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Sobre el pasado y el futuro del comercio local.

Sobre el pasado y el futuro del comercio local.

 

El comercio local ha sido uno de los sectores de actividad económica qué más cambios ha experimentado en los últimos años. Secularmente hasta mediados de los años noventa del pasado siglo apenas había experimentado modificaciones, salvo por la ampliación de los catálogos de sus productos. Ya fuese rural o urbano, habitualmente se estructuraba en torno a núcleos familiares que lo regentaban. Y cuanto menor era la competencia de otras tiendas similares mayor era el surtido de productos que ofrecía. Recuerdo especialmente mis frecuentes escapadas a mis orígenes familiares, por diferentes municipios de poco más del centenar de habitantes con una única tienda en cada uno de ellos. Llegar allí era encontrarse con una multitud de productos  hábilmente apilados para aprovechar cada centímetro cuadrado del espacio disponible: bombillas para la luz a 125 convivían con velas de cera (necesarias por los frecuentes cortes de luz), conservas, etc. Creando un posicionamiento de productos en las estanterías incomprensible para los profanos.

En la década de los años 60 y 70, los comercios locales del ámbito urbano sufrieron su primer momento de “amenaza” con la creación de las cadenas de supermercados pensadas para los nuevos barrios generados a raíz del éxodo rural al medio urbano. Aun así seguía habiendo una población de consumidores suficiente como para que conviviesen estos diferentes enfoques de comercio. Aunque el comercio local se percató de que existía otra forma de realizar el mismo trabajo.

Sin embargo a mediados de los años noventa, aunque el proceso llevaba gestándose una década, ya se habían instalado grandes superficies comerciales por todas las capitales de provincia, pensadas para cubrir las necesidades en una gran gama de productos y para un espacio geográfico amplio. Y sobre todo con unos precios muy competitivos, y es que no es lo mismo, por poner un ejemplo, comprar los refrescos por cajas de 200 unidades que por camiones, los precios de fábrica varían bastante. Superficies que además hábilmente conjugaban y conjugan  el ocio junto con otras actividades comerciales y de hostelería.

Un hecho considerado uno de los cambios socioeconómicos que se produjeron en España, catalogado como una conquista social, vino a impulsar el proceso anterior: la posesión del automóvil. Lo cual dotaba de unas posibilidades de movilidad a la población hasta ahora desconocidas. La gente que vivía en un  pequeño municipio o en un barrio no le costaba tanto desplazarse, ni en tiempo ni en dinero, como hacía una o dos décadas.

Lo anterior suponía para los clientes que además de la oferta de ocio y de servicios podían tener una mayor variedad de productos, con diversas gamas, y a precios más económicos. El comercio local, que hasta entonces había tenido escasa o nula competencia, no sabía cómo afrontar la nueva situación. Optando mayoritariamente por la postura más conservadora, es decir reivindicarse por lo que venían siendo tradicionalmente pero sin afrontar un proceso de cambios. Y esta actitud ha sido la mayoritaria durante un largo periodo de tiempo. Realizaron, y realizan,  campañas enfocadas al sentimentalismo, pero olvidando que el cliente lo que busca mayoritariamente es precio. Y esto no se lo pueden reprochar a un cliente sí evidentemente el propietario de la tienda también busca el mejor precio entre sus proveedores.

Aunque una parte del comercio local está reaccionando y manteniendo su posición en el ámbito local en que tradicionalmente estaba presente. Y como ejemplo que lo ilustra el siguiente hecho:

Hace unos días tuve que hacer unas compras y pasé al nuevo establecimiento que acababa de abrir hace dos semanas el ferretero de mi barrio, ubicado frente a la ferretería que regentaban sus padres y en la que él trabajado más de 20 años. El hombre es un profesional del sector en toda la extensión de la palabra, amable de trato, con conocimiento de sus productos y siempre dispuesto a orientarte en cómo utilizar los mismos. En diferentes ocasiones hemos hablado sobre el declive del comercio local y la necesidad de adaptarse a la nueva situación. Y como me contestó cuando le felicité por el cambio que había dado a su negocio: “Renovarse o morir”. Para lo cual ha realizado algunos cambios que son extrapolables para otros tipos de comercios locales, y que a modo de pautas se exponen a continuación.

Especializarse en una serie de productos. La lucha contra las grandes superficies, o las ferreterías industriales, de su sector por variedad de productos está perdida, al comercio local le exigen un altísimo coste en adquisición de productos que permanecerán almacenados largo tiempo. El nuevo comercio local tiene que ser referente en productos concretos. La especialización también puede suponer un cambio o ampliación en la denominación, en este caso ha pasado a ser una “cuchillería-ferretería”; y en otros ejemplos de tiendas de ultramarinos se titulan “delicatesen”, o “especialistas en corte de jamón a cuchillo”, por poner algún ejemplo.

Escuchar las necesidades de los clientes. En cuarenta años los clientes, sus costumbres y sus necesidades en su relación con el tipo de comercio han cambiado. Por ejemplo, ya no se hacen tantos agujeros en la pared, pero sí en cambio se está generalizando el uso de pegamentos y diferentes sistemas de sujeción que evitan hacer agujeros. Esto entronca con el apartado anterior ya que la especialización hay que buscarla en las necesidades del cliente, siendo conscientes que las necesidades cambian.

Trabajar la calidad, pero sobre todo hacer que el cliente la perciba. En la lógica de tiempos pasados se pensaba que algo por ser caro era bueno, sin embargo el cliente ahora es diferente, se le bombardea continuamente con ofertas, productos alternativos, etc. El cliente debe ver claramente que si el producto puede suponerle un mayor coste es porque posee mayor calidad, y que en base a ésta decida su adquisición.

El local donde se realiza la actividad es importante. De un local estrecho y alargado iluminado por luz artificial ha pasado a un escaparate más amplio que deja entrar una gran cantidad de luz natural. Un escaparate bien organizado y atractivo al cliente, huyendo de ese criterio tradicional y muy generalizado hace años de que en el escaparate había que tener cuantas más cosas mejor, y no tener un hueco libre; lo que ocasionaba cierta semejanza con los tenderetes de mercadillo.

La disposición de los productos en el interior del establecimiento dice mucho de tu negocio. En el ejemplo que relato se ha pasado de un espacio en que un mostrador en forma de “L” invertida impedía el acercamiento a los productos, a verse arropado por los mismos. Esto facilita que el cliente tenga cerca los productos y puede sopesar las distintas opciones para su necesidad. A lo que hay que añadir las pautas comunes sobre posicionamiento en altura de los productos, inexistencia de huecos libre de un producto en las estanterías y un lugar para ofertas destacadas.

Evidentemente todo hay que aderezarlo con las habilidades del vendedor ya descritas que le convierten en un profesional. Si se analizan los establecimientos de nueva apertura de este sector se perciben la aplicación de estas pautas con carácter general, a lo que añaden una ubicación que busca la proximidad del cliente.

Si posees un comercio local, en tu caso específico ¿cómo has reaccionado ante el nuevo panorama? ¿Has aplicado alguna otra pauta para tu negocio  que pueda ser usada con carácter general para potenciar el comercio local? 

Seis razones por las cuales tu negocio es importante para tu entorno

Seis razones por las cuales tu negocio es importante para tu entorno

 

Seis de la mañana.  Abres lentamente las rejas de tu local para no despertar a los vecinos que a esas horas seguramente disfruten de la fase Alfa de sus sueños. Entras, te pones el mandil y te dispones a empezar la jornada mientras por la puerta entra Marta, tu ayudante. “Buenos días“, te dice educadamente mientras emite el último bostezo de la mañana, previo a ponerse también a la tarea. Replicas con el mismo saludo, y comenzáis a preparar las masas, hornos, envoltorios y paquetes. Al rato, aparece Rafa, el distribuidor, que trae la harina, azúcar y leche necesarias para la jornada. Un par de horas después, la pastelería emite un agradable y característico olor que señala la hora de apertura al público, que acude en lento goteo a la llamada de sus sensibles olfatos. “Una barra calentita, por favor“; “deme dos cruasanes“; “necesito un pastel de cumpleaños para esta tarde“… son algunas de las peticiones que se escuchan a lo largo de la mañana. Tras el turno de la comida toca reincorporarse, inventariar, comprobar los pedidos hechos por la mañana, atender a los últimos clientes y dejar todo limpio y preparado para la mañana siguiente. Son ya las ocho en punto. Has echado todo el día en la pastelería y toca ir a casa con los tuyos, a disfrutar de las pocas horas que quedan del día con tu familia, previo el merecido descanso.

