESS, por tanto, se muestra como una herramienta de inclusión y gobernanza.
  • La particular relevancia que tiene en el medio rural para fijar población, sobre todo joven. Esto es posible dado el potencial que tiene como generador de trabajo que responde a necesidades no cubiertas, especialmente importante en áreas deprimidas, lo que le confiere una alta compatibilidad con los intereses locales.
  • En este proceso es fundamental el efecto que tiene sobre la puesta en valor de los recursos locales sobre los que incide, dado que evita que su aprovechamiento sea desviado a las grandes cadenas productivas y que se queden en el medio local, incidiendo sobre los ingresos locales y sobre la reinversión de excedentes en el mismo.
  • En general, pero para determinadas regiones en especial, como las que conforman el espacio latinoamericano, la ESS es un importante medio para la gestión comunitaria de riesgos. A través de ésta pueden gestionarse seguros mutuos, métodos de ahorro, bancos de cereales, abastecimiento de bienes y servicios, etc., que suplen las deficiencias de la intervención pública en aquellas. Se fundamentan, pues, en un importante componente de solidaridad.
  • El informe concluye que, sin ser la ESS la solución a todos los retos del desarrollo local, sí es en cambio un excelente instrumento para “proporcionar soluciones concretas a los retos que surgen en procesos asociados al desarrollo económico y a la responsabilidad locales“. Y ello es, fundamentalmente, porque tiene un elevado grado de legitimidad para participar en la gobernanza local y participar en la construcción de políticas públicas, dados sus fundamentos democráticos y su adhesión a criterios sociales y ambientales.

Está por ver cómo la Agenda Post 2015 abordará la propuesta de inclusión de la ESS entre sus temas de consulta, y si la valorará realmente como un instrumento válido en la nueva estrategia de los ODS. ¿Usted que cree?

¿Conoce algún caso de ESS que le resulte especialmente interesante? ¿Cree que gozará de la atención político institucional necesaria para su impulso en los próximos años?

Imagen: Naciones Unidas. Logotipo de la Agenda de Desarrollo Post 2015.

La encrucijada del Sr. Antonio, “Empresario familiar del año”.

La encrucijada del Sr. Antonio, “Empresario familiar del año”.

 

La historia es la siguiente: Antonio creó un negocio de la nada. Horas robadas al sueño, solicitud de préstamos, éxitos, fracasos, y de nuevo éxitos. Tras mucho luchar su esfuerzo se vio recompensado. Incluso la Cámara de Comercio Local le había hecho un homenaje, con motivo de sus 20 años de actividad económica, bajo el flamante título de: “Empresario familiar del año”. Antonio no sólo es el titular de “un” negocio, es el titular de “su” negocio, que es “su” obra, “su” creación.

Antonio en el trato con sus empleados hace gala de un cierto toque paternalista, como es habitual en las empresas en que todos se conocen por su nombre. Y con clientes y proveedores recurre a un trato personal y cercano, no en vano a los más importantes de ellos se les ha ganado a pulso durante muchos años y las relaciones son muy cordiales.

Pero ha pasado el tiempo y Antonio está al final de su vida laboral. Un momento lleno de dudas respecto al futuro de la empresa que tanto le ha costado levantar. Es el momento de plantearse la sucesión al frente de la misma.

Quizá si hubiese vendió el negocio cuando la situación económica parecía boyante ahora no existiría ninguna duda; pero no nos engañemos en aquel momento ni siquiera se lo planteó. Todavía le quedaban cuatro o cinco años para jubilarse, tiempo que entonces parecía una eternidad.

Llegó el momento de decidir qué hacer con el fruto de su trabajo. Claro que Antonio había ido a todas las charlas que desde finales de los noventa les daban en la Cámara Local de Comercio y en la Federación de Asociaciones Empresariales sobre: “la empresa familiar y su sucesión”, “la cuestión de la sucesión en la empresa familiar”, y un largo etcétera de títulos que contenían siempre las citadas palabras. Y en cada charla que había escuchado había procurado quedarse con una píldora de información que le sirviese para tomar la mejor decisión para su empresa, pero sin perjudicar a ninguno de sus hijos; porque Antonio tenía tres hijos.

Antonio pensaba en sus hijos. Cada uno tiene un perfil diferente, tanto por carácter, como por estudios, como por vocación. Y aunque admiraban a su padre por el empeño que había puesto en levantar, mantener y ampliar el negocio no sentían la misma identificación que él con el mismo. Incluso de pequeños veían que el negocio se había llevado una parte del tiempo que podían haber disfrutado en común.