Lo anterior, ejemplificado en una pastelería, bien podría extrapolarse con pocas diferencias a cualquiera de los negocios locales existentes en nuestros barrios o pueblos. En este relato están contenidas muchas de las relaciones y situaciones que se establecen a través de los negocios locales, con variaciones en función del tipo, tamaño, funcionamiento, etc., pero en definitiva unas características que los hacen únicos y fundamentales para el medio donde se ubican, más allá de ser el medio de vida de sus propietarios. Veamos algunas.

Generación de empleo. Es un tópico, “los negocios locales no tienen apenas capacidad de generar empleo“, lo que explica en gran parte la escasa atención que reciben. Sin embargo, este argumento choca con la realidad: España es un país de autónomos y pymes de entre 1 y 9 asalariados (entre ambas representan el 95,8% del tejido empresarial español). Además, el conjunto de las pymes generan el 63% del empleo empresarial. Dicho en plata, tu negocio pertenece a la categoría de los que contribuyen más a mantener la economía del país; si además tienes asalariados, el impacto social de tu actividad es invaluable. Piensa en todo lo que implica.

Fijación de población. Es una consecuencia de lo anterior, si una persona tiene un trabajo, normalmente se queda a vivir en el entorno. Éste es un aspecto muy importante en el medio rural, muy especialmente en aquél lejano de los centros urbanos, y cuya economía y vida social gira fundamentalmente en torno a los recursos existentes en el medio. Además, la población en general tiende a quedarse allí donde tiene garantizados los servicios básicos, que es por otro lado un medidor fiable de la calidad de vida que puede tener un lugar determinado. En resumen, directa o indirectamente tu negocio ayuda a que el territorio donde se inserta tenga futuro.

Contribución a la economía local. Una de las características más destacables de los negocios locales es que suelen proveerse de otros negocios locales, contribuyendo así a que aquellos sean también viables, y con ellos los proyectos de vida de las personas que los gestionan. Dicho de otra manera, la economía local suele, en mayor o menor medida, retroalimentarse. Paco el distribuidor, Daniel el proveedor de materias primas, Pepe el productor, Mariano el del servicio técnico, María la abogado, Ana la contable, Juan el mensajero, Lola la mujer de la limpieza, Teresa la de la droguería… todas éstas pueden ser personas que también regenten un negocio que dependa de otros como el tuyo. La conclusión es que cada euro gastado en negocios locales genera un impacto, directo e indirecto, mucho mayor que si lo empleamos en grandes negocios, que deslocalizan dicho valor.

Apuesta por la producción local. Los negocios locales suelen proveerse de los mercados locales y/o regionales, en contraste con las grandes cadenas comerciales, que suelen comprar al por mayor a productores que no tienen porqué operar en los mercados locales, y que en muchas ocasiones incluso suponen la entrada de productos que distorsionan los precios de la producción local. Comprar local supone apostar por el pequeño productor, por la diversificación de productos y por la pervivencia de formas productivas muchas veces únicas.

Calidad, salud y ecología. En el medio local es común encontrar leche que sepa a leche, tomates sin igual, melones dulces, pan crujiente, artesanía única, etc., incluso si hablamos de barrios urbanitas, pues aquí también encontramos muchos negocios que prefieren proveerse de productores locales. Los “productos ecológicos”, o la “artesanía local”, tan de moda actualmente, existen en el medio local desde la noche de los tiempos. Consumir local es consumir calidad y ganar en salud, no hay punto de comparación; la forma de producir dista mucho de la que utiliza la gran industria. Además, se contribuye significativamente a mantener la diversidad genética y de especies. Si quieres un último argumento a favor, los circuitos comerciales locales son mucho menos contaminantes, ya que su recorrido es corto, lo que contrasta con los miles de kilómetros que determinados productos de las grandes superficies recorren hasta llegar a éstas.

Lugar de encuentro. Si tu negocio es de aquellos que tienen mostrador, seguramente será punto de encuentro de vecinos, donde al tiempo que compran aquello que ofreces pueden saludar y hablar a sus conocidos. No es un aspecto baladí éste de la socialización, todos tendemos a vivir allí donde nos sentimos a gusto, a no ser que no nos quede otra opción. Además, si tu negocio se inserta en una calle donde hay más negocios, seguramente entre todos habréis logrado que el Ayuntamiento acondicione la vía y la haya dejado funcional y transitable. ¿No contribuye pues tu negocio a que el lugar donde se inserta esté vivo y sea agradable?

Éstas son algunas de las razones por las cuales tu negocio es importante para el medio donde se inserta. Es para sacar pecho, pues el impacto que tiene sobre la economía real y sobre la calidad de vida de las personas es, como hemos visto, importantísimo.

¿Se te ocurre alguna razón más por la cual la economía local es importante para el territorio donde se desarrolla? ¿Tienes alguna experiencia destacable en tal sentido?

Me pone cuarto y mitad de emprendedores…

Me pone cuarto y mitad de emprendedores…

 

Llegó el nuevo siglo, el XXI. Y de pronto la palabra “emprendedor”, a la que durante mucho tiempo se la había tenido relegada a la literatura académica, se puso de moda. Principalmente influenciados por los ejemplos de nuevos empresarios que venían de los Estados Unidos, especialmente en el mundo de las entonces Nuevas Tecnologías de la Información y Comunicación (actualmente el “Nuevas” sobra).

Los emprendedores habitualmente eran gente joven, que habían aplicado soluciones innovadoras a los problemas que habían detectado, que habían asumido grandes riesgos, que habían triunfado (algunos con anteriores y sonados fracasos, pero se habían logrado sobreponer)… y que de pronto estaban en todos los medios de comunicación. Personificaban la imagen del éxito.

Y mientras tanto en España… el momento era dulce. Se generaba empleo; se tomaban medidas fiscales de apoyo a las empresas; España se miraba en el espejo de las potencias económicas mundiales; se hablaba de cambiar el modelo productivo, y se nos familiarizó con el concepto de I+D; se veían alternativas a la alta tercerización de la económica española,… pero se olvidaban que el gran financiador estaba siendo la Unión Europea y que esto tenía fecha de caducidad. Sin entrar en porqué no hicieron caso a los economistas que pedían aprovechar esta coyuntura para meter cambios estructurales en la economía española, el hecho cierto es que se han vuelto las tornas con efectos negativos corregidos y multiplicados sobre el peor de los escenarios ya vividos.

Pero volviendo a los albores del siglo… deslumbrados por el fenómeno de emprender, o emprendimiento,  la palabra “emprendedor” se hizo habitual en un gran número de niveles de la sociedad. Las asociaciones de empresarios empezaron a renunciar al término “empresario” y a proclamar que la “e” de sus iniciales era de “emprendedor”. Para los medios de comunicación casi todo empresario era emprendedor, y curiosamente sólo veíamos casos de éxito. Las universidades empezaron a preocuparse por el novedoso fenómeno, descubriendo la larga literatura académica de más de un siglo de antigüedad del mundo anglosajón y germánico. La banca creando líneas específicas para emprendedores. Sindicatos de diverso índole empezaron a asesorar hacia el fenómeno del emprendimiento, en especial con relación al colectivo de mujeres emprendedoras. Y cómo no, el estamento político, que guiando a las Administraciones Públicas, llenaron el país de convocatorias y programas con el emprendimiento como razón de ser, lo cual es una buena herramienta si sabe utilizarse.

En vez de canalizar la inquietud por un fenómeno socioeconómico hacia su conocimiento, definición, valoración, difusión y apoyo; se optó por empezar a cambiar las denominaciones de los planes de fomento de creación de empresas por emprendedor, sin apenas entrar en el fondo del fenómeno, cualquier profesional que desease realizar una actividad económica, con independencia de su características  tamaño, pasaba a ser denominado emprendedor.