Antonio había seguido las pautas que recomendaban los “expertos” que les daban las charlas. Había suscitado el interés de sus hijos en la empresa familiar; les había inculcado su propia cultura organizacional; habían rotado por los diferentes puestos de la misma; y conocían a los empleados, clientes y proveedores. Incluso les había buscado empleos temporales en otras empresas de diverso índole para enriquecer sus puntos de vista. Y como colofón había dejado a cada uno de sus hijos al frente de la empresa durante dos meses. Esto último es lo que más le había costado.

No estaba satisfecho del todo con la experiencia anterior. Aunque en general estaba contento con los tres, ninguno había llevado la gerencia exactamente igual a como él lo hacía. Ahora, Antonio pensaba que quizás el error fuese pensar que los hijos tienen que ser un clon de uno mismo.

Pero todo lo anterior es tiempo pasado, ahora toca pensar en quién dirigirá la empresa. Su hijo mayor es el más parecido a él, saca más de cinco años a sus hermanas y generacionalmente está más próximo a sus padres que a aquellas. Con él no se introducirían muchos cambios en el negocio, cuidaría a los clientes, velaría por los empleados para que siguiesen realizando su trabajo satisfactoriamente y seguiría trabajando con los mismos proveedores. Es idóneo para mantener el negocio en la llamada “zona de confort”; sin embargo, Antonio no tenía claro cuánto tiempo puede una empresa seguir en la misma con un mercado sometido a constantes cambios.

Su hija mediana posee una mente creativa, abierta al cambio y a la innovación, con un cierto gusto por el riesgo. Ponerla al frente de la empresa podría suponer muchos cambios. Y eso asustaba a Antonio, porque los empleados y clientes quizás no les entenderían, lo que causaría desafección; y los proveedores deberían adaptarse a sus nuevas demandas. Y si bien es cierto que con el tiempo podría reunir un grupo de empleados y proveedores no lo veía tan claro con la posibilidad de conseguir nuevos clientes.

Y por último su hija pequeña, metódica y racionalista. No siente ningún apego ni por clientes ni empleados, ni proveedores, para ella son sistemas de relaciones que pueden ser cambiados por otros si objetivamente la empresa va a obtener un mayor beneficio. Tampoco es que esté deshumanizada, pero sabe diferenciar perfectamente de las relacionas a título particular de las meramente laborales y comerciales.

El dilema es difícil y le está quitando muchas horas de sueño. Y menos mal que Antonio va a conservar hasta el fin de sus días la propiedad de la empresa. Porque Antonio prefiere no pensar en qué pasará cuando sus tres hijos ostenten un tercio de la propiedad de la misma.

No importa que Antonio tenga dos empleados o cincuenta. No importa que Antonio tenga una tienda de barrio, una academia o sea el dueño de una fábrica de tubos de aluminio. Lo importante es el momento crucial que se le plantea a Antonio y a otros muchos como él cuando llega este momento de su vida… Y si fueses Antonio ¿A quién pondrías a dirigir la empresa? Y ¿por qué razón o razones?

Un tomate para ser más productivos

Un tomate para ser más productivos

 

Seguramente en más de una ocasión haya pensado en cómo hacer más productivo su trabajo y/o el de las personas que le rodean (en caso de que desempeñe un rol gerencial o de responsabilidad). Si es así, la primera deducción lógica que cabe hacerse es que usted sospecha, si no es que tiene ya la certeza, de que el trabajo que se realiza por o a través de usted no rinde de la forma en que cabría esperarse. Si además tiene la voluntad de cambiar dicha situación, felicidades, pues usted es de las personas que no han hecho de tales situaciones su particular zona de confort, esa inamovilidad comúnmente conocida como mediocridad.

Básicamente, productividad es eficiencia, tal cual. Consiste en contrastar la medición de dos variables de cantidad: los recursos invertidos (incluyendo el tiempo) frente al resultado obtenido (en producto, servicio o proceso alcanzado en unas condiciones óptimas). Es un ámbito ampliamente desarrollado por la bibliografía y sujeto a permanente innovación, pues afecta directamente a los resultados de las empresas u organizaciones, siendo común encontrar cada vez más entidades de este tipo preocupadas por cómo gestionan las cosas.