Volvimos a demostrar un rasgo español muy característico a lo largo de la historia: todo el mundo iba a ser emprendedor “por imperativo legal”. Al igual que todos los visigodos adjuraron del arrianismo, por orden del rey Recaredo, para convertirse al catolicismo romano y así ir de la mano con los hispanorromanos,  de pronto todo aquello que oliese a actividad económica era emprendimiento.

Mi experiencia personal de aquellos años, era la de ver el uso abusivo abusaba de la palabra, pero a la vez existía una gran indefinición. Charlas, jornadas, cursos… en todos se hablaba de los emprendedores, se les caracterizaba por los rasgos que manifestaban o se creía manifestaban esos ejemplos que nos llegaban de otros países. Se buscaba a los homólogos nacionales de aquellos, etc. pero no se entraba de lleno en definir claramente los límites entre lo que era un fenómeno netamente emprendedor de un empresario al uso. Y no quiere decir todo esto que no existiese una gran cantidad de buena voluntad y de convencimiento, más bien al contrario, era todo tan excesivo que el emprendedor paso  a ser “La gran esperanza”.

Se pensaba en reformar todas las etapas del sistema educativo para generar un caldo de cultivo favorable al emprendimiento, desde los parvularios hasta las universidades. Para lo cual se intentaba emular el sistema educativo anglosajón, donde se da más importancia, por ejemplo, a la creatividad, el debatir y el individualismo, frente al aprender de memoria y al concepto del grupo. Pero todo ello sin modificar el resto del sistema que lo rodea. 

Se opinaba y opina sobre cómo debe ser el emprendedor ideal, aunque habitualmente desde estamentos que no habían sido tradicionalmente ejemplo de emprendimiento.

Emanaba y sigue emanando el discurso del “arriésgate para tener éxito”, “aunque sea difícil si te esfuerzas lo conseguirás”, “no pienses, actúa”, “y si fracasas no pasa nada”… debe ser porque somos una sociedad tan tolerante con el fracaso, que aquí se ejemplifica cada día la expresión de hacer leña del árbol caído. Sin olvidar que a quien inició su actividad económica y dejó alguna deuda con las Administraciones Públicas, esas que le animaron a emprender, le persiguen vía fiscal y con recargo de intereses hasta el último euro que gane hasta saldar la deuda.

He asistido a conversaciones en que se justificaba que cada persona que tenga una idea debe ser emprendedora, así sin más matices. Afirmación rotunda que algunos poníamos en duda, y es que nuestros interlocutores se olvidaban que no éramos uno de los recién titulados a los que les imparten charlas motivadoras sobre lo bonito que es el emprendimiento. Creo firmemente en el emprendimiento y sus posibilidades, pero con cabeza.

Personalmente tengo la sensación de que en general se ha concebido el proceso de generar las condiciones óptimas para emprender como una actividad industrial más que un cambio de mentalidad, no sólo de los potenciales emprendedores, sino de toda la sociedad. Algo así como que por el mero hecho de acabar una formación superior y haber recibido algunas asignaturas sobre creación de empresas y charlas motivadoras, para los discursos públicos ya se es un emprendedor. No me extrañaría que algún genio pensase en crear la titulación de Emprendedor en esto o lo otro. Y ese día el gobernante de turno dijese: “Póngame cuarto y mitad de emprendedores, que tengo que demostrar lo dinámica que es España y lo bien que va”.

¿Piensas que se está abordando con conocimiento el tema del emprendimiento? ¿Tienes la sensación de qué han institucionalizado la figura del emprendedor?

Cuando la Administración Electrónica falla…

Cuando la Administración Electrónica falla…

 

En las últimas semanas he estado “experimentando” con la Administración Electrónica, también llamada e-Administración, con la intención de valorar su funcionamiento y aprovechando que tenía que llevar a cabo unos trámites; qué mejor momento sino para realizarlo, pues llevaba mucho tiempo con la idea en la cabeza de escribir al respecto. La razón, pues que éste ha sido siempre un tema recurrente de conversación con distintos profesionales, y que gira siempre en torno a la forma en que se usa y si realmente es eficaz y eficiente.

El hecho es que cualquier gestor, sea un trabajador autónomo, una empresa, una organización civil o un gobierno local, por poner unos casos, tiene en un momento dado que utilizar este canal para satisfacer las obligaciones de su entidad con la Administración o para llevar a cabo cualquier tipo de trámite con aquella. Muchas de las gestiones que hasta ahora teníamos que realizar presencialmente son, de esta forma, llevadas a cabo sin moverse de la oficina o de casa: pago de impuestos, comunicaciones, solicitudes, consultas, etc., y todo ello con la misma validez jurídica que si se realizaran en persona. Da igual que seas de la vieja escuela y prefieras ir de ventanilla en ventanilla, hoy día ya existen trámites de obligada cumplimentación digital, una tendencia que se va consolidando y que en unos años será la norma.

Nadie duda de las virtudes que tiene, pues supone un ahorro considerable en el tiempo que la Administración te obliga a dedicarle, y que al fin de cuentas, es tiempo de tu trabajo. Evita papeleos, desplazamientos, colas, situaciones imprevistas, etc., todo son ventajas… hasta que falla. Y es que, sobre todo si lo has dejado para última hora, si hay “algo” que no funciona en la utilización de la e-Administración, las alarmas se disparan, los nervios se exacerban, y seguramente de tu lengua salgan palabras en un idioma que creías desconocer, pues está en juego tu tiempo, o lo que es peor, pone en riesgo el cumplimiento en tiempo y forma de la obligación de tu entidad, con consecuencias que pueden llegar a ser importantes.

Pues bien, al grano. En las últimas semanas, y aprovechando que tenía distintos trámites electrónicos que realizar, me propuse tomar nota de toda contingencia y del efecto que sobre la actividad que desarrollaba en ese momento tenía. Obviamente, esto es un poco tendencioso, pues estoy acostumbrado a este tipo de casos y puedo más o menos predecir cómo se va a desarrollar todo y qué he de hacer si hay algún problema (que no siempre se tienen), pero en todo caso quería reflejarlo, pues no todo el mundo se siente cómodo ni con este tipo de tramitación ni con las “insondables” tecnologías, y mucho menos entiende cómo ha de actuar. Vamos allá.

Los trámites que personalmente he necesitado llevar a cabo durante estas últimas semanas, tan azarosos como los que pueda necesitar usted realizar en un momento dado, son los siguientes, con indicación de la duración que cada uno me ha supuesto:

– Trámite con Hacienda: Una tarde entera (4 horas). Vaya por delante que creo que Hacienda es, en términos de e-Administración, lo que mejor funciona de largo en este país. Sin embargo, he tenido una contingencia, un aspecto a priori insignificante pero que ha alargado el trámite sustancialmente, al tiempo que una actitud resignada para abordarlo: un campo que no reconoce el valor introducido como válido y que paraliza todo el trámite. Le doy vueltas, pruebo, vuelvo a intentarlo, incluso repito el trámite entero… nada. Es el momento de consultar, pero como tengo un par de días para esperar una respuesta a un correo electrónico, busco en las FAQ… nada. Queda Google, a ver si a alguien le ha pasado algo igual o similar y puede indicarme el camino… bingo. Resulta que la solución es tan sencilla como presentar el dato de otra forma. Fácil ¿no? Pues llegar a ello ha supuesto perder varias horas de trabajo, y encima encontrando la solución en canales no oficiales.

– Trámite con un organismo de ámbito nacional: Tres semanas. Éste me desesperó. El caso es que la tramitación electrónica era ya de partida complicada para un usuario convencional, pues implicaba modificar un archivo pdf e incrustarle imágenes… me las vi y me las desee, e incluso tuve que llevar a cabo varios intentos, pues las imágenes debían cumplir una serie de requisitos (que no hacen más que suponer más tiempo). Hubo un momento que pensé desistir y hacer lo que me sugerían los funcionarios, mandarlo por correo ordinario, pero me dije a mí mismo que no, que si ofrecían un canal electrónico yo iba a utilizarlo y el trámite iba a ser exitoso, pese a que ellos mismos no me lo recomendasen. Al final, seguro de haber hecho todo bien, resulta que el trámite no es posible. Empieza en ese momento un cruce de correos con los técnicos al otro lado, que sea dicho de paso, no son precisamente ágiles en la respuesta, y mucho menos eficaces, pues tienen la curiosa costumbre de tratar a la gente como si fueran analfabetos digitales y de sugerir pasos que tiempo ha llevé a cabo. Al final, tras algunos momentos tensos, di con otro técnico, que no se sabe por qué, enfocó el tema saliéndose del guión, práctico, agilizando las cosas. Al final todo se resumía en una cosa tan banal como la necesidad de contar con una versión antigua del motor de Java. Tres semanas para ello ¡ojo!

– Trámite con la Administración regional: Un par de minutos (por no perder días).  Esto venía de largo. Se trata de un trámite en principio sencillo, con acceso a través de certificado digital o DNI electrónico. El hecho es que no sé por qué, dicho acceso es materialmente imposible, no funciona. Hace meses mandé una serie de correos a dicha Administración y, casualidad, tuve que dar con funcionarios primos hermanos de los que mencioné anteriormente en primer lugar, pues el caso es que, además del trato condescendiente, al final me quedé como al principio y con la sensación de que era yo el que no usaba bien el recurso, y que éste iba como la seda (el caso es que no me ofrecieron más solución que volver a intentarlo). Al final, opté por una opción alternativa que no requiere de dichos medios, que por algo existirá…

¿Algo de lo expuesto te ha resultado familiar? La verdad es que la e-Administración suele funcionar más o menos correctamente, y cuando lo hace es fantástica. El problema viene cuando surgen esos “pequeños inconvenientes”, pues la ventaja muta a unas pérdidas de tiempo y a un estado de nervios tal que no lo vale, y que además redunda negativamente en nuestra actividad. Sin ánimo de generalizar, vaya por delante, pero en uso del sentido común, dos son los principales problemas que entiendo tiene la Administración con este recurso:

El primero, es un problema de actitud, la “manía” que normalmente tiene de ser el centro de atención, y que también se traslada en este ámbito, dejando lo del servicio público en segundo plano. La e-Administración está hecha a medida de aquella, y el ciudadano ha de amoldarse a ella y no al revés. Salvo honrosas excepciones, suele ser rígida, poco intuitiva, farragosa, con soluciones enciclopédicas y poco ágiles. Genera además dependencia de la propia Administración (uno a veces duda de los motivos de fondo que responden a tal complejidad), y el trato dispensado por los funcionarios, cuando se da, no es tampoco flexible ni se amolda a las características y necesidades de cada cual, cuando no tiene una pátina paternalista que es bastante denigrante, la verdad. En este sentido, y pese a otros problemas que tiene, el ámbito privado está muy por delante de la Administración.

El segundo, la dificultad técnica que hoy por hoy supone la e-Administración. ¿Cómo se come que dependiendo de con que Administración u Organismo tenga que realizar un trámite necesite unos requisitos técnicos diferentes? Es más, las formas de tramitar un mismo asunto llegan a ser muy dispares, y en ocasiones requiere seas, no un experto, pero sí un ser altamente avezado en tecnologías. El hecho de no avanzar porque una casilla no me lo permita, o porque no tenga una evaluación técnica de los requisitos previos que cumplo, son ejemplos básicos que, reafirmando además lo expuesto anteriormente, pueden hacer de esta experiencia un auténtico calvario para aquél que no tenga tiempo y varios frentes abiertos como para que encima la propia Administración “fagocite” tu disponibilidad. Me gustaría ver algún día un estudio sobre el coste que para el sector privado tiene la relación con la Administración.

Sin eludir la responsabilidad que cada cual tiene en el uso correcto y eficaz de las tecnologías, lo expuesto no hace sino poner de relieve que la Administración tiene todavía un largo trecho que caminar en hacer que las relaciones que tiene con la ciudadanía, y por extensión y especialmente con el tejido productivo y social, mejoren sustancialmente en facilidad, adaptabilidad y flexibilidad del uso sin perder garantías y eficacia jurídica. No en vano, en España el uso de las tecnologías todavía está muy lejos de considerarse eficiente y adecuado, razón de más para incrementar esfuerzos en tal empeño.

En tu caso, ¿Qué experiencia tienes en el uso de la e-Administración? ¿Qué puede suponer para tu entidad tener un problema administrativo derivado de su uso?

¿Qué significa la economía y el emprendimiento verde? (y II)

¿Qué significa la economía y el emprendimiento verde? (y II)

 

Aunque existe diverso material publicado, en ocasiones con diferencias de matiz, con clasificaciones de las actividades susceptibles de ser generadoras de empleo verde, me ceñiré, por tomar un referente, a la Guía de empleo verde de la Federación Española de Municipios y Provincias. Según esta Guía quince son los “yacimientos de empleo” que lo componen: tecnologías de la información y comunicación; ecoindustria; tratamiento y depuración de aguas residuales; gestión y tratamiento de residuos; producción de energías renovables;  gestión de espacios naturales protegidos; producción de energías renovables; gestión de espacios naturales protegidos; gestión de zonas forestales;   servicios ambientales a empresas y entidades; educación e información ambiental; agricultura ecológica y ambiental; rehabilitación y edificación sostenible; turismo sostenible; transporte sostenible y transformación del sector del automóvil; economía de la biodiversidad; y silvicultura.

Es evidente que entre todas estas actividades las hay que ya se venían realizando, con una trayectoria más o menos larga, como por ejemplo el tratamiento y depuración de aguas residuales y la gestión y tratamiento de residuos. Y otras que pueden ser novedosas para los fines concretos de la economía verde, como la aplicación de las tecnologías de la información; o surgidas en torno a ella, como la ecoindustria.

También está claro que no todas pueden ser desarrolladas, con carácter general, por un promotor o grupo de promotores debido a las altísimas inversiones. Lo mismo que algunas de estas actividades están supeditadas a la obligación de prestar servicios que tienen las Administraciones Públicas.

Lo mismo que no todas las actividades tienen porqué repercutir directamente sobre el medio rural y su población, ya que la empresa que las realiza puede no tener presencia en el mismo, y acudir sólo a prestar un servicio determinado o crear desde otro ámbito ajeno al que va a repercutir alguna tecnología al servicio de esta economía.

No obstante sigue habiendo margen para que profesionales y PYMES, es decir la inactiva privada desarrolle una actividad económica que genere empleo y riqueza “por”, “en” y “para” el medio rural. No hay que olvidar nunca que estas actividades participan de la sostenibilidad.

La economía y el empleo verdes se configuran mayoritariamente para que su acción efectiva repercuta sobre el medio rural o altamente ruralizado. Evidentemente un medio urbano necesita de gestión de aguas, residuos, control ambiental, etc. pero habrá actividades que por sus propias características no puedan desarrollarse. No imagino a una gran urbe con sus espacios periurbanos, básicamente formados por ciudades-dormitorio, realizando actividades a gran escala de silvicultura.

A nivel de generar actividad económica puede adquirir mayor relevancia en aquellas zonas adscritas al medio rural y atomizadas por los llamados pequeños municipios,  ya que fuera de las actividades agroganaderas que se venían desarrollando tradicionalmente no suelen existir otras alternativas para generar actividad económica más que aquellas que dan un soporte de servicios mínimos a su entorno, como por ejemplo el comercio de proximidad.

Como aclaración decir que en España se entiende por “medio rural: “el espacio geográfico formado por la agregación de municipios o entidades locales menores definido por las administraciones competentes que posean una población inferior a 30.000 habitantes y una densidad inferior a los 100 habitantes por km2”, acorde al artículo 3 de la Ley 45/2007, de 13 de diciembre, para el desarrollo sostenible del medio rural.

También es interesante para las personas que habiten o desarrollen su actividad profesional en el medio rural el plantearse el empleo verde como complemento a su medio de vida en el mismo, al igual que el turismo rural en su día se pensó como complementario a la agricultura y ganadería se puede seguir aplicando esta filosofía. Y no sería tan extraño que quien tenga una explotación ganadera acabe creando una granja-escuela; o quien realizaba obras de construcción y albañilería en el medio rural reconvierta parte de su actividad hacia la rehabilitación y edificación sostenible, que no es ni más ni menos que recuperar los elementos y métodos tradicionales de construcción, mucho más respetuosos con el medio ambiente.