En consecuencia, existen hoy en día múltiples métodos y técnicas tendentes a la mejora de la productividad, algunas de ellas basadas en un correcto uso de la planificación como herramienta de trabajo, otras en el cambio de simples pautas. Sea como fuere, es importante identificar previamente qué queremos cambiar, plantearnos por qué queremos hacerlo, y establecer cómo vamos a llevarlo a cabo.

Hablaremos de muchos de estos recursos en futuros artículos, pero hoy vamos a centrarnos en una técnica que goza de cierta popularidad, quizás porque su simpleza la hace poderosa; el hecho es que cuenta con una amplia comunidad de incondicionales que hacen de ésta una técnica digna de conocerse. Estamos hablando de la técnica Pomodoro, la cual creó un italiano en la década de los ochenta que en su época de estudiante utilizaba un temporizador de cocina con forma de tomate para gestionar sus tiempos de estudio, de ahí su nombre.

La técnica Pomodoro, pues, es una herramienta para gestionar mejor el tiempo que empleamos en los procesos de trabajo. Se basa en la repetición de pausas para mejorar el rendimiento y agilidad mental. Suena raro ¿no? Vamos pues a explicar su dinámica para comprenderla mejor.

Se trata de trabajar en periodos de 25 minutos ininterrumpidos (llamados pomodoros) centrados en una única tarea, tras los cuales se realizará un descanso de 5 minutos previo a iniciar otro periodo de trabajo que continúe con lo hecho anteriormente o inicie una nueva tarea. Tras el cuarto pomodoro, el periodo de descanso debe ser de 15 minutos. Hoy día cualquier móvil cuenta o puede contar con una aplicación que pueda usarse en tal sentido.

Es precisamente la duración de los periodos de esta técnica lo que suele ser más criticado. Para no aburrirle con detalles, concluiremos que ha de adaptarse al ritmo de trabajo de cada persona, pues es verdad que cada cual es un mundo. La alternativa al ritmo señalado es que realice periodos de 50 minutos con descansos de 10 minutos, llevando a cabo un descanso de media hora cada dos pomodoros.

La clave del proceso, en definitiva, está en centrar la atención exclusiva en la tarea que se realiza durante cada pomodoro, evitando distracciones e interrupciones. Obviamente, hay trabajos en los que esto es imposible, bien porque el teléfono no deje de sonar, bien porque el entorno sea ruidoso, etc. En tal caso, habría que optar por otra técnica, pero si los pomodoros pudieran realizarse tal y como señalamos conviene tener una libreta a mano donde apuntar todas las distracciones que hemos sufrido en los distintos periodos, e incluso por qué no lo hemos acabado; de esta forma podremos ser más conscientes de la naturaleza de lo que nos distrae y, en consecuencia, prever cómo solventarlo. Al principio es normal sufrir interrupciones, pero insistir en la dinámica expuesta supone un entrenamiento en la misma que al final logrará el resultado buscado.

El beneficio de la técnica es palpable, ya que se dirige a focalizar la atención en una tarea única, evitando distracciones durante su realización y, fundamental, quita de nuestra cabeza tareas pendientes que no harían sino hacernos perder la concentración en la tarea que estemos desarrollando. Derivado de ello, se sobreentiende que el grado de motivación que podremos alcanzar en nuestro trabajo aplicando esta técnica irá incrementándose al tiempo que vayamos constatando cómo nos ayuda en la conclusión de tareas. Además, la técnica nos ayudará a que poco a poco vayamos organizándonos mejor en nuestro trabajo.

Importante en esta técnica es saber “desconectar” en los tiempos de descanso; hay que dejar que el cerebro se relaje, de forma que aborde el siguiente periodo sin el agotamiento que produce la tarea continua.

Con todo, hay que insistir de nuevo en la idea de que esta técnica, como otra cualquiera, requiere entrenarse para lograr resultados óptimos. Reiterando su utilización y siguiendo las pautas anteriormente descritas seguramente podrás comprobar con el tiempo cómo tu nivel de concentración sobre las tareas se intensifica notablemente, así como reduces la cantidad de distracciones que entorpecen tu tarea.

¿Ha probado ya esta técnica en su trabajo? En caso positivo, ¿con qué resultados? ¿Conoce o ha probado alguna otra técnica que le haya resultado provechosa en la obtención de una mayor productividad?

La Economía Social: Breve aproximación histórica.