Por otro lado no hay que perder de vista el potencial que tiene la producción ecológica, tanto agrícola como ganadera. Cada vez están sufriendo un mayor desarrollo este tipo de mercados, normalmente sin intermediarios a través de redes de consumidores. Al igual que el turismo sostenible enfocado a integrar otros yacimientos de empleo verde con las prácticas habituales del turismo rural. Y también todo lo referente a la educación y formación ambiental que transversalmente podría complementar a todas las actividades mencionadas en este y el anterior párrafo.

Y finalmente, aunque existen más ejemplos, están las posibilidades de la silvicultura con la finalidad de producir cultivos agroenergéticos, ordenar forestalmente y prevenir incendios. Y sin olvidar algo tan sencillo como es proveer de leña a las estufas y calderas que debido al crecimiento del precio de otros combustibles se están volviendo a instalar.

Evidentemente poner en marcha una actividad económica, ya sea tradicional o novedosa, no es cosa fácil y menos en un contexto en que según los diferentes estudios existe un halo de pesimismo. Ante esta situación se hace necesario reivindicar el papel que puede jugar la Administración Local como promotor de iniciativas que generen actividad económica, así como los Grupos de Acción Local a la hora de fomentar la idea del empleo verde entre la población local y como apoyo a los emprendedores con sus instrumentos financieros.

Finalmente preguntarte: ¿ves factible en el entorno rural qué conoces el desarrollo de empleo verde? ¿Tienes alguna experiencia promoviendo un proyecto de empelo verde, cómo fue? 

Siete claves para elegir un espacio para tu negocio local

Siete claves para elegir un espacio para tu negocio local

 

¿Tienes ya todo preparado para lanzar tu negocio? Diseño, financiación, proveedores, estrategia de ventas… tu Plan de Negocio está cerrado y todo calculado, sólo te falta encontrar un local adecuado, a la vista de todo el mundo y que permita que potenciales clientes puedan visitarte y comprar tus productos. Un pequeño contratiempo, pero esencial para dotar a tu actividad de viabilidad, y cuya búsqueda sin duda te estará dando más de un quebradero de cabeza. Vamos a intentar ayudarte en tal empeño con una serie de pautas orientativas, esperando que alguna de ellas sea útil en tu caso. Antes de nada, tranquilidad, ésta seguramente sea una decisión muy importante para ti, y no conviene precipitarse; una mala elección puede arrastrar fatales consecuencias por mucho tiempo y ser decisiva para la buena marcha de tu actividad.

Como condición básica, señalaremos que la importancia del local es muy relativa en función del núcleo donde se ubique, su situación dentro de éste, la propia actividad a desarrollar por el negocio, y el patrón de modelo de negocio del mismo, fundamentalmente. Por lo tanto, lo que veremos en estas líneas no tendrá el mismo valor para dependiendo quién lo consulte. El enfoque que daremos aquí se orientará al típico negocio local de barrio o pueblo basado en la relación con el cliente y que realiza venta directa al mismo (hablamos de un bar, panadería, carnicería, zapatería, estanco, etc.).

Así, como primera pauta señalaremos adaptar la elección del local a la actividad que desarrollaremos. Hacerlo al revés suele ser mala idea, y condiciona mucho la forma en que nuestra actividad funcionará.

En segundo lugar, lo más evidente, que no es otra cosa que elegir una ubicación ventajosa. Lo ideal es elegir una calle principal en la que existan más negocios, y a lo sumo una calle adyacente a ésta. Esta elección puede tener una importancia relativa para algunos negocios (normalmente, los negocios de destino, aquellos únicos en la zona o con un factor de diferenciación muy destacado, como un estanco, una panadería o un taller de reparación de calzado, y que atraen intención de compra por su particularidad), siempre y cuando las condiciones de acceso no sean dificultosas. Sin embargo, para otros negocios suele ser crucial (normalmente, los negocios de proximidad, como suele ser el caso de un ultramarinos, una peluquería o un bar), ya que normalmente cuentan con competencia cercana. En este caso, si no nos queda otra opción que elegir un local en una calle secundaria, y siendo como son estos negocios actividades basadas en la buena relación con los clientes del entorno, no te quedará otra que ser exquisito en este sentido (más todavía, si cabe), e incluso diseñar algún tipo de estrategia para atraer clientela.

En tercer lugar, algo que ya hemos señalado anteriormente, y es valorar la facilidad de accesos. Si el local está ubicado en una zona peatonal, es importante que, para acceder al mismo, haya el menor número de impedimentos físicos, tales como aceras estrechas, mobiliario urbano, o estar muy pegado a una vía con tráfico. Si, por el contrario, depende del desplazamiento en vehículo de los clientes (bien porque estemos situados en un extremo de la calle comercial, bien porque estemos en un punto lejano de las zonas peatonales), será muy importante valorar aspectos como el sentido de la circulación, las maniobras que deberán hacer nuestros clientes y, fundamental, contar con una zona de estacionamiento inmediata. En cualquiera de los casos, o en un supuesto mixto de éstos, deberemos vigilar por que nuestros potenciales clientes accedan con comodidad; si tienes dudas respecto a ello, tus clientes también las tendrán. Los accesos, además, podrían ser esenciales para tu propio abastecimiento; valóralo.

En cuarto lugar, considera las condiciones físicas del propio local. Por ejemplo, si éste cuenta con una única fachada o si, por el contrario, está en una esquina y cuenta con dos fachadas, lo que a priori es ventajoso; si el diseño arquitectónico se ciñe a lo que necesitamos y no dificulta el acceso de clientela (barreras arquitectónicas); si se adecúa a lo que la normativa nos exige o si, por el contrario, podría suponernos un acondicionamiento que podría encarecer sustancialmente establecernos en el mismo, etc.

En quinto lugar, calcula qué coste te supondrá tener el local. Si es tuyo, solamente tendrás que preocuparte de los gastos de mantenimiento y operaciones derivadas del uso del local, incluidos impuestos municipales. Si, por el contrario, es de alquiler, deberás además que tener en cuenta el coste de arrendamiento. ¿Cómo se hace esto? Deberás calcular cuánto gasto te supone respecto a los ingresos brutos mensuales; normalmente suelen aconsejarse tasas en torno al 10-15%, máximo 30%, sobre aquellos. No obstante, esto depende en gran medida de la rentabilidad del negocio en cuestión, pues obviamente no tiene la misma rentabilidad un taller de costura que una tienda de alimentación, por ejemplo. Tu Plan de Negocio te dirá cuál es tu margen en tal sentido, atendiendo fundamentalmente al equilibrio a mantener con otras partidas de gasto.

En sexto lugar, vigila en especial las condiciones jurídicas de adquisición del local. Si vas a comprarlo, además de los costes de inversión, deberás tener en cuenta aspectos como su situación registral, si está sujeto a las normas de una comunidad de propietarios, o cuál es su situación urbanística, para lo cual tendrás que acceder al ayuntamiento donde radique. A la hora de realizar la compraventa, además de las obligaciones fiscales pertinentes (pago de IVA o ITP, dependiendo del caso), deberás vigilar aspectos como las arras contractuales, en caso de pago de señal,  y que el propietario te facilite copias de la escritura de compraventa, pago del I.B.I., estatutos de la comunidad (si procediera) y, en tal caso, justificación de estar al corriente del pago en la misma. Si, por el contrario, vas a alquilar el local, has de prestar mucha atención a las condiciones del contrato de alquiler y las obligaciones derivadas del mismo; la consulta de este enlace puede orientarte sobre las cuestiones legales fundamentales a considerar. Lo mejor, en todo caso, es que te asesores con un abogado especializado, pagarás un dinero que seguramente repercutirá en tu tranquilidad presente y futura; no lo minusvalores.

Por último, y si con todo lo visto no tienes suficientes elementos para ayudarte a elegir local, lo mejor que puedes hacer sin duda es buscar asesoramiento profesional. Las agencias inmobiliarias, abogados especializados, las propias administraciones, e incluso la búsqueda de recursos en internet, podrán ayudarte a hacer la mejor elección para tu caso particular.

¿Más? Consulta otras fuentes, contrasta, obtén tus propias conclusiones y actúa en consecuencia. Te sugerimos, por ejemplo, este artículo de la revista Emprendedores, o este otro de Infoautónomos.

¿Tienes o has tenido dificultades para ubicar tu negocio? ¿Con qué tipo de dificultades te has encontrado? ¿Qué solución, en su caso, has hallado?

¿Qué significa la economía y el emprendimiento verde? (I)

¿Qué significa la economía y el emprendimiento verde? (I)

 

El presente artículo se ha estructurado en dos partes para su publicación en el Blog de Iniciativa Local. La primera de ellas, de carácter dogmático, servirá para contextualizar y definir qué es la economía verde. En la segunda parte en qué se traduce de cara al emprendimiento.

La economía verde se enmarca dentro de lo que la Unión Europea denomina “economía del conocimiento”, que es aquella que se basa en la transmisión de la información y la globalización. Dicha “economía del conocimiento” se define principalmente por la transversalidad y la innovación. La transversalidad, caracterizada por integrar numerosos sectores tradicionales y formas de trabajo; e innovación, como la evolución hacía la nueva economía que supera la concepción más tradicional de la empresa.

Hay que hacer un pequeño inciso para decir que la economía verde no es ajena a la idea del desarrollo sostenible, en 1987 dentro del Informe Brundtland, elaborado para la Comisión Mundial de Medio Ambiente y Desarrollo de Naciones Unidas, creada por la Asamblea de las Naciones Unidas en 1983, se concluyó que había que “Satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las del futuro para atender sus propias necesidades”, para lo cual se basa en la conjugación de los siguientes pilares: social, medioambiental y económico.

A pesar de llevar el término “economía” no es una rama de la teoría económica, pues transciende el ámbito económico y participa ampliamente de otras disciplinas, de modo que todas ellas interactúan las unas con las otras creando una multiplicidad de puntos de vista enriquecedores. Así biología, sociología, antropología, física, geología y la propia economía conforman algunos de los ejemplos más significativos de esta interacción.

Esta economía verde está fuertemente marcada por la innovación, tanto en las problemáticas a resolver como en las soluciones a los mismos. En los últimos años cuestiones como el cambio climático o el uso racional de los recursos locales están posibilitando que surjan nuevos modelos de negocio para afrontarles.

No se puede hacer una definición de la economía verde sin hacer referencia al enfoque que algunas de instituciones realizaron del concepto “ambiental”. Y esto sin menospreciar a diferentes trabajos de investigación que en su día contribuyeron a formular este concepto como  Blueprint for a Green Economy, de Edward Barbier, Anil Markandya y David Pearce; y The Nature of Economics and the Economics of the Nature, de  Cutler Cleveland, Robert Costanza y, David Stern, por citar algunos ejemplos.

Como primera aproximación al concepto de economía verde hay que hacer referencia  a lo que la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico, la OCDE, definió en 1999 como “sector ambiental”, que son “aquellas actividades que producen bienes y servicios capaces de medir, prevenir, limitar, minimizar o corregir daños al medio ambiente tales como la contaminación del agua, aire, suelos, así como problemas relacionados con los desechos, el ruido y los ecosistemas, incluyendo las tecnologías limpias, productos y servicios que reducen el riesgo medioambiental y minimizan la contaminación y la utilización de recursos.” Para poder acomodar a la realidad de la economía verde esta definición quince años después habría que hablar además de sostenibilidad.

Por otro lado, la Oficina Estadística de la Comisión Europea, Eurostat, en su función de promover y armonizar los métodos estadísticos de los estados miembros de la Unión Europea, publicó en el año 2000 un catálogo denominado: “Classification of Environmental Protection Activities and Expenditure”, (CEPA), lo que se traduciría como “Clasificación de Actividades de Protección del Medio Ambiente y Gastos”.Dicho catálogo contempla nueve apartados: protección atmosférica y del clima; gestión de aguas residuales; gestión de residuos; protección y tratamiento de suelos, aguas subterráneas y aguas superficiales; reducción de ruido y vibraciones (excluyendo protección en el lugar de trabajo); protección de la biodiversidad y el paisaje; protección contra la radiación (excluyendo seguridad externa); investigación y desarrollo; y otras actividades de protección ambiental.

En 2008 el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente introduce la Iniciativa Economía Verde superando el concepto “ambiental” vigente en los años previos. Con la misma se pretendía enfrentarse a las diferentes crisis que en sus diferentes vertientes (económica, energética, climática y alimentaria) se enfrenta la humanidad. Y en 2009 el Nuevo acuerdo verde global que propone apostar por el desarrollo de los sectores y empleos verdes, tanto a iniciativa pública como privada, así como “reverdecer” aquellas actividades que son hostiles con el medioambiente.

También el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente ha sido el que ha dotado de una definición a la economía verde comúnmente aceptada. Dicha economía verde se define como: “el sistema de actividades económicas relacionadas con la producción, distribución y consumo de bienes y servicios que redunda en el bienestar humano y la equidad social y que reduce de manera significativa los riesgos medioambientales y las carestías ecológicas”.

En el ordenamiento jurídico español la Ley 2/2011, de 4 de marzo, de Economía Sostenible crea un marco económico y jurídico en que se puede desarrollar la economía verde. Dicha economía sostenible es definida en su artículo 2 como: “un patrón de crecimiento que concilie el desarrollo económico, social y ambiental en una economía productiva y competitiva, que favorezca el empleo de calidad, la igualdad de oportunidades y la cohesión social, y que garantice el respeto ambiental y el uso racional de los recursos naturales, de forma que permita satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las generaciones futuras para atender sus propias necesidades”. Definición que incorpora lo visto en los párrafos anteriores.

La existencia de este marco va  posibilitar el poder emprender dentro de la economía verde en el medio local, materia que desarrollaré en mi próximo post en este Blog.

¿Crees que la economía verde va a ser realmente importante en los próximos años? ¿Consideras que realmente existe una preocupación institucional por el desarrollo de la economía verde?

Algunos mitos sobre el emprendimiento

Algunos mitos sobre el emprendimiento

 

Hoy en día es posible, con un poco de dedicación y buen criterio, encontrar en internet toda la información que necesitamos para montar nuestro negocio. Si tenemos una idea, podremos aprender a desarrollar nuestro propio modelo de negocio, validarlo, planificarlo y lanzarlo, así como obtener toda la información legal y técnica que necesitamos. Igualmente, podremos encontrar múltiples herramientas, apoyo y recursos a disposición de nuestro emprendimiento (mismamente, en Iniciativa Local esperamos en breve empezar a ofrecerte apoyo en tal sentido). Muchos de estos recursos provienen de empresas que los proporcionan, a veces muy módicos en precio, pero, y aquí viene lo bueno, cada vez más es posible encontrar información y recursos de primer orden de forma gratuita. Eso si, no esperes, a no ser que te introduzcas en una comunidad determinada (y aun así, tampoco esperes mucho), dedicación exclusiva a tus necesidades; eso el noventa y mucho por ciento de las veces hay que pagarlo.

El hecho es que emprender es cada vez más fácil, por lo menos en cuanto a posibilidad técnica, por acceso a los recursos citados y su utilización en beneficio de nuestra iniciativa. Ahora bien, ¿significa eso que me va a resultar sencillo emprender y que tengo todas las papeletas para que mi negocio sea viable? No, rotundamente. Si bien es cierto que hoy disponemos de un grado de información y recursos hasta ahora nunca visto, ello no nos garantiza nada. Incluso diría que existe cierto ambiente optimista respecto a las posibilidades del emprendimiento, en ocasiones incluso alentado desde las propias Administraciones, que no hace sino confundir sobre lo que realmente significa y conlleva emprender. Además, no olvidemos que España, dentro del ranking Doing Business que elabora anualmente al Banco Mundial, está señalada como uno de los países donde abrir un negocio es más difícil.