La Economía Social: Breve aproximación histórica.

 

La Economía Social es un concepto que en los últimos años ha empezado a sonar con fuerza. En el final de los años noventa del pasado siglo, cuando finalizaba mi formación universitaria, apenas había oído mencionar alguna vez el término, sin embargo con la llegada del actual siglo  empezó a ser un término cada vez más utilizado, en especial en el área  de desarrollo socioeconómico en que prestaba mis servicios profesionales. Resultaba todo muy  curioso, sin existir una definición que aportase certeza jurídica sobre qué era y quiénes la conformaban, existía un discurso desde las Administraciones Públicas españolas constatando la existencia de este fenómeno.

No se trataba, sin embargo, de un fenómeno novedoso, más bien consistía en la certificación de la existencia de determinadas manifestaciones de desarrollo económico que se aglutinaban en torno a una definición. La cual poseía un bagaje dentro de la literatura académica europea proveniente desde mediados del siglo XIX.

En los años que arranca este artículo, la diferencia entre España y otros países de su entorno, radicaba en que los propios integrantes de la Economía Social estaban reivindicando su papel dentro del contexto socioeconómico nacional, mientras que en Francia o Alemania tenían un peso asociativo fuerte dentro de la sociedad.

Antes de avanzar en el tema se hace necesario dar una definición que contextualice y asiente las bases del término, aunque en posteriores artículos ésta se amplié, matice, o reconfigure desde el punto de vista jurídico. Así que tomando prestada la definición de la obra del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales “Pobreza: Un Glosario internacional” , se puede afirmar que la Economía Social “se refiere principalmente a las relaciones de producción y distribución que están organizadas por el principio de solidaridad y no persiguen el lucro. Aunque el tema del lucro es muy matizable, es cierto que éste queda supeditado a otros aspectos de la actividad económica, aclarando siempre que no perseguir el lucro no significa que no busque su sostenibilidad económica.

En orden a los diferentes estudios existentes sobre la economía social se puede ubicar el nacimiento del término finalizado el primer tercio del siglo XIX. En 1830 aparece el Nuevo Tratado de Economía Social de Charles Dunoyer, un liberal francés que reivindica el papel de las personas emprendedoras y productivas en la sociedad frente a las clases privilegiadas del estado, que son las que se benefician de la actividad económica que genera quienes producen. A este autor le seguirían otros, preocupados por la situación en que quedaban los individuos ante los tremendos cambios y problemas sociales  que estaba provocando la Revolución Industrial; a la par que buscaban soluciones de base económica que les resolviesen su situación socioeconómica.

Hay que dejar claro que el término se estaba empezando a configurar, e inicialmente se refería al desarrollo económico tomando como protagonistas a las propias personas frente a la economía en sí. Este pensamiento fue desarrollado en las escuelas de pensamiento económico de la época, ya fuesen socialistas, social-cristianos, liberales o solidaristas.

En aquel periodo la Economía Social se encontraba personificada en entidades de asociación voluntaria como eran las cooperativas y mutualidades, que habían surgido como organizaciones tendentes a la autoayuda. Momento en que destaca, aunque no es el único, la figura del gran reformador social que fue el galés Robert Owen, considerado el padre del cooperativismo.

La idea del cooperativismo se fue difundiendo, especialmente por Europa, y en 1895 se crea la Alianza Cooperativa Internacional, la cual ha celebrado diferentes congresos para adaptarse a los cambios de la realidad económica. Destaca la Declaración de Manchester surgida del Congreso celebrado en dicha ciudad, celebrado con motivo del centenario de la creación de la Alianza Cooperativa Internacional, en ella definen la cooperativa como una asociación autónoma de personas que se han unido de forma voluntaria para satisfacer sus necesidades económicas, sociales y culturales en común, mediante una empresa de propiedad conjunta y de gestión democrática”.

Por otro lado hay que mencionar la propia concepción de los Estados como “sociales”, concepto que durante el siglo XX se ha ido asumiendo en el derecho constitucional de muchos países, lo cual permite un caldo de cultivo favorable hacia la Economía Social. La concepción de un estado como social significa, entre otros aspectos, la orientación de la economía al servicio de las personas. Todo esto ha ayudado al desarrollo de otras figuras que con el tiempo se han ido adscribiendo a la Economía Social, como las empresas de inserción y las formadas mayoritariamente por personas con discapacidad, entre otras.

La unión de los fenómenos “tradicionales” de Economía Social con los más novedosos están adquiriendo gran peso en el llamado Tercer Sector, que se encuentra entre lo público y lo privado.

Finalmente mencionar la definición de la Carta de la Economía Social, surgida en Francia dentro de la asociación que aglutina a empresas mutualistas y cooperativas, y que ha servido de reflejo para otros países. Dicho documento define la  Economía Social como “el conjunto de entidades no pertenecientes al sector público que con funcionamiento y gestión democráticos e igualdad de derechos y deberes de los socios, practican un régimen especial de propiedad y distribución de las ganancias, empleando los excedentes del ejercicio para el crecimiento de la entidad y mejora de los servicios a la comunidad”.

¿Te gustaría comentar algún otro hecho de interés en la historia de la Economía Social? Tú opinión es importante, compártela.

Fotografía: Por Lin Kristensen (Own work) [CC-BY-2.0 (http://creativecommons.org/licenses/by/2.0/deed.en)], via Wikimedia Commons.

 

¡Quiero un reto del cubo para mi organización!

¡Quiero un reto del cubo para mi organización!

 

Seguramente en las últimas semanas habrá podido contemplar, en televisión o en internet, cómo algunas personas “alocadas”, muchas de ellas famosas, vertían sobre sí un cubo de agua helada al tiempo que retaban a otras personas a hacer lo propio. Es lo que se conoce como el reto del cubo de hielo, todo un fenómeno que arrancó en los Estados Unidos a finales del mes de junio, y que se ha convertido en viral en este mes de agosto a partir del giro que dio en el mismo el exjugador de beisbol Pete Frates, afectado por la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), llamando a difundir el conocimiento y apoyar la investigación de esta enfermedad neurodegenerativa. En España la enfermedad afecta a unas 2800 personas.

El hecho es que partir de ese momento el reto adoptó otro valor y se hizo viral de la noche al día, fundamentalmente porque logró convertirse en un instrumento que, a partir de la intervención de Frates, ha implicado la participación de muchas personas con fama. Personalidades tan dispares como Steven Spielberg, LeBron James, Mark Zuckerberg, Cristiano Ronaldo, Neymar, David Beckam, Jennifer López, Bill Gates, José Mourinho, ¡la rana Gustavo!, Ricky Martin, Charlie Sheen, etc., son sólo algunos de los casos que, por ser más conocidos en España, mencionaremos.  Todos los que cumplan el reto están obligados a realizar una donación a las asociaciones de ELA, incrementándose significativamente si no se lleva a cabo (en España está establecido en 10 y 100 euros, respectivamente). Obviamente, si se quiere donar más dinero, mejor. A continuación, mostramos algunas participaciones en la campaña.

El reto, como todas las campañas de esta naturaleza, ha degenerado en ocasiones en otras cosas ajenas a la intención original, como videos de caídas, lesiones, tramposos, gente con pocos escrúpulos, e incluso en contadas ocasiones se han registrado muertes verdaderamente desafortunadas. La queja más común es que, en muchos casos, el reto no se ha traducido en donaciones. No obstante, el hecho es que, pese a todo esto, la campaña ha resultado ser todo un éxito, y en Estados Unidos ya lleva recaudados más de 30 millones de dólares… ¿Y en España? Pues aquí parece que las cosas están a años luz de esas cifras, pues en la primera semana del reto en nuestro país sólo se ha llegado a la cifra de 14.000 euros, aunque afortunadamente parece que está empezando a repuntar.

El hecho es que esta campaña contiene una serie de enseñanzas dignas de análisis, de las cuales cabe tomar buena nota en todas las organizaciones sociales que, desde hace unos años, han visto cómo el modelo de financiación pública se ha hundido sin solución, al tiempo que han empezado a buscar alternativas a la misma. Estas enseñanzas pueden servirnos para tenerlas en cuenta en el diseño de cualquier campaña de fundraising que queramos llevar a cabo. Vamos a analizarla.

Las organizaciones sociales, que han visto reducidos sus ingresos drásticamente en los últimos años debido a los recortes presupuestarios, tienen en modelos de campaña como ésta un referente válido como alternativa.