Por lo tanto, emprender sí, pero con cabeza, y ello conlleva en primer lugar tener claro quiénes somos y hacia donde vamos, por muy filosófico que suene; y en segundo lugar utilizar todos los recursos que tenemos a nuestro alcance de forma sabia, esto es, como lo que son, herramientas. Por lo tanto, y en esto que nadie te diga lo contrario, dependes de ti y de cómo hagas las cosas para que tu emprendimiento sea viable, nada ni nadie te sustituirá en tal empeño.

Todos los mensajes en positivo que se han lanzado, en ocasiones de forma muy alegre, contribuyen en muchas ocasiones a generar una percepción de la realidad que no es lógica. Se ha mitificado el emprendimiento y, aun compartiendo todo el entusiasmo y valor que merece, necesita ser relativizado. He aquí algunos de los mitos más comunes:

Emprender es “chachi”. Tan positivo y fácil parece en ocasiones, al hilo de determinados mensajes, que da la sensación de que todo el mundo está en condiciones de hacerlo. Eso “chirría” mucho en un país que apenas ha tenido nunca cultura emprendedora. Emprender es un acto meditado, consciente, una apuesta constante, casi diría que una actitud. No hay horarios fijos, no tienes apenas tiempo para cuestiones personales, y está sujeto a vaivenes que desesperarían a la persona más “zen”. Es fundamental que tu motivación sea tu iniciativa, y que estés en disposición de lidiar con todo lo que venga; si los motivos que tienes por emprender pasan por escapar de una situación determinada, o por desesperación, piénsatelo antes mil veces, pues ésta es una carrera de fondo.

Dinero gratis para que emprendas. Mentira, y gorda. A ello ha contribuido en gran medida la imagen que sobre las ayudas y subvenciones se ha estado dando desde las Administraciones Públicas. Han sido siempre contraproducentes: En contadas ocasiones alientan realmente a emprender, no ayudan a impulsar el emprendimiento y, en contra, generan unas obligaciones que, en caso de no cumplirse, puede emporar seriamente tu situación si te ves en el brete de que tu emprendimiento ha salido mal. En lo tocante a la financiación privada, por supuesto no regalan nada; tiene que existir un retorno y/o una participación en el emprendimiento que haga posible el interés de posibles inversores. Como aspectos más positivos diremos que en los últimos años se ha desarrollado mucho y existen alternativas muy interesantes, donde no sólo puedes captar financiación, sino valor en forma de experiencia.

Tu idea es lo más importante. Parte de la premisa de que tu idea es el más preciado bien de tu negocio. Falso. Si bien cada negocio es particular, la cantidad de ideas realmente innovadoras aplicadas en mercado es comparativamente muy inferior, algo casi anecdótico, siendo lo común la adaptación de ideas ya en funcionamiento. Sí que insistiremos en el hecho de que, aun así, cada proyecto empresarial es único, pero ello per se no le da un valor excepcional a la idea. Tampoco te creas a pies juntillas aquello de volcar tu idea en un Plan de Negocio como herramienta para pasar a la acción; éste es un acto de fe, no un pronóstico de cómo irá tu negocio. Además, previo a su redacción necesitarías establecer cuál es tu modelo de negocio; hoy en día existen métodos como el Business Canvas Model, o el Lean Canvas, que te ayudarán mucho. Si no tienes tiempo, déjate aconsejar por profesionales que te guíen en este empeño, será uno de los dineros mejor invertidos en tu proyecto, seguro.

Lo importante es que arranques. Éste es de los mejores… Viene a significar que lo importante es montar tu idea y contar con todo lo necesario para gestionarla, y que lo que venga ya lo afrontarás; lo importante es que funcione cuanto antes. Es algo así como esperar que, por el hecho de tener un local, una web y un producto o servicio, el público vendrá por sí sólo… Vamos a ser claros, ésta es la parte menos complicada. Lo difícil es mantenerlo y hacerlo crecer. Ten presente que te debes a tu clientela, y que la mayor parte del tiempo la pasarás buscando nuevos clientes y haciendo cosas para mantener a los que ya tienes. Esto, además, no es algo que “surge”, has de pensarlo y planificarlo previamente antes de pasar a la acción, pues condiciona gran parte de lo que hagas en tu negocio; así que elabora previamente tu estrategia de marketing, lo agradecerás. Un último consejo, no “suplantes” la opinión, deseos y necesidades de tu clientela; pregúntale lo que quiere.

Estos son algunos de los mitos más corrientes que circulan sobre el emprendimiento. Hay muchas más cuestiones y matices que merecerían nuestra atención, pero por el momento pueden ser suficientes para pensar en ello. Éste, además, es un tema que goza de mucha atención, por lo que es recomendable que visites otros blogs y contrastes; saca tus propias conclusiones.

¿Qué visión percibes se tiene del emprendimiento en la sociedad? ¿Has tenido alguna experiencia destacable en la cual pueda contrastarse lo que creías era y lo que después fue realmente?

¿Cultura empresarial para autónomos y micropymes?

¿Cultura empresarial para autónomos y micropymes?

 

En 1985 Edgard Schein define la “Cultura Empresarial” como el compendio de “las presunciones básicas y creencias que comparten los miembros de una empresa. Está formada, por tanto, por los comportamientos regulares de los miembros de la organización, las normas de conducta, los valores dominantes, la filosofía, las reglas del juego y el clima laboral”. Originariamente se había estudiado el hecho que se venía produciendo en las grandes empresas, actualmente está presente por todo el tejido empresarial desde las grandes corporaciones a las PYMES.

La definición del profesor Schein, especialista en “desarrollo organizacional”, trasciende más allá de la concepción empresarial como un sistema meramente de organización estructurada, basada en puntos como la cadena de mando, la departamentalización o la burocracia.

La percepción, por parte del cliente, de que existe una cultura empresarial constituye un factor competitivo para las empresas y puede condicionar la elección de un determinado producto o servicio frente a otro. La cultura empresarial además de una determinada forma de elaborar un producto o servicio, transmite una serie de valores y conductas que trascienden la parte más tangible del bien o servicio que recibe el consumidor.

Puede resultar confuso referirse a la actuación individual como un hecho cultural empresarial, ya que el imaginario colectivo hace una primera asociación a la existencia de varios individuos. Sin embargo, si en vez de cultura empresarial se hablase de “marca personal” o “branding”, términos que se están popularizando en los últimos años,  ya no resulta tan ajeno hablar de empresariado individual e intangibles. La cultura empresaria, sin ser exactamente “marca personal”, comparte con ésta ir más allá de lo meramente tangible y comparten materia.

El autónomo individual o el microempresario, pueden y deben trasmitir al cliente la existencia de una cultura empresarial plasmada en una serie de valores intangibles. Aunque cada una de ellas daría para largos artículos de desarrollo y debates, a modo de síntesis y sin entrar en los casos particulares se pueden sugerir las siguientes pautas.

En primer lugar está el “saber hacer”, popularizado bajo el término anglosajón  el “Know how”; que en este ámbito se traduce en cómo se elabora el producto o ejecuta el servicio. Cuanto mejor sea el acabado o resultado del producto o servicio mejor será la sensación que se deje en el cliente. Sin olvidar la atención postventa, ya que saber atender reclamaciones o simplemente conocer si el producto o servicio han sido satisfactorios para el cliente van a transmitir una imagen positiva del profesional.

En segundo lugar el uso de técnicas e instrumentos vigentes y/ o actualizados. Poniendo a disposición del cliente esta información, de modo que  incluso aquel cliente que no muestre interés en este aspecto se encontrará con la transparencia del autónomo a la hora de ofrecer información de cómo se ha producido el bien o ejecutado el servicio adquirido.

En tercer lugar la transmisión de una serie de valores sociales. El uso de productos reciclados y el trabajo respetuoso con el medioambiente; la colaboración con causas sociales o vecinales del entorno más inmediato;  etc. se traducen en una mejor imagen ante el cliente.

En cuarto lugar la comunicación, ya sea verbal o simbólica. Verbalmente hay que apoyarse en un discurso profesional e íntegro; que reconozca sus errores en el caso de  que existan; que sea dialogante y no impositivo; que transmita confianza; abierto al diálogo, que argumenta con el cliente; y que propone, no impone. Simbólicamente tenderá a que los símbolos que rodeen su actividad y pueblen su entorno de trabajo transmitan sensaciones positivas al cliente.

Y en quinto y último lugar, aunque tan importante como el primero, está el transmitir al cliente que el trabajo se realiza con gusto. Y a modo de ejemplo se puede formular una pregunta muy sencilla: “¿Qué preferimos, aún consiguiendo el mismo resultado tangible, adquirir un producto a un profesional que hace con ganas y gusto su trabajo, o a otro que lo realiza con desidia?”.

Es evidente que cada cual debe aplicar lo anterior en función de su actividad económica, dando más importancia a las características que le sean más útiles para la producción/generación del bien o servicio y para su transmisión al cliente.

En los tiempos que corren, en que el cliente se deja influenciar por la imagen que se le transmite, es necesario abogar por la existencia de esta cultura organizacional unipersonal en el ámbito del trabajo autónomo. Si las grandes empresas se esfuerzan por mostrar su cultura empresarial como elemento diferenciador frente a la competencia y al resto del empresariado ¿Por qué el autónomo individual no puede mostrar su diferencia, por ejemplo, frente a las multinacionales? O acaso ¿hay que resignarse a lo que dicten éstas?

¿Consideras que la transmisión de una cultura empresarial puede serte beneficiosa de cara a los clientes? Si aplicas una cultura organizacional en tu micropyme ¿qué la caracteriza?

 

Análisis DAFO (y III) – Comparativa y valoración de resultados

Análisis DAFO (y III) – Comparativa y valoración de resultados

 

Tras la realización de los análisis interno y externo, y la identificación y discusión de items propuestos, llega la fase más importante del Análisis DAFO, consistente en obtener conclusiones de la información obtenida durante la ejecución de la herramienta. El propio desarrollo de los análisis señalados ya nos conduce a obtener conclusiones sobre lo que como organización somos (análisis interno) y la forma como operamos (análisis externo). Esta analítica se realiza normalmente sobre la misma matriz de cuatro entradas a través de la comparativa horizontal de criterios (Fortalezas frente Debilidades, y Oportunidades frente a Amenazas), con lo cual la discusión grupal en dicha lógica conlleva necesariamente la obtención de conclusiones e ideas que mejoren determinados aspectos o que, incluso, planteen estrategias o medidas a tomar para abordar determinadas cuestiones. Si llegados a este punto todavía quedan fuerzas para continuar “exprimiendo” la información disponible, lo usual será comparar elementos de diversas partes de la matriz, obteniendo nuevos puntos de vista que normalmente enriquecerán mucho la calidad de la información disponible.

Pues bien, incidiremos sobre esto último. En los muchos años en que he podido observar el comportamiento de la herramienta, en contadas ocasiones he visto que se obtenga de ella todo el potencial que realmente posee, y ello suele tener su origen en un solo hecho clave: la falta de una correcta planificación de la herramienta (lo que incluye gestionar tiempos, pautas de funcionamiento ágiles y, sobre todo, no perder el foco de atención). Esto, en no pocas ocasiones, suele traducirse en precipitación en la fase final de ejecución de la misma, normalmente por falta de tiempo y tedio, lo que puede llevar a que nos quedemos con el análisis interno y externo y, en el mejor de los casos, con alguna comparativa cruzada más o menos azarosa. Si lo miramos bien, puede ser echar a perder una excelente oportunidad de obtener resultados de utilidad para la organización, pues es precisamente en esta fase final de la herramienta donde más exquisitos hay que ser con el tratamiento de la información y el sondeo de todas las posibilidades. El Análisis DAFO es tan potente que incluso dándose estas deficiencias suele lograr resultados positivos; ahora bien, éstos pueden incrementarse exponencialmente si orientamos la participación grupal a, ordenada y sistemáticamente, ir desgranando y comparando todos y cada uno de los elementos propuestos y consolidados por el grupo.

Por lo tanto, vamos a centrarnos en el análisis comparativo de ítems (el cual, decimos, no suele gozar de mucha atención, y cuando se hace usualmente es superficial), y vamos a hacerlo otorgándole una importancia capital, para lo cual nos ayudaremos utilizando un método ordenado y paulatino que asegure que vamos a analizar todas las posibilidades disponibles. Para ello, aunque existen más opciones, lo normal es utilizar una matriz multivariable, con tantas entradas cruzadas como ítems dispongamos de la matriz original. Ha de valorarse si hacerlo en la misma sesión o si, por el contrario, conviene llevarlo a cabo en otra jornada próxima.

Se trata pues de realizar un análisis cruzado de todos y cada uno de los ítems de las diversas categorías (criterios), exceptuando aquellas entre sí que han formado parte del análisis interno y externo (y que ya hizo en su momento). De esta forma, quedaría tal como sigue:

Comparativa cruzada de items de Fortalezas y Oportunidades. Lo usual será hallar Potencialidades, escenarios más o menos prometedores para la organización que ésta podría/debería aprovechar, pues de hecho tiene condiciones para ello.
Comparativa cruzada de items de Fortalezas y Amenazas. En este caso, lo normal será que hallemos Riesgos, más o menos latentes, que podrían afectar a nuestra organización. Ese detección temprana podría ayudarnos a evitarlos en el momento en que pudieran producirse.
Comparativa cruzada de items de Debilidades y Oportunidades. Ésta es una de las partes más interesante del análisis, y de la cual suelen obtenerse Retos que la organización ha de afrontar fortaleciéndose si lo que quiere es ser parte del escenario detectado.
Comparativa cruzada de items de Debilidades y Amenazas. Este último análisis es quizás el más sensible, pues nos señala las Limitaciones que como organización tenemos. La detección de estas suponen un enorme esfuerzo creativo para afrontarlas, pues pueden tener en ocasiones la apariencia de ser insalvables.

De esta forma, si por ejemplo tuviéramos cinco variables por cada criterio, compararíamos la variable 1 del criterio F con la variable 1 del criterio A, después con la segunda, etc. (F1-A1, F1-A2, F1-A3, F1-A4, F1-A5, F2-A1, F2-A2, F2-A3… así hasta la F5-A5), e igualmente con el resto de items siguiendo el orden señalado. Nótese que esta parte del análisis puede llegar a alargar mucho el desarrollo de la herramienta, razón de más para que seamos exquisitos a la hora de planificar ésta y de no perder el foco en su ejecución (por ejemplo, siendo capaces de consolidar conceptos, gestionar tiempos y dinámica de las conversaciones, facilitando descansos, generando un ambiente colaborativo, etc.).

Concluyendo. Si hemos llegado hasta aquí, habremos sido capaces de obtener la siguiente información:

  • Qué organización somos. Cuáles son nuestras virtudes y defectos.
  • Cómo operamos. Cuán eficaces somos y cómo se nos percibe.
  • Qué camino estamos en condiciones de seguir como organización.
  • Qué problemas tenemos y cómo hemos de afrontarlos.
  • Cómo hemos de mejorar y hacia donde hemos de enfocar esfuerzos.
  • Qué nos constriñe y cómo hemos de superarlo.

…entre otras. Toda esta información ha de tratarse y consensuarse grupalmente y, en caso de que no haya participado toda la organización, lo ideal sería hacer partícipes de los resultados obtenidos al resto de personas que la integran. En todo caso, y éste es un planteamiento previo a la misma realización de la actividad, ésta sólo tiene sentido si posteriormente se va a orientar a la acción, con lo cual no hemos de enfocarla únicamente a obtener resultados, sino fundamentalmente a lograr acuerdos o, en su defecto (si éstos dependen de otras instancias), propuestas concretas de acción.

Por lo tanto, estamos ante una herramienta que, correctamente desarrollada, puede llegar a ser potencialmente transformadora. El cambio o mejora de la organización no dependerá de ella, ya que su misión será únicamente la de indicarnos el camino, sino de la voluntad que como organización tengamos en lograr dicha transformación.

Y en tu experiencia ¿Cómo te ha servido el DAFO para transformar tu organización? En caso contrario, ¿cómo crees que podría ayudarte en tal sentido?