Involucra a las personas. Es una llamada de tú a tú. Si, ¡se dirige a ti! No se llama la atención a las personas en abstracto, implica directamente a individuos, y utiliza como canal a familiares, amigos o personas con relación profesional (u otra) que ejercen el efecto llamamiento con una efectividad que no podría esperarse si se hiciera desde una organización. Genera viralidad, convirtiendo un acto de presión inter pares en una poderosa acción social. Un hecho anónimo, como por ejemplo apagar las luces en una hora determinada, con todo el valor que tiene no genera el mismo efecto, no vincula personas.

El reto se fundamenta en la sencillez. No hemos de buscar grandes esfuerzos ni despliegues; ni siquiera hemos de invertir grandes cantidades de recursos en diseñarla. Se trata de lograr que las personas realicen un acto simple, al alcance de cualquiera, pero al que se está dando una importante carga simbólica, pues representa un posicionamiento del individuo, una muestra al mundo de cómo quiere proyectarse realizando el mismo. La mecánica, además, obliga a no salirse del guión (o por lo menos, si se hace, ha de echarse mano de mucha originalidad, como ha sido el caso del reto de Charlie Sheen).

Sobre todo, es original. No nos cansaremos nunca de incidir en el valor de lo diferente, es la llave de contacto necesaria para movilizar a las personas. Si la campaña hubiera sido hacer un llamamiento seguramente no hubiera tenido el mismo efecto. Tiene, de hecho, el “punto” de pequeña locura, de ser un acto del tipo “soltarse la coleta” que de vez en cuando nos gusta a las personas llevar a cabo. Ese tipo de detalles que nos hacen actuar y sentirnos diferentes ante el mundo son los que marcan la diferencia.

La experiencia como valor. El reto es una experiencia que conecta personas y genera o refuerza un vínculo entre ellas. Además, contribuye a una causa benéfica que refuerza dicho vinculo, que es en definitiva donde se enfoca todo lo que gira en torno al mismo. Un gran acierto de esta campaña ha sido, sin duda, centrarse en el colectivo afectado y no en las organizaciones.

Los beneficios de una campaña de este tipo son múltiples para una organización (o conjunto de éstas), pues en primer lugar sensibiliza e informa a la ciudadanía sobre un problema o la situación de un colectivo concreto, lo que abona el terreno para, aprovechándolo sabiamente, futuras acciones. En segundo lugar, llama a la acción de las personas, muchas de las cuales pueden vincularse con nuestra organización bien de forma directa (como voluntarios, por ejemplo, si es el caso), o indirecta (haciéndose socios de la misma). Y, en tercer lugar, puede llegar a suponer un impulso financiero importante, algo con lo que construir el futuro de la misma organización. En España no tenemos muchas referencias de éxitos similares en alguna organización; quizás el caso más importante fue el de Intervida, pero que en pocos años se vio sacudido por una mala gestión, ahogándose del mismo éxito que la encumbró. No lo olvides, más importante que la organización es siempre el colectivo al que dirige su actividad; ese enfoque puede ayudar a gestionar la misma sabia, eficazmente y con responsabilidad.

Los puntos débiles son básicamente dos. Uno, ser conscientes de que esto es puntual, una moda que intentaremos se haga popular, y que si lo logramos se irá tan pronto como ha venido. Mientras dure, hay que poner toda la carne en el asador y tener a toda la organización volcada con la misma, apareciendo en medios, organizando actos, simultaneando con campañas de afiliación, etc. Y dos, tenerlo todo lo mejor atado posible para que la campaña no se desvirtúe en plena ejecución; siempre hay alguien que hace algo diferente que puede cambiar totalmente el sentido a todo lo que hasta entonces se ha hecho, con efectos contraproducentes. Por todo ello, hemos de enfocarnos en el diseño y la planificación, no dejar nada al azar; y, con todo, siempre pueden pasar cosas inesperadas…

En definitiva, lograr dar en la diana y diseñar una campaña de este tipo puede ser una oportunidad única para una organización, algo que nos va a pasar sólo una vez en la vida. Es muy difícil que nos salga bien, tal como ha pasado con este reto, pero intentarlo bien podría valer la pena ¿no lo cree?

¡Ah! No deje de visitar la web de la Asociación Española de ELA, donde dan seguimiento a la campaña en España, y en la que con poco se puede ayudar mucho.

¿Cuál es la experiencia de captación de recursos financieros más satisfactoria en su organización? ¿De qué elementos constaba? Deje su opinión.

Fotografía: Por Rauglothgor (Own work) [CC-BY-SA-4.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0)], via Wikimedia Commons.